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- Ernesto Ricardo Dubourg Malbrán nació en Mar del Plata el 20 de mayo de 1943. Era hijo del Coronel Ernesto Julio Dubourg Cabrera y de Elena Malbrán Hoevel. Era nieto paterno de Ernesto Antonio Dubourg Ortega y de María Elena Cabrera Williams, y nieto materno de Ricardo Samuel Malbrán Cranwell y de Carolina Hoevel Ebbeke. Su tatarabuelo, Jean Baptiste Dubourg Lagrue, de profesión boticario, había llegado desde la normanda ciudad de Louviers al Río de la Plata en la época de Rosas y en Buenos Aires contrajo matrimonio el 9 de octubre de 1835 (Iglesia de la Merced) con su compatriota Luisa Desideria Moine Precloux, de quienes brotaron las principales ramas de esta familia en Argentina.
Representante del crisol genealógico de nuestras tierras, el Comodoro Ernesto Dubourg descendía de familias criollas y patricias con fuerte arraigo en nuestro suelo como los Cabrera, los Paz y Figueroa, los Rocamora, los Demaría, los Escalada, los Balcarce, los Mármol, los Malbrán, los Vedoya y los Ugarte, entre otras, como así también de otras tantas familias que llegaron durante el siglo XIX desde el norte de Europa a aportar al progreso de este país como los Cranwell, los Ebbeke, los Gowland o los Williams.
Desde niño. Ernesto Dubourg soñaba con volar. Finalizados sus estudios, ingresó en la Escuela de Aviación Militar de Córdoba, donde egresó el 14 de diciembre de 1963 con el grado de alférez. Su entrenamiento se orientó a volar los reactores Skyhawk A-4B, avión con el que Dubourg consolidó una amplia experiencia como piloto de caza en la V Brigada Aérea de Villa Reynolds. En 1982, la Guerra de Malvinas lo encontró como Jefe del Segundo Escuadrón de Skyhawk A-4B. Junto al vicecomodoro Gustavo Zini, Jefe del Primer Escuadrón, cimentó y consolidó un poderoso equipo, único para la época, pese la evidente inferioridad tecnológica de sus A-4B en relación a las naves enemigas.
No obstante, Dubourg confiaba en la capacidad de su escuadrón debido a la experiencia que tanto él como sus pilotos habían acumulado en la cabina de los Skyhawk. El experto dominio de sus naves estaba basado a la enorme cantidad de horas ganadas en adiestramiento. El pronóstico de Dubourg fue acertado porque iniciado los combates en las Islas Malvinas, los aviones argentinos dieron una muestra de arrojo, valor y pericia que sorprendió a la Armada Británica, en ese momento la segunda más poderosa del mundo. Las temibles y destructivas misiones de los ?halcones? frente a los barcos ingleses (nombre que adoptó el escuadrón desde su origen) generaron en ese entonces una admiración internacional que aún perdura.
Dubourg, a quien sus compañeros apodaban Conejo, recibía las órdenes de sus superiores y las optimizaba para que sus pilotos logren el éxito en sus misiones. Cuando discrepaba con dichas órdenes, exponía con vehemencia su punto de vista con el objetivo de cuidar a sus subordinados y asegurar la efectividad del ataque. El 12 de mayo de 1982 los ?halcones? de Dubourg dejaron fuera de combate al destructor HMS Glasgow, obligándolo a regresar a Gran Bretaña. En esa misión perdieron a cuatro de sus mejores hombres
Pero Dubourg no se limitó a liderar su escuadrón desde la base sino que voló junto a sus pilotos sobre Malvinas en plena guerra. Así, el 28 de mayo de 1982, completó su primera misión: al mando de la escuadrilla "Nene" con la cual recorrió a baja altura el archipiélago. Sus pilotos habían tratado de convencerlo de que permaneciera en tierra, ya que deseaban que su líder se mantuviera fuera de peligro. Sin embargo, esa opción era inaceptable para Dubourg, al cual en el cielo sus camaradas lo llamaban por su nombre de guerra: ?Furia?
El 7 de junio, Dubourg volvió a despegar con su escuadrilla. Un camarógrafo inglés captó las imágenes que asombrarían al mundo: los Skyhawk del Segundo Escuadrón, volando a 950 kilómetros por hora entre los mástiles de los barcos británicos y siendo repelidos por el fuego antiaéreo y misiles. Durante ese ataque, una bomba lanzada por el teniente Cervera alcanzó al buque Sir Lancelot y le ocasionó considerables daños.
Dubourg y Gustavo Zini planificaron junto a sus pilotos una misión única: atacar el principal puesto de comando británico entre los Montes Kent y Dos Hermanas. Dubourg y Zini insistieron en participar de la misión, pero los pilotos les informaron que su cuota de liderazgo ya estaba cubierta. A pesar del férreo control inglés en la zona, seis Skyhawk Ha-4B argentinos lograron escurrirse en territorio enemigo sin ser detectados y alcanzaron su objetivo. Así, sorprendieron a los británicos en su lugar de comando y los bombardearon, generarando un impresionante caos.
Durante el escape, el jet piloteado por el joven Alférez Guillermo Dellepiane comenzó a quedarse sin combustible. Dubourg, en tierra, escuchaba las comunicaciones desesperadas del piloto que pronto debería abandonar su avión y quedar para siempre perdido en el mar. Pero los ruegos e indicaciones de Dubourg permitieron el regreso de su subordinado a San Julián. Sus camaradas coinciden en que además del valor, los rasgos distintivos de Dubourg fueron el cuidado de los miembros de su escuadrón y el liderazgo a través del ejemplo.
Finalizado el conflicto bélico, el "Conejo" Dubourg mantuvo un estoico y bajísimo perfil. Se retiró de la Fuerza Aérea en 1991. Optó por pasar el resto de sus días en el sur argentino, "en el ostracismo de la Patagonia" como solía llamar a su vida como jubilado de la vida castrense. Poco afecto a los homenajes y a las entrevistas, rehusaba también a que lo llamaran "héroe". Sólo respondía que era un profesional más de los tantos formados en la Fuerza Aérea Argentina.
Pero si se ocupó de bregar, desde el final de la guerra hasta antes de morir, para que los nueve pilotos del Grupo V de Caza caídos en combate fueran reconocidos como héroes de la patria. En un memorable discurso (de los pocos que realizó) expresó que "cuando ya no esté, les pido que me recuerden junto a ellos, en el más modesto lugar, al final de la lista" y agregó que (este) "halcón tiene nueve heridas en el pecho que jamás van a cicatrizar."
Luego de su muerte, sucedida el pasado 28 de enero, sus camaradas y antiguos subordinados lo despidieron con emoción y admiración. Reconocieron a Dubourg como "el líder que cualquiera quisiera tener en la guerra... y nosotros tuvimos ese privilegio". También expresaron que "a pesar las durísimas pérdidas sufridas, (Dubourg) mantuvo la cohesión del escuadrón. Siempre dando el ejemplo. Cualquiera de sus pilotos no hubiera dudado en acudir al combate junto a él" hasta que no quedase ningún avión o ningún piloto".
Como sostiene Claudio Meunier en una reciente nota homenaje en el diario La Nación, en la cual se basa esta semblanza, "Dubourg era un caballero del aire, un piloto de otros tiempos. Querido, leal, honrado y dueño de una sonrisa contagiosa. Sus camaradas lo reconocían como un hábil piloto y un tirador letal. Sus manos, que empuñaron el comando y acelerador de un A4B Skyhawk durante los duros días de 1982, podían sacar las más dulces melodías de una guitarra acústica. Era un buen cantor de folclore. Y agrega: "El "Conejo" Dubourg vuela libre como un halcón solitario orbitando entre los cerros. Su jet de combate Skyhawk A-4B (C-207) permanece en el Museo Nacional de Aeronáutica, testimonio ineludible para las presentes y futuras generaciones de argentinos."
Ernesto Ricardo Dubourg Malbrán se había casado con Josefina D' Hiriart Taboada, hija de Alberto D'Hiriart Aguiló y de Josefina Taboada, con quien fueron padres de dos hijas. Con sucesión en las familias Ballan- Dubourg y Wayne Deer- Dubourg.
¡Honor y Gloria! [3]
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