Brigadier Pascual Ibáñez García de Roca[1]

Varón 1719 - 1805  (86 años)


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  • Nombre Pascual Ibáñez García de Roca  [1
    Título Brigadier 
    Nacimiento 1719  Orihuela, Alicante, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    Bautismo 1719  Parroquia de Santa Justa y Rufina, Orihuela, Alicante, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    • L° Año 1719 F° 235. [1]
    Sexo Varón 
    Fallecimiento 5 Abr 1805  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    ID Persona I49669  Los Antepasados
    Última Modificación 16 Jul 2017 

    Padre Pascual Ibáñez,   f. Sí, fecha desconocida 
    Madre Florencia Inés María García de Roca Ortíz,   n. 1686,   f. Sí, fecha desconocida 
    Casado 1708  Parroquia de El Salvador, Orihuela, Alicante España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    • L° Año 1708 F° 17. [1]
    ID Familia F19187  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia María Francisca Rospigliosi Ramírez de Sagües,   n. 3 Abr 1727, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 17 Sep 1804, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 77 años)  [1
    Casado 17 Mar 1762  Basílica Nuestra Señora de la Merced, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    Tipo: Canónico 
    Hijos 
    +1. Pedro Nolasco Tiburcio Ibáñez Rospigliosi,   n. 14 Abr 1766, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 12 Dic 1819, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 53 años)
    +2. María Ramona Francisca Josefa Ibáñez Rospigliosi,   n. 10 Mar 1767, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 17 Ago 1840, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 73 años)
    Última Modificación 15 Jul 2017 
    ID Familia F3978  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Mapa del Evento
    Enlace a Google MapsNacimiento - 1719 - Orihuela, Alicante, España Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsCasado - Tipo: Canónico - 17 Mar 1762 - Basílica Nuestra Señora de la Merced, Buenos Aires, Argentina Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsFallecimiento - 5 Abr 1805 - Buenos Aires, Argentina Enlace a Google Earth
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  • Notas 
    • PASCUAL IBAÑEZ Y GARCIA DE ROCA, hijo de Pascual Ibáñez y de Florencia García de Roca, nacido en Orihuela, Valencia. Fue militar, y su nombre figura entre los jefes y oficiales que combatieron contra los portugueses en el Río de la Plata, ascendidos por el Rey el 13-IV-1763, a propuesta del General Pedro de Ceballos, por "lo mucho que se han esmerado en el sitio y toma de la Colonia del Sacramento". Pascual Ibáñez era "Theniente", a la sazón, y se le confirió el grado de Capitán. No debía el susodicho, según se ve, sus galones a privanzas de antecámara. Y cuando poco después vino la expulsión de los jesuitas, Ibáñez participó activamente en los procedimientos que se llevaron a cabo contra los padres en las reducciones del Uruguay y del Paraná. Fue él - según lo hizo constar el Gobernador Bucarelli - uno de los "sugetos de inteligencia, fidelidad y celo, de cuyo desempeño no me quedaba duda". Por eso dicho Mandatario solicitó del Conde de Aranda, en carta del 19-X-1768, ascendiera al "Capitán D. Pascual Ibáñez, ayudante mayor de la plaza de Buenos Aires, que ha servido treinta y cinco años al Rey ... al empleo de Sargento Mayor de Dragones de esta Provincia". Y con ese grado, el 14-X-1776, durante la gestión de Vértiz, Pascual Ibáñez fue admitido "al Govierno Interior político y militar" de la ciudad porteña. Como en tales casos exigíase una fianza para las resultas del eventual y futuro juicio de residencia, salió fiador suyo Bernardo Sancho de Larrea, por la suma de 4.000 pesos.
      Tres años atrás, en su carácter de Sargento Mayor de la plaza, mi antepasado fue el primero que dió las enhorabuenas oficiales al nuevo Virrey Juan José de Vértiz, con motivo del arribo de éste a Montevideo, el 7-XI-1773; y cuando posteriormente el Virrey Marques de Loreto lanzaba sus bandos, Pascual Ibáñez, a la cabeza de una compañía completa de granaderos, con pífanos y tambores, acompañaba al Escribano de Gobierno Francisco Antonio Basabilbaso, quien, por voz de pregonero, era el encargado de dar aquellas proclamas a conocer; y en los parajes acostumbrados, fijar luego las copias de estilo. Más tarde, al comando de las tropas Reales, mi remoto abuelo, resolvió, cierta vez, suspender las corridas de toros; "el segundo día de Pascua de Resurrección del año 1797, que cayó en 16 de Avril, por haver llegado la ynfausta nueva de la muerte del Excelentísimo Virrey Pedro Melo de Portugal" (fallecido la víspera en Montevideo). A Ibáñez no le pareció "regular ni bien visto que en tales circunstancias las del entierro y funerales, hubiese semejante diversión". Por lo demás, nuestro Sargento Mayor había sido ascendido por el Rey, el 23-IX-1780, a Teniente Coronel, y el 15-XI-1798 a "Brigadier de Infantería". Su prestigio como jefe puede aquilatarse ante el hecho siguiente; al tener que viajar el Virrey Olaguer Feliú a la Banda Oriental, a fin de disponer la defensa de esa costa amenazada por las naves inglesas - que aliadas a las fuerzas lusitanas del Rio Grande bloqueaban la desembocadura del Plata -, dicho mandatario delegó en Ibáñez el mando; por lo que éste quedó como jerarca supremo de guerra en la capital del Virreinato; en tanto la Audiencia ejercía las otras facultades administrativas en la misma jurisdicción.

      El casamiento y los esclavos, muebles e inmuebles que poseyeron ambos esposos

      Pascual Ibáñez habíase casado en Buenos Aires, siendo Teniente, el 17-III-1762, con Francisca Julio de Rospigliosi, hija del Capitán Claudio Julio Rospigliosi y de Petrona Ramírez de Sagües (ver la ascendencia de ellos en los capítulos que dedico a dichos linajes). Bendijo la boda en la Catedral, el mercedario Fray Leandro de Velarde, ante los testigos Nicolás de Orduy, Comandante de Infantería de Presidio, Juana Rospigliosi de Gómez - hermana de la novia - y otras personas.
      En 1778, alojábase nuestro Sargento Mayor con su familia en una casa de la calle de "San Miguel" (hoy Suipacha y Sarmiento), "en la acera que mira al sur"; cuya finca pertenecía al cuñado suyo el Doctor en leyes Claudio Rospigliosi. Tiempo después, y hasta su muerte, Ibáñez se mudó a otra casa de su mujer, "a las espaldas de la Catedral", con frente a la calle de "la Piedad" (Bartolomé Mitre), entre "San Martín" (hoy Reconquista) y "Santísima Trinidad" (actual San Martín). Los bienes que los cónyuges Ibáñez-Rospigliosi poseyeron y dejaron a sus herederos, hállanse consignados en los respectivos testamentos, otorgados; el de doña Francisca el 18-X-1801, ante el Escribano Juan José Rocha; y el de don Pascual el 7-I-1805, ante Tomás Boyso. He aquí la síntesis de ambas escrituras y de algunos otros documentos referentes al patrimonio en cuestión: Don Pascual declaró haber llevado al matrimonio 1.300 pesos, dos "criados" - uno de los cuales "se profugó" - y un par de baúles grandes con distintas ropas. Su "cara mitad" trajo a la sociedad conyugal la casa que heredara de sus mayores, situada "a la espalda de la Catedral", cuya vivienda solo se componía de "dos quartos", pero que don Pascual reedificó, ampliándola, para convertirla "en casa de mi habitación". También aportó la señora "los omenages" (sic, por menajes) y adornos caseros, con 10 esclavos de ambos sexos, 15 cubiertos de plata, 10 cuchillos con cabo de lo mismo, una docena de platos, 3 morteros con sus mancerinas, 4 jarritos de plata, 4 fuentes, una saladilla, una salivadera de plata, varias ollas de dicho metal y demás trastes domésticos.
      Agrego que doña Francisca, antes de contraer nupcias con Ibáñez, había sido favorecida por sus tías solteronas Juana y Antonio Ramírez de Sagües, quienes le hicieron donación inter vivos, con fecha 12-XII-1752, en una escritura que autorizó el Escribano Francisco de Merlo, de la parte que a ambas le correspondía en la herencia de sus padres, con la condición de que hasta el fin de sus días las donantes habrían de usufructuar de aquel patrimonio. Entre los bienes que recibió mi antepasada de esas tías, estaba la casa que fuera de sus abuelos maternos, los Ramírez de Sagües, "a las espaldas de la Catedral"; parte de cuyo dominio ya pertenecía a Francisca por haberlo heredado de su madre doña Petrona; de suerte que a mérito de aquella escritura de 1752, la finca vino a pertenecer por entero "a la niña de Rospilliosi", que - calculo - tendría a la sazón unos 15 años de edad. Tal donación la efectuaron las tías en recompensa de los servicios que Francisca les había hecho, y, asimismo, "por los buenos oficios que merecemos al dicho su padre - don Claudio - desde que se casó con nuestra hermana, atendiéndonos en todo con mucho amor, cariño y caridad, sin que hayamos necesitado cosa alguna"; declaraban, agradecidas, las solteronas donantes; las cuales, al no saber firmar, rogaron lo hiciera en sus nombres Miguel de Esparza, quien dió así validez al instrumento público glosado.
      Dos años después, el 9-VII-1754, ante el mismo Merlo, la tía Juana Ramírez de Sagües otorgaba su testamento. Ahí, luego de hacer constar que era hija legítima de Bernardino Ramírez de Sagües y de Francisca de Trigueros y de ordenar se enterrara su cadáver en la Iglesia de La Merced con hábito mercedario, por ser hermana terciaria de su cofradía, puntualizó que al no tener herederos forzosos instituía por universal heredera a su sobrina "Francisca Rospilliosi" a quien dejaba - además de una bacinilla de plata, de una olla de fierro y de un tacho mediano - a la mulatilla María y a la negrita Antonia; así como antes le donara una esclava llamada Ubalda y transferido la parte que tenía de la casa que fue de sus padres. Para hacer cumplir su postrera voluntad nombró por albacea al Capitán Juan Miguel de Esparza.
      Algún litigio o diligencia de orden administrativo hubo de ventilarse, mas tarde, en España, ya que el 10-IX-1767, ante el Escribano Conget, Pascual Ibáñez dió la venia a su esposa a fin de que ella, conjuntamente con su hermana Mónica Rospigliosi, mujer de Bayo Ximénez, otorgaran un poder a favor de Francisco López Freile, agente de negocios del Consejo de la Mesta, y de Fernando Pérez de Velasco, para que ambos comparecieran ante el Rey, ante el Consejo de Indias, y demás Tribunales de la península, y las representaran en los asuntos a tramitarse en aquellas superiores instancias.
      En lo que atañe a don Pascual, también había heredado algunos bienes en la tierra valenciana de sus mayores. Por eso, el 20-II-1764, ante el Escribano Gorordo, otorgó un poder general a favor de Rita Ibáñez (su hermana?) y de los abogados Alejandro Ferrando y José Cánovas, todos residentes en la ciudad de Orihuela, a fin de que, en su nombre, atendieran los asuntos de familia que allí tenía.
      Cuando protocolizó sus disposiciones póstumas, no le fue fácil a Francisca Rospigliosi recordar cuales eran sus bienes propios, pero dijo confiar en la buena fé de su marido, "pues estoy cierta de su integridad, pureza y onor, y que no es capaz de perjudicarme en cosa alguna". No me cuesta creer que la señora tenía razón.
      Ya casado Ibáñez adquirió dos "casitas" contiguas en "la calle nueva" que, sobre la barranca del río, pasaba ante la "puerta falsa de La Merced ... en la cuadra siguiente de la parte del Norte". Vale decir, en la actual calle 25 de Mayo entre Cangallo y Mitre.
      Una de esas "casitas", la más pequeña, comunicaba su entrada con un "callejón". Este acceso estrecho y relativamente largo no era otro que el famoso "Callejón de Ibáñez", cuya lóbrega cortada resultó ámbito propicio para ciertos malandrines que desvalijaban a los desprevenidos transeúntes. De ahí que la travesura porteña llamara entonces, por analogía, "Callejón de Ibáñez" a las arcadas del Cabildo o Casa de Justicia, donde leguleyos y escribanos "asaltaban" con costas y honorarios a los confiados litigantes.
      En la actual calle 25 de Mayo entre Cangallo y Bartolomé Mitre, pues, en plena ciudad, ubicábase antaño el célebre "Callejón" aludido. Así lo consignó el Brigadier Ibáñez en su testamento. Por lo tanto nunca estuvo el "Callejón" en el camino a San Isidro, en la quinta del Regidor Pascual Ibáñez Echavarri - homónimo contemporáneo y pariente acaso de mi antepasado -, como lo supone erróneamente José Antonio Wilde en Buenos Aires, desde setenta años atrás, y lo dan por cierto los costumbristas seguidores suyos, entre otros Taullard, Jaimes Répide y Luis Cánepa.
      La otra "casita" lindera, "de mejor comodidad", con su "terreno que ocupa una cochera", era habitada aquel tiempo por doña Ramona, la hija de los esposos Ibáñez, casada con el Coronel Tomás de Rocamora.
      Fue también dueño don Pascual de una tercera casa sobre la misma "calle nueva" en el "barrio de las Catalinas, con edificio de una sala y aposento y cocina". Tal inmueble - como se verá a su turno - le fue dado por sus padres a Pedro Nolasco Ibáñez en ocasión de su boda con Rosa Marín.
      Correspondíale, a su vez, "en propiedad y sucesión" a doña Francisca, "una quinta en tierras compradas al Rey; con edificio, arboleda y plantíos que tiene de manifiesto; dividida con cercos de juncos y situada a inmediaciones de la Iglesia de la Recolección, frente al Hueco de Cavecitas" - ahora Plaza Vicente López. La referida quinta, con mayor superficie, abarcaría hogaño a las actuales manzanas que recuadran las calles Santa Fé, Uruguay, Arenales y Paraná (fracción heredada por Pedro Ibáñez), y Juncal, Paraná, Uruguay y Montevideo (fracción que heredó Ramona Ibáñez de Rocamora). En esta última manzana estuvo la casa que fue de Carlos Ibarguren, mi padre, en la calle Juncal 1479, al costado Nord-Este de la Plaza Vicente López.
      Contiguo a la quinta referida, "en el barrio de la Recoleta", poseía Pascual Ibáñez un sitio de 20 varas de frente al Este y 140 de fondo, que adquirió el 8-III-1780, ante el Escribano Joseph Zenzano, de la finada María Josefa Bazurco de Herrera, por intermedio del albacea de ésta Juan Baltasar Maciel (el célebre sacerdote, educador y humanista). El precio de compra fue de 14 pesos y 2 reales de plata; y el sitio lindaba por el Este, calle Real de por medio, con mas tierras de la sucesión de María Josefa, heredadas de sus mayores; por el Norte, calle Real de por medio, con quinta de los herederos de José Corvera; por el Poniente, calle en medio, con más tierras de la causante María Josefa; y por el Sur con la quinta del comprador Pascual Ibáñez.
      Francisca Rospigliosi heredó además de sus antepasados, "un terreno de pastos con una pieza o cuarto edificado en el bajo de Palermo, cerca de la Capilla de Cueli". Tal terreno era parte de la antigua "media chacra" que Ramírez de Sagües y su mujer Francisca de Trigueros Paez de Clavijo heredaron del bisabuelo de ésta Bernabé González Filiano, y que hoy, con sus 200 varas fronteras al río, abarcaría a parte de los jardines de Palermo, del Zoológico y del Botánico, para incluir también, en el fondo de su legua, a todo el actual Parque Centenario.
      A propósito de esas tierras, el Cabildo proyectó, el 20-V-1791, trazar por aquellos andurriales suburbanos "un camino alto que al mismo tiempo que sirbiese de introduzirse los menesteres, fuese para recreación y paseo". Dicho camino - ideado años atrás por el Brigadier Saa y Faría para unir a la ciudad con el pueblito de San Isidro - no se había realizado aún debido a la resistencia de los dueños de las tierras afectadas por ese servicio de tránsito. Los Regidores, sin embargo, confiaban en que el más caracterizado de aquellos propietarios, el "Sargento maior de la Plaza don Pascual Ibáñes", no hiciera "opozición". Y a fin de amenguar el daño que sufriría el predio de mi lejano abuelo, cortado por esa carretera pública, los munícipes porteños le ofrecieron a aquel, como única compensación, "lebantarle una pared segura desde los cimientos hasta la altura que tiene la del corral, en atensión a lo exiguo de los propios de la ciudad".
      En su testamento, Ibáñez declaró por suyos a cinco esclavos; Félix, Baltasar, Cayetano, Joaquín y Ventura; sin contar a otro que "se profugó" y a la negrita Antonia, a la que su amo liberó por escritura del 14-XII-1793, ante García Echaburu, para que pudiera casarse con Francisco Ribera, un indio natural de las Misiones del Paraguay.
      El 5-V-1793, ante el Escribano susodicho, don Pascual por sí y por su hijo Pedro - "ausente de esta ciudad" - había dado poder a Juan Pablo Fretes, "clérigo presbítero que se halla próximo a navegar a los Reynos de España", a fin de que gestionase ante el Rey y su Consejo de Indias las gracias y mercedes a que - ambos Ibáñez - se creían con derecho, a mérito de sus servicios en favor de la Corona.
      Don Pascual mejoró a su hijo Pedro Nolasco con el remanente del quinto de sus bienes, después de pagados los gastos de funerales, entierro y demás legados. Y Pedro también resultó favorecido por su madre, con el valor de dos ollas de plata y de 274 pesos, con los cuales debía comprar un negrillo; además de 500 pesos que se le adelantaron a fin de completar el menaje de su casa.
      Poseía doña Francisca, a la fecha de su muerte, los siguientes esclavos; Félix y Francisco de Paula, "imbertidos en el serbicio de la dicha mi quinta"; y para su exclusivo uso doméstico; Mariano, Baltasar, Cayetano, Joaquín el cocinero, Antonia, José, Isidoro y Domingo. En su última disposición ordenó la causante se entregara la mulata Isidora a su nieta María Bernarda Rocamora, "por haberla comprado para ese destino"; y le legó también a María Bernarda un sahumador chico, una palma de topacios, una sortija de topacios con diamantes, 200 pesos en dinero efectivo y un Niño Dios con su cunita. A su nieto José Pascual, la testadora le destinó un cuadrito de San José con marco de plata. Mandó a sus herederos otorgasen la libertad a la negra Antonia, "bajo la precisa y inalterable condición de que haya de servir en todo al referido su marido (don Pascual) durante los días de su vida, en la misma conformidad que lo está haciendo, de modo que fallecido mi marido podrá entonces disfrutar completamente de este veneficio que le hago"; legándole de añadidura, a la negra Antonia, "la casita que está a la derecha de la cochera en la calle nueva (la del "Callejón de Ibáñez") para que la habite durante sus días, y después de ellos bolberá dicha finca al tronco de mis bienes, para que se reparta entre mis herederos". Igualmente la señora dispuso se manumitiese a Mariano, hijo de Antonia, "por el amor y cariño que le profeso".
      El 17-IX-1804, en aquella vivienda "a la espalda de la Catedral", dejó de existir Francisca Rospigliosi. Meses después, el 5-IV-1805, su marido, el "Brigadier de los Reales Exércitos Pascual Ibáñez, moría en la misma casa solariega. Los despojos de ambos cónyuges, amortajados con hábito mercedario, fueron sepultados en la Iglesia de La Merced. [1]

  • Fuentes 
    1. [S451] Medrano Balcarce, Juan Manuel, Medrano Balcarce, Juan Manuel, (jmedrano76(AT)hotmail.com).