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- Sacerdote. Cursó estudios en la Universidad de Córdoba, donde se recibió de doctor en ambos derechos. En 1807, ordenóse de sacerdote, en cuya oportunidad fue secretario privado y familiar del Obispo Videla y del Pino. En ese carácter, actuó en la ciudad de Salta hasta 1810, época en la cual pasó a desempeñarse simplemente como Capellán de coro en (a Iglesia Catedral. En esas funciones le sorprendieron los sucesos de la Revolución de Mayo de los cuales se mostró partidario, exteriorizando públicamente sus sentimientos. Formó desde entonces en la falange del clero patriota, recibiendo directivas de sus amigos, los canónigos Juan Ignacio de Gorriti y José Gabriel de Figueroa; sin embargo, con sumisión sacerdotal a su Obispo, se abstuvo de intervenir en política, concretándose exclusivamente a su ministerio. Ocupado de la acción religiosa vio sobrevenir los acontecimientos que originaron que el Obispo Videla fuese confinado a Buenos Aires por orden del general Manuel Belgrano. El joven sacerdote no compartió la medida, pero llevado por su patriotismo pasó a revistar como capellán eventual del Ejército de la Patria, cargo que desempeñó humanitariamente durante la batalla de Tucumán, el 24 de septiembre de 1812. Luego de aquella acción de armas, optó por radicarse definitivamente en Tucumán. Alli, en 1816, reunido el Congreso de la Independencia, promovió en forma privada, y con gran sentido de justicia y de consecuencia amistosa, un fuerte movimiento de opinión a favor del Obispo Videla, obteniendo que varios de los congresistas se preocuparan por reabrir su proceso del cual resultó sobreseído. En la ciudad de Tucumán, Alurralde colaboró generosamente al esplendor del culto, en la iglesia Matriz y en el templo de la Virgen generala. Además en su domicilio instaló una especie de Seminario con el objeto de instruir a los jóvenes que él formaba para el sacerdocio, y entre los cuales descolló, el después Obispo de Berissa, Dr. Miguel Moisés Aráoz, su pariente y discípulo predilecto. En 1812, fue capellán de las tropas que comandaba el gobernador Bernabé Aráoz en lucha interna contra Güemes, gobernador de Salta. Más de una década después, al ser consagrado Obispo de Camaro, el Dr. José Agustín Molina, éste se interesó por obtener que su amigo y cooperador, el Presb. Alurralde fuese designado Canónigo de la Catedral de Salta. Con posterioridad a 1838, el Vicario Apostólico delegado en Salta, Presb. Dr. Manuel Antonio Marina satisfizo los deseos del Obispo Molina, y desde entonces Alurralde abandonó nuevamente Tucumán para radicarse en Salta, y ejercer la canongía, a tiempo que colaboraba directamente tanto ron el Vicario Capitular Marina como con el sucesor de éste, Presb. Dr. Manuel Antonio Castellanos. Durante la administración de este último, se habló insistentemente de las gestiones que se llevaban a cabo para que Alurralde fuese investido por la Santa Sede como Obispo de Salta, mientras conjuntamente otros entendían que el Obispo debería ser el párroco de Jujuy, Presb. Escolástico Zegada. De todos modos, en un acto de virtud y para acallar las expresiones que se le formulaban como también para favorecer las presuntas ambiciones de Zegada, el sacerdote tucumano solicitó licencia y regresó a su ciudad natal. Allí, fue cura de la Iglesia Matriz en 1841, y luego en diciembre de 1850, fue sorprendido con la designación que le hiciera el Cabildo Catedral de Salta promoviéndolo al cargo de Vicario Capitular en sede vacante. Entonces, volvióse a comentar con insistencia que Alurralde iba a ser consagrado Obispo y designado Vicario Apostólico de Salta, por parle de la Santa Sede, hechos que no llegaron a concretarse debido a la interrupción de relaciones con Roma sobre todo después del episodio de las bulas interceptadas de Mons. Etura y Zeballos en Cuyo por la actitud cesarista de Juan Manuel de Rosas. Aceptó Alurralde el cargo que se le confería por parte del Senado Eclesiástico de Salta, y de inmediato, comenzó a cumplir la visita canónica de rúbrica por toda su extensa diócesis, requisito que no se cumplía desde casi 50 años atrás, cuando la efectuó el primer diocesano, Mons. Videla y Pino, a cuyo posterior extrañamiento siguió la larga vacancia de la sede, solo aparentemente cubierta con la precaria designación pontificia de Vicario Apostólio recaída en la persona del Obispo Molina en 1838, prelado que sólo alcanzó a visitar Catamarca, pues murió poco tiempo después. La designación de Vicario Apostólico en el Presb. Alurralde, no emanó nunca pues de la Santa Sede. Se entendía, sin fundamento que los vicarios capitulares de Salta, lo eran al mismo tiempo por delegación del Vicario Capitular y administrador diocesano de hecho y derecho; pero nunca delegado apostólico ni administrador apostólico diocesano, no obstante lo cual, le correspondía el titulo de Monseñor. "Su actuación al frente de la Vicaría Capitular del Obispado de Salta se caracterizó por su facundia y espíritu de organización, reflejado en sus autos vicariales, cuyo valor doctrinario y de disciplina constituyeron verdadera legislaciones eclesiásticas de emergencia, carácter en el cual fueron confirmadas después casi integramente por el Obispo Diocesano fray Buenaventura Rizo Patrón", según juicio emanado de la pluma de Mons José Gregorio Romero. Además, como versado jurista y canonista, el Vicario Alurralde se interesó por dotar a la Iglesia de Salta del instrumento menestral que conteniese la legislación eclcsiástica de aquella diócesis. Para ello, reunió y publicó un valioso conjunto de Autos e instrucciones pastorales de los Obispos del Tucumán de Córdoba del Tucumán y Salta, valiosa y rarísima edición que ya estaba agotada en 1875, cuando el Dr. Angel M. Gordillo la reeditó y completó en las páginas del llamado Repertorio de Salta, o sea, la edición oficial del Repertorio Eclesiástico del Obispado de Salta, impreso en Tucumán en 1857, por orden del Obispo Rizo Patrón. Durante su vicariato capitular, Mons. Alurralde, se rodeó de los sacerdotes más virtuosos y preparados, como que comenzó por designar al Presb. Zegada para Vicario Foráneo de Jujuy, Y a los Presb. Baltazar Olaechea y Facundo Segura para idénticos cargos en Santiago del Estero y Catamarca; favoreció la iniciativa del Presb. Pascual Arze, en pro de la erección de un Seminario en la ciudad de Salta, el que solo llegó a instalarse como entidad particular en la casa de dicho clérigo; defendió los derechos de la Iglesia en contra de la intromisión de Iturbe, gobernador de Jujuy; estimuló diversas obras parroquiales en la campaña y facilitó la instalación de un Colegio de Educandas en Jujuy, según decreto vicarial dictado el SO de agosto de 1852. Durante aquel mismo año, el Vicario Zegada de Jujuy en su correspondencia con Facundo de Zuviria, le manifestaba que "no hay en toda nuestra diócesis en quien fijarse, si no en los señores fray Manuel Pérez, de Catamarca, actual congresante (sic); el Dr. Alurralde, de Tucumán, y el Dr. Córdoba, también de Tucumán a quien creo muy dignos", para ceñir la mitra. Pese a esa nueva candidatura episcopal a comienzos de 1853, Alurralde renunció al cargo que el Senado Eclesiástico de la Iglesia de Salta le habla conferido. Con innata modestia renunció a su canongía y para atender a su quebrantada salud marchóse a su nativo Tucumán, sucediéndole como Vicario Capitular del Obispado de Salla, en sede vacante, primero, el Presb. Dr. Manuel Antonio Castellanos, y después en forma sucesiva los Presb. Lorenzo Amares, Pío Hoyos, Alejo I. de Marquiegui, Gómez, el Obispo electo Colombres y por fin a la muerte de éste, nuevamente el Presb. Aznares. Entre tanto, Alurralde seguía en Tucumán y comenzó a redactar su Refutación al Derecho Público Eclesiástico de Vélez Sársfield, que
finalizó en colaboración con el Dr. Gordillo, obra ésta que parece permaneció inédita siempre, ignorándose la suerte de tales manuscritos, cuya sola enunciación demuestra la preparación honda que el Dr. Alurralde deberla poseer sobre el tema. Después de 1860, cuando Rizo Patrón asume el Obispado de Salta, designa al doctor Alurralde, Vicario Foráneo en Tucumán, cn cuyo cargo le sorprendió la muerte hacia 1801. Biedma y Pillado han escrito que "el presbítero Alurralde, hombre de poderoso talento y vasta erudición, descollaba por su saber en las ciencias filosóficas y teológicas en que era maestro. La fama que ha dejado en Tucumán de varón justo y virtuoso es envidiable y cuando se escriba la historia de la iglesia argentina figurará entre sus personalidades más salientes". Gozó en vida de fama de santidad y de él se refieren milagros eucarísticos y visiones sobrenaturales. Era terciario franciscano y a lo largo de su fructífera existencia cosechó hondos afectos que perduran hasta hoy en el recuerdo de las generaciones del noroeste argentino. A su iconografía se refirió Rodolfo Trostiné al comentar la obra del pintor tucumano Ignacio Baz, quien fue el autor de cuando menos dos retratos del insigne sacerdote, uno de los cuales es un hermoso óleo sobre tela propiedad de las Hnas. Dominicas de Tucumán. Ese retrato tiene gran personalidad y carácter, presentándolo vestido con el hábito sacerdotal; posee mucha paz interior, en la expresión del rostro, de ojos profundos, de gesto grave y dulce a la vez. Un tercer retrato, presumiblemente también salido de los pinceles de Baz, se conserva en el Museo de Luján. [1]
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