GENEALOGÍA

Nuestra completa base de datos

Conquistadores, descubridores, gobernantes, caudillos, militares, escritores... descubra quiénes fueron, quiénes fueron sus mayores y quienes son sus descendientes.

Sumérjase en la más completa base de datos de genealogía de las familias tradicionales argentinas.

 

Abrir...

HERÁLDICA

El arte del blasón

Disfrute, infórmese y aprenda disfrutando con los escudos de armas correspondientes a los linajes de más abolengo que han habitado el Virreinato del Río de la Plata.

 

leer más...

HISTORIA

Hechos que marcaron una época

Es imposible separar la genealogía de las familias que figuran en nuestra base de datos de la historia de América. Miembros de los linajes que aquí aparecen estudiados han sido próceres, virreyes, gobernadores, personalidades destacadas, etc.

 

leer más...




La ciudad de Buenos Aires en 1869 (III)

Ratio:  / 2

 

Traducido por Alfonso Beccar Varela del “Handbook of the River Plate” de los hermanos Mulhall
Publicado en Genealogía Familiar, Año 1 Nro. 5, 2015

 

Reparticiones públicas

Parque, Congreso, Capitanía



El Parque, o Parque de Artillería, se ubica en la Plaza Parque y cubre una cuadra entera (1). Fue fundado por el famoso patriota Mariano Moreno, que sirvió como Ministro de Guerra durante la época de la independencia. La colección de cañones es más llamativa por su antigüedad que por su utilidad, siendo su mayoría antiguas piezas españolas de bronce con inscripciones pintorescas como “Ultima ratio regum” o “El Rey Carlos me hizo”, etc. Los visitantes son admitidos de forma gratuita, y a los extranjeros le causará gracia que no está prohibido fumar. Se dice, sin embargo, que no se almacena pólvora en este lugar. Las balas de cañón se encuentran apiladas en el patio, y los cañones viejos están expuestos a las inclemencias del clima. Algunos de estos, todavía se ven en algunas esquinas de la ciudad. Los depósitos de pólvora se ubican en las afueras de la ciudad, cerca de Palermo. El Parque tiene siete grandes depósitos, y en uno de esos depósitos se almacena un cañón de acero Krupp. Asimismo, existen cinco talleres, un hall de armas, y varias habitaciones para uso de los oficiales y obreros.

La Sala del Congreso, en Plaza de Mayo, fue levantada por el gobierno del Presidente Mitre para el primer Congreso del gobierno cuando éste se mudó a Buenos Aires. Fue inaugurado en mayo de 1864 (2). El frente es pequeño y sin pretensiones. La entrada principal, coronada por el escudo de armas de la nación, la constituyen tres puertas de hierro que abren a un pórtico de mármol. Sólo se permite la entrada de los miembros del Congreso, funcionarios  públicos y embajadores extranjeros. El ala derecha del edificio es usada por el Departamento de Crédito Público, y a la izquierda está la entrada para el público a las galerías del Congreso. Al mismo, lo componen el Vicepresidente Alsina, 28 senadores y 49 diputados. Hay dos senadores por provincia y los diputados se distribuyen de esta manera: 12 por Buenos Aires, 6 por Córdoba, 4 por Corrientes, 4 por Santiago, 3 por Tucumán, 3 por Salta, 2 por San Juan, 2 por Mendoza, 2 por San Luis, 2 por La Rioja, 2 por Entre Ríos y 2 por Santa Fe. Las sesiones abren la primera semana de mayo y cierran en Octubre, aunque es común una sesión extraordinaria en noviembre para terminar los asuntos del año. Los diputados tienen un sueldo de $4.000 por año, y algunos de ellos viven permanentemente en Buenos Aires.

La Oficina Nacional de Crédito se creó en 16 de noviembre de 1863 e inició su trabajo el 2 de enero de 1864. El directorio está compuesto por los Srs. Lucas González, Alejo Arocena, Manuel Zavaleta, José María Cantilo y Martín Estrada con los siguientes empleados: Don Juan Domínguez, secretario; Don Alfonso de María, tesorero; Don Ramón Rezábal, contador; Don Cipriano Quesada, asistente. Esta oficina es responsable de las siguientes cuentas: 1. Fondos Públicos del 1ro de Octubre de 1860, por $3.000.000. 2. Bonos provisionales del 20 de Octubre de 1863 por los bonos de Paraná y notas del Tesoro hasta el 1ro de Abril de 1861. 3. Los créditos aceptados por el Gobierno como originados en la deuda flotante de Paraná después de 1861. 4. La compensación otorgada por ley en 1863 por los auxilios prestados al ejército de Lavalle contra Rosas. 5. Seis por ciento otorgado por el Congreso por indemnización. 6. Los bonos y cupones otorgados como pago de reclamos de extranjeros por daños recibidos durante las guerras civiles. 7. Pedidos de las viudas y parientes de los generales Lavalle, La Madrid y Paz. El tesorero estaría a cargo de todos los fondos para pagos y cupones de amortización, pero no puede pagar nada sin una orden por escrito del presidente del directorio. Todos los cupones deben pagarse puntualmente dentro de los ocho días como lo determina la ley. Los bonos se emitieron en cinco series: Serie A, $100; Serie B, $600; Serie C, $1.000; Serie D, $2.600 y Serie E, $5.000. Cada serie consta de cuarenta cupones pagaderos en cada trimestre, y luego son quemados. Cuando llega la hora de cobrar un cupón hay que presentar toda la serie de bonos, y comparar en cupón con el bloque correspondiente, que está cortada en forma de zigzag. Pese a eso, una gran falsificación fue descubierta en Octubre de 1868, luego de que Sarmiento asumiera la presidencia, donde se reveló que bonos duplicados, firmados por las autoridades competentes, habían sido admitidos y pagos durante varios años. Se determinó que al firmar tantos miles de cupones, varios duplicados fueron introducidos subrepticiamente, y las personas que originaron el fraude ya no están en el país y no había suficientes pruebas para enjuiciar a nadie. La guerra del Paraguay creó nuevos préstamos y emisiones frecuentes de fondos públicos, como aparecen detalladas en el presupuesto de 1869.

Leer más: La ciudad de Buenos Aires en 1869 (III)

Los últimos días de Mrs. White

Ratio:  / 2

 por Alejandro S. Milberg
Washington, DC, enero de 2016

 

El domingo 22 de abril de 1798 el reverendo Thomas Allen, pastor de la Iglesia Congregacional de Pittsfield, Massachusetts, pronunció un discurso ante su feligresía. Era una oración fúnebre conmemorando la muerte de su joven hija en Londres, noticia que había recibido el martes anterior. Elizabeth Allen era la esposa de William Porter White, conocido más tarde en Argentina como Guillermo Pío White, comerciante estadounidense de conflictiva trayectoria en el Río de la Plata durante las Invasiones Inglesas pero luego volcado a la causa patriótica y factor clave en la creación de la escuadra con la que el almirante Brown triunfaría sobre los realistas en 1814.

White había nacido en Pittsfield en 1769 (1) y la pareja se había casado allí el 20 de diciembre de 1795 (2). En 1796 ya estaban en Londres donde el 7 de mayo de 1797 nació su hijo Allen, bautizado el 14 de agosto (3).

El reverendo Allen hizo imprimir su discurso incluyendo en el folleto (4) un retrato grabado de su hija y al final, el texto de dos cartas de Robert Cowie, un caballero de Londres que había asistido y acompañado a la desdichada Elizabeth en sus últimos días. 

En la primera, del 5 de diciembre de 1797, Cowie le escribe a pedido del joven matrimonio, de quienes se había hecho amigo, diciendo que White había partido hacia la India hacía casi dos meses en viaje de negocios, sin antes rogarle relatara a su suegro los detalles del bautismo de su hijo y de la salud de su esposa. El bautismo había sido oficiado por un amigo de Cowie, el reverendo Dr. Hunter, ministro de la congregación de la London Wall Scotch Church. Le pide disculpas por la demora en escribirle, debida a la carga de trabajo que tenía en esos momentos y a un viaje fuera de Londres que debió realizar por un problema de salud de su propia esposa. Pasa luego a relatar que Elizabeth había sufrido una grave enfermedad, de la que parecía estar restableciéndose, aunque aún no estaba fuera de peligro. Menciona que cree ver la mano de Dios en haber conocido al yerno de Allen, no solamente por la importante y extensa conjunción de intereses resultantes en la presente expedición de White, sino porque se consideraba el instrumento principal en haberle disuadido de llevar a su esposa en ese viaje, algo que la pareja estaba aparentemente decidida a realizar cuando los conoció. "Es humanamente imposible que hubiera sobrevivido hasta ahora su seria enfermedad de haber estado en alta mar".

Leer más: Los últimos días de Mrs. White

La ciudad de Buenos Aires en 1869 (II)

Ratio:  / 7

Traducido por Alfonso Beccar Varela del “Handbook of the River Plate” de los hermanos Mulhall
Publicado en Genealogía Familiar, Año 1 Nro. 3, 2014

 

 

Teatros

El Teatro Colón se levanta en la esquina noroeste de la Plaza Victoria y se usa como un teatro de ópera y es el mejor del continente. Fue construido en 1856 a un costo de £40,000 por una empresa financiada con capital mixto. El techo es de hierro y fue colocado por el Sr. Turner, de Dublín. El arquitecto fue el Sr. Carlos Pellegrini. Tiene capacidad para 2,500 personas y palcos en tres niveles. Arriba de los palcos está la Cazuela, sólo para señoras. Más arriba aún está el Paraíso. En la platea sólo se sientan hombres, aunque las filas delanteras están reservadas para damas y caballeros. Las damas en los palcos usan generalmente vestido de fiesta, pero la observancia de esta norma de etiqueta no es muy rígida. Hay asientos Tertulia a cada lado del Palco Presidencial, que son usados por damas y caballeros, y palcos con pantallas a nivel del piso para ser usado por aquellos que están de luto. El edificio, cuando está lleno, tiene un aspecto brillante. El escenario es enorme, y la escenografía y orquestas son muy buenas. Los espectáculos son buenos, pero no se comparan con lo que se ve en Europa. Los espectáculos empiezan a las 7:30PM en invierno y a las 8:30PM en verano. Adjunto al teatro hay un café de muy buen nivel. Durante el entreacto se acostumbra a circular visitando a amigos en los palcos. Fumar está prohibido en los corredores. El edificio está bien iluminado y ventilado, pero el diseño de la entrada y la salida no es suficiente para atender al gran flujo de público. Se presentan espectáculos tres días por semana. Los Palcos cuestan $200, las Tertulias $30, la Platea $20, y la Cazuela $15. Además de estos precios, todos pagan una entrada de $20, con la que se puede ir al Paraíso, por el que no se cobra nada adicional. El teatro no se dedica exclusivamente a producir óperas, y se usa frecuentemente para dramas españoles y otros espectáculos. Banquetes públicos se ofrecen también en este lugar, y la entrega de premios a los colegios del estado, el día 26 de mayo de cada año, es evento de gran importancia. Durante la época del carnaval se ofrecen una serie de bailes de máscaras, y para eso se habilita un conjunto espléndido de salones. En una sola noche se llegan a vender hasta 4,000 entradas para estos bailes. El baile está restringido a la platea, y es asistido por medio mundo. Afuera, desde el techo del teatro se puede apreciar la mejor vista de Buenos Aires, apreciando la ciudad y los suburbios como a vuelo de pájaro. Desde aquí también, se puede ver a veces la costa de la Banda Oriental: la ciudad de Colonia y el cerro de San Juan. Sin embargo, esta buena vista es señal infalible de mal tiempo por venir. En el techo hay también una bomba contra incendios, con su propio tanque de agua.

Leer más: La ciudad de Buenos Aires en 1869 (II)

La ciudad de Buenos Aires en 1869 (I)

Ratio:  / 11


Traducido por Alfonso Beccar Varela
del “Handbook of the River Plate” de los hermanos Mulhall
Publicado en Genealogía Familiar, Año 1 Nro. 1, 2014

 

Buenos Aires es, en muchos aspectos, la mejor ciudad de Sudamérica, aunque segunda después de  Río de Janeiro en cuanto a comercio y población. En cualquier otro aspecto es la primera del continente. Situada a una latitud de 34.29 sur y 59.12 oeste, cuenta con un clima ameno, y es el lugar más codiciado para vivir en la América española. 

Los primeros habitantes la llamaron Santísima Trinidad de Buenos Aires, y aún retiene el nombre de “buen aire” que tanto merece. Cubre una superficie de casi 800 hectáreas, formando un paralelogramo cuyos lados más largos son el este y el oeste, dividido como un tablero de ajedrez en manzanas de 125 metros cuadrados. 

Cuando fue diseñada por los primeros españoles, las calles eran de 10 metros de ancho y las casas no tenían segundo piso. Desde 1860  se desató un  furor edilicio y ahora vemos espléndidos edificios de tres o cuatro pisos en todas las calles. 

Existen 83 calles, de las cuales 31 corren del río hacia el oeste, y 52 que corren de norte a sur. El pavimento y las veredas son malos e irregulares, la ciudad aún no puede enorgullecerse de drenajes callejeros, pero cuenta con servicio de agua corriente e iluminación a gas. Hay once parroquias con dieciséis iglesias católicas y algunas capillas y cuatro iglesias protestantes. Hay dos hospitales municipales y cuatro hospitales de extranjeros, propiedad de las comunidades inglesas, francesas, italianas e irlandesas. Los teatros son tres, a los que se suma un hermoso Concert Hall. Las oficinas de la Aduana son grandes, pero gran parte de este edificio es hoy usado como la Casa de Gobierno. 

La sede del Gobierno Provincial está cerca de la Universidad, a la que a su vez se añaden el Museo y Biblioteca. Cinco mercados, ubicados a distancias convenientes, proveen a la ciudad diariamente, y las plazas Once de Septiembre y Constitución son los grandes mercados de lanas de los distritos del norte y del sur. 

Los dos mataderos están situados en las afueras de la Recoleta y Convalecencia (1): La primera localidad llama la atención como el cementerio de la ciudad y la última por un cómodo y nuevo asilo de locos. El cementerio inglés o protestante está localizado en la calle de la Victoria. Los hoteles son baratos y cómodos, existiendo tres de nivel superior y cinco de segunda: la tarifa varía entre los cinco o diez shillings por día. 

En Buenos Aires, el extranjero se encuentra en casa en seguida, y puede obtener entrada por medio de un ticket de visitante a todos los clubs y sociedades de la ciudad. Todavía no existe un parque público, pero existe el proyecto de convertir Palermo, la antigua residencia de Rosas, en una especie de Champs Elysees. 

Hay un gran número de casas de ingleses, y los mercaderes de esta nacionalidad constituyen la clase más respetable de la ciudad. Familias inglesas (incluyendo a norteamericanos) suman un total de casi 1,000. Hay cinco médicos ingleses, y diez o doce buenos colegios ingleses. 

Leer más: La ciudad de Buenos Aires en 1869 (I)

Los jardines y el paseo de Palermo

Ratio:  / 3

por Carlos F. Ibarguren Aguirre
Extraído de "Los Antepasados", Buenos Aires 1983
Tomo I, Los Ibarguren

 

Las vísperas de abandonar mi abuelo Federico Ibarguren sus fueros parlamentarios, tuvieron lugar en el Senado los encendidos debates (20, 25 y 27 de abril de aquel año 74) acerca del proyecto de ley que ordenaba construir un parque en los terrenos de Palermo, cuya aprobación se alcanzó — para perdurable ornato, gracia y belleza de Buenos Aires — merced al voto decisivo de mi abuelo.

En efecto: el expirante gobierno de Sarmiento remitió al Congreso ese proyecto, firmado por los Ministros Uladislao Frias (Interior), Martín de Gainza (Guerra y Marina), Santiago Cortines (Hacienda) y Juan C. Albarracín (Instrucción Pública y Justicia). Dicha ley facultaba al Poder Ejecutivo, previo asentimiento de las autoridades bonaerenses, a levantar en Palermo, bajo la dirección del Departamento Agronómico y de varios profesores de la Escuela Militar, un vasto paseo público y jardín zoológico: con plantas exóticas y árboles del país, y toda clase de animales de las más raras especies. Tal parque — muy al gusto estridente de Sarmiento, que por suerte no llegaría a prevalecer — iba a adornarse también con reproducciones esculturales, en tamaño natural, de los grandes saurios antediluvianos peculiares de nuestras pampas: pedagógicos modelos a cargo — su supervisión — de expertos geólogos y paleontólogos movilizados por el capricho imaginativo del Presidente de la República.

A tan ambicioso logro se destinaba un millón y medio de pesos corrientes, depositados en el Banco Provincial, que fueron recaudados para enganches durante la guerra del Paraguay; con más la cantidad de “hasta doscientos mil duros”, provenientes de las rentas nacionales. Si dichos fondos se agotaran durante la ejecución del plan, el Gobierno de la Nación contribuiría con una cantidad igual a la que se entere en tesorería por suscripciones particulares; y, a la vez, el Poder Ejecutivo nombraba una Comisión de ciudadanos a fin de conservar y proseguir la obra reglamentando sus funciones y duración.

Allí pués, en los terrenos de la antigua quinta que se confiscó a Rosas, planeaba Sarmiento crear el parque más importante de Buenos Aires; en ese “Versalles criollo” — Palermo de San Benito —, escenario político y social levantado por don Juan Manuel; con el caserón de amplios patios y corredores de arquería convertidos ya — por el propio Sarmiento — en Colegio Militar; al que aún formaban marco las plantaciones hechas por el ilustre Restaurador de las Leyes: la típica calle de ombúes; el bosque fresco de sauces y ceibos a orillas del rio; el estanque angosto frente a la casa principal; el legendario “aromo del perdón” de Manuelita, y los naranjos que Rosas, en persona, podaba tijera en mano cual experto horticultor.

Traído al Senado el asunto del “Parque de Palermo”, surgió en seguida a la discusión la faz política en su cariz más mezquino. Brotó primero el pretexto de que el sitio elegido no reunía las condiciones saludables mínimas para paseo público, por ser anegadizo y expuesto a las constantes emanaciones húmedas del rio. “Tengo a mi favor — argumentó el representante sanjuanino José María del Carril — la opinión del mismo señor Presidente de la República, que en sus cartas de Chile, en época anterior, al recordar a Palermo y las obras que hacía allí don Juan Manuel de Rosas, censuraba con bastante razón que éste hombre se ocupara de hacer allí un paseo: lo llamaba ignorante y bárbaro por eso, y le decía que al fin iba a convertirse en un sapo de pantano”.

“No conozco Palermo” — enfatizaba Rawson, higienista en medicina y en política sectario a más no poder. “Una prevención adversa me ha impedido hasta ahora acercarme a ese lugar … y con un sentimiento de repugnancia que jamás pude vencer … pero yo pido a Dios, todos los días, que conserve en mi pecho, hasta el último suspiro, este santo horror de la tiranía, de sus símbolos y de sus tradiciones; no puedo ver a Palermo, por eso no he ido allí jamás, no lo conozco! … no es sólo en vista de esa repulsión, que he confesado tener hacia ese terreno, donde Rosas dominó y ensangrentó esta ciudad, que hago oposición a este proyecto … yo me imagino el placer que tendrá Rosas cuando sepa que él, hace 35 años, tuvo la famosa previsión del genio de acertar con un punto excelente al derredor de la ciudad de Buenos Aires, para establecer un paseo público que él empezara a formar, luchando con la naturaleza, gastando su plata y la ajena en crear, palmo a palmo, el terreno que debía servir para sus árboles … Rosas se ha de encontrar muy satisfecho con esta noticia de que ha venido a descubrirse en el año 74, que él, el hombre práctico y previsor, él, el hombre de intuición, Rosas, era el que había fundado a Palermo”.

Leer más: Los jardines y el paseo de Palermo