José Evaristo Uriburu Hoyos

José Evaristo Uriburu Hoyos[1]

Varón 1796 - 1885  (88 años)

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  • Nombre José Evaristo Uriburu Hoyos  [1
    Nacimiento 26 Oct 1796  Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Bautismo 30 Oct 1796  Catedral Santuario Nuestro Señor y la Virgen del Milagro, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [2
    • Padrinos de bautismo. Felipe Antonio de Iriarte y Gerónima Martínez de Iriarte. Folio 141.
    Sexo Varón 
    Fallecimiento 28 Jul 1885  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [2
    • Acta de defunción en la Iglesia La Merced, L.19-f. 194.
    Enterrado/a 29 Jul 1885  Cementerio de la Recoleta, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    ID Persona I34914  Los Antepasados
    Última Modificación 30 Ago 2017 

    Padre José Uriburu Basterrechea,   n. 12 Sep 1766, Mendata, Vizcaya, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Madre Manuela del Carmen Hoyos Aguirre,   n. Dic 1772, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 10 Ene 1831, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 58 años) 
    Casado 10 Sep 1792  Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    ID Familia F14471  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia María Josefa Natalia Arenales Hoyos,   n. 1 Dic 1807, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 15 Jun 1890, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 82 años)  [1
    Casado 16 Abr 1825  Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    Tipo: Canónico 
    Hijos 
    +1. Serafina Uriburu Arenales,   c. 28 Abr 1827, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 10 Nov 1902, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 75 años)
    +2. José Félix Evaristo Uriburu Arenales, (*),   n. 19 Nov 1828, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 25 Oct 1914, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 85 años)
     3. Máximo Manuel Uriburu Arenales,   n. 19 Abr 1830, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
    +4. Julia Manuela Uriburu Arenales,   n. 9 Jul 1831, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 30 Jul 1904, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 73 años)
     5. Felisa Lucrecia Uriburu Arenales,   n. 20 Nov 1832, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
    +6. Manuela Inés Uriburu Arenales,   n. 20 Oct 1835, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 25 Sep 1910, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 74 años)
    +7. Brígido Napoleón Uriburu Arenales,   n. 8 Oct 1836, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 8 Sep 1895, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 58 años)
     8. Florentin Alexandro Uriburu Arenales,   n. 3 May 1841, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
     9. Asunción Uriburu Arenales,   n. 1842, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 17 Ene 1933, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 91 años)
    +10. Evaristo Uriburu Arenales,   c. 13 Nov 1843, Catedral Santuario Nuestro Señor y la Virgen del Milagro, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida
     11. Huvio Vicente Uriburu Arenales,   n. Jul 1846, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 5 Ago 1852, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 6 años)
    +12. Josefa de la Cruz Uriburu Arenales,   n. May 1848, San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 3 Mar 1931, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 82 años)
    +13. Flor de María Uriburu Arenales,   n. 14 Oct 1852, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 29 Jun 1881, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 28 años)
    Última Modificación 30 Ago 2017 
    ID Familia F14502  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Mapa del Evento
    Enlace a Google MapsNacimiento - 26 Oct 1796 - Salta, Salta, Argentina Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsBautismo - 30 Oct 1796 - Catedral Santuario Nuestro Señor y la Virgen del Milagro, Salta, Salta, Argentina Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsCasado - Tipo: Canónico - 16 Abr 1825 - Salta, Salta, Argentina Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsFallecimiento - 28 Jul 1885 - Buenos Aires, Argentina Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsEnterrado/a - 29 Jul 1885 - Cementerio de la Recoleta, Buenos Aires, Argentina Enlace a Google Earth
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  • Fotos
    Uriburu Hoyos, Evaristo
    Uriburu Hoyos, Evaristo

  • Notas 
    • Evaristo de Uriburu y Hoyos nació en la ciudad de Salta, "a las seis de la mañana", el 26-X-1796 (día de San Evaristo, Papa y mártir durante las persecuciones del Emperador Trajano, el año 108 de nuestra era). Cuatro días más tarde, en la Iglesia matriz lugareña, al párvulo lo bautizó -- con los nombres de "José Evaristo" -- el clérigo Domingo de Hoyos, su tío carnal, actuando como padrinos el Maestro Felipe Antonio Martínez de Iriarte y de la Cámara y doña Gerónima Martínez de Iriarte Diez Gómez Castellanos de Ruiz Gallo, tatarabuela casi centenaria de la criatura.
      Tras el aprendizaje de las primeras letras, Evaristo estudió gramática castellana y algo de filosofía -- expresan unos apuntes autobiográficos --, y a los 14 años, con sólo aquellas nociones elementales, el muchacho abrazó la carrera militar; convertido en Capitán, mediante un verdadero brinco revolucionario, pués le hubiera correspondido iniciarse como cadete: "vestido, armado y montado por mi padre, con cinco soldados más" -- cual lo recordó el beneficiado --; ello en virtud del ofrecimiento que hizo su progenitor, por septiembre de 1810, a la Junta gubernativa bonaerense, de "pagar 6 soldados ? a nombre de 6 hijitos menores que tiene".

      Guerra y política

      Incorporado al ejército del Norte, el joven Uriburu participa en la escaramuza de Las Piedras, y en las cuatro batallas de Tucumán, Salta, Vilcapujio y Ayohuma; que arrojaron un sangriento "dos a dos" en la cruenta lucha entre Belgrano, por el "nuevo sistema" de la Pátria, y Tristán y Pezuela por el rancio régimen metropolitano.
      Siempre en el frente norteño, Uriburu sirvió a las órdenes de San Martín y de Rondeau. En hora menguada asiste a la derrota de Sipe Sipe; y al asumir de nuevo Belgrano la jefatura de las huestes patriotas, en Tucumán, el Mayor Uriburu (graduado de Comandante) es destinado a La Rioja, al mando de 300 hombres de infantería; efectivos que debía incorporar a la división auxiliar del Coronel Francisco Zelada. Con posterioridad, hallóse Uriburu en la toma de Huesco, capital entonces de la provincia de Atacama. De Huesco con su destacamento se corre hasta Copiapó, y de ahí torna a La Rioja, conforme a instrucciones recibidas de San Martín, que acababa de vencer en Chacabuco.
      Junto al Gobernador riojano, Coronel Benito Martínez, colabora Evaristo en sofocar la sublevación de algunos elementos de tropa volante; cuyos desertores se habían desparramado por los llanos del contorno. Reducidos los rebeldes, Uriburu los conduce a Córdoba; y a lo largo de 22 días -- con sus noches -- en que duró la ingrata comisión, el jefe casi se estuvo sin dormir, por lo que al llegar a destino cayó postrado, gravemente enfermo y a un tris de ser abatido por la muerte.
      Al cabo de la convalecencia, regresó Evaristo a Salta, donde continuaron sus servicios militares en estos distintos regimientos: "Decididos", "Dragones", "Cívicos del Orden", "Patricios" e "Infernales" (de Güemes). Fue ayudante del Gobernador interino José Ignacio Gorriti, cuando éste derrotó al Coronel realista Guillermo Marquiegui, en la jornada del 27-IV-1821, que se recuerda como "Día Grande de Jujuy"; y tuvo también asiento, en 1822, en el Cabildo de Salta (que suprimiría por ley, el 24-XII-1825, la Cámara de Representantes provincial).
      El 1-I-1824 empuñó las riendas del gobierno salteño el General Arenales; y quince meses más tarde (16-IV-1825) éste Gobernador y su consorte Serafina González de Hoyos y Torres (ver el apellido Hoyos), asistieron en la Catedral respectiva al solemne casamiento de su hija María Josefa -- "Pepa" --, con el primo segundo de ella, Evaristo de Uriburu Hoyos. Demás está decir que durante la gestión político-administrativa de Arenales, Evaristo y todos los Uriburu apoyaron, sin reservas, al veterano Brigadier General del ejército de los Andes y Gran Mariscal del Perú y de Chile.
      Derribado dicho prócer de la silla gubernamental, el 9-II-1827, a consecuencia de una revolución que le fabricaron los hermanos Puch, el Coronel Pablo Latorre y el Capitán colombiano Domingo López Matute, con sus 200 llaneros mercenarios, Evaristo Uriburu acompañó a su suegro en desgracia al destierro boliviano. Y allá en Moraya estuvo presente cuando el glorioso vencedor de La Florida, Ica, Nazca, Humanga, Juaja y Pasco, agonizaba rodeado por el afecto de su familia, ante la impotencia del médico Juan Antonio Castellanos, y asistido espiritualmente por su cuñado José Gabriel Hoyos, cura de Talina. Por fin, el 6-XII-1831, Arenales exhaló el último suspiro; "el mismo día y hora que ganó la batalla de Pasco -- anotó don Evaristo en su autobiografía --, tomando prisioneros al General del ejército español O?Reilly, al jefe de la caballería Andrés Santa Cruz y a todo el ejército realista".

      Teniente de Gobernador rosista

      Entretanto Rudecindo Alvarado -- que fuera camarada de Arenales en la guerra del Perú -- gobernaba Salta, y como era "General en Jefe del Ejército Nacional", le extendió (11-VII-1831) los despachos de "Coronel Graduado" a Evaristo Uriburu. Así, con tal ascenso merecido, regresó el yerno de Arenales a sus patrios lares. Y ahí, en uno de los viajes de Alvarado al exterior de la provincia, este delegó el poder ejecutivo de Salta, por breve espacio de tiempo, en el flamante Coronel Uriburu.
      En 1834 don Evaristo era Presidente de la Sala de Representantes; y en 1837, durante la administración federal salteña de Felipe Heredia, al ser designado don Felipe, por Rosas, 2º jefe del ejército argentino en guerra contra Bolivia -- cuyo generalato supremo ejercía el hermano de él, Alejandro Heredia --, nuestro Coronel Uriburu quedó otra vez como Teniente de Gobernador a cargo del mando en la jurisdicción del territorio en que había nacido.
      En tal carácter, Uriburu -- por disposición del titular Heredia que se hallaba en el frente de operaciones -- proclamó con gran pompa a la Virgen del Milagro, Generala y Protectora del Ejército de la Provinciañ en especial, por haber favorecido ella a esos dos regimientos de salteños y jujeños, llamados "Cristianos de la Guardia" y "Restauradores de las Leyes", que frenaron y batieron en Santa Bárbara -- quebrada de Humahuaca --, el 13-IX-1838, a las tropas bolivianas del Coronel Fernando Campero. Asimismo, en la propia ciudad de Salta, a pocas horas de dicho combate fronterizo, el Coronel Uriburu tuvo que sofocar un levantamiento del batallón de milicias "Libertad", tramado a la distancia por el Mariscal enemigo Santa Cruz. Durante toda esa noche don Evaristo y el entonces Coronel Anselmo Rojo, con su compañía "Coraceros de la Muerte", enfrentaron a los rebeldes; los cuales, a costa de sangrientas bajas, fueron sometidos, y, acto continuo, sus cabecillas fusilados.
      A propósito de la antedicha consagración religiosa, Bernardo Frías en sus Tradiciones, no sin malignidad estampa: "Quiso singulizarse Uriburu en el reconocimiento; y para esto, tras las trilladas ceremonias, decretó que el Señor y la Virgen del Milagro serían, de ahí en adelante, patronos de la Santa Causa de la Federación".
      Federal neto, nuestro hombre fue uno de los opositores más conspicuos frente al gobierno de Manuel Solá, que, en 1840, había precipitado a la provincia de Salta contra Rosas; incorporada, junto con Tucumán, La Rioja, Catamarca y Jujuy, en la "Coalición del Norte"; cuya alianza se dispuso correr el albur de las armas unitarias de Lavalle y de La Madrid. Mas los desastres en seguidilla de Quebracho Herrado, San Calá, Lomas Blancas, Machigasta, Sañogasta, San Juan, Famaillá y Rodeo del Medio, dieron por tierra con aquella reacción ilusoria de los enemigos de don Juan Manuel, que sólo provocaron un nuevo y copioso derramamiento de sangre.

      Agente de Rosas y víctima de La Madrid

      Durante el cruento desarrollo de esa guerra civil con trabazones internacionales, Evaristo Uriburu llegó a Salta desde Buenos Aires, a través de Córdoba y de Catamarca, donde lo pusieron preso por sospechoso. Dicho tío bisabuelo mío -- según parece -- venía con instrucciones secretas de Rosas para sus parciales del norte en plena convulsión. En un diario anónimo salteño publicado en 1841, se lee: "Abril 9: Corren rumores que don José Ma. Rodríguez, que huyó de Córdoba y traía correspondencia de Oribe y Pacheco para don Evaristo Uriburu, fue fusilado en Tucumán, por orden de La Madrid. Se habla de un plan combinado de los Uriburu y de don Miguel Otero con Rosas y demás federales". "Abril 10 ? De don Evaristo decía (el Ministro de Solá, Bernabé López) que había recibido 10 mil pesos de Rosas". "Abril 17 ? Se habla de una comunicación del Gral. Pacheco a don Evaristo Uriburu sobre la elección de Otero para Gobernador, haciéndose las más diversas conjeturas y suposiciones en las conversaciones familiares sobre el particular, y sobre la actuación y planes de La Madrid". "Abril 20: Llegó de Catamarca el emigrado Pedro González, quien refirió la ejecución de Rodríguez (José Ma.), diciendo que a éste se le tomaron dos comunicaciones, una dirigida a don Evaristo Uriburu y la otra a don Miguel Otero".
      Entretanto, La Madrid ya había avanzado sobre Salta, y -- refiero Bernardo Frías -- "en marcha no más, mandó a su edecán pidiendo la cabeza de Uriburu. Pero como éste había escapado con tiempo, no la pudo haber, ni a la cabeza de Otero, que también la ansiaba, y se le escapó lo mismo". La Madrid -- agrega Frías -- "en Tucumán, entre otras menudencias, acababa de fusilar al comandante José María Rodríguez ? y le pillaron cartas para Uriburu, que de paso por Córdoba le había encomendado entregar Oribe y también Pacheco ? ¿Cómo dejar que aquel Uriburu se quedara sin cabeza y sin castigo? -- ¡Que paguen los miembros por la cabeza!, se dijo La Madrid ? Con audacia incalificable -- son palabras de Frías -- estropeó y saqueó a la mujer de Uriburu, la hija del General Arenales, y a sus hijos; uno de los cuales ha llegado, con el correr de los tiempos, a presidir la República Argentina".
      A salvo Evaristo en Bolivia, le acompañaban en el exilio sus hermanos Juan (mi bisabuelo) y Camilo, y muchos correligionarios suyos en desgracia, como el Gobernador derrocado de Jujuy Mariano Iturbe. "Malos fueron siempre los emigrados -- discurre Frías -- porque intrigan desde las fronterasñ y estos se propusieron volver a lo que fueron las cosas. Concertaron en que Iturbe invadiría por la garganta de Humahuaca, y Uriburu por el Despoblado, bajando con fuerzas ambos desde Bolivia y sublevando las poblaciones. El asiento de los conjurados era Tupiza, pueblejo casi en la raya. Iturbe conflagraría Jujuy, y Uriburu a Salta, operando simultáneamente, cada uno por su camino".
      La Madrid -- 75 años antes que Frías -- afirmó en sus Memorias: "Uriburu era agente de Rosas, y recuerdo con este motivo que fue tomado en la provincia de Catamarca, marchándose de incógnito a Salta, muy poco después de haber llegado yo a Tucumán desde Córdoba, y que o se fugó de allí, o el Gobernador le permitió pasar sin mi consentimiento". Añade el espadón unitario que Rodríguez, "un sujeto decente de Salta", a pretexto de vender mulas a los bolivianos, espiaba a favor de Oribe. Por eso La Madrid lo prendió en Tucumán y lo hizo pasar por las armas. Registrados los papeles del reo, "encontré carta de Uriburu a Rosas, desde Tupiza, como igualmente otra del mismo para el doctor Lahitte" -- recuerda el fusilador.

      Cartas a Rosas y a Felipe Arana

      He aquí algunas ocurrencias políticas y apreciaciones personales contenidas en dos de las "cartas tupizanas" del desterrado Evaristo Uriburu, y en otra escrita por él en Salta, inflamadas las tres al rojo más superlativo de la exaltación federal.

      * Tupiza, 30-IV-1841 -- "Señor general don Juan Manuel Rosas. Mi general y amigo de todo mi respeto ? En virtud del pasaporte generoso que se dignó V.E. darme, vine a Córdoba, en donde permanecí dos meses sin poder acabar de restablecerme. En ese tiempo observé la debilidad del señor Manuel López, gobernador de aquella provincia: la condescendencia con los unitarios y preponderancia de ellos en circunstancias tan difíciles ? Vista esta inseguridad para mi persona ? e indignado con el traidor pronunciamiento contra la persona de V.E. y nuestra sagrada causa de la Federación del salvaje unitario Manuel Solá, gobernador de Salta, me resolví marcharme a esta provincia por los desiertos de Catamarca y desbaratar tal felonía o perecer, como se lo escribí al señor ministro Arana ? Fuí tomado en esa marcha y conducido a Catamarca, cuyo gobernador me demoró y dió cuenta a los mandatarios de Tucumán y Salta, y estos determinaron mi permanencia allí en seguridad, como agente que me suponían de V.E.; mas a los quince días pude conseguir se me permitiese por el gobernador de Catamarca pasar a Salta, y lo hice sin pisar en Tucumán, presentándome de sorpresa al traidor Solá, con cuya imbecilidad conté, para hacerlo (a mi vez) con las relaciones y larga familia que tenía en el país. Pidió al otro día de mi llegada facultades extraordinarias a los R.R. de la provincia para desterrarme a Bolivia como agente de V.E., mas los dichos R.R. se las negaron y me hicieron conocer que, a pesar de ser hechuras, contaba en este cuerpo con algunas simpatías. Muy luego se ausentó Solá con una división de la provincia para ir a combatir y robar a Santiago, y aprovechándome de esto, hice que la Sala depusiese a Solá y a su ministro el sabandija unitario Bernabé López, y nombrasen de gobernador a don Miguel Otero, quien me ofreció a mí y a todos los federales el pronunciarse a favor de la federación y la persona de V.E. Los malvados unitarios conflagraron a Tucumán y Jujuy contra esta administración, pero pudimos frustrar sus miras, hasta que después de la brillante victoria de Quebrachito (o Quebracho Herrado) se retiró a Tucumán, con los restos de las hordas que se salvaron, el malvado traidor unitario Madrid, e invadió con ellas y con el auxilio, por haberse pasado a él, del unitario Manuel Puch y Pedro José Figueroa con todas las fuerzas de la frontera de la provincia. Entonces, cuando confiábamos que Otero, declarado traidor por Madrid, se sostuviese y nos sostuviese, y estando a una jornada este malvado de la ciudad de Salta, capitula, entregando el mando al unitario Solá y fugando a esta República. Entonces Madrid mandó un edecán pidiendo mi cabeza y haciendo responsable a la provincia y su pícaro gobernador en caso de que me dejase escapar; mas yo pude hacerlo y fugar para este punto, donde me hallo hace un mes y medio. Tomó el malvado al coronel Cabrera, comandante Hidalgo y mayor Mercado y los fusiló; como lo ha hecho también con el ciudadano don José María Rodríguez, padre de familia distinguida, por haberme traído comunicaciones del general Oribe y Pacheco desde Córdoba, que las interceptó dicho Madrid. Tan Luego como he llegado a esta República (Bolivia) he querido hacerme cargo del estado de ella, y he notado con sentimiento que su gobierno está en la mayor debilidad. Que el partido de Santa Cruz, fomentado por el agente de Su Magestad Británica Mr. Wilson, está en el caso de preponderancia, y amenaza todos los días un cambio a la sombra de la apatía del general Velasco, pués se han sofocado tres motines en los cuerpos de más confianza del ejército ? Lo que le convendría a este gobierno y a nosotros es que nuestro ejército se aproxime a esta República. Sostendría al gobierno contra el partido de Santa Cruz, que no nos conviene que se entronice, y apoyando nuestras justas solicitudes sobre la devolución de Tarija y demás que puede tener nuestro gobierno ? También debo decir a V.E. que la opinión de los pueblos es por la Federación ? También he tenido el placer de oir admirar el nombre de V.E. a personas de categoría, y notar el respeto con que lo nombran, lo que me dispensará V.E. le diga que he tenido el gusto de aumentar esa admiración, convenciéndolos de la heroicidad de V.E. en la cuestión con la Francia, que ha asegurado no solo la independencia de nuestro país, sino la de todo el continente americano, como todo el mundo lo confiesa, menos los traidores de algunos de nuestros paisanos. Mañana marcho a tener una entrevista con el coronel Iturbe, que fue desterrado de Jujuy por el malvado unitario Roque Alvarado, que manda allí. Debe asistir también don Fernando Campero, que espontáneamente ha ofrecido entregar la provincia de Tarija cuando V.E. se lo ordenase, y ayudarnos en las empresas que intentemos sobre los malvados unitarios de Salta y Jujuy ? Este señor (Campero) es el marqués de Yavi, que aún cuando antes figuró con Santa Cruz, hoy tiene intereses propios que lo obligan a servirnos bien ? Mis miras son el convenir con Iturbe que moviendo las fuerzas de la Puna e Iruya, cortemos la retirada al malvado Madrid y sus secuaces; él por el Norte y yo por el Oeste, invadiendo a una vez, él a Jujuy y yo a Salta, en combinación. Hecho esto tomaremos algunos pájaros de los más cantores, se los remitiremos a V.E., y a los otros les daremos pasaporte al otro mundo. Con esta canalla unitaria no hay otro remedio. A más de este convencimiento, me han estropeado y robado a mi mujer y a mis hijos. Han proscripto, encarcelado, robado e insultado a mis hermanos, y al menor de 15 años lo han desterrado a esta República. (El aludido menor debe ser su sobrino Pepe Uriburu Poveda, hijo de Dámaso el mayor de la familia). Han talado y robado mis estancias y a mi cabeza la han puesto a tasa, de manera que no me han dejado otro recurso que morir o acabarlos ? Debe ordenarme lo que sea del agrado de V.E. como su decidido adicto, amigo y servidor Q.B.S.M.: Evaristo Uriburu".

      * Tupiza, 30-IV-1841 -- "Señor don Felipe Arana. Muy señor y amigo de todo mi respeto ? Mañana marcho a Sococha en esta República, a tener una entrevista con el coronel Iturbe ? para convenir el mover todo el Norte y Oeste de las provincias de Salta y Jujuy, a ver si podemos (no dejar) escapar a ninguno de los pícaros unitarios a esta República, para donde vendrán, sin duda, cuando los valientes de nuestro ejército los ataquen de frente; por lo que tengo la esperanza de mandarle algunos de obsequio al señor don Juan Manuel, y que otros paguen las muertes y robos con que han desesperado a los pueblos; en los que me prometo que, de hoy en adelante, tendrá el último hombre el mayor rubor de llamarse unitario ? Mi más ardiente deseo es manifestar al señor gobernador, a usted y a todos los héroes de la conservación de nuestra independencia, mi mayor gratitud, adhesión y cariño. Lo mismo ruego a usted tenga la dignación de manifestar a mi señora, digna parienta (?), doña Pascuala, y amable Merceditas, mi más profundo respeto y aprecio, y que me prometo que en breve Dios nos ayudará a acabar y no dejar en el último ángulo de la República un solo unitario, y que en otra oportunidad tendré el honor de escribirle, lo mismo que al señor don Francisco y demás familia, de quienes soy tan apasionado ? Evaristo Uriburu".

      * Salta, 25-XI-1841 -- "¡Viva la Federación! ? Exmo. señor brigadier don Juan Manuel de Rosas. Mi general y señor mío de todo mi respeto: Hace un mes que arribé a esta ciudad de la República de Bolivia, a donde fuí en fuga por salvar mi vida de los alevosos salvajes unitarios. He permanecido ocho meses, y en este tiempo he tenido el honor de dirigir a V.E. dos comunicaciones, con el desconsuelo que habrán sido interceptadas por los salvajes ? He trabajado sobre Tarija a favor de nuestra República; y después tuve ocasión de verme con el general Trigo, vecino de mucha influencia, y con el general Raña, también vecino de allí, y he conocido a estos y otros señores que conservándoles sus destinos y honores, no dudo que sin un tiro nos haremos de Tarija; pero siempre es necesario apoyarlos con una división de nuestro ejército por los primeros tiempos. ¡Que inmensa gloria para V.E. defender los derechos de la América y la independencia de nuestra República, y reintegrarla en toda su extensión! ? Soy apasionado de V.E. y de su respetable familia, por convencimiento, por gratitud y por admiración. He de acreditarlo mientras exista, como ha de ser hasta entonces su muy adicto amigo atento servidor Q.B.S.M. -- Evaristo Uriburu".

      Testimonios sobre la neta actuación federal de don Evaristo

      Por otra parte, el 20-XI-1841, el "coronel de línea del ejército de la provincia de Buenos Aires, Evaristo de Uriburu" (sic), había pedido al Gobernador de Salta Manuel Antonio Saravia, recabara el testimonio del Ministro de gobierno Fernando Arias, del Comandante general Agustín Mariano Zerda, del Coronel Mariano Saravia, del Comandante Guillermo Ormaechea y del "benemérito ciudadano" Nicolás Saravia, acerca de la actuación del infrascripto en los recientes sucesos políticos: Si era verdad que, desde la llegada de Uriburu de Buenos Aires, le oyeron a éste "pública y privadamente llamar traidores a los salvajes unitarios que mandaban en esa época, por ser autores y sostenedores del bárbaro y criminal pronunciamiento del 13 de abril del año 39, y conocieron mi decisión ardorosa por la santa causa de la Federación y por el heroe de la América, nuestro ilustre restaurador de las leyes Exmo. señor don Juan Manuel de Rosas ? Si no ha sido público y les consta, que el gobierno del salvaje Manuel Solá y su inmundo círculo me ha presentado al público como agente del Exmo. gobernador de Buenos Aires. Si no es positivo que trabajé e influí en que se trabaje en derrocar una administración tan perniciosa y funesta al país, como la del salvaje Solá, y en la colocación del actual Excmo. señor gobernador, para salvar mi patria de la horrible mancha que le imprimieron los salvajes unitarios, ligándose con un gabinete extranjero. Si no es cierto que para salvar mi vida tuve que fugar a la República de Bolivia, en compañía del señor Ministro de Gobierno doctor don Fernando Arias, cuando invadió esta provincia el salvaje traidor Madrid, a mérito de habérseme querido prender para fusilarme, como públicamente se dijo después de su entrada a esta capital, y si a pesar de hallarme fuera de la escena, en una república extraña, digan si han oído que he sufrido la proscripción de todos mis hermanos, hasta el menor de edad, que quedó en este país; como el saqueo de mis estancias, vendiéndose públicamente mis ganados en esta ciudad; robarnos una cantidad de onzas de oro que trajo para dos de mis hermanos el correo de la República boliviana; y perseguir a mi esposa con contribución e insultos".
      Pedía Uriburu que el jefe de Policía Martín Antonio Saravia certificara: "Si a los pocos días de mi llegada a esta ciudad de la de Buenos Aires, para julio o agosto del año 40, tuvimos una conversación en casa del distinguido ciudadano don Hermenegildo Diez y Saravia, delante de este señor, del señor Coronel don Mariano Saravia y otros vecinos, en la que le aseguré que, muy luego, nuestro ilustre restaurador salvaría la independencia de nuestra República, transando la cuestión con los franceses, y tan luego como suceda esto sería completamente destruido el salvaje asesino Lavalle y tranquilizado el país. Que era imposible que los pueblos que habían alzado el grito de la anarquía, pudiesen resistir a los inmensos recursos de que podía disponer el gobierno de Buenos Aires; que yo estaba perfectamente impuesto de esta verdad, por haber visto las cosas. Asimismo, diga si en una conversación privada con el mismo señor, en la misma época, le repetí lo mismo; como si conoció mi adhesión a la santa causa de la Federación y a nuestro ilustre restaurador de las leyes, y si oyó decir, en ese entonces, que los salvajes que mandaban me tenían por agente del gobierno de Buenos Aires, y si ha oído que después me han perseguido como a tal en mi persona, familia y bienes".
      Requería igualmente Evaristo que Casimiro Rodríguez declarara: "Si como vecino de la ciudad de Catamarca, sabe hubiese regalado, a mi pasada por esa ciudad de la de Buenos Aires, una espada al salvaje Cubas, o hubiese brindado en contra de la santa causa de la Federación, de nuestro ilustre restaurador de las leyes o de algún jefe de la Confederación ? y si le consta que el salvaje Manuel Solá, que gobernaba en esta provincia, y el de igual clase Bernabé Piedrabuena, que mandaba en Tucumán, se dirigieron al salvaje Cubas para que me prendiese en aquella provincia". Otro tanto debía preguntársele a Eustaquio Gorostiaga.
      "Por no cansar la muy ocupada atención de V.E. -- concluía Uriburu -- no exijo certificados de cincuenta jefes y ciudadanos distinguidos de lo mismo que expreso ? y pido solamente a V.E. se ha de dignar expresar en su decreto final si le consta personalmente mi ardorosa adhesión a la santa causa de la Federación ? Si he estado pronto, sin fijarme en peligros, en la primera época de su gobierno, a marchar ? contra los salvajes unitarios ? Por tanto a V.E. pido expida el decreto final ? para los fines que me convengan; por ser justicia".
      A continuación (6 de diciembre) Mariano Saravia -- "coronel del regimiento nº 3, Brigadier Rosas" -- declaró ser ciertas la visita y las conversaciones de Uriburu en lo de Hermenegildo Diez Saravia; como también los servicios que prestó a la causa Federal y las persecuciones y destierro motivados por su militancia a favor de Rosas. También (7 de diciembre) Fernando Arias ratificó lo antedicho, y agregó que cuando "emigramos a Bolivia, huyendo del traidor Pilón Madrid, el Coronel Uriburu no cesó de propagar en todo el camino el deber en que se hallaba todo argentino de oponerse a este salvaje y de consagrarse al servicio de la Santa causa de la Federación, porque era el verdadero camino de gloria designado por la mano sabia de nuestro ilustre restaurador". Y a estas declaraciones terminantes se agregaron otras del Gobernador de Jujuy, José Mariano Iturbe, fechadas el 17 de noviembre anterior, donde el mandatario jujeño afirmaba: "Que desde el año 33 tuve noticia de la adhesión que el coronel Uriburu tenía a la santa causa federal ? Que últimamente, por el mes de abril de este año, estando yo desterrado por los salvajes unitarios en el punto de Yavi, recibí una comunicación del señor Uriburu, por mano de su hermano el doctor don Pedro Uriburu, invitándome a trabajar contra los salvajes existentes en Salta y Jujuy; que con este motivo tuvimos una entrevista en el pueblo de Sococha, en la República Boliviana, al efecto de tratar el modo cómo debíamos sublevar la Puna, Iruya, Humahuaca y todo el Norte y Oeste de la República. Que desgraciadamente fuimos denunciados por el salvaje Marcelino Bustamante al gobierno de Jujuy, y éste transmitió al de Salta, y al salvaje traidor Madrid, con cuyo motivo el primero destacó al salvaje Cirilo Alvarado, con una partida a que nos prendiera y fusile, según la orden que he pillado en el equipaje del citado salvaje Cirilo. Que sin embargo de este desgraciado incidente continuamos trabajando ? hasta restituirme al punto que ocupo, por la libre voluntad de la provincia y por los espléndidos triunfos que tan gloriosamente ha conseguido el ejército confederado contra los salvajes unitarios".

      Auto de fé federal

      El 25-VII-1842, el Gobernador delegado Manuel Antonio Saravia -- reemplazante de Miguel Otero ido a Buenos Aires a entrevistarse con el Jefe de la Confederación Argentina --, hizo quemar, en la plaza pública de Salta, el acta por la cual Manuel Solá, ex mandatario salteño, se pronunciara contra Rosas (13-IV-1840), coaligándose (24-IX-1840) con los Gobernadores Bernabé Piedrabuena, de Tucumán, Tomás Brizuela, de La Rioja, José Cubas, de Catamarca y Roque Alvarado de Jujuy. De aquel espectacular auto de fé federal se dejó constancia, a su vez, en otra acta que firmaron el Gobernador Saravia, su Ministro Fernando Arias, varios altos funcionarios y un grupo de ciudadanos de categoría, entre estos los hermanos Evaristo, Pedro y Juan N. de Uriburu (mi bisabuelo).

      Las artimañas de Saravia y el desventurado levantamiento de don Evaristo contra aquel

      El Gobernador Miguel Otero, a todo esto, había quedado en Buenos Aires mientras se cumplía lo restante de su gobierno, que finiquitaba el 13-X-1844. Allí, en la sede porteña, Otero fue nombrado por Rosas Ministro plenipotenciario de la Confederación en Bolivia, Perú y Chile; al tiempo que en Salta, el Delegado suyo Manuel Antonio Saravia, aferrado al sillón gubernativo, convocaba a la Legislatura y se hacía elegir Gobernador titular para un nuevo período; aunque se opusiera a ello José Benito Graña (a quien Saravia metió preso), Guillermo Ormaechea (al que expulsó) y un tercer Diputado "perdido entre el natural e inocente olvido de los recuerdos" -- según dice Bernardo Frías.
      En medio de estas ocurrencias, Evaristo Uriburu, que estaba en Tucumán desde diez meses atrás, se había levantado en armas, el 1-IX-1844; y con unos cuantos amigos marchó sobre Salta, a fin de quitarle el mando a Saravia e impedir que éste prolongase su autoridad, haciéndose designar allí, mediante coacción, primer mandatario.
      Pese a que Saravia era cuñado del caudillo santiagueño Felipe Ibarra, don Evaristo considerándose "federal más neto" que aquel, se dispuso a derrocarlo. Empero Saravia -- dicho "Guacelencia" en guasa, por guaso -- reunió la milicia en defensa de su autoridad. "Yo no llevaba un soldado, no contaba sino con la simpatía de los leales federales" -- le escribió don Evaristo al Ministro de Rosas, Felipe Arana. Comoquiera, Uriburu ocupó la ciudad y -- tras renunciar "a todo destino que el pueblo me diese" -- arregló las cosas para que resultara nombrado Gobernador provisorio el "ciudadano don Francisco Ortiz" (que no debe ser confundido con el gran aborrecedor de los Uriburu, a partir de 1864, el Dr. Francisco -- "Pancho" -- Ortiz Alemán).
      Al otro día de esa promoción sediciosa, avanzó Saravia al frente de 1.500 hombres, decidido a retomar el poder. Uriburu sale a contenerlo, seguido tan sólo de 218 combatientes mal armados. El choque inevitable se produjo (9-IX-1844); y como en campo raso 1.500 guerreros arrollan siempre a 218, nuestro Coronel no encontró más alternativa que apretarse el gorro hasta Bolivia, para salvar su cabeza de la furia elemental de "Guacelencia".
      Este, por cierto, sin pararse en tiquismiquis, derramó sus venganzas sobre los enemigos políticos; a quienes encarceló, engrilló e impuso contribuciones forzosas. A la familia del prófugo Uriburu le arrancó 13.000 pesos fuertes, señalándole además el camino del destierro. Dispuso también Saravia (22-IX-1844), el embargo de los ganados de las estancias "Ampascachi", en la Viña, y "Pampa Grande", en Guachipas, que poseía el "cabecilla invasor y anarquista" Evaristo Uriburu. Tales campos pertenecían a la mujer de éste, Josefa Arenales, que los había heredado de su padre, el famoso General. Por tanto, doña Pepa -- basada en las leyes provinciales de 1834 y 1840 que prohibían a los Gobernadores confiscar o embargar intereses -- presentó una reclamación a la Sala de Representantes. En dicho escrito la señora puntualizaba que su marido "vino a su país a librarlo de una ignominia insoportable, como salteño y como patriota; vino apoyado en la opinión pública a salvar a sus paisanos de la oprobiosa abyección en que yacían y desasperaban ya de un poder intruso, usurpado y muy mal administrado"; agregando que se alejaba ella, "sin pesar de este teatro de horror (Salta) y de incalculables represalias, para no ser espectadora de desgracias de mi patria; pero llevo gravado en mi corazón el más profundo pesar al dejar una madre sumamente querida, hermanos, deudos, tan amados, de quienes había creído que no podría separarme sino con la muerte. Dejo mis tiernas relaciones -- añadía --, dejo mi casa y mis comodidades, a los que estuve acostumbrada desde que nací, porque jamás conocí la escasez. ¡Oh Padres de la Patria -- terminaba -- poned remedio a tantas calamidades!"

      Salta y los Uriburu después de Rosas

      No pasaron diez años, y excusado es decir que la caída de Rosas modificó totalmente la circunstancia histórica del país. Urquiza presidía a la Confederación Argentina constitucionalizada; Buenos Aires habíase escindido del conjunto de las provincias hermanas; todo había cambiado: hombres nuevos o renovados impulsaban la vida nacional dentro de estructuras recientemente importadas; y el veterano rosista Evaristo Uriburu sabría también adaptarse al cambio inevitable; sin mengua de su predicamento político en el escenario salteño. Así, cuando en 1855 una Convención Nacional -- conforme a los artículos 101, 102 y 103 de la Constitución Nacional -- dictó la Constitución de Salta, Presidente de dicha asamblea fue el Coronel Evaristo de Uriburu; actuando como Secretario el hijo de éste, José Evaristoñ y entre los miembros constituyentes de la misma, figuraron: el Canónigo Pio Hoyos, tío carnal del Coronel Evaristo, sus hermanos Juan Nepomuceno Uriburu (mi bisabuelo) y Pedro Uriburu, el sobrino José Uriburu Poveda y varios deudos más de la politiquera familia que me ocupa.
      En el curso de aquel año 55, la administración del General Rudecindo Alvarado designó al Coronel Evaristo Uriburu integrante de dos comisiones: una junto con Francisco Astigueta y Atanasio Ojeda, encargada de la construcción del Cementerio; y otra para proyectar la ley de régimen municipal, en compañía de Andrés de Ugarriza y de Isidoro López.

      La infausta Revolución de los Uriburu. Don Evaristo es apresado; luego abandona Salta con los suyos y se instala en Buenos Aires hasta el fin de sus días

      En 1864, el Coronel Evaristo -- ya senescente consumado, iba para los 68 octubres -- combatió en la "revolución de los Uriburus", junto a sus hijos, sobrinos y hermanos, en defensa de la parentela que detentaba el mando atrincherada en la ciudad; resistiendo los asaltos del 27 y 28 de marzo, en que las fuerzas atacantes del Coronel Pedro José -- "Peque" -- Frías y sus subordinados Juan Solá, Emilio Torres, Felipe López, Francisco Centeno y Guillermo Wilde, fueron repelidas con bajas de 9 muertos y 2 oficiales y 20 o 25 soldados heridos -- ignoro las pérdidas del bando uriburista que defendía los cantones (el cadete José María Uriburu Arias, futuro General, recibió un balazo en la pierna).
      Caída la plaza al amanecer del 4 de abril, el viejo Evaristo cayó también prisionero y lo engrillaron con ignominia los vencedores ebrios de venganza -- como lo documento, al por menor, en la biografía de mi bisabuelo Juan Nepomuceno.
      Al cabo de un mes y 14 días de vejaciones, el recluso quedó libre, y con su mujer y parte de los suyos se ausentó a Jujuy. Del epistolario de Gregoria Beeche de García -- vivaz chismerío político y familiar de la Salta de entonces, transmitido al hijo Adolfo, andariego negociante --, destaco, con ortografía correcta, estas noticias: (9-VI-1864) "? Siguen los presos (en el Cabildo) pero se dice que don Evaristo sale a la casa de don Victorino Solá que es su fiador. Hasta hoy no le he visto la cara a Manuela, ni a ninguna de esa familia. Los recelo porque dicen que están furiosos todos". (Gregoria Beeche, aunque furibunda antiuriburista, era consuegra de don Evaristo, por suegra de Manuela Uriburu Arenales, viuda de su hijo Sergio García Beeche; y aquel Victorino Solá, hospitalario fiador de don Evaristo, era -- volteretas de la vida -- propio hermano de Manuel Solá que fuera el Gobernador unitario de la Liga del Norte contra Rosas, a quien antaño Evaristo Uriburu contribuyera a derrocar). -- (18-VII-1864) "Don Evaristo salió de la prisión dando 500 pesos por junto, y eso de empréstito, y la misma noche se largó a Jujuy con el Evaristo chico". -- (27-IX-1864) "Se ha largado a Jujuy Pepa Arenales con Julia (Uriburu, su hija) y las niñas y Federico (Uriburu, marido de Julia) ? En este momento me escribe un papelito Manuela (nuera suya) avisando que la han venido a llevar a Jujuy, y que se marcha ahora mismo. Nos hacen alarmar estas gentes, quien sabe que plan tendrán para estar sacando toda la familia de Salta, y quitarme los niñitos (sus nietos Nicolás y Sergio García Uriburu) que será la muerte para mí". -- (20-XII-1864) "Está trabajando esta casta infernal (sic, la familia de Uriburu) en desviar a los niñitos de mí, y estando Nicolasito en Salta no le veo la cara ? Manuela le escribe de Jujuy a Deidamia (García Beeche, la cuñada) diciéndole que decimos a cada paso Uriburu al niño, y que le hacemos odiar el apellido que con honor lleva ella, y de este modo van desviando a los niños, siendo el único consuelo que tengo estas criaturitas ? según dicen se piensan trasladar todos a Tucumán ? la venida de Julia ha sido vender todo lo que han tenido en la casa, y creo que don Segundo Bedoya ha comprado la casa también en $10.000, así que se van para siempre". -- (17-I-1865) "Hacen 7 días que doña Manuela Uriburu mandó llevar a Nicolasito a Jujuy. Ya se ha mudado Bedoya a la casa de don Evaristo con su familia ? Dice Julia que todos se van a Tucumán, que las llama Asunción (Uriburu, la hermana, casada con Francisco Valdés) ? A Deidamia le escribe Manuela que ya no piensan volver a Salta, porque no podrían ver en otro poder la casa en que habían vivido con tanta comodidad, pero yo digo siempre que cuando había de pensar que el pato de la boda era yo, con la ambición de los Uriburus, para que me arranquen a los niños y me amarguen la vida!"
      Don Evaristo, Pepa Arenales y varios de sus hijos se alejaron pues, de Salta; y, luego de pasar por Tucumán, se instalaron en Buenos Aires, en una amplia casa baja que compró el jefe de la familia en la calle San Martín, entre Tucumán y Viamonte, con frente mirando al Oeste. Allí -- dice Carlos Ibarguren en La historia que he vivido -- "yo me sentía como en mi casa ? Mi tío abuelo el Coronel Evaristo Uriburu tenía entonces cerca de noventa años ? En esa casa de la calle San Martín me vinculé fraternalmente, desde mi infancia, con mi primo Alberto Tedín Uriburu ? y con otro primo, Eduardo Girondo ? La abuela de Alberto y de Eduardo, mi tia Pepa, condecorada por San Martín con la Orden del Sol, que ostentaba en un cuadro, me infundía un cierto temor por su expresión seria, la mirada severa de sus ojos grandes y el tono autoritario de su voz, a diferencia de su marido, cuya faz amable y sonriente denunciaba dulzura y bonhomía; dijérase que el guerrero de la independencia era la hija del rígido Mariscal de San Martín y no su esposo el Coronel don Evaristo. Ese hogar -- recuerda Ibarguren -- estaba impregnado de tradición y de historia, todo contribuía a ello: el jefe de la familia, el recuerdo vivo de Arenales, los objetos que le pertenecían, la espada de sus campañas libertadoras, que sacábamos a hurtadillas con Alberto para jugar con ella ? A ese hogar, con mucho hijos y nietos, pertenecieron personas cuyos nombres ha recogido la historia: el General Napoleón Uriburu, de gallarda silueta, guerrero del Paraguay y conquistador del desierto; su hermano mayor don José Evaristo, que siendo nuestro representante diplomático en Santiago de Chile fue elegido Vicepresidente de la República y la presidió después; el cadete José Félix Uriburu, que visitaba a sus abuelos cuando estaba franco del Colegio Militar, cuyo destino lo llevaría también, mucho años más tarde, a la primera magistratura de la Nación".
      Evaristo de Uriburu y Hoyos franqueó los confines de la vida en Buenos Aires el 28-VII-1885, al filo de los 89 años de edad. Su mujer, doña Pepa Arenales -- que había nacido en Salta el 1-XII-1807 -- murió pisando los umbrales de los 83, el 15-VI-1890. [3]

  • Fuentes 
    1. [S451] Medrano Balcarce, Juan Manuel, Medrano Balcarce, Juan Manuel, (jmedrano76(AT)hotmail.com).

    2. [S784] Chirico, Gabriel, Chirico, Gabriel, (gabrielchirico(AT)hotmail.com).

    3. [S112] Los Antepasados, A lo largo y más allá de la Historia Argentina, Ibarguren Aguirre, Carlos Federico, (Trabajo inédito).