| Notas |
- Poco antes de su nacimiento sus padres intentaron desposarse, pero la unión del vínculo no habría podido ser velada por el impedimento por consanguinidad cuya excusa no habría sido otorgada por la Iglesia. Poco tiempo después su padre D. Juan de Matha es transferido a la provincia de Catamarca donde más tarde se radicó, falleciendo allí en 1878.
Criado por su madre, su tía María Ponce y apoyado económicamente por algunos miembros de la familia Roldán, recibió una esmerada educación en el Colegio de la Inmaculada Concepción de los Padres jesuitas. Más tarde egresó de las aulas de la Universidad de Santa Fe con el título de abogado. En documentos del archivo de la provincia de Catamarca aparece gestionado la liquidación de un inmueble heredado de su padre Don Juan de Matha Ponce de León, fallecido en 1878 quien lo habría legitimado antes de morir. Fue en dicha ciudad donde inicia su relación con Enriqueta Priestley Percy Díaz de la Peña con quien casó hacia 1879.
De vasta actuación en los caracterizados círculos de la ciudad, el matrimonio Cello ocupó un lugar de privilegio en el seno de la élite santafesina. Socio y miembro de la comisión directiva del Club del Orden, el Dr. Cello, siempre en compañía de su distinguida señora, participó activamente en los eventos sociales, culturales y benéficos que se organizaban por los años de 1880-1900 en los salones de la aristocrática entidad fundada en 1853.
Igualmente, siguiendo las costumbres típicas de la ?belle époque?, el matrimonio Cello había adquirido y remozado una antigua quinta que datara del siglo XVIII, de majestuosas líneas hispano-criollas y rodeada de un gran parque; ubicada a extramuros de la ciudad en el paraje que hoy ocupa el parque ?General Manuel Belgrano?, conocida más tarde como "Quinta Cello" y que actualmente se conserva. No está de más decir que la Unión Cívica radical, en la Provincia de Santa Fe, fue fundada por el Dr. Leandro Alem, en la mencionada quinta del parque del Sur que por entonces poseía el Dr. Cello, en compañía de conspicuos vecinos de Santa Fe, entre los que caben mencionar al mismo Dr. Gerónimo Cello, el Dr. Martín Rodríguez Galisteo, el Dr. Mariano Candioti, el Dr. Ramón Lassaga Doldán, el Dr. Severo Basavilobaso, el Dr. Carlos Gómez Borja, Ramón Juan Doldán, Genaro Doldán e Ignacio Iturraspe, entre otros.
El Dr. Gerónimo Cello, tuvo una destacada participación en el ámbito profesional, administrativo y político en el orden provincial y nacional. Como se mencionó, cursó sus estudios en el Colegio de la Inmaculada Concepción de la Compañía de Jesús, en la ciudad de Santa Fe. Allí, en la Facultad de Jurisprudencia, obtuvo el título de abogado en 1877, pasando a desempeñarse en ella como docente años más tarde.
Inmediatamente de haber obtenido el título universitario, fue designado por decreto del 27 de octubre de 1877, Agente Fiscal de la Segunda Circunscripción Judicial de la Provincia de Santa Fe, con asiento en la ciudad de Rosario.
Posteriormente fue designado Juez en lo Civil y Comercial de la 1º Circunscripción Judicial de la Provincia de Santa Fe, el 8 de mayo de 1880. El 27 de julio de 1882, el Dr. Cello alcanzaba la más alta magistratura judicial, al ser designado Vocal del Supremo Tribunal de Justicia de la Provincia. En 1881, de acuerdo a lo estipulado en el decreto del 16 de marzo de ese año, integra el elenco docente de la Facultad provincial, dictando Derecho Institucional y Comercial.
En noviembre de 1883, se resolvía la reforma de la Constitución Provincial; el 1º de abril de ese año, en el departamento La Capital, fue elegido como Convencional para la Asamblea ante la cual prestó juramento en la sesión del 24 de abril de 1883. Por esos años viaja con su esposa al viejo mundo, alternado entre sus actividades culturales y profesionales con el fascinante mundo cosmopolita ofrecido por las grandes urbes europeas.
En el año 1884, concretó la fundación del pueblo Cello ubicado en tierras de su propiedad dentro del departamento Castellanos (16500 ha). También durante esos años (1880-1889), vemos al Dr. Gerónimo Cello llevar una activa vida política, vinculado estrechamente a las filas del partido gobernante; así entre los cargos políticos que le correspondió ejercer, merece señalarse el de Asesor del gobierno del Presbítero Dr. Manuel María Zavalla, en 1883; Asesor de la Jefatura Política del Departamento La Capital en 1884, y en 1885 fue elegido Diputado Nacional por su provincia.
A fines de 1885 constituía el Dr. Cello uno de los pilares provinciales en la postulación de Bernardo de Irigoyen para la candidatura presidencial. Durante 1886, siempre dentro de los preparativos políticos mencionados, Irigoyen le sugiere, a través de una nutrida correspondencia, que se postulara para Senador Nacional. Es evidente la estrecha amistad que unió a estos dos grandes personajes, lo cual se hace palpable en la documentación epistolar.
Los sucesos en los que se inició la década del 90, abrieron enormes perspectivas para el país, una expresión política totalmente nueva que renovaba hombres, planteos y objetivos. Igualmente fue afectada Santa Fe y del mismo modo se modificó la trayectoria política del Dr. Cello, quien ingresó a las filas revolucionarias de la Unión Cívica, luego de producida la Revolución del Parque.
Se ocupó de organizar el Partido en Santa Fe, manteniendo una estrecha relación con el Dr. Leandro Alem, eje de la organización de la nueva ideología política en el orden nacional.
En 1890, estalla la primera revolución Radical, la cual pudo ser sofocada; pero no tardaría en brotar pues, si bien el gobierno nacional había vencido, prácticamente estaba moralmente liquidado. Por entones, el Presidente de la Nación Juárez Celman renunció el 6 de agosto de 1890, asumiendo Don Carlos Pellegrini, quien trató de reparar la crisis económica que aquejaba el país. Pero el malestar político subsistía y la conspiración era actividad diaria.
Entre 1891 y 1892, Gerónimo Cello ejerce la Presidencia del Comité Provincial, y una de las funciones que le tocó cumplir en ese orden, era lograr que los Iriondistas disidentes se acercaran a las filas del Partido; en 1892 representaba la figura clave de la Unión Cívica Radical en Santa Fe, junto con los Doctores Severo Basavilbaso y Carlos Gómez Borja. Eran ellos quienes actuaban en Santa Fe en las reuniones y convenciones partidarias de carácter nacional.
Finalmente en junio de 1893 se produce una nueva revolución con el propósito de tomar el poder y producir "la moralización" política que perseguían los miembros del Partido. De tal forma, Rosario fue tomada por los revolucionarios luego de dos días de encarnizada lucha.
En la ciudad de Santa Fe, Don Luciano Leiva, ministro del Gobernador Don Juan M. Cafferata y hombre fuerte del oficialismo, había sido detenido en Baradero, por lo que Cafferata se vio en la obligación de renunciar y casi inmediatamente lo hizo el Vicegobernador Dr. José Elías Gollán, el 3 de agosto de 1893, quien se había hecho cargo de la gobernación.
Ese mismo día, a las 4 de la tarde, la columna revolucionaria entraba por el oeste de la ciudad en dirección de la calle Comercio (actual San Martín), para dirigirse finalmente a la Plaza de Mayo. Aquello fue un desfile triunfal; las veredas de la calle Comercio estaban colmadas de pueblo que aplaudía estrepitosamente; las damas llenaban los balcones ostentando en sus pechos los colores de la bandera Radical.
Finalmente, la Junta Revolucionaria penetró en el Cabildo y su jefe el Dr. Mariano Candioti, asume el gobierno de la Provincia acompañado en su gestión por los Dres. Gerónimo Cello, Martín Rodríguez Galisteo, Carlos Gómez Borja, Lisandro de la Torre, Severo Basavilbaso y el Sr. Ignacio Iturraspe, entre otros.
Más adelante, decretada la intervención federal en Santa Fe, el Gobernador Candioti y sus colaboradores presentan su renuncia el 23 de agosto de 1893, no sin dejar asentada la protesta en el protocolo de la Escribanía de Gobierno, impugnando la ley del Congreso de la Nación que ordenaba la intervención a la Provincia de Santa Fe, agregando que el Dr. Baldomero Llerena, al amparo de una ley nula y de la fuerza nacional, tomaba posesión de hecho del gobierno de la Provincia.
No obstante la pérdida del poder, el movimiento revolucionario continuó latente, pronto a estallar nuevamente. Efectivamente, los radicales se alzaron contra el gobierno el 24 de septiembre de 1893. En horas de la tarde de ese mismo día, se escucharon disparos por el lado oeste de la ciudad; eran los 60 hombres del piquete del 3º de línea que al mando del Teniente Cómas y el subteniente Cafford, se habían lanzado a la calle a los gritos de "¡Viva la Unión Cívica Radical!". El Capitán Régulo Martínez, fiel al gobierno nacional y que fuera enviado por el General Bernal para que observara los movimientos de los revolucionarios, fue apresado y encerrado en La Aduana junto con otros ciudadanos leales al gobierno. El contingente comandado por Candioti y Cello atacó primero el Club General López, posesionándose enseguida de la casa de la familia de Daniel de la Torre (ex casa del Brigadier López). Al llegar las fuerzas revolucionarias a la esquina de las calles 9 de julio y Gral. López, el Teniente Coronel Vicente Grimau la detiene con 17 hombres de su regimiento. Horas más tarde, las fuerzas entrerrianas leales al gobierno, se posesionaron del cabildo y la Jefatura de Policía. Otros piquetes defendían la casa del Interventor Llerena; y así, luego de un intenso tiroteo, tomaron posesión de la Merced, el Colegio de los Jesuitas, la Matriz, la Chinesca (ex residencia de Don Mariano Cabal), la imprenta de ?La Tribuna Popular?, el Gran Hotel, la casa de Gálvez y otros puntos estratégicos.
Por su parte los Radicales, se habían atrincherado en La Aduana Vieja, en las residencias del Dr. Cello, del Dr. Furno y del Dr. Cervera, en la casa del Sr. Silva y en otras varias posiciones, como así también en las iglesias San Francisco, Santa Domingo y el Hospital.
La lucha, como se sabe, duró tres sangrientos días. El día 25 al amanecer, defendían al gobierno 15 cantones, mientras que los Radicales se habían debilitado.
Al toque de diana se rompió el fuego; ese día llegaron de las colonias seiscientos suizos y doscientos cincuenta emponchados desde Rosario al mando de civiles Radicales, entre ellos el Dr. Cello, quien dirigió a cuatrocientos cincuenta civiles atrincherándose en La Aduana.
Después de intensa lucha, los revolucionarios fueron reducidos a los mismos muros de vieja aduana, rindiéndose con su jefe Don Mariano Candioti, arriándose el pabellón rojo y blanco que le había guiado en el combate.
Cuentan las crónicas de la época, que la residencia del Dr. Cello, en la que se habían atrincherado los revolucionarios Radicales, había sido desbastada hasta casi los cimientos por las fuerzas del gobierno.
La derrota política Radical implicó, para el Dr. Cello, serias consecuencias económicas. A raíz de los numerosos empréstitos a los que se hallara ligado, gran parte de los bienes familiares fueron liquidados en virtud de pago de tales empréstitos y otros se perdieron, por confiscación, en represalia ante la insubordinación contra el gobierno nacional.
Luego del fracaso de 1893, ya calmados los ánimos revolucionarios, el Dr. Cello continuó la lucha en la provincia actuando en el Partido Electoral en marzo de 1894 y desempeñándose como Presidente del Comité Provincial de la Unión Cívica Radical.
Finalmente, en los que serían sus últimos años de vida, le ocupó nuevamente el honor de formar parte del cuerpo que debía reformar la Constitución Provincial, siendo Convencional por el Departamento San Cristóbal, y más tarde fue electo Senador Nacional por la Provincia de Santa Fe, cargo que desempeñó hasta su fallecimiento acaecido en el mes de septiembre de 1901.
Le dejaba a su provincia los servicios prestados en el Poder Judicial, sus aportes doctrinarios en las Convenciones reformadoras, sus luchas políticas en la formación de la Unión Cívica Radical, sus trabajos como periodista del diario ?La Provincia?, sus servicios de legislador como Diputado y Senador, sus discípulos formados en las clases dictadas en las aulas de la Facultad de Jurisprudencia y una hermosa familia cuyos miembros han sabido continuar el camino trazado por este ilustre ciudadano.
A la muerte de su esposo, Doña Enriqueta Priestley Díaz de la Peña de Cello, continuó su labor de educadora en el regazo familiar impartiendo sus férreas convicciones morales y religiosas. También, a través de entidades Pías y de bien común, luchó fervorosamente en apoyo a las necesidades materiales y espirituales de los más carenciados, demostrando con sus obras benéficas, las nobles cualidades de que se hallaba dotada. Promovió y solventó parte de la construcción de la iglesia del pueblo de la colonia Cello que fundara su esposo en 1884. Falleció en Santa Fe, en la antigua quinta familiar y rodeada de su numerosa familia el 10 de agosto de 1935. Una crónica social de la época, expresa en memoria de esta señora: "con su desaparición, la sociedad santafesina perdía una noble expresión de su estructura tradicional. Como esposa y como madre, acompañó a los suyos en las vicisitudes de la común existencia y fue para el esposo combatiente como para los hijos que siguieron las huellas paternas, la imagen de la mujer afectuosa y fuerte..."
Fuentes: familysearch, documentación epistolar del Dr. Cello, Archivo Histórico provincial; documentación archivo familiar; biografía de
Catalina Pistone. [2]
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