| Notas |
- Jurisconsulto. Estudió primeras letras y latinidad en la Escuela de San Francisco, y fue alumno distinguido del maestro fray Ramón de la Quintana. Luego los continuó en la Universidad de Córdoba recibiéndose de licenciado en derecho. Político activo y entusiasta, militó en las filas del partido federal, del cual fue uno de los más ardientes sostenedores. E1 25 de agosto de 1821 suscribió con su hermano Tadeo, y otros distinguidos comprovincianos el Acta de Autonomía de Catamarca, que desde entonces quedó definitivamente separada de la provincia de Tucumán. Poco después, representó como diputado a la capital, y a los departamentos de Capayán y Valle Viejo en la primera legislatura catamarqueña de 1822. Adicto a la polí1ica de don Eusebio Gregario Ruzo formó parle del partido opositor al gobernador don Manuel Antonio Gutiérrez, quienes trataron de hacer una revolución que fue sofocada antes de estallar, siendo tomado preso, y luego consiguió fugarse. El 8 de julio de 1828, el gobierno de la provincia de Buenos Aires comunicaba al de Catamarca su elección como diputado a la convención nacional de aquel año. En 1830, triunfantes los unitarios, tomó el camino del destierro, trasladándose a La Rioja. Al año siguiente, los federales vuelven al gobierno. ignorándose la fecha de su regreso a la provincia natal. En la administración del doctor Mauricio Herrera se mezcló en las luchas al lado del partido federal que sostuvo al gobernador, y al advenimiento del de Tucumán, general Alejandro Heredia, pidiéronle la reintegración a Catamarca de los departamentos segregados. En 1836, sobrevino la deposición del gobernador Gómez por el caudillo riojano general Fernando Villafañe, incondicional de Heredia, quien inició la era de las persecuciones y ordenó la proscripción de los caudillos federales, entre los cuales se encuentra Acuña. Refugióse en la ciudad de San Luis, quedando atento a los acontecimientos que se suceden en su provincia. Después fue ministro de los gobernadores don Santos Nieva y Castilla y del coronel don Juan Eusebio Balboa, en 1842 y 1843, respectivamente. Atemperó la furia de estos gobernadores en favor de los unitarios en desgracia, y reafirmó para Catamarca los departamentos que le fueron segregados. El suyo fue un ministerio corto pero fecundo. No estando de acuerdo con el despotismo de Balboa, renunció a su cargo, y se retiró de la política. Luego al crearse la Suprema Corte de Justicia, llamada Tribunal de Apelación, por ley del 24 de enero de 1854, la integró como vocal suplente, siendo el único letrado de sus miembros. Abogado ilustrado y talentoso fue un juez íntegro cuyos fallos fueron breves y rápidos. La última actuación pública de Acuña se registra como constituyente de la Convención del 8 de mayo de 1855, que sancionó la primera carta fundamental de la provincia, bajo el régimen constitucional del país, y la segunda dada después de la autonomía. En ella tuvo un papel preponderante, ya que fue el único universitario de aquella magna asamblea. Achacoso y enfermo pasó los últimos años de su vida, falleciendo en Catamarca, el 4 de enero de 1867, a los 76 años de edad. Formado en sólida moral cristiana, era un católico sincero y un devoto de nuestras tradiciones; fue ministro de la Tercera Orden Franciscana y formó parle de varias cofradías. [2]
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