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- Estudió en Colegio Monserrat de la ciudad de Córdoba. Recibido de abogado en la Universidad Mayor de San Carlos de Córdoba, doctorado en el año 1839. Diputado en Córdoba Miembro del Dogma de Mayo en Córdoba. Primo hermano del Gral. José María Paz y Haedo.
Huyó con sus hermanos a La Rioja y luego a Tarija, perseguido por el Dictador Juan Manuel Rosas. Se instaló en Tarija en 1841. Fundó la Asociación de Voluntarios del pueblo. Cónsul argentino en Tarija, desde el año 1874 hasta 1881.
Falleció en la ciudad de Tarija el 2 de diciembre de 1881 a los 63 años de su edad.
El 7 de diciembre de 1840, las sombras de la noche poblaban de misterio el camino que une Córdoba a la Rioja; el viento batía el follaje de los árboles; de allá en cuando interrumpía el silencio el ladrido de un perro en la lejanía. En las inmediaciones de Punta de la Sierra, cerca de un rancho abandonado y derruido por el tiempo, se detuvo una caravana.
Desmontaron los jinetes sigilosamente. El más viejo de ellos miró hacia el camino de Cosquín y con una señal de cabeza ordenó que amarraran los caballos en un árbol cercano. No se encendió ninguna fogata y todos comieron sin hablar; luego tendieron las mantas en grupos apartados y se echaron a dormir.
Serían las 3 de la mañana cuando rasgó los aires un grito estertóreo:
Viva la Santa Federación! Viva Juan Manuel Rosas! Abajo los perros unitarios!
A la luz tenue de la luna que aparecía tímidamente, brillaron los facones y se divisaron los ponchos rojos de los mazorqueros.
El grupo de los Paz, que se encontraba acampando debajo de los árboles más lejanos, respondió al ataque del gauchaje con disparos certeros de trabuco haciendo retroceder a los atacantes que montaron a caballo y cargaron pasando encima de los mozos, que habían sido sorprendidos y maniatados, y sobre aquellos que yacían heridos.
La lucha cobró mayor intensidad, los unitarios se defendían heroicamente de las lanzas y sables de los rosistas, que en mayor número iban ganando terreno.
El sudor caía copiosamente brillando el rostro de los valientes que en veces se tornaba desesperado. Pese al predominio de los gauchos, oponían su valentía por salvar sus vidas.
Los hermanos Paz no se desprendían de su padre, y en cada nuevo intento de toma de su posición respondían con los pocos recursos que le quedaban. Sus fuerzas fueron decayendo; primero cayó herido Paulino y después Severo que aún tendido en el suelo seguía gritando: Maten, maten no me rindo. Por un momento, al ver desplomarse de su caballo a su capitán herido, los mazorqueros se confundieron, pero después cobraron mayor ferocidad y redujeron a los pocos unitarios que quedaban en pie de combate. El menor de los Paz, Rufino, también fue alcanzado por una bala y Don Juan Casimiro tomado prisionero.
Las víctimas fueron concentradas en un solo lugar, para ser desnudadas por el robo. Se impartió la orden de ejecución. Yáñez, yerno de Don Casimiro, logró burlar la vigilancia de los cuidadores que se habían distraído en la repartición del botín, llegó hasta los caballos y emprendió la huida, salió detrás de él, instantes después, una partida de rosistas.
La situación de los prisioneros se tornaba desesperante a medida que los montoneros bebían más. Con la mirada fija al cielo Don Juan Casimiro Paz, oraba pidiendo a Dios una muerte rápida para él y sus hijos. Los sables habían sido desvainados para degollar a los prisioneros. Cuando de pronto aparecieron por el camino dos de los criollos que perseguían a Yáñez dando gritos al aviso de que se aproximaban las fuerzas de la Gobernación de la Rioja. Los montoneros abandonaron los cautivos y a sus compañeros heridos, dándose a la fuga profiriendo vivas al caudillo Rosas.
Los Paz fueron trasladados y auxiliados en un rancho vecino, teniéndose que quedar por la gravedad de las heridas de Paulino y Severo; el resto de la caravana siguió viaje hasta las Salinas, punto limítrofe entre la provincia de Córdoba y La Rioja.
Al día siguiente volvieron los mazorqueros y la familia Paz nuevamente sorprendida fue conducida hasta otro rancho cercano, donde quedó custodiada por los peones de la hacienda.
Mientras tanto, don Nicolás Dávila sabedor de los acontecimientos mandó una comitiva desde Nonogasta en su rescate, la que los encontró ya en marcha libres del cautiverio, porque la noche anterior habían sido puestos en libertad.
Cuando don Juan Casimiro creía que definitivamente serian victimados por los rosistas, sintió que se abría la puerta del cuartucho que les servía de prisión, y penetró en él un mozo que con voz muy baja le dijo:
Señor; una dama vestida de negro y con la cara cubierta ha comprado la guardia y pueden Ud. y sus hijos fugar tranquilamente que nadie se opondrá a su salida y tendrán toda la ayuda que esté al alcance de nosotros.
Un poco receloso de una traición, Don Casimiro arrostró el peligro y ayudado por el mozo llevó a sus tres hijos hasta el corral donde se encontraban los caballos y partió protegido por las tinieblas de la noche.
Años después se supo que la dama misteriosa que compró a la guardia y salvó a la familia Paz, era la hija del General Lavalle, que a los pocos días del suceso fue asesinada por el cuchillo de los bárbaros partidarios del caudillo Rosas.
Una vez alojados en la propiedad de Nicolás Dávila, se atendieron las heridas de los hijos de don Juan Casimiro que merced a los cuidados médicos mejoraron prontamente.
La esposa del venerable anciano, doña Rosalía Baigorri, tuvo que refugiarse con su hija Indalecia de Yáñez en un Monasterio del caudillaje rosista. Allí nació Juan Martín Yáñez Paz que fuera Obispo de Santiago del Estero, atendido por las solícitas monjas. Una tarde triste conventual cuando el espíritu de Doña Rosalía se encontraba ensombrecido por la congoja, recibió la visita de una campesina que dando por muerto a Paulino Paz, por haber encontrado sus ropas empapadas en sangre en la alforja de uno de los gauchos borrachos, llevaba la noticia y las prendas. Las horas se tornaron aún más dolorosas en el convento y en el llanto supo derivar el pesar.
Momentos cruciales en su historia atravesaba la República Argentina; las luchas políticas entre las provincias y Buenos Aires llegaron al extremo de hacer disolver la unidad de la República en formación y llevaron al poder a un hombre de una personalidad mal integrada, que poseía el respaldo del gauchaje inculto y de vida aventurera, acostumbrado a la guerra durante la emancipación de las Provincias del Río de La Plata.
La familia Paz de Codecido que se había establecido en la provincia de Córdoba el año 1.750, desde la llegada de don Andrés Paz de Codecido, natural de Santa Cristina de Folgoso, Ayuntamiento de Sobrado en el Reino de Galicia de España; hijo de don Baltasar Paz y doña Dominga Vásquez de Codecido se dedicó al trabajo honrado y progresista en la tierra americana. Contribuyó a la independencia del yugo español con uno de sus miembros más destacados, el Brigadier General Don José María Paz Haedo, que entregó los mejores años de su existencia a la causa de la libertad; peleó primero en los campos de batalla contra España con el anhelo de una patria libre, después contra el Brasil y finalmente por la unidad Argentina y contra la opresión caudillista de Facundo Quiroga y Juan Manuel Rosas.
El fruto ganado en tantos años de constancia y sacrificio, su posición social basada en la moral y el respeto a las leyes y lo más preciado de los tesoros que tiene el hombre: la libertad; estaban desconocidos, relegados y peligraban por el nuevo orden. Así que desde el primer momento que subió al poder Juan Manuel Rosas, la familia Paz se puso al frente de las doctrinas y atropellos del sanguinario tirano. Entregó parte de su fortuna y todas sus fuerzas intelectuales a la revolución.
Don Juan Casimiro Paz de Codecido y Duran, descendiente en tercera generación de Don Baltasar Paz, casó en Córdoba con doña Rosalía Baigorri Puch, tuvo cuatro hijos varones que se alistaron junto a su padre a las filas de liberación enrolándose al partido unitario.
Paulino Paz Baigorri, abogado joven de gran talento, ingresó a la sociedad Dogma de Mayo, que sintetizaba el pensamiento revolucionario argentino; cuyo principio fundamental rezaba en sus postulados: Miserables de aquellos que vacilan cuando la tiranía se ceba en las entrañas de la patria. La sociedad preparó la revolución del 10 de Noviembre del año 1.840, sesionando de noche, conspirando con la cautela más sutil, perseguida por las hordas del pueblo, controlada por los espías y policías secretos pasando por dificultades insalvables, sorteó y triunfó sobre todos los peligros.
Cuando todos confiaban en la vuelta de la libertad y las garantías, y que pronto la lanza daría paso al arado, se supo de la derrota del General Lavalle en Quebracho Herrado.
Fue la noticia y la persecución constante, la que indujo a don Casimiro y sus hijos a abandonar Córdoba y marcharse a La Rioja provincia que se había liberado de la tiranía.
Después de permanecer algún tiempo en la propiedad de Dávila, decidieron continuar viaje hacia las provincias del norte, siempre con la idea de que su pueblo rompiera las cadenas que lo oprimían y fugando de la mazorca; hasta que asediados y casi nuevamente atrapados por los rosistas, traspusieron las fronteras Argentinas llegando a Tarija donde se instalaron sin sospechar siquiera que serían el origen de una destacada estirpe boliviana de varias generaciones de ilustres personajes.
Paulino Rafael, formó su hogar con una distinguida dama boliviana Doña Genoveva Arce trabajó con ahínco cuarenta años en aquel girón patrio, que llegaría a ser la tierra de sus predilecciones.
Fuente: Mario Paz Zamora
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