| Notas |
- Su padre se dedicó al comercio, mudándose por un tiempo a Barcelona donde invirtió importantes sumas en el comercio con el Río de la Plata, y pasó luego a Buenos Aires. Así fue que Agustín, luego de completar estudios universitarios en la ciudad de Oviedo, se estableció en Buenos Aires antes de 1770 para asistir en el comercio a su tío y padre adoptivo. Joaquín, el padre de Agustín y hermano menor de Francisco, permaneció en el solar paterno de Irún.
Pasado poco tiempo en Buenos Aires, Agustín se hizo cargo de los negocios comerciales de su tío, manejándolos con inteligencia rara de su edad, ensanchando el radio de su acción en las provincias del interior, que comenzó a recorrer y utilizando los valiosos productos de estas provincias en el cambio y la exportación. Durante aquella época, la rebelión del Cacique Túpac Amarú en el Cuzco esparció la alarma de Lima a Buenos Aires. Se organizó en la ciudad de Salta una legión de patricios que fue en el auxilio del vecino Virreinato. Agustín se alistó en esta legión y vio Salta el día en que esta legión hizo entrada en la ciudad bajo una lluvia de flores. Allí conoció Agustín a su primera mujer, Petrona de la Cámara (una de las más cuantiosas fortunas del Virreinato), con la cual no tuvo descendencia y que murió al poco tiempo. La situación geográfica de Salta y sus valiosos productos comerciales hicieron que Agustín decidiera establecer la sede de sus operaciones comerciales en esta provincia y en poco tiempo se volvió poseedor de una cuantiosa fortuna propia.
Agustín conoció a otra dama salteña de gran belleza, Feliciana Castellanos, a la cual convirtió en su segunda mujer y con la cual tuvo la descendencia que aquí se indica. Pasó esta segunda luna de miel en Buenos Aires, donde visitaron a los tíos de Agustín, quienes no conocieron a su primera mujer. Prometió a sus tíos volver a establecerse en Buenos Aires, promesa que nunca llegó a cumplir y que ni al morir perdonaron sus tíos. Durante esa época, Agustín construyó en la ciudad y sus cercanías deliciosas moradas entre jardines y vergeles, donde con frecuencia reunía a parientes y amigos, en fiestas exquisitas de placidez y buen gusto. Por las intervenciones de sus corresponsales en Europa, hizo venir de Francia dos entendidos industriales: un hortelano y un cocinero, que dieron a los banquetes y comidas campestres de Zuviría golosa celebridad. Otra fuente consultada lo cita como propietario de las haciendas La Cámara, La Hoyada, y Barraza, adquiridas a las Temporalidades en 1786. Siempre según Juana Manuela Gorriti, nada tan riente como la existencia de Agustín, repartida entre el trabajo y los goces de la familia, que gustaba no solo para sí y su familia, sino para derramarlos con mano profusa en torno suyo. Daba cuantiosas limosnas; visitaba a los presos de la cárcel, se imponía de sus necesidades, y dos veces cada día enviábales de su cocina, viandas y vinos. Hacía todos estos actos con una placidez, una alegría, que mostraba cuanto aquel hermoso corazón gozaba con el bien que hiciera.
A esta valiosa información podemos agregar la aportada por el mismo Agustín de Zubiría en una carta dirigida al Rey de España (disponible en: http://pares.mcu.es/ParesBusquedas/servlets/Control_servlet?accion=3&txt_id_desc_ud=1313558&fromagenda=N )donde confirma que ha ejercido los cargos de Alcalde Ordinario de Salta en 1770 y 1777, de Procurador General en 1773, 1774 y 1778, fue nombrado Teniente Coronel de Milicias en 1771 y desempeñó en forma paralela sus negocios particulares. Efectuó visitas para inspeccionar 3 fuertes y 6 reducciones indígenas del Gran Chaco enteramente a su costa.
Su descendiente, Raúl de Zuviría y Martínez agrega lo siguente, documentando debidamente sus fuentes "Fue múltiple su actuación en todos los órdenes: social, político, militar y comercial. Era hombre de consejo y de consulta y llama la atención siendo muy joven su preparación en materia jurídica y de negocios (nota MZ: según Juana Manuela Gorriti Agustín de Zubiría había estudiado en la Universidad de Oviedo recibiéndose "por aclamación" y había aprendido el oficio de comerciante de su tío Francisco de Zubiría, lo cual lo explica perfectamente su preparación) la corrección y brillo con que escribía los protocolos notariales donde están incorporados testamentos y disposiciones como actos de última voluntad que a él le cometían redactar y hacer cumplir. Sus propios negocios fueron de variedad e importancia. Siendo tan numerosas sus actuaciones y prescindiendo de los actos de carácter privado anotamos en orden cronológico algunos datos. En julio de 1770 figura como Maestre de Campo y Alcalde de segundo voto (Archivo General de la Nación); en enero de 1771 figura como Teniente Coronel de Milicias; el 5 de enero de 1773 Coronel y Procurador General de la ciudad de Salta hasta fines de 1774; actúa en 1774 en la Junta de Temporalidades y en febrero de 1775 se confirma su grado anterior de Teniente Coronel siendo expedido por el Virrey; en 1777 es alcalde ordinario y como Tte. Coronel de Milicias dirige comunicación al Virrey Pedro de Cevallos; en 1777 el Gobernador interino de Tucumán manifiesta en su informe al Rey que Agustín de Zuviría, que había sido elegido Alcalde ordinario, era tachado por su liberalidad de republicano, e indica demás que era de genio orgulloso y propenso a cualquier desacato. De 1778 a 1781 es Vocal de la Junta de Temporalidades; el 15 de enero de 1780, el Teniente Coronel Agustín de Zubiría figura vendiendo 12 esclavos que heredó de su esposa. En 1783 su suegro Pedro Escobar Castellanos da poder a Agustín de Zubiría para realizar negocios al viajar a Charcas, Chuquisaca y Sucre. En 1786 el Coronel Agustín de Zubiría es Regidor del Cabildo de Salta. En 1787 toma a su cargo el suministro de bizcocho para la tropa. En 1791, en Salta, actúa como albacea de Bernardino Escobar Castellanos (hermano de su suegro). En septiembre de 1792, siendo miembro del cabildo, es electo Diputado de la Junta de Temporalidades y Propios".
Falleció en Salta el día que celebraba el cumpleaños de su hijo Francisco (18 de septiembre de 1795), y fue enterrado en la Iglesia de San Francisco. [2]
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