| Notas |
- Fue elegido diputado por Chillán, siendo miembro del Congreso Constituyente de 1870. En la obra de los Arteaga Alemparte "Los Constituyentes de 1870" figura un simpático bosquejo de Camilo Cobo. Se inició como periodista en 1857 en El País, fundado ese año, y desaparecido este diario reanudó sus estudios para recibirse de abogado. En 1865 ingresó a la redacción del Mercurio de Valparaíso, destacándose por sus artículos y boletines durante la guerra con España. Después escribió en La República de Santiago, como redactor jefe, sosteniendo la candidatura presidencial de Federico Errázuriz Zañartu. Camilo Cobo fue ministro de Hacienda del primer Ministerio del señor Errazuriz, renunció por motivos de salud y fue reemplazado por Ramón Barros Luco. Formaron en el mismo Ministerio Eulogio Altamirano, del Interior, Abdón Cifuentes, de Justicia, Culto e Instrucción Pública, y Aníbal Pinto, de Guerra y Marina. El señor Cobo se incorporó como miembro académico de la facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile en junio de 1871, y su discurso en el que hizo el elogio a su antecesor, Pío Varas Marín, se publicó en los anales de la Universidad correspondientes al mes de noviembre del mismo año. Posteriormente fue rector del Instituto Nacional, sucediendo en el cargo a Diego Barros Arana, designado por el presidente Errázuriz. Después, hasta su fallecimiento, desempeñó las funciones de procurador de la Ciudad en la Municipalidad de Santiago. En la entrada triunfal del general Baquedano a Santiago, el 14 de marzo de 1881, pronunció el discurso de recepción a nombre de la ciudad. Fue además profesor de Economía Política en la Universidad de Chile, hasta su fallecimiento a los 48 años de edad, el 26 de septiembre de 1883. Con ocasión de su muerte, Benjamín Vicuña Mackenna escribió en el diario El Ferrocarril, el 11 de octubre de 1883, el artículo "Tres Hombres Buenos, Domingo Bezanilla, Pedro Antonio Errázuriz y Camilo Cobo". Se refiere al último de la siguiente manera: "Era un espíritu sobresaliente por la irradiación y luz que lo nutría. Pero siendo hombre de esclarecido talento prevalecían en su naturaleza las altas dotes de rectitud, de probidad y de nobilísima independencia de alma..." [1]
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