| Notas |
- Pedro Antonio Olañeta, nativo de Elgueta, en Guipúzcoa, quien habíase casado en Salta, el ll-XI-1810, con la jujeña Pepa Marquiegui, prima suya, puesto que él tenía por padres a Pedro Joaquín de Olañeta y a Úrsula Marquiegui; por abuelos a Juan Ignacio de Olañeta Albistegui y a María Antonia de Obiaga, desposados en Elgueta en 1755; y por bisabuelos de la rama paterna a Agustín de Olañeta y a Antonia de Albistegui Gallastegui, y a Agustín de Obiaga y Dominga de Sostoa Aramburu; todos vecinos de Elgueta. "Durante mi permanencia en Suipacha - recuerda Tomás de Iriarte en sus Memorias - pasó por allí el Brigadier Olañeta, Jefe de la vanguardia, con su esposa doña Pepa Marquiegui, natural de Jujuy. Era esta una de las hermosas más hermosas que he conocido, y su traje marcial la hacía aún más bella. Vestía un rico batón de grana guarnecido con el bordado de Brigadier"; en cambio "su estíptico marido era un mico viejo, sucio y asqueroso", el cual - prosigue Iriarte - "abrazó con calor la causa del Rey, y ascendió hasta la clase de Brigadier. Cuando yo le conocí era ya un hombre acaudalado, pero sus deudas estaban impagas. En la vanguardia todos los vivanderos eran sus dependientes, y así hizo gran negocio, pues el sabía muy anticipadamente, por su posición en el ejército, cuando, como y que clase de efectos había que acopiar. Olañeta era un hombre muy común pero tenía su gramática parda. Murió peleando por la causa que había abrazado con fanatismo, y a buen tiempo, porque la bala que lo hirió, creo que fue la última bala que se disparó en la guerra de la Independencia".
"Aunque español de nacimiento - escribe Don Vicente López en su Historia Argentina - Olañeta no era un verdadero militar español sino un vecino realista de Salta. Para él Salta concretaba todos sus anhelos y los propósitos de su porvenir y de su persona. Había pasado allí toda su vida; tenía extensas relaciones de familia y estaba casado con Pepita Marquiequi, que según se decía en el ejército realista no solo era bella sino la más artera de las mujeres de la América del Sud. Así para Olañeta la guerra de la independencia era menos que una guerra civil entre argentinos, y nada más que una reyerta de vecinos - de sáltenos localizados en aquella frontera. Con tal de gobernar Salta con la familia de Marquiegui y con su partido, habría pospuesto todos los derechos del Rey de España ... Antes de que el Alto Perú contase con un ejército profesional compuesto por tropas europeas, Olañeta había sido el alma y el apoyo de todos los esfuerzos que los realistas de aquellas cuatro intendencias habían hecho contra las invasiones revolucionarias de las tropas de Buenos Aires. Y sin embargo no había sido jamás militar, ni otra cosa más que un simple traficante de Salta. Ligado, antes de la revolución, con las Casas de Comercio de Gurruchaga y Moldes, había pasado una vida activa haciendo el comercio de negros, de ganados, de géneros y de pastas metálicas entre Salta, el Alto Perú y Lima: negocio eslabonado con el contrabando de Buenos Aires. Por su actividad personal y por las extensas cuadrillas de peones que había formado, se hizo Olañeta en poco tiempo uno de los adalides más famosos de la causa del Rey; y lo curioso es que, al mismo tiempo que se entregaba todo entero a la carrera militar, adquiriendo en ella una notable competencia y merecidísimos grados, seguía sus negocios con mayor anhelo, tenía sucursales más o menos declaradas y públicas en todas las plazas del Perú; cuadrillas de contrabandistas; y era, por medio de sus agentes, proveedor de las tropas y surtidor general de los mercados interiores". "Guerrillero incansable - continúa López - se batía con el denuedo de un jefe de banda, a pesar de toda su riqueza, de sus numerosas casas de comercio y de su elevado rango de Brigadier en el ejército del Rey. Se convendrá en que si todo esto era sumamente novelesco era también una faz extraña de la guerra de la independencia en aquella frontera ... Al principio este doble carácter de guerrillero y comerciante le daba a Olañeta grande importancia en el ejército real del Perú. Cuando el se arrojó con tanto ardor a la causa reaccionaria, llevó al ejército no solo a todos sus empleados, dependientes y peonadas, sino a todos los miembros de su familia, entre los que sobresalía el bravo Coronel Marquiegui, cuñado suyo y oriundo de Salta, como Castro y otros... Todos los viejos jefes realistas lo habían aceptado hasta entonces en su doble carácter de General y proveedor o banquero, sin oposición ni escándalo ... pero La Serna, Canterac, Valdés, Tacón, Espartero y demás jefes últimamente venidos de la Península Ibérica, miraban como una violación escandalosa a la disciplina esta mezcla irregular de comerciante y de General conque figuraba Olañeta ... Con varios pretextos procuró La Serna separarlo de las fronteras de Salta ...; todo fue inútil: Olañeta persistió francamente en no separarse de allí donde lo ligaban sus intereses, su influencia y el crecido número de parciales exclusivamente suyos ... Los liberales o jefes nuevos no tuvieron más remedio que seguir contemporizando a la espera de una mejor ocasión para separarlo". Se separó aquel, sin embargo, de estos, en 1824, a raíz de haber abolido Fernando VII en España la Constitución liberal. El suceso dio motivo a que el acriollado caudillo desconociera la autoridad del Virrey La Serna. Entretanto Bolívar supo aprovechar la desunión de sus enemigos, y abrió la campaña rematada con las victorias de Junín y Ayacucho. Por su parte Olañeta, tras firmar un armisticio con los patriotas, se enfrentó de nuevo con ellos, negando validez a la capitulación de Ayacucho firmada por los realistas liberales. Estrechado por Sucre que venía del norte, y por Pérez de Urdininea y las tropas argentinas que avanzaban desde el sur, la situación del obstinado absolutista tornóse insostenible. Su segundo, el Coronel Carlos Medina Celi se sublevó en Tumusla, cerca de Potosí; y al acudir Olañeta para reducirlo, resultó mortalmente herido en el tiroteo, el l-II-1825, falleciendo al día siguiente.
Pedro Antonio Olañeta no dejó descendencia. Su hermano Gaspar Antonio - estafeta del ejército realista en 1812, al que tomaron prisionero los patriotas en la batalla de Tucumán -, fue el padre de Casimiro Olañeta, que tendría tan destacada actuación en la historia de Bolivia, la tierra de su nacimiento. También el famoso Brigadier guerrillero era primo hermano de José Mariano de Olañeta y Ocampo, nacido en el Cuzco en 1795, el cual se radicó en España en 1827; Abogado, Comendador de la Orden de Isabel la Católica y de la Flor de Lis de Francia, Consejero de Su Majestad, Auditor de Guerra, Alcalde Mayor de Jerez de la Frontera y Caballero de Carlos III. Una hermana de este personaje - y prima hermana de Pedro Antonio Olañeta -, la cuzqueña María Josefa de Olañeta y Ocampo, nacida en 1810, casó en 1838 con Antonio Bonifacio González, político y diplomático español, 1Q Marqués de Valdeterrazo. Un hijo de los susodichos; Ulpiano González de Olañeta, 2Q Marqués de Valdeterrazo y Vizconde de Antrinez, Grande de España, nacido en Madrid en 1847, en sus segundas nupcias con Isabel de Ibarreta y Uhagón, tuvo por hija a María Isabel González de Olañeta e Ibarreta, nacida en 1895, quien casaría en 1923 con Su Alteza Real Fernando de Orleans y Orleans, Duque de Montpensier. Por lo demás, aquella abuela de la Duquesa de Montpensier - María Josefa de Olañeta y Ocampo - era nieta de Sebastián José de Ocampo, Regidor en el Cuzco. Este señor y su mujer María Josefa de Navia y Quiroga procrearon a Manuel José de Ocampo, quien desde el Perú se vino a Buenos Aires, y aquí se casó con Vicenta Ramona de Ugarte Uriarte. De viudo pasó a Córdoba, donde contrajo segundas nupcias con Úrsula González de Hermida y Arias Cabrera. Los Ocampo argentinos descienden de don Manuel José.
por Carlos F. Ibarguren
|