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- Carlos M.von der Becke nació el 1º de enero de 1890 en Cañada de Gómez, Santa Fe. Fueron sus padres Alfonso von der Becke-Klüchtzner y Clementina von Helbig, ambos de nacionalidad alemana. Su abuelo Jorge von der Becke había sido Teniente del Real Ejército de Sajonia. Su madre era de una familia noble de Silesia. Sus antepasados eran familias nobles de la cuenca del Ruhr, Palatinado y Westfalia, por el lado paterno; de Silesia, Letonia y otras regiones centro-europeas, por parte de su madre. En casi todas estas familias antecesoras, tanto entre los von der Becke como entre los von Helbig, hubo militares destacados y encumbrados funcionarios civiles.
Su padre estudio Humanidades en Stuttgart, bajo la protección del rey Carlos I de Württemberg, iniciándose en el comercio. Se trasladó a Buenos Aires en 1884, donde se ocupó de varias tareas en actividades administrativas en los ferrocarriles, recorriendo los pueblos donde se iban instalando las vías férreas, por eso varios de sus hijos nacieron en distintos lugares de la Argentina.
Carlos estudió en el Colegio Nacional de San Miguel de Tucumán donde egresó con el orden de mérito N°1 a los 14 años, siendo una constante en su vida ese mismo Orden de mérito.
Aunque fue rechazado en el año 1905 por su poca edad y un físico no demasiado desarrollado, ingresó en 1906 en el Colegio Militar de la Nación. Se destacó siempre como uno de los mejores alumnos, y su físico cambió apreciablemente obteniendo la máxima calificación de los médicos por sus aptitudes físicas.
Durante el segundo curso fue ascendido el 30 de abril de 1907 a Distinguido y el 8 de julio a Cabo. El tercer año supera su rendimiento, correspondiéndole conducir la bandera del instituto, honor máximo que se confiere a un cadete. Ocupó el primer puesto de su promoción obteniendo las máximas calificaciones, entre 57 cadetes.
Su trayectoria determinó que se le otorgara el premio Ministro de Guerra, y la distinción Pro-Patria, diciendo su jefe que"es culto, inteligente y de una integridad probada. Reúne en general, todas las características del excelente oficial".
Oficial Instructor en el Colegio Militar en 1912, siendo ya teniente iniciaría una brillante carrera castrense. En 1917 asciende a capitán, cursando en la Escuela Superior de Guerra donde egresa como Oficial de Estado Mayor con sobresalientes calificaciones y el primer orden de mérito. En el Estado Mayor General del Ejército se destaca por su labor, haciendo traducciones del alemán requeridas por sus jefes, siendo muy comentadas las que realizara con el capitán Abraham Schweitzer, de la obra del teniente coronel Loffler "Táctica". Otro tanto realiza con la publicación "Reglamento de ejercicios para la infantería a la luz de la historia" del general von Freytag-Loringhoven y el libro "La guerra del futuro, según las experiencias de la guerra mundial", escrito por el general von Bernhardi. Todavía es capitán cuando aparece su traducción de la obra del teniente coronel Liebach, "Evolución de la táctica en la Guerra Mundial". Nunca había ocurrido que un militar de corta edad pudiera llegar a traducir obras complejas, con tanta solvencia y rigor.
En 1922 asciende a mayor, siendo designado jefe del batallón de infantería Colegio Militar, formando a los futuros oficiales del Ejército, ejerciendo la docencia, siendo muy considerado por sus alumnos por la profundidad de su conocimientos, que nutría con la compra de revistas militares europeas, y obras históricas y literarias, que profundizaron su formación cultural, notable en un oficial del ejército. Siguió con sus traducciones de obras importantes, que le sirvieron como profesor de historia militar en la Escuela Superior de Guerra, donde tuvo la consideración de sus alumnos.
Su gran capacidad intelectual, y el dominio que idiomas como el alemán, inglés y francés que le permitirían hablarlo con fluidez durante su vida, determinaron que fuera designado agregado militar en Alemania y Suiza en 1930, para que perfeccionara sus conocimientos. Su aplicación al estudio y el cumplimiento de sus funciones determinó que excepcionalmente y por una concesión especial fuera admitido en la Academia Militar de Berlín donde tuvo como condiscípulos entre otros al futuro mariscal Rommel.
En 1933 fue designado profesor de la cátedra más importante de la Escuela Superior de Guerra, habiendo prestado con anterioridad el Senado, su acuerdo para que fuera ascendido a coronel.
En 1936 fue jefe de Estado Mayor de la primera división de ejército en Campo de Mayo, volviendo a la Escuela Superior de Guerra como director de la misma, comenzando una actividad más publica que la observada hasta ese momento, donde su trabajo había tenido bajo perfil y solo dedicado a la enseñanza y a su perfeccionamiento militar. A partir de allí desempeñó nuevas funciones en la provincia de Córdoba y Santa Fe.
En mayo de 1940 el Senado le otorgó el acuerdo para ascender a general, lo que determinó elogios de los distintos medios periodísticos que ya conocían sus calidades no solo como militar sino como persona. Hablando de von der Becke, general Jose María Sarobe diría que" es de los militares que se paran en la puerta del cuartel y miran para afuera, para la calle, para donde va el pueblo con sus dolores y sacrificios, con sus aspiraciones e inquietudes. von der Becke es hombre de vasta cultura, de natural inteligencia y de madurado talento; conjuga como el que más, el lema de los oficiales de Estado Mayor: "Rendir mucho y exteriorizar poco".
En un banquete concurrido por el gobernador de la provincia y los más importantes representes de la sociedad cordobesa, donde lo había alcanzado su ascenso a general, definió lo que para él eran las fuerzas armadas diciendo:
"Nosotros, los militares, no queremos la guerra; ello sería tan aberración moral como la de un médico que quisiera las epidemias o un bombero que anhelara grandes incendios. Los que conocemos la guerra por el estudio de ella y que sabemos de sus horrores, no podemos sino amar la paz, ser pacifistas pero con un pacifismo viril, que implica la defensa de todo nuestros valores espirituales y materiales, como por otra parte ha sido la tradición de nuestra patria. En nuestro país la institución militar no representa sino el indispensable brazo armado, para que la justicia y el derecho no sean un ilusión? Mostraba un concepto que mantendría siempre, alejándose de internas militares, y golpes de estado.
Al irse de Córdoba en 1942, se le hizo un gran homenaje, que encabezó el rector de la Universidad Nacional, Dr. Rodolfo Martinez, llegando a Buenos Aires para ejercer el cargo de jefe del Estado Mayor General del Ejército, siendo nuevamente elogiado por los distintos medios periodísticos a quien consideraban ya una figura relevante por su actuación, sus calidades y profesionalismo.
En abril de 1944 ascendió a general de división siendo designado presidente del Círculo Militar donde trabajó intensamente para ampliar la institución, mejorar sus instalaciones, solucionar los problemas de alojamiento de oficiales del interior que venían a Buenos Aires, sin perjuicio de descuidar sus tareas castrenses que le permitieron ascender después a teniente general, no participando en ninguno de los acontecimientos que determinaron el golpe de junio de 1943.
Siendo comandante en jefe del ejército en 1945, integró una comisión junto con los generales Sosa y Pistarini, quienes le pidieron la renuncia a Perón, disponiéndose su arresto, que terminaría el 17 de octubre de 1945. A pesar de su prescindencia política, realizó gestiones reservadas ante su amigo el escritor Enrique Larreta para que aceptara el ministerio de Relaciones Exteriores, que el escritor no aceptó por ser afiliado radical, y no estar autorizado por su partido. Quizás esta única vez fue cuando realizó una gestión de orden político alejada de lo que siempre habían sido sus actividades.
En 1946 coordinó todos los comandos electorales para garantizar la corrección del acto eleccionario, enunciando los principios que guiarían su cometido junto a los generales Majó, López, Bassi y los vicealmirantes Zuloaga y Sciurano
Como el nuevo gobierno no podía prescindir de un militar de su prestigio se lo envió a Washington donde tuvo reuniones con el general Eisenhower en junio de 1946, para arribar a una solución de problemas que ya comenzaban a dificultar las relaciones con los EE.UU. Antes en Perú, sus conversaciones con militares del Pentágono, en oportunidad de una conferencia panamericana, habían mostrado los distintos puntos de vista, y eso lo sirvió para que se entendiera la posición argentina, aunque no se pudieron solucionar las desinteligencias.
En octubre de 1946 fue designado como jefe de la delegación militar argentina ante la Junta Interamericana de Defensa, sin perjuicio de su actuación como asesor militar de la delegación plenipotenciaria de la República ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en la Comisión de Energía Atómica, en la Comisión de Armamentos Convencionales y en la delegación argentina a la Tercera Sesión de las Naciones Unidas, con sedes en Washington y en Nueva York. Así como antes ya había actuado en el Perú, le correspondió de nuevo desempeñarse como delegado argentino ante las reuniones internacionales de París y en las conferencias panamericanas de Quitandinha y Bogotá.
En febrero de 1950, se retiró definitivamente del servicio activo del ejército sin por eso dejar de preocuparse por los problemas del país. Elogiado por presidentes y diplomáticos que lo habían conocido, también el Washington Post, comentó los trabajos llevados a cabo en Estados Unidos. En ese entonces, suponía que sus lecturas, la vida con su familia, el escribir y seguir traduciendo obras de importancia era lo que le esperaba en el futuro. Nunca imaginó que tales proyectos serían interrumpidos abruptamente. Una especie calumniosa, que al principio fue objeto de algunos comentarios, tomaría forma de un libro que se publicaría en Montevideo en 1953, siendo su autor, un prominente dirigente radical exiliado: Silvano Santander.
En esa farragosa publicación, muy promocionada se involucraba a los generales von der Becke, Pertine, Peluffo, Farrell, Helbling, Ramirez, Tauber, Helbling, Cechi y Gilbert, junto con el Coronel Enrique González el que fuera Canciller Enrique Ruiz Guiñazu, y el Dr. Eduardo Victor Haedo, senador uruguayo y a otros funcionarios como colaboradores del espionaje alemán. Como no podía ser de otra manera también se hacía constar en ese libro que Perón y Eva, eran agentes alemanes y que habían recibido casi 500.000 en cheques para operar a favor de Alemania. La publicación cuyo título era ?Técnica de un traición? fue ampliamente difundida en el Uruguay y utilizado por los enemigos del peronismo para mostrar que clase de gobierno había en la Argentina. Aunque el libro se prohibió, circularon ejemplares en Buenos Aires, y von der Becke, pudo ver con asombro, como se enlodaba a su persona y a otros oficiales.
En el libro en cuestión además de un sinnúmero de afirmaciones, se mostraban fotografías de documentos oficiales alemanes intercambiados entre diplomáticos como el Barón von Thermann, que fuera embajador en la Argentina, el Conde von Luxburg, el príncipe Schaumburg Lippe, y otros funcionarios alemanes como Freude, Niebhur y el general Faupel, donde se hacía mención a los oficiales argentinos, a Perón y a Eva. Los opositores al gobierno de entonces, agitaron el libro ya que consideraban que las pruebas eran categóricas y ponían en evidencia la colaboración con el Tercer Reich de un conjunto de oficiales.
El primero que reaccionó indignado ante el libelo fue el Dr. Carlos Ibarguren, gran historiador y prestigioso hombre público, que inició una denuncia contra el autor a los efectos de que se probaran en la justicia, los hechos que se mostraban en el libro. Mientras, von der Becke, se puso a trabajar para responder la calumnia, solicitando informaciones a archivos, a la embajada alemana, y a repositorios de los países aliados en busca de evidencias.
Luego de producida la revolución de septiembre de 1955 le tocó a von der Becke presidir el tribunal de honor que se constituyó para analizar y juzgar la conducta de Perón como militar. En ese tiempo la calumnia resurgió con más fuerza, ya que a fines de 1955 se publicó en Buenos Aires, la edición argentina del libro que tuvo el eco necesario, ya que caído el gobierno de Perón, era la oportunidad de mostrar los antecedentes nazis del ex presidente, y de su mujer, aunque ya no interesaran tanto los de otros jefes militares. Muchos se sumaron a elogiar la obra, y quedó brevemente instalada la historia, hasta que el 19 de diciembre de 1955, el teniente general Carlos von der Becke solicitó al Ministro de Ejército, la constitución de un tribunal de honor, para que se juzgara su conducta ya que él era uno de los involucrados en el libro, junto a la de los restantes jefes militares, muchos de los cuales habían fallecido. El tribunal se constituyó el 10 de mayo de 1956. El creyó en ese momento, que era un deber moral salir en defensa de muchos de sus camaradas y tratar de mostrar la verdad de los hechos.
Después de un análisis de todas las pruebas presentadas donde el general von der Becke, puso en evidencia la falsificación de las copias de esos documentos, y del examen que hizo el tribunal se llegó a la conclusión de la falsedad de todo lo que allí se decía y de las imputaciones hechas por Santander en el libro. Lo notable del caso es que pudo probar que se trataba de falsificaciones groseras, que no resistían un análisis aún superficial, aunque fueran compradas como de buena ley por los opositores al gobierno de Perón, y la dirigencia del partido radical.
La documentación auténtica obrante en los archivos alemanes y argentinos puso en evidencia, que todo se trataba de un descomunal invento. No había coincidencia de fechas, de nombres, los cheques por más de 500.00 que habrían cobrado Perón, Eva y otros funcionarios nunca existieron. Los contactos de Eva con el espionaje alemán también inexistentes, y las reuniones de Perón con agentes alemanes, solo producto de la imaginación del calumniador. Todo una verdadera patraña.
A pesar de haber juzgado a Perón por inconducta, en 1955, en este caso mostró que tanto él como su mujer no tenían nada que ver con esas imputaciones, analizando con rigor todos los documentos existentes. Puso en evidencia una vez más la corrección de su proceder, sin prejuicios que lo llevaran solamente a defender a sus camaradas de armas, excluyendo a Perón y a Eva de esa defensa, que la hizo con rigor, mostrando a los extremos delictivos a los que se había llegado.
El 26 de septiembre de 1956, el Tribunal con las firmas de los Tenientes Generales Diego I. Mason, Laureano Anaya, Benjamín Rattembach, Juan Carlos Sanguinetti, y el general Luis C. Perlinger, determinó que los generales von der Becke, Pertine, Peluffo, Farrell, Helbling, Ramirez, Tauber, Helbling, Cechi y Gilbert,, junto con el Coronel Enrique González, no habían cometido ningún acto que menoscabara su honor personal y el del ejército. Mostraban las falsedades del libro de Santander, haciendo constar que todo debía hacerse público para el debido conocimiento del pueblo de la Nación.
Poco tiempo después el Gral. von der Becke publicó su libro ? Destrucción de una infamia? donde hizo un relato de toda la historia, mostrando cómo se habían falsificado los documentos y las calumniosas imputaciones que se habían hecho. Sin perjuicio de acciones civiles que inició, a través de su insistencia, logró que la policía alemana allanara el domicilio del falsificador Enrique Jünger, y allí se encontraron las últimas evidencias. Entre ellas la correspondencia con los pedidos que le había hecho Silvano Santander para que le suministrara los documentos utilizados en su libro.
Su notable trayectoria militar fue siempre reconocida por su pares, y en los países donde tuvo actuación. Fue condecorado con la Cruz del Águila Alemana de Primera Clase, con la Orden del Sol en el carácter de Gran Oficial, la Orden Militar de Ayacucho, del Perú, con la Gran Cruz al Mérito de Chile y con los distintivos de Oficial de Estado Mayor «Honoris Causa» de los ejércitos paraguayo y peruano.
Falleció en Buenos Aires, el 5 de octubre de 1965. Estaba casado con Susana Carolina Tamborini, con sucesión. [3]
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