| Notas |

Ministro de Educación Nacional
9 de agosto de 1939 - 19 de julio de 1951

Presidente de la Diputación de Murcia
23 de septiembre de 1926 - 5 de marzo de 1929
Otros cargos:
• Miembro de la Asamblea Nacional Consultiva (1927-1930).
• Diputado de las Cortes (1933-1936).
• Procurador de las Cortes Españolas (1943-1967). [4]
- Desde muy joven sobresalió en sus estudios, que realizó en Teruel y en las Universidades de Valencia y Madrid, hasta el punto de que recibió a los veintidós años la Gran Cruz de Alfonso XII por su extraordinario expediente en las licenciaturas de Derecho y de Filosofía y Letras. En el año 1922 ganó por oposición, con el número uno, la cátedra de Geografía e Historia en el Instituto de Murcia, y, más tarde, la del Instituto “San Isidro” de Madrid, realizando diversos trabajos científicos en su especialidad.
Su vida pronto se orientó, sin embargo, hacia el mundo de la política, pues al año siguiente de llegar a Murcia fue nombrado Teniente de Alcalde y, poco después, Presidente de la Diputación. El salto a la política nacional lo realiza en 1933, siendo elegido Diputado a Cortes por la provincia de Murcia. Más tarde, en 1939, fue nombrado Ministro de Educación Nacional, cargo que desempeñó durante doce años, y, sucesivamente, Presidente del Consejo de Estado y Embajador de España en Portugal, donde permaneció hasta algunos meses antes de su fallecimiento. La obra que más cuidó en su dilatada vida pública fue el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que creó en 1939 y de cuya Presidencia —unas veces efectiva y, al final de su vida, honorífica— no se separó jamás.
Son muy pocos los políticos españoles que han sido nombrados Doctores Honoris Causa por cuatro Universidades y que han pertenecido a tres Reales Academias. Don José Ibáñez-Martín consiguió todas estas distinciones porque supo unir a su preclara inteligencia una profunda vocación de servicio, traducida en un continuo esfuerzo por descubrir las necesidades que debían ser atendidas y por buscar a las personas más aptas —prescindiendo de meras afinidades ideológicas— que fueran capaces de satisfacerlas. Su destacada posición en la vida pública española se compaginaba con una gran sencillez para con todos, sabiéndose preocupar tanto por lo pequeño como por lo grande.
A lo largo de su vida fue distinguido con numerosísimas condecoraciones nacionales y extranjeras. Pero lo que siempre le interesó fue comportarse con dignidad, ser fiel a sus lealtades, y tener presente que para nada sirve dominar el mundo, si se pierde el alma. Murió en Madrid, en 1969, rodeado del afecto de su familia y de sus amigos, y del respeto de todos. [5]
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