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- Alejandro Posada, 1833, llegado de España en 1854 , en carácter de "Consignatario" y dedicado al comercio, se radica en la ciudad de Buenos Aires y tiene con su esposa Vicenta Barco, llegada en 1853, nacida en Galicia, España, según bautismos, tres hijos: Carmen, nacida aprox. en 1857 (no hay constancia de Bautismo, si censo) Juan Vicente 1865 y Enrique 1867, los dos últimos bautizados en San Pedro Telmo, Ciudad de Buenos Aires. Es padrino de ambos bautismos Juan Donosinague, comerciante, nacido en Francia y radicado en Saladillo.
En el censo de 1869 se registra a Vicenta Barco con 32 años como viuda y con ocupación de costurera, y los tres hijos de Alejandro: Carmen, Juan Vicente y Enrique, de doce, cuatro y dos años respectivamente, huérfanos de padre. (Adjunto censos) El mismo censo hecho en 1869 registra a Alejandro Posada, con 36 años, dedicado al comercio y domiciliado en la ciudad de Saladillo con María Josefa Martinez, n.1848, de 21 años (doméstica según el censo) y un hijo de ambos, José María (caratulado como José Ignacio) con un año, n. en 1869. Tuvo con esta mujer luego otros hijos más. La mayoría bautizados en Nuestra Señora de la Asunción de la ciudad de Saladillo. Y bautizados en la ciudad de Buenos Aires: P. Nuestra Señora de Balvanera, a Cesar Celestino Jorge y en San Nicolás de Bari a Federico Cesar.
La historia que siempre oí y contaban tuvo dos aspectos: Que la abuela Vicenta Barco fue una santa mujer y muy sufrida por quedar viuda muy joven con tres hijos al haber perdido al abuelo que era un comerciante próspero que viajaba al interior a comerciar cueros y otros productos. Él había venido desde Vigo siendo comerciante, y después de tanto viajar tierra adentro un buen día ya no regresó. Desaparecido sin dejar rastro y ella no pudo dar cuenta adónde. Suponemos que cuando fue a averiguar seguramente al decir a lo que él se dedicaba, asumieron que habría muerto a manos de indios o de bandidos. El caso es que la dieron por viuda. Ella entonces trabajó de costurera para mantener sus hijos ayudada por su media hermana y con la ayuda de la Iglesia hasta que uno de sus hijos pudo hacerse cargo de ayudarla.
Siempre hubo un gran misterio con esta desaparición. La vida quiso que Juan Vicente, mi abuelo, se dedicara a la administración de propiedades y el comercio, como su padre. Luego a Importaciones y tuviera una casa de remates muy importante en su época. Se casó con Rufina Eulogia Benavente, de familia numerosa de la época y muy de iglesia,a la que pertenecía siendo tío Monseñor Marcolino Benavente 1er Obispo de Cuyo. Ya mayor, no mucho antes de morir, mi padre hablando de una situación de otros, me confía que a él le dijeron que -Ese doctor Alejandro Posadas, era hijo natural de un pariente lejano que no trataban casi , y se había agregado la "s" al apellido en repudio al padre al enterarse que era hijo ilegítimo- Hay que ver la época, y la rectitud que dicen que lo caracterizó y su amor por la verdad, no es de extrañar que lo hiciese si no lo sabía y lo sorptrendió la verdad.
Nunca sabré si mi padre sospechaba, supongo que sí, porque ellos tenían bóveda en Recoleta y entre viejos papeles encontré la anotación de los datos de la tumba de Alejandro. [3]
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