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- El Coronel de la Independencia don José Apolinar o Apolinario Saravia, nació en la ciudad de Salta, en 1791, cuando el territorio aún pertenecía al Virreinato del Río de la Plata. Falleció en esta misma ciudad en el año 1844.
Pero veamos un poco lo que ocurría por aquellos años dentro del territorio nacional y más específicamente dentro de las provincias interiores, y lo que ocurría en provincia de Buenos Aires, lo que pasó luego de la Revolución de Mayo y sus repercusiones en el interior, como así también la trama de las estrategias políticas que se cocinaban entre las clases pudientes salteñas y las clases populares, ante las desastrosas consecuencias a la que había llevado esta guerra, a las provincias del norte.
En este contexto de la época, historiar a un sólo hombre-Martín Miguel de Güemes-es posible solamente cuando se indaga acerca de las apoyaturas sociales, políticas, como también las circunstancias históricas del lugar en donde se desarrollaron estas acciones. De esta manera el jefe Martín Miguel de Güemes tuvo que ineludiblemente, para mantener el poder, hacer concesiones a quienes fueron sus jefes y también a sus huestes que le acompañaban ciegamente en la lucha.
En este contexto político y social, se desenvolvió la actuación de don Apolinario Saravia, en beneficio de Salta y de la nacionalidad argentina.
Apolinario Saravia era hijo del Coronel Pedro José Saravia Y de doña Petronila Ríos. Su padre ostentaba la condecoración de Caballero de la Real Orden de Carlos III, lo que no fue óbice para que abrazara calurosamente la causa nacional. Realizó sus estudios secundarios en la ciudad de Buenos Aires incorporándose al Ejército Auxiliar de las provincias del interior, para marchar a la lucha contra el español, en la Primera Expedición Auxiliadora al Alto Perú. Deseando su padre que recibiera esmerada educación, fue enviado a Buenos Aires, donde fue condiscípulo de Bernardino Rivadavia.
La Revolución de 1810, le hizo abandonar sus estudios, para incorporarse siendo demasiado joven a la ya mencionada Expedición auxiliadora al Alto Perú, cuyo jefe era el General Antonio Ortíz de Ocampo, revistiendo en tal oportunidad como Subteniente del Regimiento 6 de Infantería. Posteriormente fue Ayudante de Campo del General Antonio González Balcarce.
Peleó en la Batalla de Suipacha en calidad de Ayudante de este Jefe y también en la Batalla de Huaqui, bajo el mando del Coronel Juan José Viamonte.
Fue conocido popularmente con el apodo de ?Chocolate?, debido al color de su piel morena. Fue un acendrado patriota y fueron muchos los combates en los que participara. La batalla de Tucumán le contó en 1812 entre sus combatientes más decididos, para ulteriormente llegar a la ciudad de Salta y luchar en la batalla de su nombre, participando previamente en la tarea de espionaje, introduciéndose entre la gente del pueblo y las filas enemigas, disfrazado de paisano. De esta manera pudo conseguir valiosa información que sirvió grandemente al General Belgrano. Fue un profundo conocedor de los vericuetos y senderos del lugar, ya que su padre tenía casa en la ciudad y en Castañares. De esta manera guió al ejército por una senda oculta en medio de la quebrada, lo que permitió tomar por sorpresa a los realistas por la retaguardia, en los prolegómenos de aquella decisiva batalla. En aquel momento fue designado Jefe de Escuadrón.
Su actuación dentro de Ejercito Auxiliar, continuó hasta producirse la Batalla de Vilcapugio, donde sufrió heridas de gran significación, pero no obstante ello, ya en Tucumán, el General San Martín le nombró Jefe del Escuadrón Guachipas.
Corría ya el año 1814, cuado sus fuerzas vencieron a una partida española en el combate de ?Sauce Redondo?, el que aunado a otros triunfos de Burela y Güemes, hicieron que las fuerzas de España abandonaran la ciudad de Salta, en el año 1817.
Los combates en que tuviera siempre destacada participación fueron: La Cabaña y El Bañado persiguiendo al jefe realista La Serna, hasta la localidad de Tilcara. En 1819, hizo lo propio con las fuerzas del General Canterac. Estuvo participando de la defensa de Jujuy, cuando los realistas atacaron la ciudad comandados por el General don Juan Ramírez de Orozco, participando con denuedo hasta las últimas invasiones de los realistas.
Durante las guerras que se suscitaron entre las provincias, y en este caso entre las provincias de Salta y de Tucumán, estuvo al frente de las huestes salteñas que enfrentaron al Gobernador don Alejandro Heredia, durante la gobernación de don Pablo Latorre. Fue designado en el cargo de Jefe del Estado Mayor de las fuerzas de Salta durante el gobierno de don Manuel Saravia.
Durante la batalla de Suipacha mereció el reconocimiento del propio General Balcarce. Con el grado de Teniente prestó declaración en el juicio que se le sustentara a este General y al Coronel Viamonte con motivo de la derrota de Huaqui.
Tomó parte en la batalla de Tucumán el 24 de setiembre de 1812, donde sus biógrafos describen que tomó acertadas y oportunas actuaciones.
El General Paz en sus Memorias describe a Saravia, como un hombre valiente y sagaz y según los historiadores salvó la vida de Paz en una oportunidad durante una batalla. Paz consigna en sus Memorias, que apuntó a un soldado sin que el tiro saliera, y que estando Apolinario Saravia en las cercanías, al ver que éste le apuntaba con el fusil, se precipitó en su ayuda, carga ésta que hiciera huir al soldado y así poder salvar la vida de su jefe. No obstante ello, salió en su persecución y, dándole alcance le dio tres puñaladas en la espalda. Paz relataba que montaba un hermoso caballo y que era sumamente diestro en el manejo del mismo y en el de las armas. Era al decir de Paz, my ?agauchado?.
Durante la Batalla de Tucumán actuó a las órdenes del General Díaz Vélez, y que en un momento confuso de la batalla, este General se encontraba atrincherado en la ciudad. Ante una intimación de rendición por parte de Pío Tristán, los oficiales Paz y Apolinario Saravia, con riesgo de sus vidas concurrieron a la plaza a fin de informarse. Esto trajo como consecuencia la decisión de no rendirse. Paz afirmaba que Saravia manifestaba un ?odio rencoroso? a los realistas.
Luego del resonante triunfo de Tucumán, el ejército partió hacia Salta. A todo esto Pío Tristán, había fortificado la posición en la entrada de la ciudad, o sea en el Portezuelo, a la sazón la única entrada por la que podía llegarse. Quien ?vendiera? tal información al enemigo, fue el Teniente Apolinario Saravia. Luego debido al ya mencionado conocimiento del terreno, por ser su padre, el Coronel Pedro José Saravia propietario de la estancia de Castañares, indicó a Belgrano que podía entrar con su ejército, viniendo desde la Lagunilla y desembocar en la Quebrada de Chachapoyas. Esto obligó de hecho a un cambio total del frente de combate, a la vez que se cortaría la retirada en caso de derrota, separándola de un contingente de quinientas piezas acantonadas en Jujuy.
Toda esta actividad de espionaje ya mencionada, pudo hacerse merced a la valentía del Teniente Saravia, que arriesgaba su vida al entrar disfrazado al frente de una recua de burros cargados de leña. Este ardid, más su aspecto físico fueron determinantes para el éxito de la misión. El precio establecido para la leña era en realidad exorbitante, siendo su objetivo el de no desaprovisionarse para continuar durante más tiempo la tarea de espionaje. Este acto le valió el ascenso al grado de Teniente Primero con grado de Capitán, grado este que se hizo efectivo el 10 de octubre de 1813 en el Regimiento Nº 6 de la Compañía de Granaderos.
Vino luego la batalla de Vilcapugio que se libró el 1 de octubre de 1813, donde fue abatido de un balazo en el pecho. Su hermano que era Ayudante Mayor salió recogerlo y creyéndole muerto, le abrazó, pudiendo constatar que aún estaba vivo. De inmediato lo cargó en su mula para alejarlo del terrible campo de batalla. Debido a esta contingencia, no pudo participar de la batalla de Ayohuma, por lo que fue enviado a Salta para su restablecimiento.
Después de estos avatares, en Salta se produjo un segundo Éxodo, semejante al de Jujuy, pues su padre dispuso un repliegue de las poblaciones hacia el sur, acantonándose en Guachipas, lejos del frente enemigo, por si este lograra reestablecerse en Salta, pero también para estar cerca del abastecimiento proporcionado por los Valles Calchaquíes. De esta suerte también estaba en contacto con la línea del Pasaje.
Sobrevino luego el combate de ?Sauce Redondo? donde con 30 hombres armados solamente con fusiles, combatieron con el destacamento de José Lucas Fajardo compuesto por 56 hombres bien armados. El Capitán Fajardo murió en la refriega y la mitad de sus hombres cayeron prisioneros. Debido a la bravura manifestada por Apolinario Saravia, el destacamento fue nombrado ?Los Infernales?. El Directorio envió a través de San Martín calurosas felicitaciones, lo mismo que éste desde Tucumán, felicita al Coronel Saravia por los servicios distinguidos de sus hijos Apolinario y José Domingo, dada su bravura y valor en el combate. En 1817 participa al mando de los escuadrones del Valle Calchaquí en el sitio a la ciudad de Jujuy, ocupada por la Vanguardia del General La Serna. Luego vendrían los combates del "Bañado? y otros más. Era ya el final del año 1817. Debido a este hostigamiento La Serna se vio obligado a evacuar las ciudades Salta y Jujuy como lo habíamos consignado.
Manuel Belgrano entonces recomienda con calor al valiente oficial Apolinario Saravia. Se batió con el mismo denuedo ante oficiales españoles de gran valía entre los que mencionaremos a los Generales Canterac, Ramírez de Orozco, Valdez y Olañeta En 1819 fue Jefe del Estado Mayor de Güemes y en 1820 obtiene los despachos de Teniente Coronel y en 1821 los de Coronel. Con su hermano Domingo hubo de refugiarse en Bolivia, debido al triunfo de Facundo Quiroga en ?La Ciudadela?, pudiendo regresar durante la administración de Pablo Latorre.
Durante la guerra entre Tucumán y Salta, fue enviado por Güemes a invadir Catamarca y desalojar del gobierno a Mota Botello, provocando así la autonomía de Catamarca respecto de la jurisdicción tucumana.
En el año 1842 fue Jefe de Policía durante la Administración de su pariente Manuel Antonio Saravia, en Jujuy, y el 9 de julio de 1843, durante una parada militar, un fanático de Rosas le hiere gravemente.
A consecuencia de esto falleció en la ciudad de Salta en el año 1844.
Casó en esta ciudad con doña Juana Joaquina Plazaola Campos, hija de José Benito Plazaola Saravia y de Juana Campos Frías. Fue padre de la famosa maestra Jacoba Saravia.
por Raúl Hill
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