| Notas |
- PEDRO GUTIERREZ - patriarca de muchos linajes troncales de la vieja sociedad de Buenos Aires y antepasado mío - surgió a la vida por el año 1577 en la villa castellana de San Esteban de Gormaz.
Nada mas que el lugar de su nacimiento se sabe de su pasado español. Aquí, a nuestro puerto, llegó Gutiérrez el 5-I-1599 con la comitiva que acompañaba al Gobernador Diego Rodríguez Valdéz y de la Banda, quien había zarpado unos meses atrás de Lisboa a bordo del navío "León Dorado", con la escolta de cuatro carabelas llamadas: "San Antonio", "Nuestra Señora Da Guía", "Nuestra Señora del Buen Viaje", y "Nuestra Señora de la Concepción". Al arribar al Janeiro en el Brasil, mudó Valdés y de la Banda de navío, y embarcado en el patache "San Andrés" prosiguió con su acompañamiento el viaje hacia el Río de la Plata.
La aparición de aquella flotilla frente a las costas bonaerenses, alarmó sobremanera a los vecinos de la ciudad; algunos de ellos, creídos se trataba de una expedición de piratas, huyeron tierra adentro, tratando de poner a salvo en carretas sus bienes transportables. Mas cuando la mayoría de la población se hubo cerciorado de que en tales embarcaciones venían el nuevo Gobernador, el Obispo Vazquez de Liaño, y un lucido y numeroso séquito - del que era parte integrante el joven Pedro Gutiérrez -, engalanó con frondosos ramajes el camino del puerto (hoy calle Defensa); en tanto las autoridades del Cabildo, salían a recibir a los viajeros en procesión, tras de un clérigo revestido con capa pluvial, al que rodeaban frailes trinitarios y franciscanos y cuatro engolillados munícipes portadores del palio del Santísimo Sacramento. Y mientras 10 arcabuceros hacían las ruidosas salvas a lo largo del trayecto, el Gobernador del Rey, con sobrio recato, no quiso emprender la marcha bajo el sagrado dosel, cuyo homenaje consideró debido solo a la persona del Monarca; pero el Obispo diocesano aceptó pomposamente el litúrgico cobijo; lo que motivó, después, un agrio desacuerdo entre ambas potestades.
El hombre echa raíces en nuestra tierra
Apenas instalado en el incipiente villorio que llevaba nombre de ciudad, Pedro Gutiérrez fue designado Contador de la Real Hacienda, en reemplazo de Hernando de Vargas, ausente a la sazón en Charcas. Dicho cargo lo desempeñó interinamente, desde el 23-IV-1600 hasta el 18-II-1601.
Por ese tiempo (24-III-1601) el nuevo vecino formó su hogar, casándose con Mayor Humanes de Molina, hija del conquistador Pedro López Tarifa y de Antonia Humanes de Molina, su mujer. (Ver sus antecedentes genealógicos en el apellido López Tarifa).
Sabido es que "el casado casa quiere", y, conforme al refrán Pedro Gutiérrez se instaló con su flamante esposa en una morada y solar pertenecientes a Pedro Alvarez Gaytán, "en la calle que llaman de Córdoba" - o sea en parte de la actual calle Perú que hace esquina a la de Hipólito Yrigoyen; manzana circundada por dichas calles y las de Alsina y Bolívar.
A propósito de tal vivienda, Francisco Alvarez Gaytán, Alcalde de Buenos Aires, decía el 1-IX-1603 en una escritura: que "Pedro Alvarez Gaytán, mi primo, vecino de la ciudad de Vera, (Corrientes) de esta Gobernación del Paraguay y Río de la Plata ... me ha escrito por sus cartas venda un solar que tiene en la calle que llaman de Córdoba", donde "tenía edificada una casa en que vive Pedro Gutiérrez". Ese terreno lindaba - proseguía Francisco Gaytán - "con solar mío y con solar en que edifica Antonio Fernandez Barrios, y calle en medio con solar de Juan Nieto Humanes de Molina". Y "en virtud de lo que mi primo me ha escrito, tengo tratado con Pedro Gutiérrez de le vender el dicho solar, con todo lo a él anexo y perteneciente". Ello hízolo efectivo el declarante en legal forma, "para agora e siempre jamás", a favor de Gutiérrez, quien recibió la propiedad del "dicho solar de suso declarado y deslindado ... por el precio y cuantía de 100 pesos corrientes de a 8 reales, que es el precio en que nos hemos concertado".
Sin embargo, al paso que se formalizaba esta compra-venta en Buenos Aires, allá en "Vera de las Siete Corrientes", Pedro Alvarez Gaytán le enajenaba todos sus bienes raíces bonaerenses a Martín Alonso. En consecuencia, posteriormente, el 17-XII-1605, el referido Alonso le confirmó a Gutiérrez su adquisición urbana, en las condiciones ya pactadas.
En 1606 Pedro Gutiérrez integró el Cabildo porteño como Regidor; y el 11 de septiembre de ese año, dispuso la inscripción, en el Libro capitular respectivo, del fierro de marcara a fuego el ganado mayor de su propiedad, cuyo signo tenía la figura de una lira unida en su parte superior.
Es que el hombre había resuelto poblar "media suerte de tierra" que acababa de comprar, el 5-III-1606, a Hernán Suárez Maldonado (otro antepasado mío). Ese predio rural de media legua de frente, ubicábase "río arriba del puerto de los Navíos, como a dos leguas desta ciudad", en el actual partido de la Matanza; y se transfirió entonces "con todas sus entradas y salidas, usos y costumbres, pertenencias y servidumbres ... y con doscientas ovejas buenas de dar y recibir, y ocho carneros para padres, de la misma calidad, buenos". Ello "libre de censo y tributo, hipoteca tácita ni expresa, por el precio de 54 hanegas de trigo buenas de dar y recibir, y encostaladas y bien acondicionadas" - treinta y cuatro de las cuales se entregaron antes del otorgamiento de la escritura ().
Estanciero en el susodicho pago, poseyó allí mi antepasado otro terreno; 600 varas de frente y legua y media de largo, que trajo de dote su mujer al matrimonio, de los bienes del padre de ella; Pedro López Tarifa; cuyo predio lindaba; por el lado del río Matanza con campos de Gutiérrez y, por el otro extremo, con tierras de Juan Nieto de Humanés, cuñado suyo. El 18-VII-1610 Pedro Gutiérrez y su consorte Mayor de Humanes Molina, trocaron ese terreno con Juan Quintero Ocaña y su mujer Catalina Blas de Bullones, quienes dieron, en cambio, otra fracción equivalente en el mismo "término de la Matanza"; lindante, por una parte, con la chacra del propio Gutiérrez, y por la otra con la de Juan García Tamarejo. Juan Quintero transmitía dicho retazo de pampa "con el largo y frente que pareciere tener, y con las sobras como lo compré" - en la almoneda pública hecha de los bienes de los hijos herederos de Pedro Bernal.
En 1607, Gutiérrez resultó elegido por el Ayuntamiento, Alcalde de Hermandad en el Pago de la Matanza, a fin de mantener en justicia y policía a la campaña; ello sin perjuicio de que el funcionario participara en la actividad ciudadana. Por entonces - según consta en las actas del Cabildo - en su doble carácter de hombre de ciudad y de campo, el nombrado personaje figura, tanto contribuyendo con 6 pesos en la colecta que hicieron los vecinos porteños a favor del "barbero Miranda", como gozando una asignación de 25 reses en la matrícula del faenamiento de ganados para el consumo local.
Tocante a aquellas extensiones campestre en la Matanza, el 8-VIII-1618 el Gobernador Hernandarias le concedió una merced en dicho paraje a nuestro Pedro Gutiérrez. Los considerandos del respectivo decreto en lo pertinente decían:
"Por cuanto Su Magestad por Real Cédula (San Lorenzo del Escorial, 19-X-1594) ordena y manda sean preferidos en las datas de tierras y indios los vecinos que residieren en la tierra, ezcluyendo los que han dejado esta ciudad, sois casado con hija de Pedro López Tarifa, uno de los pobladores y conquistadores desta ciudad, que vino de los reinos de España a la dicha población a más tiempo de treinta y seis años con orden y licencia de Su Magestad, y murió en ella; y ha cerca de veinte años que vos asistís en esta ciudad y puerto; y en el dicho tiempo habéis servido a Su Magestad, con vuestras armas y caballos, en las corredurías que se ha ofrecido, para la pacificación de los naturales y reducirlos a nuestra Santa Fé Católica …; todo a vuestra costa y minción; sin que hayáis sido remunerado, ni gozado, ni repartídoseos indios ningunos; y me pediste os hiciese merced de daros y repartiros algunas tierras, a causa de los muchos hijos que tenéis. Y visto ser justo vuestro pedimento, en consideración de los dichos servicios y causas referidas … os doy y reparto e hago merced … en el pago de la Matanza, desta banda del Riachuelo de los Navíos, de las cabezadas de tierra que hay en la estancia que al presente tenéis poblada, que hacia la banda del norte corren hasta lindar con otras cabezadas de tierra dadas a Juan Nieto de Humanés y Molina; y corriendo hacia el sur, hasta el cabo de la suerte de Juan García Tamborejo; las cuales cabezadas han de correr conforme las dichas suertes de tierra, hasta confrontar con las suertes que están repartidas en en Rio de las Conchas". Asimismo, en tal oportunidad, Hernandarias le hizo a don Pedro otra merced campera próxima al rio Arrecifes, "por bajo el paso del camino de Córdoba, como a cuatro leguas de él, en un Sauzal que en él está, de una legua de esta banda del río de frente de tierra; y otra legua de frente de la otra banda; quedando el Sauzal en medio; y que las dichas tierras corren la tierra adentro legua y media, con más dos heridas (zanjas, canales) para molino, en dos arroyos que caen en dichas tierras".
El 12 de septiembre siguiente, el Alcalde Francisco Muñoz puso en posesión de aquella primera merced a Gutiérrez; "le tomó de la mano y le metió en dichas tierras"; y en señal de ocuparlas quieta y pacíficamente, sin contradicción, el flamante dueño "se paseó - por ellas - y arrancó algunas yerbas en un cerrillo que estaba junto a una cañada". De lo cual dió fé, como Escribano, Diego Pérez Moreno, ante quien el Alcalde e interesados firmaron el Acta respectiva, con los testigos Juan Mena, Juan Nieto de Humanes y Gabriel Ponce.
Más adelante, la estancia vino a quedar poblada por Pedro y su hijo Juan. Y el 21-II-1628 algunos vecinos "del pago de la Matanza" recurrieron al Cabildo solicitando "se quiten unas yeguas" que los Gutiérrez tenían "puestas en su campo, por el daño y perjuicio que les biene" (en sus sembrados). Mandaron entonces los capitulares se cumplieran las órdenes sobre "estanzias de yeguas", en el sentido de que el Procurador General "Bea si es en pró o en daño de esta ciudad … y se ponga remedio con brevedad … para que las dichas yeguas se retiren a otra parte, de manera que no hagan daño"; y se notifique a don Pedro y a su hijo "que no maten ni capen ningún caballo ageno", so pena de multa.
Actuación pública de Pedro Gutiérrez
Respecto a las actividades dirigentes de mi lejano abuelo, consignaré que en 1609 fue designado Regidor del Cabildo; y que tuvo a su cargo también las funciones de Fiel Ejecutor; vale decir la responsabilidad de hacer cumplir todas las disposiciones relativas al abasto de la población; confeccionando los aranceles de precios para los artículos de primera necesidad; fiscalizando las pesas y medidas en las provedurías; el amasijo y venta del pan en las tahonas; el expendio de comestibles y bebidas en las pulperías; las carneadas de hacienda en los corrales; y el cobro de los impuestos y derechos que afectaban, de algún modo, al consumo vecinal.
Por otra parte, el regidor Gutiérrez y su colega Bernardo de León, fueron encargados, por el Ayuntamiento, de "adereçar la cassa del Fuerte de esta ciudad", a donde vendría a alojarse el nuevo Gobernador Diego Marín Negrón, pues la vivienda - según consta en el acuerdo pertinente - "está muy mal tratada". Para recibir alegre y dignamente a Negrón, Gutiérrez integró, asimismo, la comisión de festejos; porque - opinó el Cabildo - "es justo que se le hagan algunas fiestas de juego de cañas, sortija, toros y máscaras", al flamante mandatario.
En 1611 Pedro Gutiérrez era Procurador de la ciudad; con personería para representarla y defender sus intereses "en todos los pleitos que los particulares y cualquier corporación o comunidad promuevan contra el Ayuntameinto, o éste contra aquellos". En tal carácter, el 24 de enero, dicho antepasado informaba al Cabildo sobre un auto "proveydo" por el Gobernador Marín Negrón, "a pedimento de la ciudad de la Asumpción, para que no se pueda meter por este puerto açúcar" - salvo el azúcar paraguayo. La medida restrictiva y monopólica pro domo sua, solicitada por el Cabildo asunceno, redundaba en daño de la ciudad porteña, porque los suministros azucareros "de la Asumpción no pueden hordinaria ni suficientemente dar abasto". En consecuencia, de acuerdo con los consejos y argumentos del informante, los Regidores bonaerenses hicieron llegar a Marín Negrón su deseo de que modificara aquella resolución suya, y permitiera "que entrasen por la mar los dichos géneros"; vale decir, los pilones dulces del Brasil.
El 30 de junio, el Procurador Gutiérrez le presentó al célebre "Visitador" para las provincias del Rio de la Plata, Francisco de Alfaro, dos "pedimentos" - reforzados con informaciones de calificados testigos.
En uno de ellos suplicaba se le informara al Rey, "de la imposibilidad del servicio que los vecinos tienen por aver muerto en las pestes pasadas gran cantidad de indios, y los que al presente hay son muy pocos; gente que ni aún por su interés quieren acudir a sus encomenderos, a ayudarlos en sus labranzas, guardas de ganados, labores de tierra y edificios; porque es gente de tan poca policía que se contentan con sustentarse de cazas y raíces de arboles", y "le dá larga para bolberse a sus tierras, con lo qual quedan los vecinos en notable necesidad"; obligados a "dejar sus casas, chácaras y sementeras, por no tener servicio con que poderla sustentar". De consiguiente, nuestro Procurador pedía a Su Magestad les "diera licencia y permición", a los vecinos de Buenos Aires para que pudieran enviar a las costas del Brasil y puerto de Angola los frutos de sus cosechas - harinas, sebos y cueros - a fin de trocar estos productos por negros esclavos que, en reemplazo de los indios inservibles, se traerían a estas tierras para las labores de sus pobladores y la conservación de las dichas sus haciendas".
En cuanto al otro "pedimento", Gutiérrez también se refería en el a la exportación de los frutos del país hacia las costas brasileras, y "que se traigan - decía - las cosas necesarias para el adorno de las personas y casas de los dichos vecinos, por no hcerse en esta tierra lienso, paño, ni género de ropa con que poderse vestir los dicho vecinos, y que es imposible poderlas traer de otra parte, porque en esta tierra no hay plata ni oro conque poderlas comprar; y si se hubiesen de traer del Perú, no se podrían trocar a los frutos de la dicha tierra, y serían tan caras que ningún vecino se podría vestir, ni alcanzar ninguna de las cosas necesarias para pasar y sustentar la vida humana".
Como se echa de ver, no solo de ahora resultan estos problemas de falta de divisas y carencia de mano de obra, que, de tanto en tanto, le plantean una crisis a nuestro conglomerado social. Salvando las distancias que nos separan del siglo XVII, con su economía agropecuaria exclusiva, la Argentina ha permanecido, en buena medida, subordinada a las potencias industriales de afuera, las cuales - salvo de ropa y comida - la proveían hasta ayer nomás, de las principales "cosas necesarias para pasar y sustentar la vida humana".
En 1611, el nombre de Pedro Gutiérrez se incluye en una lista de propietarios de "chácaras". La suya - según expresa dicho documento y sabemos nosotros - quedaba en el pago de la Matanza. Y en el registro de "Harinas" que aquellos chacareros debían almacenar de órden del gobierno, para reserva del abasto local, Gutiérrez aparece inscripto con una cuota de 20 fanegas. Y ya que de harinas tratamos, buenos será recordar que el 18 de julio el Procurador de esta historia, pidió y obtuvo del Cabildo la modificación en el precio del pan, en el sentido de que en vez de vender los panaderos 14 libras de ese producto por un peso, en adelante vendieran 16 libras sin varias el costo anterior.
En 1612 nuestro personaje desempeñó al mismo tiempo los cargos de Alcalde de 1º voto y Alférez Real. Es decir, respectivamente, las funciones de Juez ordinario de Primera Instancia, en las causas civiles y criminales de la ciudad, y el honorífico cargo de custodio del Real Estandarte; con los privilegios anexos de asistir con espada a los acuerdos del cabildo, anteceder en las votaciones a los demás Regidores, y ocupar un lugar preeminente en las ceremonias religiosas y profanas. Dicho empleo de Alférez Real asumíase con solemne aparato, prestando el elegido un juramente de lealtad llamado "pleito homenaje". Por lo demás, el venerado y lujoso pendón a su cargo - que salía a relucir en las grandes ocasiones (juramentos al nuevo Monarca, festividades "del bienaventurado Señor San Martín, patrono desta ciudad", procesiones y desfiles) -, era (según lo describe un acta capitular de aquel tiempo), "de damasco encarnado, guarnecido con flocaduras de seda y botones y cordones de la misma seda amarilla y colorada, con la ymágen de la Madre de Dios de un lado y las Armas Reales del Rey Nuestro Señor del otro, con pasamanería a la redonda de oro".
Aquel mismo año Pedro Gutiérrez, con Mateo Leal de Ayala y Francisco Romero, diputados por el Cabildo, y Francisco Bernal y el piloto Pedro Fernández Pie de Palo, provistos de "una aguxa de marear para ver el rumbo", midieron y amojonaron las 63 chacras originarias - de 500, 400, 350 y 300 varas de frente, indistintamente, sobre la barranca del rio, con la legua de fondo - que repartiera Garay a los primeros pobladores de Buenos Aires. El punto de arranque tomado por los agrimensores fue el égido urbano, y la "Cruz de San Sebastián" (ermita que quedaba a la altura, más o menos, del cruce de las actuales calle Maipú y Arenales, al márgen de la Plaza San Martín, donde hasta hace poco se levantó la residencia de doña Matilde Anchorena). De ahí, enfilando el "noruoeste", mi antepasado y sus compañeros mensuraron aquellas "suertes" de tierra, hasta el pago del "Monte Grande" - Punta Chica, hoy en el límite de San Isidro con San Fernando.
Por entonces, con autorización del Cabildo que le cedió una piecita suya desocupada, el portugués Juan Cardoso Pardo enseñaba a los niños porteños a "escribir y contar por un peso y a leer por medio peso". El maestro resultó ser judio de raza, y acaso de religión, puesto que, en 16-IV-1614, los Regidores Pedro Gutiérrez y Sebastián de Orduña denunciaron al cuerpo de que formaban parte, haber advertido que Cardoso Pardo "enseñaba mal el Credo a los alumnos". No obstante ello, el sospechoso marrano continuó con su tarea docente hasta diciembre de 1618. Por otra parte, en las listas de "permisiones" - que confeccionaron las Alcaldes el 1-VI-1615, por orden del Gobernador Hernandarias -, entre los vecinos a quien se podía dar licencia para exportar frutos vernáculos, aparece nombrado Pedro Gutiérrez, en la categoría de "último poblador".
Amigo y colaborador de los Gobernadores Hernandarias y Céspedes
En la política local, mi antepasado fue unos de los más leales y consecuentes partidarios de Hernandarias; quien sucedía como Gobernador efectivo a Marín Negrón, muerto el 26-VII-1613, "hechizado de un veneno mortífero", según se dijo entonces. Así las cosas, el célebre caudillo, "Hijo de la Tierra", lo nombró a su amigo, el 18-VII-1615, "Theniente de Governador, Justicia Maior y Capitán a Guerra de la ciudad y su distrito", porque "bos, Pedro Gutiérrez - expresa el título respectivo - aveis servido a Su Majestad en todo aquello que se os a sido encargado y encomendado". Y con expresa recomendación para dicho Lugarteniente que debía ocuparse de la "conserbaçión y aumento de los naturales y que no sean bexados, molestados ni maltratados de sus encomenderos, y que se guarden y cumplan las ordenanzas". Don Pedro prestó el jurmanto de estilo ante el Cabildo, luego de ofrecer como fiador a su concuñado Cristóbal Naharro.
Durante su gestión ejecutiva - prolongada hasta 1618 - a Gutiérrez, en reemplazo del Gobernador titular, le tocó ser Juez en el "Gran Proceso" sobre contrabando que se le siguió a Juan de Vergara y a su camarilla de traficantes. También don Pedro fue uno de los colaboradores mas decididos de Hernandarias en 1627, cuando el incorruptible "sordo" - que jamás hizo oídos de mercader - volvió a Buenos Aires como pesquisador del comercio prohibido. Y antaño, en el viejo juicio de residencia obrado contra el mandatario criollo en 1609, su fiel amigo el Regidor resultó asimismo comprometido, fallando en dichos autos el Juez-Gobernador Marín Negrón; que por ausencia de mi antepasado a los acuerdos capitulares, quedaba absuelto; en cuanto a la acusación de que él, siendo Fiel Ejecutor "no tuvo cuidado de que la ciudad estuviese abastecida"; esto solo le acarreó una multa de "diez pesos corrientes", que el Consejo de Indias hubo de perdonarle en última instancia.
En 1628, el Juez delegado de la Audiencia charqueña, Diego Martínez de Prado, conminó al Gobernador Francisco de Céspedes a alejarse de su mando, a fin de poder aquel libremente "hazer aberiguación" sobre ciertos cargos que se le habían imputado a este. Céspedes, desde su temporario retiro "en la chácara de los padres de la Compañía de Jesús, a una legua poco más o menos desta ciudad" (La Chacarita), nombró, por auto del 13 de enero, Lugarteniente suyo al Capitán Pedro Gutiérrez en consideración de que el dicho puerto (Buenos Aires) queda sin Justicia Maior, ni quien administre las cosas tocantes a la guerra".
Al tratar luego el Cabilda tal designación, los Regidores admitieron no sin exactitud, que si el pesquisador de la Audiencia había suspendido a Céspedes en el uso de sus oficios gubernamentales, mal podía el interdicto nombrar Teniente, ya que "los parientes, panyaguados, parsiales y familiares de las casas de los gobernadores no pueden ser tenientes sin especial aprobación de la real audiencia". En mérito de ello, los capitulares - que por lo visto consideraban a mi lejano abuelo elemento incondicional de Céspedes - opinaron que "ni el título del dicho Pedro Gutiérrez tiene fuersa, ni se ajustaba a las reales probisiones y cédulas", por lo que unánimemente quedó rechazado.
Por su parte el Procurador de la ciudad, Simón Guerra de Herrera, lo mismo se opuso a ese nombramiento, porque - alegó - "el Capitán Pedro Gutiérrez es bezino de esta siudad, casado con muchos ijos e ijas, y un ijo casado también que tiene ijos, cuñados y parientes de su mujer; y el dicho Pedro Gutiérrez es cuñado de Cristóbal Naharro, vezino encomendero que tiene siete u ocho ijos e ijas, casadas algunas y otras biudas, todos con ijos, y los otros para casar, y un ijo de más de beynte y ocho años; y por yerno a Juan Rodríguez Quintero, asimismo bezino. Tiene el dicho Pedro Gutiérrez por cuñado, ermano de su mujer, a Juan Nieto de Umanés que, aunque falleció los días pasados, dejó otra grande familia de ocho ijos e ijas, onbres que siñen espada y para casar, con los quales - y aquí viene el argumento de peso del Procurador que impugnaba a Gutiérrez - es ympusible dejar de tener pleytos entre los demás bezinos".
Como se ve, media población porteña se componía de parientes de Gutiérrez; en esto no andaban desacertados sus contradictores del Cabildo.
Otros argumentos expuestos por Guerra y Herrera contra la designación de mi lejano abuelo eran: Que éste "fué Tiniente en tiempo del Gobernador Hernando Arias de Saavedra y hasta hoy no se ha bisto sentenciado ni determinada su residencia (juicio de ídem) en el Real Consejo donde está pendiente". Que cuando era Contador de la Real Hacienda se le condenó "en mucha cantidad de pesos y otras cosas por el juez vizitador". (Lo multaron en 1616 juntamente con Hernandarias y el Contador Salcedo, por haber extraviado "diez piesas desclavos negros y una cría", traídos de Angola en el navío "Nuestra Señora de la Batalla" del maestre Bartolomé Maldonado; tales negros habían sido comprados en remate por Diego Lope de Lisboa). Argüía además, Guerra y Herrera, que la experiencia aconsejaba que un Teniente de Gobernador debía ser "soldado sin dependencia de deudos", y Gutiérrez vivía rodeado de su parentela, y apenas sí "usó más tiempo de dos días" las obligaciones de Sargento Mayor pues se pasaba "de hordinario en su chácara" y "es de la orden del Señor San Francisco, con el hábito tercero, como es notorio". Por ende el candidato era "yntimo amigo, parcial, familiar y contino de la casa de Don Francisco de Céspedes y de sus hijos y, como tal, es público que (Céspedes) le tiene dado su poder para que defienda y siga sus pleytos y causas". Finalmente, del Gobernador suspendido no valían nombramientos hasta ser aprobados por la Audiencia de Charcas. Debido a este cúmulo de razones, mi antepasado no pudo desempeñar en 1628, por segunda vez, la honrosa función de Teniente de Gobernador de Buenos Aires.
Se agranda la estancia "del otro lado del Riachuelo"
En 1629 Gutiérrez presidía el Cabildo como Alcalde de 1º voto; y una vez cumplido su mandato, don Pedro le solicitó a su amigo el Gobernador Céspedes (noviembre de 1630), una merced de tierras en virtud de los siguientes fundamentos: "Yo - expresaba el interesado - a más de treinta años que asisto en esta ciudad, sustentando mi casa y familia y caballos a mi costa, sin sueldo ni salario alguno de Su Majestad ... en la pacificación de indios revelados y conquista de ellos ... he acudido con mi persona y armas ... he ocupado puestos y oficios onrrosos de República ... y en todo este dicho tiempo, sin embargo de los dichos servicios, no he sido gratificado de ellos, ni se me han encomendado indios de repartimiento para poderme sustentar, y solo tengo para dicho efecto una estancia para criar mulas, que está en la otra banda del Riachuelo de los navíos, cinco leguas desta ciudad, poco más o menos, frontero río en medio de Joan Quintero, de quien hube y compré dicha estancia, que en ella no puedo contener dichos ganados que se van multiplicando". Por ello, el suscripto, solicitaba se le otorgasen las "cabezadas de dicha estancia": "tierras vacas, desiertas y despobladas, de legua y media de frente, cogiendo la dicha estancia de Joan Gutiérrez de Humanés, mi hijo". Y cual lo pedía el veterano poblador le fueron concedidas aquellas "cabezadas" territoriales.
Pero el hombre era incansable pedigüeño y, un lustro más tarde, también solicitó otra merced al Gobernador Pedro Esteban Dávila, puntualizando por escrito que no obstante sus 30 años de servicios ininterrumpidos al Rey, apenas si había logrado sumarle a la estancia que trajo de dote su mujer, un campo anexo, situado sobre el río Matanza. Como sabemos, parte de este último campo lo recibió de merced del Gobernador Hernandarias en 1618 (la histórica chacra "Los Tapiales" deriva de tal merced); y el resto del terreno adquiriólo de Hernán Suárez Maldonado en 1606, con título originario de una merced del Gobernador Ramírez de Velasco.
Ignoro si obtuvo Gutiérrez el nuevo beneficio pretendido; posiblemente sí, ya que, desde 1632, era "Teniente de Capitán de la compañía del Señor Governador, de los que an de asistir cerca de su persona"; vale decir: integrante de la escolta de Pedro Esteban Dávila y gozador de la confianza de este mandatario.
La primicias del Obispo Aresti y otras disposiciones tomadas por mi antepasado
El 19-VIII-1637, convocados por el Gobernador Dávila, los vecinos más calificados de la ciudad reuniérose en "Cabildo abierto" a fin de tratar acerca de las nuevas "primicias" (trigo, maiz, cebada, terneros, lechones, pollos, etc.) que, además del diezmo, pretendía recibir de ellos el Obispo recientemente promovido, Fray Cristóbal de Aresti. Dicha reunión extraordinaria precisaría cuales habían sido las costumbres antiguas del país referentes a tales tributos, y con que género de especies debería de pagarse a los ministros de Dios. El primer asistente en tomar la palabra fue el Capitán Cristóbal Naharro, quien "dixo que de cinquenta años a esta parte que bino a la población desta ciudad, ha tenido casa poblada, y desde que tiene chácara y estancia ha pagado premissias de trigo, cevada y mais, y no otra cosa; ni se le an pedido, ni la a bisto pagar, ni save se aya pagado". Enseguido alzó la voz Pedro Gutiérrez - concuñado de Naharro -, vecino desde 38 años atrás, con chacra y estancia, y "dixo lo mismo". Así, sucesivamente, los demás pobladores convocados estuvieron acordes en que solo con cuotas de trigo, de cebada y de maíz se daban aquí por cumplidas las "primicias" que el Obispo reclamaba. Tal determinación de nuestros abuelos malquistó al Diocesano con el Gobernador Dávila, que había dispuesto aquella asamblea vecinal; y, más tarde, fue causa de la "descomunión" sufrida por el reemplazante de éste, Mendo de la Cueva Benavídez, el cual por negarse a tomar represalias contra su antecesor, cayó bajo la anatema de Monseñor Aresti.
En 1644, Pedro Gutiérrez - que tendría, a la sazón, cerca de 70 años de edad - fue elegido una vez más, Alcalde ordinario del Cabildo. Poco después caía "enfermo en cama de unos nacidos en la corva de la pierna izquierda". (Várices, diagnostico yo). No tardaría, sin embargo, en reponerse de esos achaque; y el 27 de julio presentó al cuerpo comunal un proyecto de reglamentación de las "yerras y recoxidas de ganado bacuno de las estancias y pampa". El 12 de septiembre siguiente, Gutiérrez fundamentó su proyecto, basado en su larga experiencia campera; "Ay mucho deshorden en la yerra del ganado bacuno - dijo - y los criadores de el reciben mucho daño, porque cada uno yerra cada vez que le parece, y muchos en todo el año no acaban de herrar, y para obiar los daños que desto resulta, combiene señalar el tiempo en que an de herrar, con que sesará la deshórden que asta aquí a avido". Del propio modo "muchos dueños de ganado entran en los terrenos de otros con color de llevar el ganado que ay de sus yerros (marcas) y por no ocuparse de apartallo llevan el ganado que hallan, de que resultan muchos perdidos y es justo se remedie; mandando que ninguna persona recoxa en rodeo, ni corral, ningún ganado sin avisar al dueño de la estancia para que bea lo que sacan. Y asimesmo a las recoxidas generales, que ninguno lleve yerro ni yerre ganado en la pampa". Oídas estas razones atinadas, los colegas de Gutiérrez resolvieron que, en adelante, las hierras debían practicarse entre el 25 de noviembre, día de Santa Catalina, y el 25 de marzo de cada año; a cuyo fin los estancieros tendrían que pedir licencia a la corporación municipal. En cuanto a otras proposiciones de mi antepasado sobre rodeos y recogidas campo afuera, también se reglamentaron en el sentido indicado por él; así como la creación de Jueces de Yerra, que desde entonces se designaron en cada pago.
Pedro Gutiérrez - según dijimos - habíase casado por 1601 con Mayor Humanés de Molina. El 8-VIII-1635, con motivo de un viaje que emprendió a Tucumán, don Pedro otorgó un poder testamentario a favor de su consorte y de uno de sus hijos. Sin embargo el precavido viajero iríase al otro mundo a los 71 años de edad, tras testar el 3-II-1648. En cuanto a doña Mayor, ella suscribió en dos oportunidades sendas escrituras de últimas disposiciones; el 16-IX-1645 y el 23-V-1656. En ambos documentos, la señora ordenaba a sus deudos enterraran su cadáver en la iglesia de San Francisco, amortajado con hábito seráfico, como hermana terciaria de la Orden que era.
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