Capitán Juan Fernández de Enciso[1, 2]

Varón 1547 - Sí, fecha desconocida


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  • Nombre Juan Fernández de Enciso 
    Título Capitán 
    Nacimiento 1547  Asunción, Paraguay Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    Sexo Varón 
    Fallecimiento Sí, fecha desconocida 
    ID Persona I23655  Los Antepasados
    Última Modificación 15 Abr 2020 

    Padre Juan Fernández de Enciso,   f. Sí, fecha desconocida 
    ID Familia F88072  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Padre Los Fernández de Enciso 
    Madre Los Fernández de Enciso 
    ID Familia F10900  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia Ana de Irala 
    Casado 1574  [3
    Hijos 
    +1. Juan Fernández de Enciso Irala
     2. Diego Fernández de Enciso Irala
    +3. Marina Fernández de Enciso Irala
    +4. Isabel Fernández de Enciso Irala
    +5. Felipa Fernández de Enciso Irala,   f. 7 Abr 1630, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
    Última Modificación 10 Jun 2021 
    ID Familia F10899  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Mapa del Evento
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  • Notas 
    • Juan Fernández de Enciso, nacido probablemente en la Asunción del Paraguay por 1547. (Testigo en la Información de servicios de Juan de Salazar, levantada en Buenos Aires en 1580, "dixo que es de hedad de treynta y tres años"). Como Capitán tomó parte en la expedición organizada por el Gobernador Ortiz de Vergara, quien salió con el Obispo de la Torre, los Oficiales Reales, clérigos, hombres de guerra y un contingente de indios amigos, el 28-IX-1564 desde la Asunción, con el propósito de establecer en el Pilcomayo un poblado que sirviera de unión entre el hasta entonces inconexo Paraguay y las tierras del Perú, que se suponían pletóricas de oro y plata. En mayo de 1565, luego de vencer tremendas penurias, llegaron los expedicionarios a Santa Cruz de la Sierra, que soportaba un alzamiento de indios que reprimió con mano dura Ñuflo de Chaves (ver su biografía). Allí, en Santa Cruz, Fernández de Enciso tomó parte en algunas malocas contra los aborígenes en compañía de Juan de Garay, por entonces vecino encomendero y Regidor en aquellos dominios de Chaves. Retornó Fernández Enciso a la Asunción en 1568, con el Obispo de la Torre y la hueste del Teniente de Gobernador Felipe de Cáceres. Más tarde (1570-72) fue de los que con Cáceres partieron a la entrada de los ríos en espera de la armada que debía llegar con el Adelantado Juan Ortiz de Zárate.
      En 1577 se casó Fernández Enciso con Ana de Irala, hija del célebre conquistador - caudillo Domingo Martínez de Irala y de la india Marina; y al año siguiente - 1578- salió a campaña, a las órdenes de Garay, para conquistar los indios "naurás" y otras parcialidades del norte paraguayo. En tales circunstancias le aconteció el lance singular que relata el Arcediano Martín de Barco Centenera, en los versos pintorescos de La Argentina. El poema habla de un cacique Oberá - "que suena a resplandor en castellano" -, famoso en la comarca del Paraná Grande, quien, a pesar de haber sido cristianado, se dedicaba a predicar entre los salvajes una religión personal, caricatura de la que le enseño el "clérigo idiota Martín González" (la calificación es del Arcediano); religión en la que Oberá se proclamaba hijo de Dios y de la Virgen. El inesperado y selvático Mesías guaraní, con sus mentiras levantó a las tribus del contorno, y Garay tuvo que movilizar a sus hombres para batirlas. Estaban, pues, los conquistadores acampados en un bosque cerca de sus enemigos, cuando, sorpresivamente aparecieron "Pitum y Corací", dos indios enormes, fortísimos, armados con picas; y desafiando a pelear a los españoles, dijeron:

      "Dos somos, salgan dos, tres, cuatro luego,
      "de aquellos que presumen ser valientes.
      "Al punto que esto oyeron, como fuego
      "saltan dos mancebos diligentes;
      "Inciso y Espeluca, sus espadas
      "en las bravosas manos empuñadas"

      A "Inciso" (que no es otro que nuestro Fernández Enciso) le tocó entendérselas con "Pitum; que en el aire parece salta y vuela" y con su pica por cien partes le rompe la rodela, y parece darle muerte"; pero Enciso es guapo y no se entrega así nomás a su adversario, a quien le quiebra la pica, mientras que con un tajo alcanza a rebanarle la mano derecha. Por su parte "Espeluca" (Pedro Sayas Espeluca, futuro fundador de Buenos Aires con Garay) también logra desbaratar a "Corací", que huye derrotado junto con "Pitum". Y las octavas reales del poema nos enteran que:

      "Inciso y Espeluca, mal heridos
      "quedaron, y en este trance,
      "por ver los enemigos ya huídos
      "sin que ellos puedan irles en alcance;
      "que el Capitán (Juan de Garay) prohibe sean seguidos,
      "diciendo que bastaba el bello lance;
      "y que del hecho suyo fama y gloria
      "merecen, pues quedaron con victoria".

      La jornada hacia la desembocadura del Plata que abría "puertas a la tierra"

      Empero, el hecho memorable para la fama y gloria de Fernández Enciso fue, sin duda, el haber acompañado a Garay en la repoblación de Buenos Aires.
      Como era costumbre en casos semejantes, a principios de 1580 Garay hizo pregonar en la Asunción un bando por el que invitaba, a los vecinos asuncenos, a enrolarse con él para llevar a cabo la empresa. Fueron de la partida - al decir del propio Caudillo - "sesenta compañeros, los diez españoles y los demás nacidos en la tierra"; entre estos últimos Juan Fernández Enciso. (En rigor de verdad la nómina completa de aquellos conquistadores - incluído Garay y Ana Díaz, mujer del paraguayo Pedro Izbrán - resultó de 66 participantes; 14 probablemente europeos, los demás - 52 - criollos).
      Toda esa gente, "a su costa y minción" - es decir por su exclusiva cuenta - aportó los bastimentos, las armas y el ganado necesarios para materializar el acontecimiento. El transporte fluvial realizóse sobre la carabela "San Cristóbal de Buenaventura" (que luego llevaría a España la noticia que con "buena ventura" se había restablecido la población porteña), sobre el bergantín "Capitana" y en otro barco de desconocido nombre para la historia; reforzados estos veleros, además, por distintas embarcaciones menores: balsas, canoas, esquifes. Mientras que por tierra, marginando todo el largo de la costa, marchaba el arreo de la hacienda - mas o menos 300 vacunos y 1.000 yeguarizos - a cargo de un numeroso contingente de indios amigos; al frente de cuya tropa parece cabalgaba Hernandarias de Saavedra, quien debido a su menor edad - apenas frisaba en los 20 años - no figuró - opina Raúl A. Molina - en el posterior repartimiento de solares y estancias, a pesar del extraordinario servicio prestado.
      Por agua y por tierra dichos dos grupos expedicionarios, después de reunirse y hacer un alto en Santa Fé, prosiguieron su distinto camino, que los condujo hasta el paraje donde, antaño, don Pedro de Mendoza levantó su primitivo real del Buen Aire. Entonces Garay, en su carácter de Teniente de Gobernador, Capitán General y Alguacil Mayor del Río de la Plata, a nombre del Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón, ordenó a sus "pilotos"trazar esa simétrica planta urbana en damero - inmodificada, en lo esencial, hasta la fecha -, con sus calles paralelas de Este a Oeste y de Norte a Sur, que al entrecruzarse recuadraban las manzanas uniformes de 140 varas por lado, en torno al amplio descampado que hacía de Plaza Mayor. Y en la mañana del sábado 11 de junio de 1580 - día de San Bernabé -, con el ritual de costumbre, instalóse solemnemente la "Ciudad de la Trinidad puerto de Santa María de Buenos Aires". Su Ayuntamiento lo constituyeron, aquella primera vez, los Alcaldes; Rodrigo Ortiz de Zárate y Gonzalo Martel de Guzmán (españoles), y los Regidores; Pedro de Quiróz, Diego de Olavarrieta, Luis Gaytán, Rodrigo de Ibarrola, Alonso de Escobar (criollos todos ellos) y Antonio Bermúdez (español). Tres días mas tarde Garay, a fin de completar ese Cabildo, designó Procurador General de la Ciudad a otro criollo; Juan Fernández de Enciso. De todo lo cual dió fé el Escribano Pedro de Xerez, en el acta respectiva.
      Un cuadro evocador de la fundación de Buenos Aires, debido al pincel del artista español Moreno Carbonero - que corrió reproducido en los anteriores billetes argentinos de cien pesos -, nos muestra el sitio elegido y el momento preciso en que Garay, junto al Rollo de la Justicia, asienta la ciudad futura. El Fundador es representado con el correspondiente despacho del Rey en su mano izquierda, mientras la diestra blande la espada en actitud de retar a todo aquel que se opusiera a la posesión de la tierra por España. A la par del gran protagonista, fray Juan de Rivadeneira alza la Cruz de Cristo y, más acá, un Alferez tremola el estandarte de Castilla, alrededor del cual se agrupan los Alcaldes y demás miembros del Cabildo, junto a algunos venidero vecinos, arcabuceros y menestrales. Enfrente de Garay, el Escribano Xerez extiende para la historia el acta fundacional, y, al lado de este funcionario de péndola y protocolo, salta a la vista, con morrión de fierro, Fernández de Enciso, guerrero cabal, apto sin embargo para representar, bajo el empleo de Procurador General, a sus camaradas de aventura. Cierto indio del servicio, traído por los expedicionarios desde el Paraguay, sujeta el bridón andaluz del Jefe; uno de esos potros procedentes de las dehesas de Córdoba o Jerez de la Frontera, cuya casta - así como la de sus domadores y jinetes - habría de poblar para siempre a nuestra pampa baldía. Mas atrás, montado en propio caballo, puede verse a Alonso de Vera y Aragón, sobrino del Adelantado, que destaca su silueta sobre el horizonte del río; mientras en el primer plano de la pintura, varios aborígenes querandíes, sentados en el suelo, contemplan la curiosa y solemne ceremonia, próximos a una tienda de campaña, entre cuerdas, cestas, palas, picos y demás útiles que se han desparramado a fin de dar comienzo a las obras de población.
      En cuanto al escudo de armas de Buenos Aires, sus fundadores lo organizaron así; En campo de plata un águila coronada, cuya garra derecha enarbola una cruz como la de Calatrava, y debajo suyo 4 aguiluchos que ella cría. Según interpretación del investigador Enrique Peña, el águila de referencia es la misma que pintan en sus blasones los Zárate, y Torres de Vera y Aragón; las crías representarían a aquellas cuatro ciudades que Ortiz de Zárate se comprometió a fundar en su capitulación rioplatense; y la cruz está allí, sin duda, por "aver venido a este puerto (Garay y sus compañeros) con fin de propósito firme de ensalçar la santa Fé católica" - cual lo expresa un testimonio del Escribano Mateo Sánchez ,fechado en Buenos Aires el 28-II-1590.
      En el repartimiento de solares que en la traza de la nueva ciudad hizo el Fundador para premiar a sus colaboradores, a Juan Fernández de Enciso le adjudicó un cuarto de manzana que hacía esquina la las calles que hoy se llaman Bolívar y Alsina; cuyos linderos eran entonces; al Norte, el solar de Luis Gaytán (ochenta años mas tarde de Miguel de Riblos y, sucesivamente, de Nicolás de la Quintana, Domingo de Lajarrota y de Agustín Casimiro de Aguirre, y sus descendientes, hasta 1938); al Este, calle en medio, con solar de Baltasar de Carvajal (donde ahora está el City Hotel); al Sur, calle en medio, el solar de Sayas Espeluca (en cuyo terreno levantóse después la Iglesia y Convento de San Ignacio); y al Oeste con el lote de Domingo Arzamendía.
      Asimismo, a nuestro hombre le tocó en suerte una "huerta" que actualmente resulta la manzana circunscripta por las calles Alsina, Moreno, Piedras y Chacabuco. También se le hizo merced de una "chácara" - 400 varas de frente al río y una legua de fondo - en el camino al "Monte Grande" (con posterioridad San Isidro); ubicada entonces entre la de mi antepasado Juan Ruiz de Ocaña, por el Sur, y la del Alguacil Hernando de Mendoza por el Norte; cuyo terreno (que hogaño integra la Quinta Presidencial en Olivos), alejado su inicial propietario de Buenos Aires, pasó a poder de una nieta de Ruiz de Ocaña. (Ver este linaje, donde consigno la trayectoria histórica del bien aludido).
      Además, Fernández Enciso recibió una "suerte de estancia", de 3.000 varas de frente por legua y media de fondo, llamada "León", en el paraje dicho en aquel tiempo "Isla del Gato" ("Isla" en la acepción de "monte", y "Gato" por algún gato montés; ubicada hoy a escasos kilómetros de La Plata, en Ringuelet); que lindaba inicialmente por el costado Sur con la "suerte" de Diego de Olavarrieta, y por el Norte con la conocida por "Panes" de Baltasar de Carvajal.
      Por último, el 28-III-1582, Garay dispuso que el cacique "Allapen de nación Locultis", con toda su tribu ,quedara sujeto en encomienda al conquistador que me ocupa.
      Muerto trágicamente el Fundador - o Repoblador - de Buenos Aires, surjieron en la ciudad dos bandos que aspiraban al gobierno local; uno que respondía a Alonso de Vera y Aragón "Cara de Perro", formado en su mayor parte por peninsulares; y otro del cual era cabecilla Juan Fernández de Enciso, con mayoría de "mancebos de la tierra". La falta de un jefe indiscutido planteaba, así, la necesidad de aplicar en la emergencia aquella famosa Cédula Real del 12-IX-1537 (dictada por Carlos V para el caso de que Pedro de Mendoza no hubiera dejado sucesor, luego de su muerte). Dicha Cédula facultaba a los pobladores a designar Gobernador elegido por todos en conformidad, o por la mayor parte de ellos". Mas esta opción democrática entre Enciso y "Cara de Perro", que parecía inminente, no llegó a tener efecto entre los vecinos porteños, pues al arribar de la Asunción Rodrigo Ortiz de Zárate con 60 soldados y algunas balsas con vituallas, se aplacaron los ánimos facciosos; y fue el recién venido quien resultó exaltado al cargo de Teniente de Gobernador bonaerense, como hombre de transacción entre el candidato de los criollos y el de los viejos conquistadores europeos.

      Mi antepasado abandona Buenos Aires. Su actuación posterior

      Algo mas tarde, tal vez a causa del mencionado hecho político, Fernández de Enciso tornó a la Asunción del Paraguay. Allá, el 20-IV-1589, compareció como testigo en la escritura de toma de posesión de Juan Cabrera - marido de Guiomar de Cáceres - referente a cierta merced de "tierra, islas y cejas de monte" de una estancia denominada "Ibitímirí", que fuera del suegro de Cabrera, el célebre Contador y Teniente de Gobernador Felipe de Cáceres. Y el 20-VIII-1596, en su carácter de Regidor del Cabildo paraguayo y veterano conquistador, nuestro Capitán, ante el Escribano Diego González, prestó declaración en una probanza sobre los méritos y servicios de Sanabria, Suárez de Toledo, Garay y Hernandarias. En tal documento dijo mi antepasado ser de edad de 48 años, poco mas o menos; y dejó constancia de su grande amistad con Hernandarias. Asimismo el testimonio hace saber que el declarante, desde la Asunción, salió a campaña con Alonso de Vera y Aragón "Cara de Perro" a combatir contra los indios rebelados de la región de "Carayba"; que en otra jornada emprendida por el Adelantado Juan de Torres de Vera y Aragón contra los "guaycurús", Fernández Enciso no estuvo en ella, debido a que el Adelantado lo despachó a la ciudad de Santa Fé con "ciertos rrecados"; y que, posteriormente, hacia 1590, tuvo que socorrer a la ciudad de "Vera" ("San Juan de Vera de las Siete Corrientes", fundada en 1588), "donde los indios naturales habían muerto a 23 soldados, poco mas o menos, herido a muchos otros y tomado una barca". El Gobernador Alonso de Vera y Aragón "El Tupí", encomendó a Hernandarias y a Fernández Enciso el castigo de los culpables. Ambos, al llegar a Corrientes, levantaron un fuerte para defensa de la población, dejando ahí algunos soldados y municiones; y con el resto de la tropa salieron al encuentro de los salvajes, entre los que hicieron gran matanza. Volvió Hernandarias a la Asunción "muy enfermo y ensordeció de los trabajos que pasó" - según textuales palabras de Fernández Enciso. Luego éste, también con Hernandarias, hallóse en el escarmiento llevado a cabo contra los "guaicurúes"; así como en distinta represión que les dieran a los indios "del picho, que confinan con los del Paraná". Seguidamente se trasladaron los conquistadores río arriba, a fin de reducir a tribus alzadas, "y descubrir las tierras de los indios naurás y otras corredurías".
      Juan Fernández de Enciso - ya se dijo anteriormente - habíase casado en la Asunción por 1577 con Ana de Irala, una de las hijas menores del ya finado Gobernador Domingo Martínez de Irala y de la "criada" suya Marina, india guaraní. El historiador paraguayo Roberto Quevedo Pfannl, apunta que Juan Fernández de Enciso fue tutor y curador de los bienes de los hijos menores de Irala; este Caudillo, sin embargo, en su testamento otorgado el 13-III-1556, nombró por "tutores e curadores de los dichos mis hijos al Capitán Nufrio de Chaves (antepasado mío, ver su apellido) y a Juan de Hortega".
      Con su media naranja Ana de Irala - aunque aún no habían llegado las naranjas al Paraguay -, el Capitán Juan Fernández Enciso procreó dos hijos varones y "cinco hijas doncellas de buena edad" - según lo manifestó el padre en el padrón de familias españolas de la Asunción, que, en 1615, levantó el Gobernador Hernandarias

  • Fuentes 
    1. [S112] Los Antepasados, A lo largo y mas alla de la Historia Argentina, Ibarguren Aguirre, Carlos Federico, (Trabajo inedito), Tomo VII, Los Fernández de Enciso (Confiabilidad: 3).

    2. [S112] Los Antepasados, A lo largo y mas alla de la Historia Argentina, Ibarguren Aguirre, Carlos Federico, (Trabajo inedito), Tomo XI, Los Trigueros (Confiabilidad: 3).

    3. [S1627] Los Fernández de Enciso y los Romero de Enciso., Carlos E. Romero Jensen, (Revista de Genealogía N° 36).