Dámaso Uriburu Hoyos, (*)

Varón 1794 - 1857  (63 años)


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  • Nombre Dámaso Uriburu Hoyos 
    Sufijo (*) 
    Nacimiento 1794  Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    • El acta de bautismo (folio 98) no aclara día de nacimiento, dice que tenía "meses y días".
    Bautismo 29 Ene 1795  Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [1
    • Padrinos de bautismo: Domingo Funes y Francisca Aguirre de Hoyos, su abuela.
    Sexo Varón 
    Fallecimiento 1 May 1857  Sucre, Chuquisaca, Bolivia Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    ID Persona I34903  Los Antepasados
    Última Modificación 12 Feb 2018 

    Padre José Uriburu Basterrechea,   n. 12 Sep 1766, Mendata, Vizcaya, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Madre Manuela del Carmen Hoyos Aguirre,   n. Dic 1772, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 10 Ene 1831, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 58 años) 
    Casado 10 Sep 1792  Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [2
    ID Familia F14471  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia 1 Teresa del Rosario Poveda Isasmendi,   n. 27 Ago 1795, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 20 Sep 1876, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 81 años) 
    Casado Tipo: Relación de hecho hacia 1821  [1
    Hijos 
    +1. José Uriburu Poveda, (*),   c. 15 Oct 1822, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 23 Jul 1897, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 74 años)
    Última Modificación 19 Oct 2010 
    ID Familia F14495  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia 2 María Rita Cabero Canal,   n. 1819, Sucre, Chuquisaca, Bolivia Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 17 May 1904, Sucre, Chuquisaca, Bolivia Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 85 años) 
    Casado 3 Ene 1835  Charcas, Bolivia Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Hijos 
    +1. Virginia Uriburu Cabero,   c. 30 Mar 1836, Bolivia Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 1871, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 34 años)
    +2. Manuela Uriburu Cabero,   c. 1837, Sucre, Chuquisaca, Bolivia Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 19 Ene 1907, San Nicolás de los Arroyos, Bs. As., Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 70 años)
    +3. Benita Uriburu Cabero,   c. 1838, Sucre, Chuquisaca, Bolivia Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 16 Abr 1909, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 71 años)
     4. José Dámaso Uriburu Cabero,   n. 11 Abr 1841, Salta, Salta, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 9 May 1908, La Plata, Bs. As., Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 67 años)
     5. Juana Luisa Uriburu Cabero,   c. 3 May 1842, Sucre, Chuquisaca, Bolivia Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
     6. Severino Uriburu Cabero,   n. 12 Jun 1843, Sucre, Chuquisaca, Bolivia Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
     7. María Angela del Carmen Uriburu Cabero,   n. 29 Jul 1844, Sucre, Chuquisaca, Bolivia Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
    +8. Manuel Benjamín de Uriburu Cabero,   n. 28 Mar 1846, Sucre, Chuquisaca, Bolivia Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
    +9. Carlota Uriburu Cabero,   n. Sucre, Chuquisaca, Bolivia Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
    Última Modificación 20 Jul 2013 
    ID Familia F465  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Mapa del Evento
    Enlace a Google MapsNacimiento - 1794 - Salta, Salta, Argentina Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsBautismo - 29 Ene 1795 - Salta, Salta, Argentina Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsCasado - 3 Ene 1835 - Charcas, Bolivia Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsFallecimiento - 1 May 1857 - Sucre, Chuquisaca, Bolivia Enlace a Google Earth
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  • Notas 
    • Dámaso de Uriburu y Hoyos, el cual nació en Salta el 15-1-1795, y allí lo bautizaron 14 días más tarde con los nombres de "José Dámaso", apadrinado por el clérigo Dr. José Domingo Frías Castellanos, "vecino de Córdoba" y por su abuela materna Francisca de Aguirre, ante los testigos el "Doctor y Coronel" Mateo Saravia Jáuregui y "Juana Gallo" (Juan Ruiz Gallo de Aguirre), la bisabuela del párvulo, que murió posteriormente, el 5-III-1796. Cuenta Dámaso en sus Memorias que, a comienzos de 1808, sus padres lo enviaron a Córdoba, donde ingresó en el Colegio de Montserrat. Era entonces rector del establecimiento el Dean Gregorio Funes, y el alumno tuvo como profesor de teología al futuro General y Gobernador de Tucumán Alejandro Heredia, y como condiscípulos, entre otros, a los futuros Generales José María Paz y Rudecindo Alvarado, y al joven Luis Fernández de Córdoba, nacido en Buenos Aires en 1798, futuro diplomático y famoso General en España, vencedor de los carlistas en la batalla de Mendigorría (hijo del General Realista José de Córdoba y Rojas, fusilado por Castelli tras la acción de Suipacha, junto con el Mariscal Vicente Nieto y el Gobernador Francisco de Paula Sanz).
      También entre los compañeros "montserratinos" de Dámaso que se adhirieron con él a la Junta revolucionaria porteña en carta a su Presidente Cornelio Saavedra, figuran Bonifacio Gallardo, Cayetano Campana, Leonardo Oro, Juan Francisco Valdés y Juan Francisco Borja Fernández, según lo publicó La Gazeta de Buenos Ayres el 9-IX-1811. En la docta ciudad cordobesa Uriburu había conocido a Liniers, y no pudo "olvidar el aire noble de su fisonomía, el elegante y magnífico porte de su persona, todos accidentes propios de un héroe, que añadía a ellos, para realzarlos, la sencillez y cortesía más francas y la mayor amabilidad". "Muchas veces tuvo el autor - expresan sus Memorias - la ocasión de ver y admirar a este gran personaje, pues aún estando de Virrey, colocó a sus tres hijos más jóvenes en el colegio". (José Atanasio, Mariano Tomás y Santiago Liniers y Sarratea).

      Fusilamiento de Liniers, "sansculotismo" morenista y curso posterior revolucionario

      El fusilamiento de Liniers y sus seguidores produjo en Córdoba hondo malestar, horror y descontento. "Estaba acuartelado en la casa de ejercicios, contigua al colegio de Montserrat, un batallón del regimiento de patricios - Dámaso comprobó el suceso - y fue preciso encerrarlo en el cuartel y vigilarlo mucho, como a los otros cuerpos estacionados en el mismo cuartel general, temiendo una conmoción a mérito de ese fatal acontecimiento". "Ese sansculotismo filosófico que había propagado en el mundo el ejemplo de algunos períodos bien lamentables de la revolución francesa", prevalecía en la Junta gubernativa de Buenos Aires - discurre mi pariente, el cual no hace buena remembranza de "los señores Moreno, Castelli y Vieytes", quienes, "según se dijo en su tiempo, eran los representantes de la doctrina mal aplicada de esa secta política, que pretendía, a ejemplo de la que le servía de modelo, regenerar el orden político y social de estos países por medio de la sangre y crímenes que jamás han servido sino para justo descrédito de la mejor causa". "No es de extrañar que desde entonces empezase esa numerosa defección, que abandonando la causa de los americanos, ya tiznada con estos sangrientos e inútiles excesos, predispusiese el próximo triunfo de los mandatarios españoles". "El espíritu público de los pueblos del interior - sigue Uriburu - había singularmente desmayado, en la generalidad, a fines del año 11, sea por los reveses que habían padecido sus armas, sea porque disminuyendo los recursos públicos fue necesario acudir a las propiedades particulares, cosa nueva en estos países en que el derecho de propiedad había sido siempre respetado religiosamente. Pero la principal causa de su desaliento debe encontrarse en la mala conducta de algunos agentes de la autoridad suprema en las provincias, en su inexperiencia y falta de tacto y tino con que practicaban su influencia a hombres sin crédito en ellas, por su notoria inmoralidad". "Eran contados los patriotas decididos que sostenían con ardor la acción del gobierno. La masa de los habitantes, muy principalmente de la gente de las campañas, sino era hostil, a mérito de las continuas exacciones que sufrían en sus personas, arrancadas violentamente de sus hogares para el ejército, sin regla ni orden alguno, y de sus propiedades que estaban expuestas a los mismos ataques, era indiferente al triunfo de los realistas o patriotas". Pero cuando vino a ponerse al frente de las fuerzas revolucionarias Belgrano, éste, "con aquella actividad y energía que nadie poseía, se dedicó a aumentar el ejército con reclutas que le fueron de todas partes, a organizarlo e inspirarle esa moral y elevación de sentimiento que ningún General, de los muchos que figuraron en la revolución, supo inspirar tan bien a sus tropas".
      Así las cosas, Dámaso Uriburu regresa a Salta sin haber alcanzado a doctorarse en Córdoba. Sus hermanos Evaristo y Vicente revistaban ya como oficiales en el ejército de Belgrano, mientras que el cursante abogadil, debido a su precaria salud, no correría los albures de la guerra. Por tal motivo fue espectador de la batalla de Salta sin riesgo alguno, "desde una altura"; y, más tarde, acompañó a su padre realista al destierro en la provincia de San Juan.
      A fines de 1814 Dámaso se encontraba en Mendoza, cuando llegó del otro lado de la cordillera, corrida tras la derrota de Rancagua, la numerosa emigración chilena con sus más ilustres jefes que salvaron de la catástrofe: José Miguel Carrera y sus hermanos, Luis, Juan José y Javiera Carrera "muy distinguida por su belleza y por el firme y varonil carácter que desplegó después en el largo infortunio"; Bernardo O'Higgins, "uno de los primeros y más intrépidos campeones de la libertad de Chile"; "el noble Mackenna", "que al poco tiempo murió en Buenos Aires, en un duelo que tuvo con Luis Carrera".

      Güemes y sus gauchos

      Más adelante, el autor estampa en sus Memorias que en Salta, Martín Miguel de Güemes tenía en continuo movimiento y reunido al paisanaje, a fin de que "sirviera de dócil instrumento para sus miras ambiciosas, que ya empezaban a traslucirse, por la independencia que afectaba de la autoridad suprema de la provincia, por mil ataques que se permitía a los derechos de propiedad de los otros vecinos, que arbitrariamente sacrificaba para remunerar los servicios que habían hecho sus gauchos". Güemes pertenecía a una familia respetable - admite Uriburu, ya su adversario enconado -, pero lo caracterizaba "un espíritu de insubordinación y una notoria disposición de conducta". Sus gauchos "cometía muchos desórdenes, exesos y depredaciones, que fácilmente pudieran haberse evitado por el comandante Güemes, si hubiera estado en sus miras y cálculo establecer alguna disciplina entre el paisanaje dócil, moral y susceptible de toda regla que quisiera establecerse, pero era este el sistema que desde entonces empezó a planificar con una perseverancia inalterable".
      Si hemos de creerle a Dámaso, la acción gubernativa de Güemes "correspondía exactamente al plan que se había formado de erigir una soberanía independiente en la provincia de Salta. Para verificarla empezó haciendo callar todas las leyes, creando nuevos y distintos intereses de los de la comunidad en la milicia irregular, que escogió como un instrumento dócil a sus planes, formando una especie de aristocracia militar compuesta de los comandantes y oficiales de aquella milicia, que a la vez participaba en su señorío, pero en directa dependencia del señor feudal. Llevando a efecto tales proyectos - insiste Uriburu -, concibió Güemes la planificación de una especie de ley agraria, en virtud de la cual se despojaba violentamente a la gran mayoría de los propietarios de la provincia de sus bienes, con el decreto que promulgó e hizo ejecutar, dispensando a todos los gauchos de la obligación de pagar arriendos a los propietarios de las tierras que ocupaban. De este modo, aquellos quedaron dueños de casi todo el territorio de la provincia, y éstos en la infortunada condición de un súbito y completo despojo".
      Por lo demás, Güemes hostilizaba a los oficiales del ejército - diremos - "nacional", que transitaban por territorio salteño. Cuenta Dámaso que el General Martín Rodríguez "marchaba con su secretario el doctor Malavia por el camino real de la posta, entre el punto de la Cabeza del Buey y de Ciénaga, cuando fue atacado por una partida de gente armada, que saliendo del monte les hizo una descarga y los acometió. Prófugos y dispersos, el General Rodríguez y su comitiva se reunieron con mil trabajos en la posta del Pasaje, pero todo su equipaje fue saqueado, y lo más curioso de esta aventura fue que muchas prendas del botín fueron depositadas, de orden del Gobernador, en la aduana de Salta, para que se remataran de cuenta del Estado". Con tales ocurrencias, que a cada triquitraque sucedían, era muy fácil calcular la proximidad de un choque inevitable entre el ejército y Güemes, que no disimulaban su mutua rivalidad. Y así sobrevino el conocido conflicto entre el Caudillo y Rondeau, y la retirada del ejército del Norte a Tucumán.
      Las divergencias de los patriotas manteníanse reticentes en aquellas fronteras al tiempo de invadir La Serna, por Jujuy, el territorio salteño. El "abogado del diablo" de Güemes, lealmente, sin diablura, expresa en sus Memorias: "No se puede omitir, sin contrariar la imparcialidad histórica, el justo tributo de elogio a la conducta hábil, activa e infatigable de don Martín Güemes, quien dando una diestra dirección a la imponderable bravura de los gauchos, desplegó muy especialmente en esta primera época de tan brillante campaña, todas las virtudes y talentos de un hombre nacido para acaudillar y conducir tan esforzado paisanaje. Empero Güemes miraba casi con iguales celos y ojeriza a uno y otro ejército (el realista y el de Buenos Aires), y no quería hacer participar a nadie del honor de defender a la provincia de Salta, que en realidad defendía noble y heroicamente, pero - recalca Uriburu - sus miras no se elevaban más lejos de este reducido objeto".

      La Serna en Salta

      A continuación apunta Dámaso que, el 16-IV-1817, cuando las tropas de La Serna ocuparon la ciudad salteña, en los choques que ocurrieron en las afueras del poblado "hubo de ser envuelto el autor de estas memorias, pues tanto él como muchos otros jóvenes conducidos por un ardor inconsiderado y juvenil, salieron a la escaramuza, y en la confusión de la retirada, fue él y otro compañero (Pablo Zenarruza) cortado por los enemigos: éste tuvo la desgracia de ser asesinado a su vista por el comandante español don Andrés García Camba, en cuyas manos cayó, y el autor debió a la casualidad haber escapado de igual suerte". "Al día siguiente de la ocupación de la plaza (Dámaso) fue obligado a presentarse al General La Serna, quien recibiéndolo con la bondad y atención que le eran características le tomó personalmente declaración sobre las fuerzas de Güemes, las del ejército estacionado en Tucumán, y muy especialmente, con manifiesto interés, sobre la campaña del General San Martín en Chile, batalla de Chacabuco y ocupación de todo ese país a consecuencia de ella. El autor declaró francamente cuanto sabía - prosigue éste -, y siendo interpelado repetidas veces acerca de dicho último suceso, como que se dudase de la verdad de su relación, ofreció presentar y presentó las gacetas de Buenos Aires, en que estaba consignado muy circunstancialmente; en vista de ellas cesó toda incertidumbre, y tuvo - el interrogado - la complacencia de ver la desolación y abatimiento que causó en el ánimo del General La Serna la noticia de tan fausto acontecimiento. Este General - agrega Uriburu - era un hombre alto, de majestuosa presencia, y de una fisonomía de las más nobles que haya visto jamás el autor"; que conoció también a Gerónimo Valdés, "entonces jefe del estado mayor del ejército", e "igualmente a todos los demás jefes recientemente venidos de España, con algunos de los cuales tuvo particular relación, y puede asegurar en general que eran personas muy ilustradas, distinguidos caballeros, y muy dignos de la nombradía y fama que justamente adquirieron después por sus altos hechos".
      Asimismo Uriburu recuerda que La Serna, molesto por las continuas guerrillas que les provocaban las partidas de Güemes a sus soldados, resolvió "dar un golpe vigoroso a los gauchos en sus mismas guaridas". A tal fin dispuso el General, con micho misterio, la salida de una columna de 2.000 hombres al mando del Coronel Gerónimo Valdés, "pero no pudo hacerse el apresto con tanto disimulo que no lo trasluciera y supiera el autor de estas memorias, quién en el acto comunicó este aviso al oficial de gauchos que estaba más cercano a la ciudad, para que lo trasmitiera rápidamente a todo el territorio amenazado"; y a eso de las diez de la mañana siguiente, cuando los españoles acampaban desprevenidos en la hacienda "El Bañado", a doce leguas de Salta, cayeron sobre ellos los gauchos guerrilleros desbaratándolos por completo.
      Estos asaltos sorpresivos llevaban miras de no terminar; y "el 6 de marzo a la noche - los párrafos pertenecen a Uriburu - púsose en retirada el ejército bien descalabrado y en un estado de desmoralización consiguiente a los muchos y repetidos contrastes que sufriera ... El bravo paisanaje de la provincia de Salta se cubrió, en esta célebre campaña contra uno de los ejércitos del Rey de España más fuerte, aguerrido y mandado por los mejores Generales, de una gloria espléndida e inmortal ... Cábele también a su jefe don Martín de Güemes - se ve obligado a reconocer el cronista - una parte no pequeña en los copiosos e inmarcecibles laureles que se recogieron en esta campaña memorable. Así como los comandantes Manuel Eduardo Arias, Rojas, Ángel Manolo Zerda, José Francisco Gorriti, Pablo Latorre, Mariano Zavala, Luis Burela, Pedro Zavala y muchos otros jefes de menos nombradía, que se distinguieron tambiénpor rasgos de intrepidez, valor y patriotismo, que fueron generales en toda clase, condición y aún sexo, de la provincia de Salta".

      "La patria nueva". Motín contra Güemes. Reacción de éste y su ulterior muerte

      Lo que quedó en el tintero sin escribirse por nuestro Dámaso, es que él, llevado por los vaivenes de la política, fundó en 1819, junto con Facundo Zuviría, Marcos Salomé Zorrilla y otras personas ilustradas y liberales de Salta, el grupo de "La Patria Nueva" - suerte de réplica del partido que ese año estableció en Buenos Aires la Constitución unitaria, y que luego tuvo por lumbrera encandilante a Bernardino Rivadavia. Los jóvenes de la "Patria Nueva", dogmáticos y constitucionalistas en abstracto, se oponían concretamente al absolutismo paternal del gobernador Güemes, quien acaudillaba - demagogo a la criolla - a su gauchaje y parciales del bando llamado "La Patria Vieja", por llevarle la contraria a aquella "Nueva", de ideológica textura.
      En 1821 Güemes - a despecho de lo afirmado por Dámaso Uriburu en sus Memorias - proyectaba realizar una campaña sobre el Perú, a fin de combinar sus fuerzas con las de San Martín, y abrirle un segundo frente a La Serna. Estos planes ofensivos fueron obstaculizados por el Gobernador de Tucumán Bernabé Araoz; entonces el caudillo salteño se enredó en un conflicto armado contra el tucumano. Y sucedió que mientras el primero se hallaba cerca de la raya divisoria con los dominios del otro, el Cabildo de Salta, que integraban los Alcaldes Saturnino Saravia y Manuel Antonio López y los Regidores Dámaso Uriburu, Baltasar Usandivaras, Gaspar José Sola, Mariano Echazú y Francisco J. Maldonado, organizó una revolución, o mejor dicho un golpe de estado.
      En efecto: el 24-V-1821, esos capitulares conjurados - adeptos al credo de la "Patria Nueva - con apoyo de otros compañeros de causa: Facundo Zuviría, Marcos Salomé Zorilla, Mariano Benítez, José Gurruchaga, Pedro Antonio Arias Velázquez, José María Labora, Bonifacio Huergo, para citar algunos conocidos, acordaron "cortar la infernal guerra contra la heroica provincia de Tucumán", y que Güemes "quedase depuesto para siempre, para quedar sacudidos de su abominable yugo"; en tanto nombraban Gobernador interino al Alcalde de 1er voto Saturnino Saravia y Comandante general de armas al Coronel José Antonino Fernández Cornejo.
      La comunicación oficial a Güemes de su derrocamiento la redactó Dámaso Uriburu, y el caudillo pudo enterarse por ese documento que: "Con todo el lleno de magestad y energía propio de un pueblo cansado de sufrir los males que su capricho le ha causado en los seis años de la más penosa esclavitud en que ha gemido bajo el execrable yugo con que se le ha traicionado, se reunió ayer el 24 del que rige, en la Sala Capitular, a sancionar con el mayor júbilo, la cesasión de la guerra, injustamente en opinión de sus votos, sostenida contra su predilecta provincia hermana del Tucumán; quedando en consecuencia Ud. legitimamente depuesto de la magistratura que no mereció, y borrado en el todo del catálogo de ciudadano, por los crímenes con que ha manchado hasta el nombre americano, como se convencerá por la copia adjunta del acta que le remito para su conocimiento. A vista de ella, requiere e intima a Ud. esta Corporación, a nombre del pueblo, tropas y jefes militares que suscribieron la expresada acta, el cese total del mando a su recibo, sin dilación alguna; retirándose de los confines de la provincia, hasta que ella y según las circunstancias le ordene su regreso; y dimita igualmente el mando de las tropas que acaudilló para el cúmulo de sus exesos; en la inteligencia que esta provincia, que tuvo la heroica resolución de decretar la proscripción de Ud., sabrá, apoyada en las medidas ciertas de seguridad con que cuenta, sostenerse con todo el despecho de que se haya poseída, llevando a cabo la ruina y exterminio que ha jurado contra el tirano que quiere turbar su sosiego". - Salta 25 de mayo de 1821. Y firmaban los cabildantes antedichos. (Ciento diez años después, al inaugurarse en Salta la estatua de Güemes, un nieto relevante de don Dámaso, el Presidente de la Nación, Teniente General José Félix Uriburu, acaso sin advertir que contradecía el apasionamiento de su abuelo, dijo estas palabras justicieras: "No puede la historia mencionar la epopeya emancipadora, sin referirse al General don Martín Miguel de Güemes, como no puede nombrarlo sin asociarlo inmediatamente al benemérito pueblo de Salta ... Sin el glorioso baluarte del norte, donde se estrelló el genio militar de Pezuela, no habría sido posible la extraordinaria concepción del Gran Capitán y, por tanto, la libertad de los pueblos de América. No fue - Güemes - solamente un conductor de hombres dispuestos a marchar donde el los llevase, sino el creador de una táctica nueva que concibió y realizó en una de las campañas más difíciles y audaces de nuestra historia militar ... Güemes encarna y representa el espíritu nacionalista. A él, como a tantos otros varones ilustres le debe la Patria su existencia").
      Sabido es que la reacción de Güemes frente a aquel osado levantamiento comunal fue inmediata. A la carrera, seguido de unos 600 gauchos, se vino sobre Salta. Los revoltosos contaban sólo con el cuerpo de "artesanos" - calificado de "patricios" - al que formaron en batalla en aquel campo de Castañares, a la espera del depuesto Gobernador. Y cuando este apareció de repente con sus jinetes el 31 de mayo, aquel aparato belicoso destinado a sofrenarlo, se disolvió sin disparar un tiro. Salvo el balazo que Bonifacio Huergo le dirigió bajo capa a Güemes, con tan mala puntería como alevosa intención.
      Bernardo Frías, apologista del caudillo, refiere que este al penetrar en la ciudad dio "licencia a sus gauchos para que entraran al saqueo de las tiendas y casas de sus conocidos enemigos". Y el pillaje de la soldadesca y de la plebe se hizo realidad en lo de Moldes, en lo de Valdés y en lo de Uriburu. "Con este fin - señala Frías - apareció su propio hermano, el joven don Benjamín Güemes, sobre su caballo blanco, vigilando la operación del saqueo en la casa comercial de Uriburu (de don José padre). La esposa de éste (Manuela de Hoyos) conseguía se le permitiese arrojar, desde el balcón, las piezas de géneros, a fin de evitar que entrando violentamente le hicieran más graves destrozos".
      Una semana más tarde (7 de junio), un destacamento de infantería realista, al mando del Coronel José María Valdéz - alias "el Barbarucho", salteño nativo - mediante temeraria sorpresa se introdujo a media noche en la ciudad de Salta y, tras ocasional tiroteo, una bala alcanzó a Güemes, que apilado en su pingo se alejaba a todo galope para no caer prisionero. La herida resultó mortífera, y después de diez días de desangrarse sin remedio, el 17 de junio, el insigne guerrillero expiró en su campamento del Chamical.
      Muerto Güemes, sus contrincantes políticos negociaron un armisticio con Olañeta, por el cual se estableció que las tropas realistas evacuaran los territorios salteños. Ulteriormente el Gobernador provisorio Saturnino Saravia, dispuso la convocatoria de una Asamblea Electoral o Junta de Representantes de todos los partidos o curatos de la provincia, de cuyo organismo formó parte, como Diputado por la ciudad, Dámaso Uriburu. Tal asamblea, a rajatablas, dio por bueno un proyecto de Constitución, elaborado por Facundo Zuviría - implacable enemigo entonces, a su decir, del "gobierno arbitrario del ex-Gobernador don Martín Güemes" - estatuto constituyente - observa el historiador Miguel Sola - que fue "un paso hacia el régimen unitario, estableciendo desde luego el principio de la unidad nacional".
      Conforme a dicha Constitución, la Junta de Representantes - con el voto de Dámaso Uriburu - eligió como Gobernador de Salta al Coronel José Antonino Fernández Cornejo. En 1823, don Dámaso seguía ocupando un escaño en dicha Legislatura; y en el período siguiente - excusado es agregar - prestó su concurso más decidido al gobierno del General Arenales, suegro de su hermano Evaristo.

      Lucha de Paz contra Quiroga. Don Dámaso y la Liga del Norte contra Rosas

      El 31-VIII-1830, nueve provincias arribeñas - Córdoba, Salta, Tucumán, Santiago, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza y San Luis - celebraron un pacto de alianza mediante el cual se confiaba el "Supremo Poder Militar", hasta la instalación de una autoridad nacional, al General José María Paz, reciente triunfador de Quiroga en "La Tablada" y "Oncativo".
      En esa coyuntura histórica, Dámaso Uriburu, ex compañero de Paz en el Colegio Montserrat de Córdoba, se definió, desde el primer momento, como ardiente partidario de su antiguo amigo, el "Jefe Supremo" unitario. Lo mismo sucedía con el General Alvarado - también anterior condiscípulo de Paz y de Uriburu en los claustros montserratinos - que había asumido la gobernación de Salta en abril de 1831.
      El "Tigre de los Llanos", a todo esto, no se daba por vencido. Con enorme prestigio en las provincias cuyanas y en La Rioja, "amontonaba" al paisanaje armado para batirlo a Paz. Quiso el azar sin embargo, que cierto fortuito tiro de boleadoras lograra, al margen del campo de batalla, la importantísima captura del famoso "Manco" en el paraje cordobés de "El Tío", a manos de un destacamento de gauchos santafecinos de Estanislao López. Lamadrid, entonces - ante semejante chasco que resultaba para el y su causa gravísima realidad y no "cuento del tío" -, se pone al frente del ejército unitario - manco ahora de su brazo derecho - y se retira a Tucumán. Allí le da alcance Quiroga y lo derrota completamente en "la Ciudadela", el 4-IX-1831; quedando el partido unitario maltrecho y todo el interior del país en poder de Facundo. Alvarado, de prisa, desocupa la silla gubernamental de Salta; la Sala de Representantes entretanto confía el destino de la provincia al General Felipe Heredia y a Francisco de Gurruchaga, quienes pactan con Quiroga y se obligan a desterrar de los límites sáltenos a los más conspicuos enemigos políticos del vencedor. De ese modo, Dámaso Uriburu fue proscripto y buscó refugio en Bolivia.
      Algunos "cuenteros de la historia" - la calificación pertenece a Groussac - se han afanado en presentarlo a Dámaso Uriburu como "patriota bueno"; vale decir, recalcitrante enemigo de Rosas, "el tirano malo". Por consiguiente, dichos publicistas escribieron, con total improvidad, que nuestro expatriado en Bolivia se dedicó al periodismo, y "regresó a Salta después de la batalla de Monte Caseros". Tal afirmación no pasa de ser una "calumnia de los mitristas", cual la motejaría, con gracia, uno de esos porteños de viejo cuño que ya no existen desgraciadamente. Verdad es que el aludido personaje, en 1835, se ató a las conyundas matrimoniales en Chuquisaca - hoy Sucre -, y que allí vivió un numero impreciso de años en espléndida mansión llamada "casa de los Uriburu". Pero también resulta cierto que don Dámaso volvió a Salta cuando le dio la gana, durante la larga era de Rosas, en cuyo transcurso, su hermano Evaristo - rosista de hacha y tiza - empuñó el gobernalle de la provincia dos veces: en 1837 en reemplazo de Felipe Heredia, y en 1844, por breves días, de arrebato a Manuel Antonio Saravia.
      El caso es que en 1840 Dámaso Uriburu estaba en Salta, y no para conspirar contra Rosas, sino para oponerse al Gobernador Manuel Sola, que maquinaba la gran insurrección unitaria destinada a voltear al "Restaurador de las Leyes", por medio de la "Coalición del Norte". Sola había partido de Salta con 500 hombres a incorporarse a las fuerzas de Lavalle y de La Madrid; y el andante mandatario recibió un escrito fechado el 1-XII-1840, en que su ministro Bernabé López le instaba a "que debía hacer alto en Córdoba, y regresar a Salta en razón de las actividades de Dámaso Uriburu" - como apunta el historiador Atilio Cornejo. Y en 1841 don Dámaso, lejos de permanecer en Bolivia haciendo periodismo, se desempeñaba en Salta como Presidente de la Legislatura. De un Diario anónimo que refiere los sucesos notables ocurridos en la capital salteña durante los meses de marzo y abril de aquel año 41 - trascripto por Atilio Cornejo en sus Apuntes Históricos sobre Salta - son estas notas escuetas: "Marzo 15: Es el día designado para la entrada del General La Madrid ... en la Plaza principal (éste dijo) que el Presidente de la Sala de Representantes don Dámaso Uriburu era un perjuro solemne". "Marzo 22: ... se apoderaron (los unitarios) de la correspondencia y de 850 pesos que don Vicente Uriburu mandaba, desde Cinti (Bolivia), a sus hermanos Juan (mi bisabuelo) y Dámaso. Aquel aconsejaba a estos últimos que no se metieran en política". "Abril 8: Se hablaba del plan combinado de los Uriburu y de don Miguel Otero con Rosas y demás federales". Y al día siguiente el ignoto cronista registró: "Don Bernabé López fustiga a los Uriburu, especialmente a Dámaso, diciendo que sembraba discordia en todas partes ... que don Evaristo obraba de federal y don Dámaso de unitario, y los demás hermanos obraban en concordancia con sus ideas".

      Posterior actuación y muerte de mi lejano deudo

      Caído Rosas a raíz de Caseros e institucionalizada la República - aunque rota la unidad nacional con la separación de Buenos Aires - Dámaso Uriburu fue elegido, en 1855, Senador por Salta al Congreso del Paraná, a cuyo alto cuerpo se incorporó el 10 de julio de ese año, para ocupar la presidencia de la Comisión de Hacienda. El 3-VII-1856 el gobierno de Urquiza, siendo Ministro de Relaciones Exteriores Juan María Gutiérrez, designó a mi tío bisabuelo "encargado de negocios en misión especial" ante las autoridades de Bolivia. Cumplía con dichas funciones en el país vecino, cuando se cortó el hilo de su vida en Cinti, departamento de Chuquisaca, el l-V-1857, a los 62 años de edad.
      por Carlos F. Ibarguren Aguirre

  • Fuentes 
    1. [S784] Chirico, Gabriel, Chirico, Gabriel, (gabrielchirico(AT)hotmail.com).

    2. [S451] Medrano Balcarce, Juan Manuel, Medrano Balcarce, Juan Manuel, (jmedrano76(AT)hotmail.com).