| Notas |
- Nació el 7 de
mayo de 1852 en Gante, Bélgica. Era oriundo de una noble
familia
flamenca, los condes de Van Laer. Su abuelo, Adrián
Segers, fue uno de los que se jugaron por la independencia
de Bélgica. Estuvo a punto de ser quemado vivo por los
enemigos, lo que le valió las medallas de la Legión
de Honor y la de la Orden de Leopoldo".
"Cuando, después del 70, en Buenos Aires se
respiraba paz y se vivía de Ia abundancia que
proporcionaban nuestros campos ubérrimos (era nuestra era
augustana?) los argentinos pensamos en la buena música. Y nuestros
abuelos tendieron la vista hacia París. Solicitaron un
cuarteto clásico. Y vino. Tocaba el piano un joven de
veintidós años, de buena presencia, cabello rubio,
ojos celestes, mirada penetrante, frente amplia y además
cordial: era Polidoro A Segers".
"El director del conservatorio a quien se había
pedido el cuarteto, puso los ojos en él, lo invitó
y Polidoro aceptó. En Buenos Aires fue maestro de
música y canto. Las jóvenes más distinguidas
de nuestra sociedad aprendieron de él a interpretar a
Liszt, a Beethoven y a Chopin. Pero no lo sedujeron. El
había dado palabra a una joven parisina, María
Craemers, la hizo venir y el 20 de febrero de 1875 se desposaron
en la iglesia de San
Ignacio".
"Y era feliz. Ganaba dinero. Era querido por cuantos lo
trataban. Pero a su espíritu inquieto esto no le bastaba.
Se empeñó en estudiar medicina. Junto
con el doctor Gutiérrez, Ramaugé y Milone
estudiaban de noche la ciencia de
Hipócrates. De día, trabajo; de noche estudio hasta
caldearse los cascos".
"Segers tenía ya treinta y cuatro años.
Cuando se trató de dar examen, se encontró con que
necesitaba título habilitante para ingresar en la
Facultad? ¿Qué hará?
¿Plantará todo? ¡Qué esperanza!
Esperará. El tiempo y el
ingenio le darían medios para
llegar. Entre tanto se le cruzó una oportunidad
magnífica para conocer Tierra del Fuego".
"Iba don Ramón
Lista a explorar aquellas regiones y a sentar definitivamente
nuestra soberanía sobre ellas. Necesitaba un
médico. Ningún profesional criollo quiso
arriesgarse en esa "patriada". El poeta Olegario V. Andrade,
padre político de Lista, lo exhortó e embarcarse y
Segers no se hizo de rogar?".
"Con los conocimientos científicos que
poseía no le pareció imposible ser "cirujano de
segunda" en la expedición? Y en noviembre de 1886 lo
tenemos sobre el Villarino rumbo a Tierra del Fuego".
"Como capellán iba el padre José Fagnano,
salesiano. Se hicieron grandes amigos. Cuando pisaron tierra
firme en San Sebastián, y los 25 hombres de Lista y del
capitán Marzano hicieron fuego sobre los onas, dejando
sobre la virgen tierra fueguina veintiocho cadáveres, el
sacerdote y el médico se levantaron, coléricos,
en.nombre de la justicia y de
la humanidad".
"En su interesante obrita ?Hábitos y
costumbres de los Onas? describe don Polidoro la
impresionante muerte de un
joven de dieciocho años, atrincherado en una roca, con
sólo su arco? Recibió veintiocho balazos, sin
contar el tiro de gracia. Su perro estuvo llorando toda la noche
al lado del heroico ona. Cuando a la mañana siguiente
fueron el capellán y el médico para enterrar el
cadáver del mancebo, vieron un espectáculo macabro:
el perro se había comido todo lo que pudo de su amo, como
para que esos despojos queridos no cayeran en manos
enemigas?".
"Desde aquel día, siempre que había que
vérselas con indios, eran Segers y Fagnano los encargados
de parlamentar. La primera vez que les tocó la no
fácil misión, se
vieron en figurillas cuando toparon de buenas a primeras con una
tribu. Estaban ambos perplejos. Entonces el médico -narra
Fagnano- comenzó a hacer piruetas, a dar saltos y otras
niñerías. Fue la salvación de ambos. Los
indios bajaron sus arcos y se acercaron, riendo, a los
embajadores. Desde entonces fueron los amigos de los
onas".
"Y cuando a principios de
enero de 1887, en Bahía Thetis, se levantó la
primera capilla, donde celebró monseñor Fagnano,
fueron las manos piadosas de Segers las que más trabajaron
en los rudos menesteres de albañil y carpintero. El fue
quien juntó flores en la selva y aderezó
admirablemente aquella humildísima Casa de
Dios".
"Se trataba de bautizar a los indios. Para ello
había que vestirlos, antes. Pues bien: la carpa de don
Polidoro se transformó en sastrería y él,
tijeras en mano, cortaba y cosía mientras Fagnano
instruía a la indiada".
"El 3 de enero: primera misa del Prefecto
Apostólico en sus tierras. Hasta entonces no había
podido celebrar misa por falta de altar
portátil".
"El 25 de enero estaban de nuevo en Carmen de Patagones.
De- ahí a Buenos Aires".
"Sin duda el doctor Segers en el Sur comió
calafate. Dice la leyenda que el que come calafate siempre vuelve
al Sur. El hecho es que a fines de junio de ese año, ya
encontramos a don Polidoro embarcado en un funesto barco, el
Magallanes, que hacía su primer viaje al
Austro".
"¿A dónde iba con su esposa y sus hijos
Carlos, Alfredo y Graciela? Volvía a la Tierra del
Fuego. Había ahorrado unos 8.000 $ y los iba a invertir en
ovejas. De paso estudiaría a los onas, yaganes y
alacalufes del punto de vista de su especialidad. Para vivir: el
sueldo de médico de ese territorio nacional".
"Pero sucedió que el golfo de San Jorge los
recibió con una de esas borrascas que sólo
conocemos los que hemos viajado por ahí? Al llegar a
Puerto Deseado, el viento amainó. Pero la marea bajaba. Y
cuando en esa ría, la marea baja, tiene el agua una
fuerza
exorbitante. Cosa que el capitán del barco, Teniente de
Navío Méndez, "el gallego Méndez" como lo
llamaban, parecía ignorar".
"El hecho es que cuando entró en la ría y
quiso dominar al Magallanes, la tremenda violencia de
las aguas lo arrojó sobre la famosa Piedra del Diablo.
Eran las 14. El barco crujió. Los pasajeros ruedan por la
cubierta. Las mujeres y niños
lloran. Se descuelgan los botes. Estaban repletos de
víveres. Al agua con
ellos. Cunde el pánico. El barco se escora a
estribor?".
" ?Primero las mujeres y los
niños?? Segers coloca a su mujer y a sus
hijos en el bote que hace agua. Mientras unos reman, otros
baldean? Luego corre a su camarote. Va a buscar sus 8.000
nacionales. Un guardia, con rémington, le impide entrar.
Vio don Polidoro que a otro que insistía, lo dejaron
sentado de un culatazo? Se retira dando el adiós a sus
ahorros?".
"Perdió también cuarenta cajones de
equipaje que llevaba. Allá, a lo lejos, se divisaban
techos. Habría población? Pero no: eran galpones para la
lana. Eso y unas cuevas, viviendas primitivas de la Colonia que
fundaron los españoles en el siglo XVIII, serán las
moradas de los casi doscientos náufragos".
"A las 16, el Magallanes se acostaba pausadamente,
dejando apenas ver el trinquete que afloraba como un brazo que
pidiera auxilio a los navegantes. El Subprefecto cedió su
lecho a la señora Segers, que dividió sus penurias
con la esposa del marino. El padre Beauvoir hizo cama redonda con
el teniente Villarino y el comisario Segovia. Y así
treinta y cuatro días? Y los más crudos del
invierno patagónico?".
"Cinco hombres se ofrecieron para navegar hacia el Norte
y llevar la noticia. Bordejeando, llegan en un mal
lanchón, tras veinte días de viaje. De Patagones
telegrafían a Buenos Aires. Acá la gente se alarma.
Los amigos del doctor Segers están en ascuas. Su compadre
Arturo B. Paz, a fuer de buen cristiano, le escribe una carta emocionante
y con criolla generosidad le gira 300 $ a Patagones, creyendo que
desistiría de su viaje".
"Pero Paz no conocía los puntos que calzaba
Segers. Desde Bahía Blanca llegan dos barcos de la armada:
el Azopardo y el Uruguay. Uno
de ellos llevaba un cajón de ropa para la familia
Segers, obsequio de Alejandro Sorondo. Dos días
después de estos, llegó el Mercurio, barco enviado
por el gobierno chileno. Lo habian pedido de Punta
Arenas".
"En éste se embarcaron: el doctor Segers y
familia, el padre Beauvoir y algunos otros que se animaron a
proseguir viaje. El resto volvió a Buenos Aires. Pero
¡qué invierno el de 1887 para aquella gente! ?
Faltaba de todo. Narraba el doctor Alfredo Segers, médico
del Hospital de Niños de Buenos Aires hasta hace pocos
años, y entonces sólo el mimado Tití de
siete años de edad, que fue una fiesta para las
señoras, el día en que él, corriendo por la
playa, encontró un peine desdentado? Ya tenían
las damas por lo menos algo con qué
acicalarse?".
"Y llegaron a Ushuaia. Allí hubo que crearlo
todo. Levantar una choza, hacer ropa para los niños,
plantar legumbres, cuidar animales. Y a
todo se avino el animoso belga. Su señora se
enfermó a poco de estar allá: ¡la dama de
París en aquel Ushuaia!? Hay una fotografía
en que aparece ?la mansión Segers?: adelante
se ven los surcos del sembrado. Hay otra foto en que está
la familia con el indiecito Keppenau, luego cacique y
médico de la tribu y una chinita ya domesticada.
Ahí está Tití, con un par de botas que un
buen amigo le había conseguido en Punta Arenas, y que
él cuidaba como la niña de sus ojos.
Ahí Segers sufrió mucho. Pero no fue poco
lo que aprendió? Fruto de sus observaciones y
experiencias médicas son unos artículos que
publicó ?La Prensa? de
julio y agosto de 1891 y ?La Semaine Médicale?
de París en noviembre. Ambos trabajos ingresaron al
Congreso Médico de Burdeos de 1895. Sus trabajos fueron
citados por médicos tan famosos como Hanot, Tissier y
Planté. Y Bouchard en su ?Pathologie
Générale? lo menciona
especialmente".
"Las autopsias realizadas lo llevaron a encontrar una
nueva causa de la extinción de los aborígenes: una
enfermedad de hígado, hipertrofiado por la
absorción de tomainas y toxinas de mejillones en estado de
putrefacción que frecuentemente se hallaban entre los
moluscos que juntaban los indios en la playa y que ellos
ingerían grandes cantidades".
"El pastor anglicano John Lawrence da un hermoso
testimonio de la seriedad de los trabajos del todavía no
laureado médico belga".
"¡Y allá estuvo dos años y medio
Segers sin poder cobrar
un céntimo como médico de la Gobernación!
Cuando se le ofreció la oportunidad se vino a Buenos
Aires. Y como no podía cobrar sus honorarios, ganados en
buena ley, y ¡en
Tierra del Fuego! tuvo que dar el 50 % a un quídam para
que los rescatara?".
"Pero no tenía título oficial.
Venía también por eso. ¿Cómo
hará? Emprende un viaje a Bolivia, se
inscribe en la universidad de
Chuquisaca y el 19 de mayo de 1890 se gradúa de
médico. Su tesis oral
abarcaba tres temas: el vómito, el
dipsomanía y la melancolía. Por escrito, en
cambio,
desarrolló el tema: tomainas y lucomainas. Legalizó
su diploma en La Paz y en Sucre, operó al obispo de
aquella ciudad (a tanto llegaba la fe que tenían al
neolaureado ?) y regresó a Buenos Aires".
"Y no trajo solamente el diploma. Visitando un
día el taller de un carpintero notó que usaba como
hule de una mesa un cuadro al óleo ? ¡Era nada
menos que una tela de Sneyders el gran colaborador de Rubens! En
la actualidad lo tienen sus nietos?".
"En esta capital dio
exámenes de reválida y comenzó a
ejercer".
"Pero él no quería aburguesarse sobre el
asfalto. Y enderezó hacia el interior. Fue médico
de Las Flores en la provincia. Allí se mezcló en
las luchas políticas
y resultó herido por un ?matón? de esos
que nunca faltaban en las luchas de antaño?".
"De Las Flores volvió a Banfield. Era cura de ese
pueblo el padre Juan Bernardino Lértora. El médico
y el poeta trabaron íntima relación".
"En 1906 se embarcó para París. No fue a
pasear. Fue en busca de más amplios horizontes. En el
Instituto Pasteur alterna con los grandes profesores de medicina.
Y tuvo el insigne honor de ser nombrado ayudante de
cátedra del doctor Eugenio Doyen".
"A su regreso fundó la Cruz Roja en Banfield, el
Círculo Médico junto con el doctor Paz,
recibió un premio por un porta-esponias de su
invención, etc".
"En 1909 va de nuevo a París. Desde allá
colaboró en ?La Prensa?. Trabajó de
nuevo junto al maestro Doyen. Pero la Argentina lo atraía.
Los amigos de acá, que eran legión, lo reclamaban.
Y volvió?".
"Ya al filo de los sesenta años, un día
sus hijos lo vieron pasearse con un libro en la
mano declinando: rosa, rosae, rosam? Se alarmaron:
¿estaría chocheando el papá? El les
explicó: había resuelto hacerse sacerdote. Viudo
desde hacía unos años, reverdeció la
vocación que acariciara allá en Gante en sus
mocedades".
"El 1° de mayo de 1911, mientras una rugiente
manifestación se arremolinaba en el Congreso, un hombre
golpeaba a la puerta del colegio Don Bosco. El padre Picabea le
abrió y el médico se presentó con una carta
de monseñor Espinosa? Se le recibió con los
brazos abiertos: ¡era el compañero de
monseñor Fagnano en Tierra del Fuego!"
"Fueron sus maestros en esa ?escuela de
fuego? el padre Picabea y el padre Ciolfi. Fue al colegio
Pío Latino Americano. Pero allá se enfermó
gravemente. Tuvo de volver a Buenos Aires? al seminario
conciliar y a sus dos maestros de la calle
Solís?".
"El 19 de diciembre de 1914 era ordenado sacerdote por
monseñor Espinosa. En Navidad
cantó su primera misa en el colegio de las Hermanas del
Huerto de la calle Rincón. Padrinos el doctor Arturo Paz y
el señor Miguel Meroño con sus esposas. Orador: el
padre Lértora. Un coro a ocho voces formado por más
de sesenta personas y artistas de los conservatorios
?Melani? y ?Rosseger? ejecutaron trozos
litúrgicos. La primera misa rezada por su esposa fue de
intensa emoción".
"Y el que fuera médico de las Hermanas del Huerto
fue su capellán. A sus hijos les daba pena verlo en
invierno, salir todavía oscuro para rezarles la misa de 6.
¡Pero él iba gozoso porque marchaba de cara al
deber, el ideal de su vida!"
"El 9 de octubre de 1916 bautizó a un nietecito
que lleva el nombre del bisabuelo del clérigo:
Adrián?".
"Y un día gris del mes de mayo de 1917, el 14, al
regresar de su sagrado ministerio, después de haberse
servido el desayuno, se sentó en el sillón. Se
respaldó bien, cerró los ojos y se durmió en
la paz del Señor Ese el apacible ocaso de este gran hombre
de carácter
de acero y voluntad
inquebrantable".
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