| Notas |

«UT TURRES»
(Como torres)

Cardenal-Presbítero de Santa María en Traspontina
25 de mayo de 1923 - 13 de marzo de 1952 (†)

Arzobispo de Bolonia
21 de noviembre de 1921 - 13 de marzo de 1952 (†)

Arzobispo Titular de Tebas
7 de diciembre de 1916 - 21 de noviembre de 1921

Obispo de Gubbio
25 de enero de 1907 - 7 de diciembre de 1916 [1]
Cardenal Nasalli Rocca en el 50 aniversario de su muerte El 13 de marzo de 2002 se celebró el 50° aniversario de la muerte de S.E. el Cardenal Nasalli Rocca y el 2 de octubre de 2002 el 70° aniversario de la inauguración de la actual sede del Seminario Arquidiocesano, por él fuertemente deseada.
Recordamos la intensa actividad desarrollada durante los treinta años de su episcopado en Bolonia a través de las palabras de Monseñor Enzo Lodi que, en su artículo “Para los apóstoles del mañana cristiano” (In spem Ecclesiæ, pp. 337-342), describe así los tres grandes amores del cardenal Nasalli Rocca.
1. El Cardenal de la Eucaristía
Este título le debe el celo que demostró por el culto eucarístico y especialmente por los Congresos Eucarísticos: desde el nacional de 1927 a los dos diocesanos (1937 y 1947), a los diez zonales...
También en las 29 notificaciones (de 1922 a 1952) escritas para invitar a la digna celebración eucarística de la solemnidad del Corpus Christi, se puede descubrir la espiritualidad eucarística del arzobispo que supo revitalizar los decenios eucarísticos, como tradición típica de Bolonia, extendiéndolos también al ámbito forense.
2. El Cardenal de la Virgen
La devoción a la Virgen, invocada por él en su discurso de ingreso (15 de enero de 1922), continuó hasta la sepultura de su cuerpo a los pies de su querida Virgen, la Santísima Virgen de San Lucas.
3. Amor a la Iglesia
El Cardenal amó siempre a su clero, cuidando de recibir individualmente a cada seminarista, con quien intercambiaba conversaciones paternales.
Su mayor obra fue sin duda la fundación del Seminario Arzobispal, cuya piedra fundamental bendijo el 12 de mayo de 1930. Otra de sus especiales preocupaciones por los sacerdotes fue la aprobación del Seminario ONARMO, para la formación de capellanes obreros.
Promovió la celebración anual de la fiesta del Cura de Ars, patrono de los párrocos; fundó la obra de los Setenta sacerdotes para la promoción de las vocaciones.
Tuvo que sufrir con impotencia la pérdida de numerosos sacerdotes, abrumados por la furia de la guerra y la posguerra. Cuatro fueron destruidos por los bombardeos estadounidenses, diez por las inhumanas represalias alemanas, cuatro fueron brutalmente asesinados en sus parroquias por hombres crueles que aún permanecían en la sombra, y uno en el campo de batalla.
El coraje del cardenal permitió que Bolonia fuera declarada ciudad abierta en 1944 y que las tropas alemanas pudieran evacuar las antiguas murallas, salvándola de la destrucción.
Supervisó el establecimiento de nuevas parroquias en una ciudad que, al inicio de su episcopado, contaba con más de 200.000 habitantes y 600.000 en el resto de la archidiócesis. Al final de su episcopado, la población había aumentado en 160.000 habitantes. La urgencia del problema se abordó concretamente con las 40 parroquias y vicarías parroquiales erigidas en treinta años.
Para proveer pastores, fundó la Sociedad para las Vocaciones Eclesiásticas en 1922, convirtiéndola en el tema de su carta pastoral de Cuaresma de 1924: «Por los Apóstoles del Mañana Cristiano». Con esta visión de futuro para el aumento de las vocaciones, que habían crecido significativamente gracias a su diligente cuidado, inauguró la nueva sede del Seminario Arzobispal en los terrenos de Villa Revedin el 2 de octubre de 1932. [2]
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