| Notas |
- Fue uno de los líderes militares de la revolución que 1839 estalló en el sur de la provincia contra el gobernador Rosas, y el protagonista del llamado "grito de Dolores".
Ángel J. Carranza nos deja su estampa: "Considerado físicamente, era pálido el color de su tez en la que se reflejaba un cabello castaño oscuro, sedoso y ligeramente rizado; su frente despejada, servía de arranque a una nariz roma y graciosa, que en el conflicto se hinchaba como la de un generoso corcel árabe, mientras que sus ojos negros y flamantes, doselados como los del león por largas pestañas, eran los verdaderos intérpretes de un espíritu fuerte y resuelto, cuyas manifestaciones nerviosas parecían producidas por choques eléctricos. Alto de pecho, robusto de constitución, y aunque ya amagado de esa afección al órgano más noble que debía serle funesta en San Cala, era de ágil y proporcionada figura, la que según el dicho pintoresco de sus subalternos, 'crecía un pulgada' el día del peligro".
En su juventud participó en la Guerra de independencia de la Argentina contra los realistas, en las campañas previas a la Conquista del Desierto contra los indios y en las guerras civiles argentinas como enemigo del gobernador de la Provincia de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas, muriendo en la batalla de Sancala contra las fuerzas leales a éste.
En 1815 se enroló en el Ejército del Norte, aunque se incorporó después del fracaso de la tercera expedición al Alto Perú. En 1817 formó en la división que hizo la temeraria e inútil campaña del coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid sobre Tarija y Chuquisaca.
Cuando el Ejército se disolvió a raíz del Motín de Arequito, Rico regresó a Buenos Aires.
Participó en las campañas del gobernador Martín Rodríguez contra los indígenas del sur de la provincia de Buenos Aires. A su regreso, compró una estancia en el pueblo de Dolores y comenzó a frecuentar el pago de la Magdalena.
Alrededor de 1826, fomentado por algunos amigos, se estableció con algunas vacas en el paraje denominado "Carancho Blanco" entre el Tordillo y Monsalvo.
Sirvió en la Guerra del Brasil, aunque no hizo la campaña que culminó con la batalla de Ituzaingó.
Revistó como capitán durante la campaña contra los indígenas dirigida por el gobernador Rosas en 1833, haciéndose notar por su coraje y disciplina; más tarde continuó ascendiendo hasta el grado de coronel.
Rico, considerado un federal "neto", fue nombrado Juez de Paz de Dolores hacia 1835.
A principios de 1839 fue convocado por Rosas a Buenos Aires, y hacia allí marchó, a denunciar una conspiración. Sin embargo, pasaron varias semanas y no fue recibido. Furioso por esa falta de respeto, regresó a Dolores sin haberse entrevistado con el Restaurador, y se unió a los conspiradores.
Desde el año anterior se había establecido el bloqueo francés al Río de la Plata, lo que causó graves problemas económicos a los estancieros, al verse interrumpidas las exportaciones. Los ganaderos responsabilizaron a Rosas por la situación y, ayudados por algunos jóvenes rebeldes y unitarios, conspiraron para derrocarlo.
Contaban con el apoyo del general Lavalle, que se trasladaría hasta el sur de Buenos Aires para apoyarlos con un pequeño ejército y un gran número de oficiales. Pero el jefe unitario prefirió invadir Entre Ríos, y formó un ejército (financiado en gran parte por el general Martín Rodríguez, exiliado en Montevideo) en la isla Martín García.
Simultáneamente debía estallar una revolución en Buenos Aires, encabezada por el coronel Ramón Maza. Pero este fue descubierto y asesinado.
No obstante, a fines de octubre de 1839, los ganaderos opositores se pronunciaron públicamente en Dolores, y formaran rápidamente un ejército formado por gauchos, cuya única experiencia militar era la lucha contra los indígenas. Nombraron a Castelli jefe militar del improvisado ejército, por ser el estanciero que más tropas había logrado reunir. En la práctica, se limitó a la política y a la redacción de proclamas, mientras la organización militar quedó en manos de los coroneles Ambrosio Crámer y Manuel Rico.
Los revolucionarios contaban con 2.000 hombres en Dolores y 1.000 en Chascomús. Hacia allí marchó todo el ejército, que fue completamente derrotado en la batalla de Chascomús, el 7 de noviembre, por los coroneles Prudencio Rosas (hermano del Restaurador), y Nicolás Granada. Crámer murió en la batalla, y Castelli fue tomado prisionero cerca de Dolores y degollado.
Al frente de los restos, Rico pudo huir en un barco francés que se había acercado a la costa del Tuyú, y pasó a Montevideo. Enseguida se unió a Lavalle, que invadía la provincia de Corrientes.
Participó en la invasión unitaria a Buenos Aires, y fue el contacto principal con los estancieros del norte de la provincia que le aportaron caballos y tropas. Pero la incursión fracasó por la excesiva prudencia de su jefe, se disolvió y debieron huir.
Tras recorrer Santa Fe y Córdoba y participar en la derrota de Quebracho Herrado, Rico participó de la campaña del coronel José María Vilela sobre Cuyo. Fueron alcanzados por el general Ángel Pacheco y derrotados completamente en la batalla de Sancala, en las cercanías de San Carlos Minas, provincia de Córdoba, el 9 de enero de 1841.
Según declaración de José Dámaso Arellano: "...el coronel D. Manuel Rico, hecho prisionero en San-Calá, fue muerto a bayonetazos por orden de Pacheco, siendo desollado su cadáver para hacer manéas y cortadas las orejas." [3]
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