Francisco Antonio  Escalada Sarria

Francisco Antonio Escalada Sarria[1]

Varón 1749 - 1835  (~ 86 años)

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  • Nombre Francisco Antonio Escalada Sarria 
    Nacimiento Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [2
    Bautismo 27 Sep 1749  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [2
    Sexo Varón 
    Fallecimiento 5 Dic 1835  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [2
    ID Persona I3076  Los Antepasados
    Última Modificación 10 Mar 2012 

    Padre Manuel de Escalada Bustillo de Ceballos,   n. 1704, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 1774, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 70 años) 
    Madre María Luisa Sarria Lea,   c. 14 May 1709, Santiago de Chile, Santiago, Chile Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 13 Feb 1762, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 52 años) 
    Casado 14 Jun 1748  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    • Unión de hecho.
    ID Familia F286  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia María Gertrudis Bustillo Ceballos Ryan,   c. 18 Nov 1762, Cádiz, Cádiz, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 1818, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 55 años) 
    Casado 25 Feb 1776  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Hijos 
     1. José Manuel Eufemio Escalada Bustillo,   n. 20 Mar 1777, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida
    +2. José María Sabas Escalada Bustillo,   n. 4 Dic 1787, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 14 Dic 1839, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 52 años)
    +3. María de los Ángeles Estefanía Escalada Bustillo,   n. 3 Ago 1789, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida
     4. Francisco Longino Escalada Bustillo,   n. 15 Mar 1791, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida
     5. Lázaro Nicolás José Ramón Escalada Bustillo,   n. 17 Dic 1792,   f. Sí, fecha desconocida
    +6. María Bárbara Francisca Escalada Bustillo,   c. 4 Dic 1794, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 6 Ene 1875, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad ~ 80 años)
     7. María Toribia Josefa Antonia Escalada Bustillo,   n. 27 Abr 1798, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 13 May 1862, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 64 años)
     8. Mariano José Escalada Bustillo,   n. 26 Nov 1799, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 28 Jul 1870, Roma, Italia Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 70 años)
     9. Eugenio José Estanislao Escalada Bustillo,   n. 13 Nov 1801, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida
     10. Inocencio José Escalada Bustillo,   n. 28 Dic 1802, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 10 Jun 1871, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 68 años)
     11. Victorino José Escalada Bustillo,   n. 6 Mar 1805, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 3 Abr 1877  (Edad 72 años)
    Última Modificación 22 Dic 2009 
    ID Familia F1792  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Mapa del Evento
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    Enlace a Google MapsBautismo - 27 Sep 1749 - Buenos Aires, Argentina Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsCasado - 25 Feb 1776 - Buenos Aires, Argentina Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsFallecimiento - 5 Dic 1835 - Buenos Aires, Argentina Enlace a Google Earth
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  • Fotos
    Escalada Sarria, Francisco Antonio
    Escalada Sarria, Francisco Antonio

    Lápidas
    Escalada Sarría, Francisco Antonio
    Escalada Sarría, Francisco Antonio
    Escalada Sarría, Francisco Antonio de
    Escalada Sarría, Francisco Antonio de
    Sus restos

  • Notas 
    • Francisco Antonio de Escalada y Sarria nació en Buenos Aires y aquí lo bautizaron el 27-IX-1749. A los 27 años de edad se casó. El asunto resolviose de esta curiosa manera; En 1774, su hermano Antonio José viajó a España, con poderes suyos, a fin de resolver con el tío Fernando de Escalada sobre el destino de los bienes paternos sitos en Castañeda, y dejar inscriptos a los dos vástagos porteños del finado don Manuel en los padrones de hidalguía lugareños, trámites que refiero con más detalle en la biografía de mi 5º abuelo don Antonio José.
      A más de tales gestiones, dicho viajero, durante su permanecia en la Madre Patria, acordó con los padres de su prima 2ª María Gertrudis Bustillo de Ceballos, el casamiento de esta niña de 13 años con su hermano Francisco Antonio que estaba en Buenos Aires. María Gertrudis había sido bautizada en Cádiz el 18-XI-1762; hija de Juan Antonio Bustillo de Ceballos, bautizado el 3-VII-1721, y nacido en el valle chileno de Curimón, actual provincia de Aconcagua, y de su esposa Isabel Ana Nicolasa Ryan, de cuyos antecedentes familiares he de ocuparme más abajo; nieta paterna de José Ignacio Bustillo de Ceballos, nacido en Vargas de Toranzo en 1689, que contrajo nupcias con Francisca Alfaro y, después pasó a Chile; y bisnieta paterna paterna - al igual que los indianos Escalada - de Juan Bautista Bustillos de Ceballos y de María de Socobio y Flor, de los cuales me ocupé anteriormente.

      Un casamiento fuera de serie

      Aquel ajuste marital pactado al margen de todo sentimentalismo y simpatía recíproca de los novios - que nunca se habían visto ni siquiera escrito - se hizo acaso para evitar algún pleito sucesorio entre los Escalada bonaerenses y los Bustillos españoles. Así las cosas, luego de una estadía de casi dos años en la Península, Antonio José de Escalada se embarcó de vuelta rumbo al Río de la Plata en la fragata "Santa Rosalía", acompañado por la prometida de su hermano y algunos otros parientes.
      En Montevideo, los pasajeros transbordaron de la fragata marinera a la lancha de cabotaje "Nuestra Señora de Begonia", propiedad de Andrés Pedregal, comerciante porteño. Y el 25-II-1776, en ese lanchón anclado frente a la rada de Buenos Aires, el Capellán de la Real Armada Manuel Mata, que atendía las necesidades espirituales de la tripulación en la velera guerreante "Santa Rosalía", acompañado por el Notario eclesiástico Antonio Herrera y los testigos Magdalena de Ryan - abuela de la contrayente -, Alejandro Ariza y José Santiago Listeaga, bendijo el matrimonio por poder de María Gertrudis Bustillo con su primo Francisco Antonio de Escalada; el cual, espectante, aguardaba en el muelle del puerto a su desconocida esposa, con una autorización de casamiento en el bolsillo firmada por el canónigo Juan Baltasar Maziel. (En el libro V de Matrimonios, hoy en el archivo de la Iglesia de La Merced, se insertó la partida correspondiente).
      Consumada la náutica boda, la flamante pareja instalóse en la ciudad. El censo urbano de 1778 registra viviendo en la mansión familiar de la calle "de la Trinidad" (hoy Bolívar), "en la cera que mira al leste", a "Dn. Francisco Escalada" de 29 años, casado con "Da. María Gertrudis de Cevallos" (sic) de 16 años, y a "Josef Manuel Eugenio, hijo de los dichos" de 2 años; a "Da. Magdalena Orrian" (Armulin de Ryan, la abuela de Gertrudis) de 70 años, viuda; a "Dn. Josef Cevallos", de 14 años; a "Juan" de 12; a "Dn. Antonio Escalada - mi antepasado -, de 24 años. soltero ().Alferez de Milicias; a "D. Francisco Rodrigs. de la Vega", de 35 años, soltero; a "Dn. Pedro de Escalada" de 20 años, soltero; a "Dn. Frco. Xavier de Juazagoitía", soltero de 18 años; a Da. María Rivas de 19 años, soltera. Y los esclavos; Simón, negro de 30 años casado con María, negra de 30, y sus negritos, Juan Antonio de 12 años y Juan Francisco de 3; Mariano, negro de 25 años, casado con Agustina, mulata de 18; Bonifacia, mulata de 25 años; Toribia, mulata de 25 años, casada; Josepha, negra de 70 años, viuda; Custodio, negro de 35 años, casado; Manuel, negro de 14 años; Josef, negro de 12 años y Martín, mulato de 18 años, los tres solteros.

      La actividad comercial de nuestro personaje

      Como su padre, desarrolló Francisco Antonio un intenso tráfico mercantil comprando mercaderías y frutos del país para revender aquellas aquí y estos en la metrópoli. Así, el 19-VI-1776, el hombre embarcó para Cádiz 350 cueros en la fragata "El Tucumán" que se trasbordaron en una lancha del gallego Marcos Miguens, antecesor de la familia de su apellido entre nosotros.
      Del "Libro de Alcábalas" de aquel año 76, extraigo algunos datos de artículos de comercio introducidos del interior para Francisco Antonio, en tropas de carretas que arribaban a Buenos Aires con guías despachadas en la guardia de Luján. El 17 de enero, Manuel Almada, de Córdoba, entró con tropa de 8 carretas en un carretón, trayendo, entre otros efectos, 4 fardos de ponchos para Escalada. Marzo 11, el mismo Almada vino de Córdoba con 10 carretas y una carretilla, y con cargamento para Escalada de 20 fardos de ponchos, 8 atados de suelas curtidas, 2 de tercios de algodón y 2 de "tapetados". Junio 14; Calixto Ribero Braga, de Córdoba, trajó en 6 carretas, 34 fardos de ponchos, 11 fardos de frazadas, 4 de pellones y 1 fardo de sayales, para Escalada. Junio 17; Félix Suárez, de Córdoba, a cargo de 10 carretas, acarreó 27 fardos de ponchos, 27 de frazadas y 25 de suelas para Escalada. Noviembre 2; Manuel Almada, tropero de Córdoba, trajo en 9 carretas, 330 cueros, 15 fardos de ponchos, 15 de pellones, 15 de frazadas y 6 de suelas curtidas, para Escalada. Noviembre 19; Bartolomé Santellán, también de Córdoba, entró con 4 carretas y con carga, para Escalada, de 220 cueros, 3 fardos con 84 ponchos y 54 "tapetados". Y el 12 de diciembre, el transportista Felipe Vergara, arribó de Santa Fé, con 9 carretas, trayendo 95 suelas para Escalada, y, esta vez, ninguna ponchada de abrigos.
      Ese año 1776, Francisco Antonio, ante el Escribano Martín de Rocha, le compró a Petrona de Sorarte una casita en 150 pesos, y, también por esas fechas, era apoderado del clérigo Jacobo Joseph de Moreyras, "Racionero del Real Colegio de Santi Spiritus de Santiago de Compostela", con poder que éste le otorgó en Galicia, el 10-X-1774, ante el Escribano Florencio Barcia, a fin de que Escalada le cobrara los sueldos que se le debían a su hermano Florencio Antonio Moreyras, Auditor de Guerra, fallecido en Buenos Aires el 6-XI-1765.

      La actividad pública de Escalada

      El 1-I-1777, Francisco Antonio resultó nombrado Regidor, Alferez Real, Defensor de Pobres y Tesorero de Propios del Cabildo bonaerense. El 7 de mayo se le designa Procurador General interino, y el 12 de agosto figura en una lista contribuyendo con 200 pesos para las obras del muelle.
      Al año siguiente (16-VI-1778) el Cabildo comisionó a Francisco Antonio de Escalada, junto con el Regidor Cecilio Sánchez de Velasco, "para correr con la compostura del Fuerte y funciones de comida para el recibimiento del Exmo. Señor Virrey (Vértiz), que por instantes se esperaba". Y Escalada, que era "cevallista", vale decir opositor al advenimiento de Vértiz, se excusó, mediante escrito dirigido al Escribano capitular Pedro Nuñez, de "la imposibilidad en que se halla para desempeñar este encargo con el esmero que desea".
      Ciertamente, ese pretexto se explica; Escalada fue notorio partidario del Virrey Cevallos, ligado a su persona por razones de parentesco. A este respecto, el 9 de abril anterior, el Síndico Procurador General Bernardo Sancho de Larrea - marido de una Cevallos - había hecho presente en el Cabildo que, frente al reemplazo del Virrey don Pedro, "conocido benefactor de esta Ciudad, creía indispensable obligación de este Ayuntamiento representase a Su Exa. la orfandad y desconsuelo con que quedaban estas Provincias con su separación y retiro, para que atendiendo al clamor de todo este vecindario, se sirviese, por un efecto de su bondad, permanecer al menos interín, se ocurra al Soberano para hacerle presente los motivos justos con que se exijía su duración, por el tiempo que determinase Su Magestad, en el mando de estas Provincias; por prometerse el mayor aumento y toda felicidad de este reino floreciente, a cuyo incremento y adelanto" propendió incesantemente Cevallos. Esta representación, que redactó Sancho de Larrea, fue firmada también por Francisco Antonio de Escalada, y por los capitulares Judas Joseph de Salas, Manuel Martínez de Ochagavía, Diego Mantilla de los Rios, Miguel Mansilla, Manuel Joaquín Tocornal, Pedro Díaz de Vivar, Cecilio Sánchez de Velasco, Manuel Joaquín de Zapiola y Juan Antonio de Lezica.
      Trece meses después, el 28-V-1779, el Ministro Universal de Indias José de Galves, Marqués de Sonora, comunicaba al Cabildo porteño que, debido a aquella representación que pedía la permanencia de Cevallos al frente del Virreinato, cuando estaba ya nombrado su sucesor, "agraviando con este hecho la buena reputación y honor del Sr. Virrey don Juan Joseph de Vértis", el Rey había resuelto desterrar por un año a las Malvinas, al Procurador Bernardo Sáncho de Larrea y al Alcalde Judas Josseph de Salas, como autores de dicho escrito. En cuanto a Francisco Antonio de Escalada y demás capitulares que firmaron el documento, se les condenaba a no poder ocupar cargos concejiles por un sexenio.

      El caso del burlesco pasquín anónimo

      A fines de agosto de 1779, la gente de buen tono de la ciudad se pasaba de mano en mano la copia de un papel anónimo que ponía en ridiculo a 45 personajes, incluso a señoras, mediante pullas y apodos groseros, referidos a defectos característicos o notorias debilidades de cada uno de esos prójimos con destacado rango en el mundillo social y administrativo porteño.
      Jose Antonio Pillado, narrador y anecdotista de nuestro ayer lejano, en su libro Buenos Aires Colonial, se ocupó de dicho asunto. Parece que el 11 de agosto, entre las ocho y nueve de la noche, estaban reunidos en lo de Escalada, el abogado José Vicente Carrancio, Bonifacio de Aramburu (casado con Claudia Olivera y hermano de mi antepasada María Bernarda de Aramburu, primera esposa de Martín Antonio de Zavaleta), el notario Eufrasio José Boyso (alias "Siete pelos"), José de San Pedro Lorente (empresario de la construcción del teatro de la Ranchería), Francisco José Díaz Velez, Manuel del Moral, Agustín Wrigth, Manuel del Cerra Sáenz, Manuel José de Labardén y el Capitán de Navío Pedro de Cárdenas Blancardi, jugando con los dueños de casa al revesino, en parejas de a cuatro. En eso abrióse de golpe una de las ventanas, y desde la calle alguien arrojó un sobre que, recogido por Lorente, se puso arriba de una de las mesas. Cerrado bajo doble cubierta y pegado con obleas el sobrescrito de referencia decía; "A don Franco Antonio de Escalada; suplico a V. la lea en su Tertulia y procure su publicación pasándola a lo de Zenzano" (al Notario de la Gobernación).
      Tras la sorpresa consiguiente, el doctor Carrancio se opuso a que se abriera el sobre del cartapacio, dada la forma intempestiva en que lo habían introducido, porque seguramente se trababa de un anónimo difamatorio que, tal vez, afectara el honor de la casa. Todos los presentes opinaron lo mismo, y alguno sugirió se quemase el papel de inmediato. Pero Carrancio guardó la carta en su bolsillo sin abrirla, prometiendo que de encontrar en ella algo de interés lo comunicaría a Escalada.
      A la mañana siguiente, don Francisco Antonio recibió estas líneas de Carrancio; "la carta es un convite que se hace a la tertulia y es preciso que usted lo convoque para esta noche, pues no tiene otro objeto que reír un rato". Y a la noche, ante los habituales contertulios de Escalada, dióse lectura a la serie de calificativos burlescos contenidos en el anónimo panfleto que ridiculizaba a 45 personas bajo este rótulo; "Noticia individual de los sujetos y cosas que más chocan en esta ciudad de Buenos Aires". He aquí a 15 de esos individuos puestos en solfa; "Ibañez el Majo" (Pascual Ibañez - mi antepasado - Sargento Mayor de la Plaza); "lo fantasmón de León Altolaguirre"; "lo tieso de Velasco"( don Sebastián, Oidor de la Real Audiencia); "la cara asustada de Zenzano" (el Escribano de Gobierno); "el sombrero y capa de bayetón de Otárola" (don José Antonio, futuro suegro de Cornelio Saavedra); "la cabeza de Rodríguez de Vida" (don Antonio, distinguido sacerdote); "la seriedad y coche de Maziel" (el Canónigo Dr. Juan Baltasar); "lo bombo de Alvear" (don Diego, entonces Capitán de Fragata); "El cagar y comer de Pepa Balbastro"; (doña María Josefa, esposa de Alvear); "Lo mentecato de Labardén" ( Manuel José, después célebre autor de "Siripo" y de la "Oda al Paraná"); "la barriga y la chupa de Samudio, Protector de Yndios" (don Juan Gregorio); "el desaseo de Andrea Balbastro y el sombrero blanco de Galvez" (doña Andrea - hermana de la señora de Alvear - casada con Juan Gutíerrez Galvez, dueño de una quinta en Barracas, al otro lado del Riachuelo, que se atravesaba por "el puente de Galvez"); "la conversación y piernas de doña Bernarda Balbastro" (doña Bernarda Fernández de Agüero esposa de Isidro José Balbastro y madre de las señoras de Alvear y de Galvez); "la fachenda del Contador de Exército, y las narizes de su mujer" (Francisco de Cabrera, Contador también de la Real Hacienda y su consorte Josefa Ortíz); "la altanería del hijo de Azcuénaga" (don Miguel, venidero prócer argentino); "los bucles del Coronel Portugués" (Custodio de Saa y Farías, Coronel de Ingenieros). Y terminaba la satírica lista así: "el autor, examinada su conciencia con el mayor cuidado, dice, no halla que añadir ni quitar cosa alguna a lo relacionado, y lo firmó con parecer de su Acesor donde le dió la gana, a catinze días del mes de los Gatos del año del empuje; F. A. M. Triangulipicominatifis. Dr. Esternón".
      Como dije mas atrás, los concurrentes a la reunión de Escalada sacaron copias de aquellas cuchufletas que circularon de mano en mano divirtiendo a la gente. "El anónimo alborotó lo suficiente para que una copia llegara a mano del Virrey Vértiz, y éste - refiere el investigador Pillado - considerando que se ponía en ridiculo y burlaba, no solo a personas serias y respetables de la sociedad, sino a empleados públicos como el Escribano de Gobierno, el Sargento Mayor de la Plaza y el Contador de la Real Hacienda, determinó cortar por lo sano, y apagar el entusismo de los bromistas que se divertían sacando al prójimo los cueritos al sol. Quienquiera que fuese el que puso el anónimo en poder del Virrey, no dejó de indicarle que tenía origen en la casa de Escalada o, cuando menos, que allí apareció por primera vez, y teniendo en cuenta que don Francisco Antonio era un comerciante rico y muy relacionado, a quien debía afectarle, tanto o más que a otro, cualquiera modificación en los impuestos, tuvo sospechas de que él, o sus allegados, podían patrocinar un escándalo, y llevar las cosas más adelante, lo que estaba dispuesto a impedir".
      Además - acoto yo - los hermanos Escalada, como sabemos, habían sido resueltos partidarios del ex Virrey Cevallos, lejano pariente de ellos, por tanto notorios adversarios políticos de Vértiz; en especial Francisco Antonio, el cual públicamente se declaró a favor de la permanencia de Cevallos al frente del Virreinato.
      Así pues, Vértiz, el 23 de agosto, dictó una auto encargando al Ayudante primero de la Plaza Pascual Ibañez (mi 5º abuelo) y al Escribano de Gobierno José Zenzano, practicar una información sumaria para descubrir al autor o autores de esos escritos, "considerados papeles sediciosos, que se leen incautamente, sin conocer el artificio de sus compositores y contraventores de las disposiciones prohibitivas respecto de pasquines, sátiras, versos, manifiestos u otros papeles injuriosos a personas públicas o a cualquier particular, como se verifica con el que se dirigió a las casas de don Francisco de Escalada, que se pondrá por cabeza de proceso; debiendo ser examinado, en primer lugar, el dicho don Francisco, para que manifieste como llegó a sus manos el original de ese anónimo, que debe entregar con su cubierta o sobre".
      Consecuentement fueron llamados a declarar los hermanos Francisco Antonio y Antonio José de Escalada, el doctor Carrancio, Bonifacio Aramburu y los otros "piernas" del revesino que se jugaba en casa de los primeros. Y con fecha 27 de agosto, sin esgrimir ningún testimonio evidente, el Virrey dictó sentencia. Condenó a Carrancio a tener su domicilio por cárcel, bajo pena de 2.000 pesos y el embargo de sus bienes, por presunto introductor del anónimo en lo de Escalada, ya que no se pudo probar que el papel fuera arrojado por la ventana. A los hermanos Escalada y a Agustín Wrigth, se les señaló la ciudad por cárcel, bajo la misma pena de 2.000 pesos, por haber fomentado y consentido la difusión del escándalo.
      La sentencia virreinal se cumplió de todas maneras, no obstante que los peritos calígrafos nombrados, el Escribano Pedro Nuñez y el Maestro en primeras letras José Manuel García, declararan que la letra del pasquín era "disfrasada. imitaba caracteres de imprenta", lo que hacía imposible su cotejo con ningún escrito de los sospechados autores del libelo.
      Finalmente, el 30-I-1780, los hermanos Francisco Antonio y Antonio José de Escalada, a través del Consejo de Indias, se presentaron en queja al Rey Carlos III, por el "agravio que experimentaron en su reputación y crédito, de resultas de un papel anónimo (que citaban) y suponen se arrojó a sus casas en Agosto del año anterior".

      Más acerca de la actuación pública de don Francisco Antonio

      El día 13 de octubre de ese año 80, el Cabildo hizo llamar a su Sala de acuerdos al ex Regidor Escalada - interdicto, como sabemos, por el Rey -, y el Alcalde de 1º voto Saturnino Saraza, a presencia de su par de 2º voto Pedro Alvarado y de los Regidores Pablo Ruiz de Gaona y Saturnino Joseph Alvares, le manifestó, a don Francisco Antonio, "la gratitud con que había mirado su generosidad en el suplemento gracioso, y sin interés, que havía hecho a la Thesorería de Propios de los pesos y caudales que se necesitaron para los gastos del resivimiento del Exmo. Sr. Primer Virrey dn. Pedro de Cevallos, y que esperaba de su amor a la Patria la continuazión de su generosidad para adelante". Esto significó sin duda alguna, un desagravio para el interdicto ex Regidor Escalada.
      Ocho meses más adelante, el 27-VI-1781, el Cabildo trató una petición presentada por los hermanos Francisco Antonio y Antonio José de Escalada, solicitando del cuerpo "les diese certificazión de los empleos que tanto estos, como su difunto Padre, havían obtenido y tenían en esta república". Y los capitulares, a ese respecto, acordaro reconocer los méritos que ambos Escalada y su difunto padre contrajeron en obsequio y veneficio de esta República". Don Manuel padre, había sido electo el año 1766 Regidor y Defensor de Pobres, "sirviendo este onorífico empleo a expensas de su propio peculio, con la maior eficacia y amor a la Causa Pública que es notorio; contribuiendo su lustre y conocidas facultades a el efecto de la mejor defensa y amparo de los pobres presos e indigentes, sin dejar, por esta comisión laboriosa, de concurrir a llenar las demás obligaciones de comunidad, a satisfacción de este Ilustre Cavildo".
      Del mismo modo, Francisco Antonio, su hijo, fue electo para el año 1777, "Regidor y Defensor de Pobres, Tesorero de Propios y Alferez Real, para el paseo del Real Estandarte, la víspera y día del Glorioso Patrón el Sr. San Martín, cuias respectivas obligaciones , no se puede negar, las desempeñó con el particular amor, eficacia y generosidad que es público ... como igualmente lo verificó en varias comisiones particulares ... como en las fiestas anuales del Santísimo Corpus Christi y San Bonifacio ... y fue diputado, con don Pedro Díaz de Vivar, para el aseo del Palacio que, a expensas de este Cavildo, se preparó al Exmo. Sr. primer Virrey don Pedro de Zevallos; y con don Pedro Alvarado (organizó) el expléndido convite de tres días que en su resivimiento se le dió, proporcionando ... con zelo infatigable, como con la generosidad con que suplicó para estos gastos, de su propio peculio, la cantidad de más de seis mil pesos ...".
      El Cabildo reconoció, asimismo, las "iguales muestras y esperanzas de amor, generosidad e inteligencia de don Antonio Joseph de Escalada", nombrado el año 1780 Regidor y Defensor de Pobres, cuyos cargos sirvió a sus expensas, como su padre y hermano. El Ayuntamiento dejaba, por último, constancia "de haver sido el finado don Manuel de Escalada, por su buen nombre y fama en esta ciudad, uno de sus moradores de mayor lustre"; demostrando, hasta el presente, sus hijos Francisco Antonio y Antonio José, el mismo amor al Soberano y a la causa pública, "como notoriamente lo tienen acreditado, así por lo que queda referido, como porque en la actualidad se hallan sirviendo en grado de ofiziales, en el Regimiento de Infantería de Milicias de esta ciudad. Todo lo qual no podía menos que exponer este Ilustre Cavildo, en obsequio de la verdad; mandando, como manda, que por el presente Escribano se les ponga, a continuación de su pedimento, testimonio de este Acuerdo". Firman los Alcaldes Juan de Salinas y Juan Antonio de Lezica, y los Regidores Manuel Martínez de Ochagavía, Miguel Sáenz, Domingo Belgrano Pérez, Cristóbal de Aguirre y Francisco Ignacio de Ugarte, ante el Escribano Pedro Nuñez.
      Justo al quedar cumplido el sexenio de veda para ocupar cargos concejiles que, a partir de 1777, el Rey le impuso a Francisco Antonio de Escalada, éste resultó elegido, por el Cabildo porteño, Alcalde de 2º voto y Juez de Menores, el 1-I-1783. Y al año siguiente - 1784 - nuestro hombre pasó a desempeñar las funciones de Alcalde de 1º voto. Pero ya el Virrey Vértiz, no precisamente amigo de los Escalada, había sido reemplazado por Cristóbal Nicolás del Campo, Marqués de Loreto.
      Este nuevo Virrey, llegó de España a Montevideo, y a fin de "ofrezerle y rendirle sus respetos", el Cabildo de Buenos Aires, el 23-II-1784, destacó a la otra orilla a su Alcalde Francisco Antonio de Escalada y al Regidor Juan Gutiérrez Galvez. El sábado 13 de marzo, el Marqués de Loreto hizo su entrada en la ciudad porteña con la pompa de rigor; y el siguiente 19 de abril, el flamante Virrey dirigió un oficio al cuerpo comunal, acompañado con la Real Cédula de su nombramiento, firmada por Carlos III en San Ildefonso, el 13 de agosto del año anterior. Recibido el regio papel, el Alcalde Escalada y demás capitulares, todos de pie, lo besaron y pusieron sobre sus cabezas destocadas, "obedeziéndolo en nombre de este Ilustre Cavildo".
      Siete años más tarde, en 1791, don Francisco Antonio ocupa una vez más el cargo de Regidor, junto a sus colegas de capítulo; los Alcaldes Santiago de Saavedra y Joseph Martínez de Hoz, y los Regidores, Gregorio Ramos Mexía, Martín de Alzaga, Miguel Gonzalez de Noriega, Francisco de Lezica, Manuel de Arana, Casimiro Francisco Necochea, Benito Gonzalez de Rivadavia y Juan José Cañete.

      El Consulado

      Tiempo atrás (7-VII-1785), 53 calificados comerciantes de esta plaza - entre ellos mis antepasados Agustín Casimiro de Aguirre, Juan Esteban de Anchorena y Juan Martín de Pueyrredón Labrucherie - otorgaron, ante Pablo Beruti, un poder a favor de Manuel Rodríguez de la Vega, de Bernardo Sancho de Larrea y de Martín de Sarratea, para que gestionaran, ante el Rey y demás funcionarios competentes, el establecimiento de un "Consulado y Tribunal de Comercio" en la capital del Virreinato, "como le hay en estas Indias en las ciudades de Lima y México".
      Un lustro después (21-VIII-1790), ante el mismo Beruti, el anterior grupo de comerciantes elevado al doble, daba un segundo poder a Manuel Rodríguez de la Vega y a Martín de Sarratea, a fin de que reiteraran ante Su Magestad, aquella gestión destinada a instalar en Buenos Aires el Tribunal del Consulado. Entre más de un centenar de firmas estampadas al pie del documento, se encuentra la de Francisco Antonio de Escalada, junto a las de mis lejanos abuelos Juan Esteban de Anchorena y Juan Martín de Pueyrredón Labrucherie. (Agustín Casimiro de Aguirre, firmante del primer poder, ya había fallecido).
      Por fin, el 30-I-1794, mediante Real Cédula, Carlos IV satisfizo el anhelo de los mercaderes bonaerenses. En consecuencia, del 2 al 4 de junio de ese año, quedó establecido el Consulado en Buenos Aires, compuesto por el Prior y los Cónsules, Blas de Gainza, Juan Esteban de Anchorena y Juan Antonio Lezica; los Conciliarios, Antonio García Lopez, Francisco Ignacio Ugarte, Saturnino Saraza, Isidro José de Balbastro, Manuel del Cerro Sáenz, Pedro Díaz de Vivar, Joaquín de Arana, Diego de Agüero y Francisco Antonio de Escalada; el Síndico Cristóbal de Aguirre; el Contador José María del Castillo y el Secretario Manuel Belgrano Gonzalez (que así firmaba entonces el futuro General). Durante tres años Francisco Antonio ejerció la función de Conciliario en el referido Tribunal de Comercio.
      El 13-III-1797, con motivo del arribo a Montevideo de la zumaca "San Juan Bautista" y de la lancha "Nuestra Señora de Montserrat", que llevaron a las costas de Africa e "islas francesas conquistadas por los ingleses", carne y harinas, y retornaban trayendo negros, azúcar, aguardientes, café, algodón y otros frutos de esas colonias, produjose en el Consulado un importante debate, en cuyo transcurso el Consiliario Escalada refutó al Síndico Juan Ignacio Ezcurra, quien, anteriormente, había defendido el proteccionismo mercantil. Señaló Escalada, que a causa de la guerra - de España y Francia contra Inglaterra - nuestras "faenas de salazón de carnes" vinieron a menos, "con inminente riesgo de que se pierdan los muchos quintales que de ellas tenemos estancadas, igualmente en las harinas, trigo y demás frutos". Estimó que el permitir la Corona la salida de esos productos no resultaría "daño alguno al Estado ni al Comercio de la Península, antes sí mucho bien en que no se desperdicien nuestras producciones ... y también aquel comercio, por la íntima relación que tiene con el florecimiento del nuestro, que, por lo tanto, no debe causarle celos, siquiera en tiempos de no poder proveernos del renglón de aguardientes de España, en medio de su gran consumo aquí y de la escasez y precio alto en que está, con conocida pérdida de nuestros fondos, reducidos a unas producciones, aunque abundantes, de valor ínfimo; pero que exportadas a las colonias extranjeras presentan una ganancia tan considerable que solo un gobierno indolente pudiera despreciarlas". Atacó después, Escalada, "al tirano estanco mercantil de Cádiz. Poco nos importa - dijo - que se perjudique Cádiz en uno, o mas propiamente que deje de ganarlo, si, nosotros, con ese uno, aventajamos un ciento ... Nosotros no somos apoderados del comercio de Cádiz, ni del de Lima, ni Habana, ni tenemos representación para reclamar sus fantásticos derechos sobre nosotros". Así, inspirado en Adam Smith, el Conciliario porteño exaltó al comercio liberado de toda prohibición, a la oferta y la demanda como fuente de riqueza, y a la competencia como norma mercantil suprema.
      El historiador Vicente Sierra, critica esta actitud librecambista de Escalada, a quien supone integrante "del grupo de hacendados" - cuando nunca, que yo sepa, poseyó una hectárea o una vaca campo afuera. "La argumentación de Escalada - pontifica Sierra -, inspirada en ese sentido localista que al transformar a los hacendados y comerciantes en una clase de tipo oligárquico, presentó a Buenos Aires ante el resto del país, como un centro egoísta que todo lo supeditaba a su propio engrandecimiento etc, etc.".Ni tanto ni tan poco. Escalada fue comerciante y, como todos los comerciantes habidos y por haber, desde que el mundo es mundo, procuraba, en aquella circunstancia, comprar barato el aguardiente africano, y vender caro, a cualquier marchante, sus corambres; de ninguna manera se había propuesto arruinar a los aguardenteros cuyanos de San Juan - cual argumenta Sierra al emberstir indiscriminadamente contra todos los mercaderes de Buenos Aires. Para prevenir desajustes, para regular la economía general en un país, está su Gobierno, y no las corporaciones mercantiles que siempre abogan, como es lícito y lógico, por los intereses de su sector, que, en no pocos casos, suelen redundar en beneficio colectivo.
      A fines de ese año, don Francisco Antonio dejaba de integrar el directorio del Consulado; y doce meses más tarde, a lo largo de todo 1799, ocupó en el Cabildo, una vez más, el cargo de Alcalde de 1º voto, junto a los siguientes colegas; Alcalde de 2º voto José Ramón de Ugarteche, el Regidor decano Gregorio Ramos Mexía y los Regidores ordinarios Cristóbal de Aguirre, Anselmo Sáenz Valiente, Juan José Castelli - que renunció enseguida y fue reemplazado por Juan Antonio de Santa Coloma-, Antonio de las Cagigas, Tomás Antonio Romero, Joseph Hernánadez (el abuelo del autor de Martín Fierro), y el Síndico Procurador Cornelio Saavedra (con predestinada trayectoria histórica).

      Escalada asiste a dos Cabildos Abiertos precursores de la Independencia Argentina

      Al día siguiente de la Reconquista de Buenos Aires por las fuerzas al mando de Liniers, que tras cruentos combates callejeros, el 12-VIII-1806, rindieron a los ingleses invasores, el Cabildo porteño resolvió reunir el 14 de Agosto, "a todas las clases aforadas" y vecinos representativos, en un Congreso General o Cabildo Abierto. Al efecto se despacharon 100 invitaciones, expresando en ellas la necesidad de convenir la forma de dar gracias a Dios por la victoria obtenida; aunque el pensamiento dominante entre los capitulares era-según lo expresa Ignacio Nuñez, en sus Noticias Históricas- "hacer a un lado la autoridad militar de un Virrey como el Marqués de Sobremonte, para depositarla en la fidelidad y el coraje del Comandante Liniers".
      Tras la vacilación de algunos altos funcionarios, el día 14 a las 11 de la mañana, tuvo lugar dicho Cabildo Abierto, en la sala principal del Ayuntamiento, con asistencia de 98 invitados; mientras en la Plaza Mayor habíase aglomerado una multitud como de 4.000 personas, que desbordaba también por los pasillos y dependencias del edificio.
      La composición de esos 98 asambleístas era la siguiente; el Obispo en primer término; luego 2 Consejeros Reales y 7 Oidores; el Intendente, 2 Contadores y 2 Ministros de la Real Hacienda; 2 Canónigos y 3 Prelados de las órdenes franciscanas, mercedaria y bethlemita; 8 Jefes militares; 10 Cabildantes y 3 miembros del Consulado; 9 Abogados, 2 Médicos y 48 propietarios y comerciantes, entre estos Francisco Antonio de Escalada.
      La Asamblea decidió;1º) Celebrar un solemne Te Deum el veniderio domingo; 2º) Otorgar 12 dotes para doncellas;3º) Informar al Rey y al Virrey acerca de la Reconquista;4º) Dar pensión a las viudas de los muertos en la pelea;5º) Organizar fuerzas militares para rechazar toda invasión futura; 6º) Inventariar los recursos de guerra y boca que hubiere en la ciudad. Tomadas estas resoluciones, el Alcalde Francisco de Lezica preguntó a la Asamblea si el Virrey Sobremonte que estaba por llegar, se le debía o no admitir en el mando de las fuerzas, pues era notorio que las tropas y el pueblo no aceptaban su jefatura. La referida pregunta enardeció los ánimos, y una pueblada tumultuosa- dispuesta de antemano por Juan Martín de Pueyrredón, Juan José Paso, Joaquín Campana y Manuel José de Lavardén - irrumpió en la sala, pidiendo a gritos que Sobremonte fuera substituído por Liniers. Tal ruidoso planteo resultó convalidado enseguida por el Cabildo Abierto - y por Francisco Antonio de Escalada, sin duda- quedando Liniers ungido asi, en forma irregular, revolucionaria, supremo jefe de las fuerzas armadas bonaerenses.
      La asamblea destacó, más tarde, una comisión integrada por el Fiscal del Consejo de Indias José Gorbea Vadillo, el Regente de la Audiencia Lucas Muñoz Cabero y el Síndico Procurador Benito de la Iglesia, a fin de buscar al Virrey y manifestarle la conveniencia de delegar el mando de la Plaza a favor de Liniers. Dichos señores encontraron al Marqués, que venía de Córdoba, en Fontezuelas. Y Sobremonte, frente al hecho consumado en la sede porteña, optó por firmar el 28 de agosto en San Nicolás de los Arroyos, el nombramiento de Liniers como Comandante General de Armas, pero quedando lo político de la ciudad a cargo de la Audiencia. Tras ello, refunfuñando, el Virrey se marchó a Montevideo con el propósito de defender esa plaza de una nueva invasión inglesa inminente.
      El otro Cabildo Abierto al que asistió Francisco Antonio de Escalada, fue el del 22-V-1810 - la cabildada abierta por antonomasia de la Historia Argentina. No he de hacer la cronica de dicha famosa Asamblea, ni del momento crucial en que se produjo, cuya narrativa la sabe, más o menos, cualquier compatriota medianamente culto. Pero si recordaré que el Ayuntamiento porteño mandó imprimir 600 esquelas convocadoras a ese fin, de las cuales se repartieron 450, y solo 251 vecinos (muchos próceres en cierne y todos los integrantes de la futura Junta revolucionaria, menos Larrea) concurrieron a la deliberación, de acuerdo con el texto de la papeleta que decía; "El Excmo. Cabildo convoca a V., para que se sirva asistir presisamente mañana 22 del corrinte a las 9, sin etiqueta alguna, y en clase de vecino, al Cabildo abierto, que con anuencia del Excmo. Sr. Virrey ha acordado celebrar, debiendo manifestar esta esquela a las Tropas que guarnezcan las avenidas de esta Plaza, para que se le permita pasar libremente".
      Así asistieron al célebre Cabildo Abierto;16 Funcionarios públicos - entre estos mi antepasado Justo Pastor Lynch, Contador de la Real Aduana; 4 Miembros del Consulado - entre los cuales el Cónsul Francisco Antonio de Escalada y el Secretario Manuel Belgrano; 7 Titulares agentes de la Real Audiencia, como su Canciller, mi antepasado Antonio José de Escalada - de quien me ocuparé más adelante - y el Relator audiencial interino Mariano Moreno; 13 Alcaldes de Barrio y 2 de Hermandad; 27 Eclesiásticos con su Obispo Lué y Riega a la cabeza y el cura de San Nicolás, Manuel Alberti, en el montón; 20 Abogados, entre ellos Juan José Castelli y Juan José Paso; un Licenciado, Vicente Lopez y Planes, el poeta del Triunfo Argentino, predestinado a escribir el Himno Macional; 3 Médicos; 58 Comerciantes, como Domingo Matheu y mi antepasado Juan Bautista de Ituarte; 37 Vecinos sin profesión definda, donde coloco a mi tatarabuelo Manuel Hermenegildo de Aguirre, que no era específicamente comerciante; 59 Militares, incluidos el Jefe de los Patricios, Cornelio de Saavedra, y Miguel de Acuénaga; y 3 Marinos.
      Abierto el acto por el Escribano Justo José Nuñez, tras "largas y prolijas discusiones", en las que intervinieron el Obispo Lué y Riega, Juan José Castelli, el Fiscal de la Audiencia Manuel Genaro Villota; Juan José Paso y el General Pascual Ruiz Huidobro, los asambleístas pasaron a votar públicamente, y, consigna el acta capitular respectiva; "Por el Señor Don Francisco Escalada se dixo; que se conformava en todas sus partes con el voto del Señor Comandante, Don Martín Rodríguez"; o sea; "Que en la imposibilidad de conciliar la permanencia de la autoridad del Gobierno con la opinión pública, reproducía en todas sus partes el dictámen del Señor don Cornelio Saavedra y de que el Señor Síndico tenga voto activo y decisivo en su caso, es decir, activo cuando no haya discordia, y decisivo cuando la haya". Por su parte Saavedra había expresado su opinión de esta manera; "Que consultando la salud del pueblo, y en atención a las actuales circunstancias, debe subrogarse el mando superior que obtenía el Exelentísimo Cabildo, interín se forme la Corporación o Junta que debe ejercerlo, cuya formación debe ser en el modo que se estime por el Exelentísimo Cabildo, y que no quede duda de que el pueblo es el que confiere la autoridad o mando".
      Mucho de lo que pasó después de este Cabildo Abierto, el 23, 24 y 25 de Mayo, y en los días subsiguientes, lo tengo escrito en distintas monografías, sobre todas en la de mi tatarabuelo Manuel Hermenegildo de Aguirre.

      Escalada en la crisis del año 15

      El primero de enero de ese año, don Francisco Antonio fue elegido Alcalde de 1º voto del Cabildo porteño, junto con Francisco Belgrano para el 2º voto, los Regidores Manuel Luis de Oliden, Ambrosio Lezica, a quien reemplazó Ignacio Correa, José Clemente Cueto, Mariano Vidal, Laureano Rufino, Zenón Videla, sustituído en seguida por Diego Antonio Barros, Gaspar Ugarte, Felipe Otárola, Romualdo José de Segurola, Manuel Zamudio, Manuel Bustamante y el Síndico Mariano Tagle.
      Una semana más tarde (9 de enero) renunciaba el Director Supremo Gervasio Antonio de Posadas - después de ocupar el puesto durante 343 días - designando en su reemplazo la Asamblea (llamada del año XIII) al General Carlos de Alvear, sobrino segundo del dimitente.
      Con el motivo de la asunción de este flamante Director Supremo (12 de enero), el Cabildo en pleno, encabezado por el Alcalde Escalada, asistió a un solemne Te Deum en la Catedral, y acordó iluminar, por tres noches, los balcones cabildeños, la Pirámide y la Recova, bajo cuya arquería una orquesta tocó música esas tres noches "hasta las horas acostumbradas".
      Juan Manuel Beruti, vívido narrador y testigo de pequeños y grandes sucesos de nuestra historia - póstumo periodista solitario, por llamarlo así -, apuntó en sus Memorias Curiosas que Alvear "fue recibido con todo el séquito y grandeza debida a su alto carácter; pero con un desagrado genenral del público que no le adoptó semejante elección, con perjuicio de otros hombres de mérito que debían de haberlo sido; como también por las fatales consecuncias que de este nombramiento podrían originarse con las provincias y el ejército del Perú, que no lo quisieron de General, y ahora les dan un bofetón, con nombrarlo de General y Director Supremo del Estado; agraviando igualmente a esta capital, que no lo quería de una ni otra cosa; de manera que la Asamblea a dado en esto, según dicen todos generalmente, un paso antipolítico, que esta en riesgo que el Perú niegue totalmente la obediencia a Buenos Aires, y se gobierne independientemente".
      Así las cosas, con mano dura se estrenó Alvear en el poder supremo. El 14 de enero mandó por bando público que todos los esclavos de los españoles europeos se entregaran al Estado, para formar cuerpos de tropa. Por otro lado, menudearon las penas capitales, sin contemplaciones. El 25 de febrero, "como a eso de las doce del día - nos cuenta Beruti - se le pescó a un europeo, en una carreta, en la que iba al campo, un arma de fuego, pólvora, etcétera, e inmediatamente fue preso y en seguida hecha la sumaria fue sentenciado a muerte. A las cuatro de la tarde se puso en capilla y a las seis y media de la misma tarde fue pasado por las armas en el campo del Retiro, en donde esta puesta permanentemente la horca, y es el lugar señalado por el Gobierno para hacer justicia. Al sacerdote Doctor Erezcano, el Comandante alvearista Ramón Larrea, sin ser Juez ni tener autoridad para ello, lo puso preso en su cuartel, vejándolo, por haber dicho "no sé que cosa" de su regimiento. El Coronel Matías Balbastro (tío carnal de Alvear) hizo otro tanto, "por etiquetas", con el Dr. Gaspar Blanco, que fuera presidente de la Cámara de Justicia. El Teniente Coronel Juan Fernández (marido de una hija de Posadas y pariente de Alvear), en el campamento de Olivos, atravesó con su espada, matándolo a la vista de la tropa, a un Sargento, porque éste sin entresacar soldados para hacer el techo de un galpón, como se lo ordenara, los eligió por su cuenta. Y más adelante, el gobierno dictó un bando castigador con pena de "lesa magestad", a "todo individuo, sin excepción alguna, que invente o divulgue maliciosamente especies alarmantes contra el gobierno constituído, capaces de producir desconfianza pública, el odio o la insoburdinación de los ciudadanos", y quienes "supiesen de una conspiración y no la denunciasen serían castigados como cómplices". Acorde con dicho bando, el Capitán Joaquín Ubeda fue fusilado el 26 de marzo, mediante simple orden, y a su cadáver lo colgaron en una horca levantada en la plaza de la Victoria, el domingo de Pascua, lo que horrorizó a la población.
      A propósito de los ajusticiamientos de aquel tiempo, no ya políticos ni arbitrarios, aunque si despiadados por completo, consigno el siguiente caso, en el que intervino el Cabildo presidido por Francisco Antonio de Escalada. El 2 de febrero la corporación cabildeña recibió un oficio del Gobernador Intendente Brigadier Antonio González Balcarce, relativo a una sentencia de muerte del Tribunal Militar, confirmada por el Director Alvear, en la causa del negro Agustín, el cual había herido alevosamente a su amo Alejandro Medrano (hermano, entre otros, del futuro Obispo Mariano, y de Pedro, político y Legislador), "para que, el Ayuntamiento, disponga que en el madero que se mande fixar en la Plaza Monserrat, donde debe colocarse la caveza y una mano del reo, se ponga una inscripción que indique el delito, para que sirva de escarmiento". Y los señores acordaron, que habiéndose cumplido lo que se previene, se archive el oficio de Balcarce.

      La caída de Alvear

      El 30 de enero, el Ejército Auxiliar del Perú se pronuncia contra Alvear, en un documento dirigido al Brigadier Rondeau, que firmaban 15 jefes, entre ellos Martín Rodríguez, Manuel Vicente Pagola, Cornelio Zelaya, Carlos Forest, Martín Güemes, Juan Ramón Rojas, Rudecindo Alvarado y Domingo Soriano Arévalo, declarando, concretamente, en nombre de "los respectivos Cuerpos que representamos, prontos a dar la vida por su Patria, y en unión con todos los pueblos del Perú y el heroico de la Capital, cuyos representantes gimen oprimidos, víctimas de una facción horrorosa, protestan ante V. E. (Rondeau) no obedecerán orden alguna ... del Director nombrado, Brigadier D. Carlos María de Alvear, por creerlo sospechoso, incapaz de llevar adelante el sistema de libertad que han jurado los americanos, y ser su elección notoriamente contraria a la voluntad declarada de todos los Pueblos".
      Por otra parte, en oposición armada contra el gobierno directorial centralista, se había levantado la recia figura de Artigas, "Protector de los Pueblos Libres" y de la autonomía de su provincia, alcanzando, a la sazón, su influjo, no solo en la Banda Oriental sino también en Córdoba, Entre Rios, Santa Fé, Misiones y Corrientes. A su vez en Cuyo, el Director Supremo cediendo a la presión de su amigo chileno José Miguel Carrera - que procuraba desplazar a O'Higgins - pretendió poner a San Martín, en ese momento Gobernador de Mendoza, bajo su férula personal. San Martín en consecuencia renuncia; pero cuando se envía al Coronel Gregorio Perdriel para reemplazarlo, el Cabildo y el pueblo mendocinos se desacatan y no permiten el cambio.
      Tal el panorama político visible, al alcance de lo que llamarenos opinión pública, la cual, desde ya, repudiaba la dictadura de Alvear y de sus áulicos compinches, y eso que desconocía los manejos ocultos e indignas tratativas que, el audaz mandón ocupante del Fuerte, había propuesto a las cortes de Rio de Janeiro, de Madrid y de Londres.
      Sitiado por todas partes y odiado por la mayoría de sus compatriotas, Alvear, no pudiendo seducir a Artigas mediante halagos y negociaciones, intenta someterlo por las armas. Con tal propósito divide sus fuerzas en dos columnas; una al mando del Coronel Ignacio Alvarez Thomas, destinada a operar contra los montoneros federales de Santa Fé ; y la otra, directamente bajo la jefatura suya, que atacaría al caudillo oriental en su provincia. Marcha, pues, Alvarez Thomas hacia Santa Fé, pero al llegar a Fontezuela (ahora Pergamino), se subleva el 3 de abril, y mediante una violenta proclama exije la renuncia de Alvear y se pliega al artiguismo. Alvear entonces se dirije a Olivos, a ponerse al frente de sus tropas acampadas allí, dispuesto a enfrentar a Alvarez Thomas; los soldados empero se desbandan y su ejército queda desorganizado.
      Entretanto, en la capital estalla un alzamiento popular acaudillado por el Gobernador Intendente Miguel Estanislao Soler y por el Cabildo que preside Escalada.
      "El Alcalde de 1º voto don Francisco Escalada" - leo en la Historia de Belgrano de Mitre - "en nombre de aquella corporación, mandó levantar una horca frente a las casas consistoriales, para Alvear si era vencido". Alvear renunció el 16 de abril. Desde el embarcadero de Las Conchas transbordó fugitivo en la fragata inglesa "Haspur" que lo depositaría sano salvo en el Janeiro. Solo 3 meses y 6 días duró su gobierno."Este hombre loco - escribe Juan Manuel Beruti - por su ambición de mando perdió su honor, grados y patria para siempre (?), dejando un nombre de tirano ambicioso, y un odio execrable en la historia de las Provincias Unidas, como el de Catilina en Roma, pues de este y su persona y hechos no hay diferencia". Y el día 17 de abril - sigue el autor de las Memorias Curiosas - "amaneció puesta en el asta de la fortaleza, la bandera de la patria, celeste y blanca; primera vez que en ella se puso, pues hasta entonces no se ponía otra, sino la española; cuya bandera la hizo poner el Comandante de la fortaleza, que el día antes fue nombrado por Soler para su cuidado y defensa, el Coronel Don Antonio Luis Beruti (hermano del memorioso cronista), con lo cual se entusiasmó sobremanera el pueblo en su defensa, y desde ese día, ya no se pone otra sino la de la Patria".
      A cargo del gobierno supremo, Francisco Antonio de Escalada y sus compañeros de capítulo, convocan a elegir electores a fin de que estos designen un nuevo Jefe de Estado. (Estas tramitaciones se relatan detalladamente en mi estudio acerca de los Anchorena). Realizado ese comicio, los 12 electore mas votados por el pueblo, nombran Director Supremo al Brigadier José Rondeau, Comandante General del Ejército del Norte, y en ausencia de este, como suplente suyo, al Coronel Alvarez Thomas. Después, los electores establecen una "Junta de Observación", compuesta de 5 miembros, cuyo organismo debía dictar una constitución provisoria; "El Estatuto Provisional", que más adelante sería rechazado por las Provincias, salvo un punto unánimemente aceptado - menos por el empecinado Artigas - que trataba la convocatoria de un Congreso General a reunirse en Tucumán.

      La Milicia Cívica

      El 2 de mayo el Cabildo acordó le fueran restituídos al cuerpo los honores de Capitán General de la Provincia, que anteriormente gozaba, y que el gobierno de Alvear le había privado. Habida cuenta de ello, el "Estatuto Provisional", en uno de sus artículos, concedía al Ayuntamiento "el empleo de Brigadier nato de la Milicia Cívica", con derecho a vestir, en consecuencia, su Alcalde y Presidente Francisco Antonio de Escalada, "la vanda y plumaje de color azul y blanco, como insignia y distintivo de aquel grado".
      Poco después (10 de mayo) los señores cabildantes resolvieron desagraviar a Artigas, dando un "irrefutable testimonio del aprecio que le merece la conducta del General de los Orientales". En ese sentido declararon que el Cabildo "fue estrechado por la fuerza y amenazas del Tirano (Alvear) a suscribir la iniqua Proclama ultrajante del distinguido mérito de aquel Gefe". Al remedio de tal agravio, ordenábase "se quemen por mano de verdugo, en medio de la Plaza de la Victoria, los exemplares que existen y conserbaban de dicha Proclama". Acto que sería presenciado por el Directo Alvarez Thomas desde la galería del Cabildo, junto con los miembros de esa corporación, y ejecutado con auxilio de la tropa miliciana.
      Diez días mas tarde, nombraba el Cabildo, por votación, a los Jefes de su Milicia Cívica, resultando electos; Coronel de la Infantería, Blas Pico; Teniente Coronel, Juan Pedro Aguirre; Comandantes, Luciano Montes de Oca y José Domingo Urien. Y para la Caballería, el Coronel Pedro Ibáñez (mi 4º abuelo), el Teniente Coronel Clemente Díaz de Medina y el Sargento Mayor Pedro Uriondo. Con posterioridad, integraron ese cuerpo el Coronel Miguel de Azcuénaga y los Sargentos Mayores José María Escobar y Máximo Zamudio.
      El 27 de mayo, el Coronel Ibáñez expuso en el Cabildo que de los cuarteles reconocidos que ocupan los escuadrones cívicos de su mando, el de los "Recoletos Franciscanos" era el mas aparente para el caso de tener que acuartelar a toda su fuerza. Por tanto solicitaba a los capitulares, dieran orden al Padre Guardián de aquel convento, le franqueara las piezas necesarias para alojar a su tropa.
      Los tercios de Infantería, por su parte, ocupaban distintos cuarteles; la Barraca, embargada al alvearista Antonio Cornet, y las instalaciones del viejo Seminario y de la casa lindera del francés Duval, frente a la Plaza de la Victoria, prácticamente pegadas al Cabildo. Esos edificios estaban en aquel tiempo en pésimo estado "por las inmundicias y ratas que mantienen". (El Seminario fue luego Casa de Policía; y el caserón de Duval, adquirido por el Gobierno, se donó en 1818 al General San Martín, en premio por su campaña de los Andes. En 1825, el cuñado y apoderado del General, Manuel de Escalada, vendió esa propiedad a Miguel de Riglos, quien refaccionó la vivienda, llamada, en adelante, "los altos o el balcón de Riglos").
      Como anécdota menuda de la Milicia, diré que el "Maestro Reloxero" del Cabildo, Juan Bautista Duarte, presentó una solicitud al Alcalde Escalada, pidiendo "ser exhimido del alistamiento de los Cuerpos Cívicos". A lo que el Alcalde expuso; "que debiendo ser considerado Duarte en clase de un empleado, por hallarse encargado del arreglo diario del relox de la Torre del Cabildo, corresponde su alistamiento en la Imaginaria, conforme al Bando que trata la materia". Así, el "Reloxero" resultó dispensado de los ejercicios militares, exigiéndosele, únicamente, hacer guardias de prevención en su cuartel.

      El Cabildo y la Junta de Observación hasta la renuncia de Alvarez Thomas

      El 22 de agosto 23 electores - 12 por la ciudad y 11 por la campaña - se reunieron en el Cabildo para elegir los 7 Diputados de Buenos Aires al Congreso de Tucumán. Hecho el escrutinio resultaron nominados Pedro Medrano, Juan José Paso, Antonio Sáenz, Fray Cayetano Rodríguez, José Darregueira, Tomás Manuel de Anchorena y Esteban Gascón.
      A ese respecto, el Cabildo presidido por el Alcalde Escalada, comisionó, el 17 de noviembre, al Síndico Mariano Tagle, a fin de que se encargara a los "peritos" Roque Jacinto Pintos y Guillermo Moroio, apreciar las condiciones del coche que debía conducir al Diputado Pedro Medrano a Tucumán. Ambos "peritos" estimaron se le debía dar al carruaje "una recorrida de pintura en la caxa, poniéndole unas sopandas nuevas, dos exes de repuesto, almoadón, lios y demás necesario"; encontrándolo "capaz de hacer un viaje, aunque sea de quinientas leguas". Fue de 10 pesos el costo calculado para dichos arreglos, que podrían concluirse en 8 días. El Cabildo acordó "que por el dueño del coche (Mariano Vidal) se haga la composición y apresto "que exigen los peritos". Y un mes después el "perito Pintos presentó la cuenta por la preparación y compostura de dos coches y tres carretillas en que se conducen al Tucumán los Diputados por esta Provincia"; cuyo importe ascendía a 211 pesos y 5 reales, incluídos 45 pesos que costaron los repuestos del coche de Mariano Vidal; factura que los capitulares derivaron a la Contaduría para su satisfacción.El Congreso de Tucumán, como es sabido, inició sus sesiones el 24-III-1816.
      Entretanto, en Buenos Aires, desde el primero de año, habíase renovado el Cabildo, siendo reelegido Francisco Antonio de Escalada Alcalde de 1º voto, secundado por los siguientes colegas; Francisco Xavier Rodríguez de Vida, a cargo de la 2ª vara; y los Regidores, Pedro Pelliza, Francisco Ramos Mexía, Manuel de Lezica, Esteban Romero, Luis Dorrego, Ulpiano Barreda, Miguel Marín, Zenón Videla, Blas Agüero, Mariano Maza, Gabino Anchorís y el Síndico Juan García de Cossio.
      También la Junta de Observación resultó renovada, pues sus 5 miembros originarios habían sido electos Diputados para el Congreso de Tucumán (Medrano, Gascón, Sáenz y Tomás de Anchorena por Buenos Aires, y Mariano Serrano por Chuquisaca). En consecuencia sus reemplazantes fueron; Eduardo Anchorís, José Joaquín Ruiz, mi tatarabuelo Juan José de Anchorena, José Miguel Díaz Velez y Pedro Fabián Gómez; y como suplentes, mis antepasados Antonio José de Escalada y Manuel Hermenegildo de Aguirre, Felipe Arana, Miguel de Irigoyen y José Gabino Blanco.
      A todo esto, el ejército del Alto Perú, conducido por Rondeau había sufrido (29-XI-1815) un tremendo contraste en la pampa de Sipe Sipe, al pie de la cuesta de Viluma; y al llegar la noticia del descalabro a Buenos Aires, produjo consternación, acentuando el desprestigio del Gobierno.
      Por otra parte fracasaban las negociaciones de Alvarez Thomas con Artigas, irreductible en su intransigencia unilateral. De añadidura, en el orden doméstico, agudizábanse las disputas entre el Director y la Junta de Observación, a raíz de que aquel, conforme al "Estatuto Provisional", no podía determinar de por sí, sin acuerdo de la Junta. Y tocante a la política exterior, los manejos internacionales del Directorio a cargo de Manuel José García en Río de Janeiro, y de Sarratea, Belgrano y Rivadavia en Europa, provocaron el rumor - cual lo anota Vicente F. López en su Historia de la República Argentina - "de que el Gobierno trataba de entregar el país a Fernando VII decían unos; a uno de sus hermanos, decían otros; al Rey de Portugal estos; a la Inglaterra aquellos; a un Rey cualquiera, en fin, que viniese con fuerzas extranjeras a ponerlo en orden y subyugarlo. Poco a poco crecían las alrmas ... cuando acertó a llegar Belgrano (tío político de Alvarez Thomas, casado éste con María del Carmen Ramos Belgrano, sobrina carnal de don Manuel), "de regreso de la famosa misión que había llevado a Europa con Rivadavia ... el General ... venía preocupadísimo con la mania de la Monarquía, y aterrado con el espíritu reaccionario que había visto, predominante y omnipotente, en Europa. Creía que era tal el odio con que las potencias miraban los movimietos democráticos, revolucionarios y republicanos en América, que muy pronto, todas ellas iban a ajustarse con Fernando VII para derramar sus ejércitos y sus escuadras en las tierras y por las aguas del Río de la Plata. No había pues más salvación que echarse pronto en brazos de una de esas coronas".
      Ante estas sombrías perspectivas, la Junta de Observación, sintiéndose responsable frente a las exigencias del empeño popular, le dirigió al Director Alvarez Thomas, el 7 de febrero, una perentoria intimación para que le remitiera todos los documentos y correspondencias relativas a las misiones diplomáticas de Sarratea, Belgrano y Rivadavia, en Europa, y de García en la Corte del Brasil.
      Esta solicitación de la Junta - apoyando su actitud en el "Estatuto Provisional" - colmó la paciencia de Alvarez Thomas, quien, en vez de obodecer el reclamo, convocó al pueblo a un Cabildo Abierto, a realizarse en el templo de San Ignacio el día 13, con el fin de reformar el Estatuto y quitarle atribuciones a la Junta de Observación.
      La Junta, entonces, indignada ante lo que consideró una ilegalidad del Poder Ejecutivo, haciendo causa común con el Ayuntamiento, decretó la cesantía de Alvarez Thomas, por sus "miras perniciosas hacia la felicidad y autoridades constituídas bajo el Estatuto Provisional Gubernativo", nombrando Director interino, en reemplazo de aquel, al Alcalde de 1º voto Francisco Antonio de Escalada; "a quien - consignan las Memorias Curiosas de Beruti - lo hicieron reconocer por tal a las tropas y al pueblo por un bando. El Síndico don Juan Cossio - sigue diciendo Beruti -, supo este hecho, e inmediatemente junta al pueblo este mismo día, va a Cabildo, hace presente la tropelía echa al Director Alvarez, y la ninguna facultad que le asistía por si solo, sin conocimiento del pueblo, para nombrar a otro; de cuyas resultas el pueblo depone a Escalada, y repone a Alvarez ... de manera que Escalada fue Director por tres horas, pues se reconoció a las 9 de la mañana, y a las12 del mismo día cesó".
      Con todo, el Cabildo Abierto realizóse el señalado día 13, con asistencia de la Junta de Observación, resolviendo nombrar una nueva Junta llamada "Reformadora", que modificara el "Estatuto". La integraban; el Dr. Manuel Antonio Castro (mi tío tatarabuelo), el Deán Gregorio Funes, los presbíteros Luis Chorroarin y Domingo Achega y el abogado Tomás Antonio Valle (tío carnal de Mariano Moreno). Asimismo se creó otra "Junta de Vijilancia" compuesta por Miguel Villegas, Juan García de Cossio y el Gobernador Intendente Manuel Luis Oliden. "Como la Junta de Observación y el Cabildo quedaban en la plenitud de sus funciones - discurre el historiador José María Rosa -, Alvarez se encontró cada vez más enredado entre muchas Juntas que se consideraban soberanas y estaban celosas de sus prerrogativas".
      El prestigio del Director estaba por los suelos. Toda la gente lo apodaba "Capón", debido a lo atiplado de su voz. La guerra civil extendíase de nuevo en Santa Fé, revolucionada en masa por Mariano Vera, en connivencia con Artigas, contra las tropas del gobierno centralista bonaerense, a la sazón a órdenes de Viamonte; el cual, estrechado en la ciudad y sin medios para resistir, optó por capitular cayendo prisionero. Belgrano, recientemente nombrado Comandante del Ejército de Observación, destacó al Coronel Eustoquio Díaz Velez a gestionar la paz con los santafecinos. Este militar porteño, descontento con sus jefes, determinó revelarse por su cuenta, firmando el 9 de abril, en la localidad de Santo Tomé, un armisticio subversivo con Cosme Maciel, representante de Vera. En ese pacto se convino - además de poner fin a las hostilidades y de evacuar las tropas directoriales el territorio de Santa Fé - suplantar a Belgrano por Díaz Velez en la comandancia de las fuerzas armadas y exijir la destitución del Director Supremo.
      Cuando Alvarez Thomas tuvo noticia de que el ejército había sido sublevado por Díaz Velez, exclamó dirigiéndose a los cabildantes; "Me voy, me voy, nombren ustedes a quien quieran". Y se fue, después de haber ocupado la silla de Gobierno durante 11 meses y 25 días.
    • Escalada y los interinatos anteriores a la llegada del Director Pueyrredón

      Renunciado Alvarez Thomas, la Junta de Observación nombró en su reemplazo el 16 de abril, al Brigadier Antonio González Balcarce, quien para firmar un tratado definitivo de paz con Santa Fé, según lo convenido en Santo Tomé, designó al Alcalde Francisco Antonio de Escalada, al Coronel Marcos Balcarce (hermano del Director interino) y al Doctor José Miguel Díaz Velez (hermano del inquieto Eustoquio); mientras el Congreso de Tucumán, como supremo organismo nacional, resolvía intervenir en las negociaciones, destacando al Diputado Miguel Calixto del Corro. El 28 de mayo, reunidos los porteños Escalada, Balcarce y Díaz Velez, con del Corro y el Gobernador santafecino Mariano Vera, convinieron un tratado mediante el cual Buenos Aires y el Congreso reconocerían la autonomía federal de Santa Fé, "hasta el resultado de la Constitución que deberá sancionar el Congreso"; a cuyo seno la flamante provincia mandaría un Diputado; en tanto Buenos Aires aceptaba indemnizar los daños causados por las tropas invasoras de Viamonte.
      Vera ratificó enseguida el tratado. "Buenos Aires -- dice mi amigo el historiador "Pepe" Rosa -- cometió la torpeza de no hacerlo, elevándolo al Congreso. En Tucumán se discutió, y Gascón propuso impolíticamente que se lo modificase. Esto molestó a Vera que se acercó a Artigas, y éste le ordenó al santafesino abandonar las negociaciones. Así lo hizo Vera mandando salir de Santa Fé a los Diputados porteños (Escalada, Balcarce y Díaz Velez) a principios de julio". A raíz de esto, la guerra civil volvió a encenderse.
      "Desde que los alborotos de febrero dieron por tierra con Alvarez Thomas -- expone don Vicente Lopez -- se había organizado en la capital un fuerte partido popular que se agitaba con el deseo de que Buenos Aires se constituyera autonómicamente dentro de su propio territorio, como las demás provincias ... pero debajo de ese fin se encubría también la intención de evitar que, a título de capital, vinieran a gobernarla hombres oscuros, salidos de la demagogia provincial, que por cualquier intriga feliz usurpen una mayoría dañina en el Congreso, o en las renovaciones que su personal estaba expuesto". Es que sonaba entonces como candidato a Directo Supremo el Coronel salteño José Moldes, enemigo notorio de los porteños; y amenazaba también -- al decir de don Vicente -- "la horrible confabulación con que los peruanos y arribeños pretendían entregar el país a un monarca, para repartirse entre ellos los grandes puestos de aquella imaginaria Corte".
      Así las cosas, el 3 de mayo, el Congreso de Tucumán eligió Director Supremo del Estado al General porteño Juan Martín de Pueyrredón; al propio tiempo que en el ambiente bonaerense la agitación popular alcanzaba su clímax al recibir, las autoridades locales, dos petitorios, firmados por 207 vecinos que planteaban la conveniencia de que Buenos Aires se convirtiera en provincia -- como sus hermanas del interior -- y dejara de ser capital; vale decir, asiento de los poderes nacionales y del Congreso, donde los Diputados porteños eran minoría para contrarrestar a los provincianos.
      Esta manifestación de localismo, por lo demás ruidosamente pregonada, enfrentó a Balcarce con el Cabildo y la Junta de Observación. Balcarce, apoyado por Soler -- caudillo de los "cívicos"--, Dorrego, Pinto y otros militares localistas, convocó "al pueblo soberano" a un Cabildo Abierto en la Iglesia de San Ignacio; en tanto el Cabildo regular, presidido por Escalada y la Junta de Observación encabezada por mi tatarabuelo Juan José de Anchorena, querían que la opinión pública se expresara por medio de representantes elegidos en comicios normales, y no en demagógicas deliberaciones a capricho.
      El día 19 de junio, empero, llevóse a cabo en el templo de San Ignacio la recluta popular convocada por Balcarce, sin que concurrieran a la reunión el Ayuntamiento ni la Junta de Observación. En esa asamblea tumultuosa, no obstante, Balcarce y sus parciales resultaron derrotados; 1.020 ciudadanos votaron para que el pueblo fuera oído através de sus representantes, contra 86 partidarios de las cabildadas abiertas.
      Días después llega a Buenos Aires la noticia de que los portugueses habían invadido la Banda Oriental. Ante el grave acontecimiento, la Junta de Observación y los ediles lugareños acusan a Balcarce de pasividad, de "introducir la desunión", al "promover un provincianismo extemporáneo", y lo declaran cesante. En su lugar designan al Alcalde Francisco Antonio de Escalada y a Miguel de Irigoyen, miembros de la Junta, en calidad de interinos, hasta la llegada del Director Supremo titular Juan Martín de Pueyrredón.
      Balcarce había permanecido al frente del gobierno solo 2 meses y 26 días. Tras un fugaz interinato de Escalada e Irigoyen -- apenas 28 días --, el 9 de agosto Pueyrredón asume el mando directorial. Y al mes siguiente, el 13 de septiembre, en la Plaza de la Victoria y en la Residencia (San Telmo), y el 14 en Montserrat y San Nicolás, al Alcalde Francisco Antonio de Escalada le tocó hacer jurar solemnemente al pueblo porteño la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América respecto del Rey de España, sus sucesores y metrópoli, y de toda otra dominación extranjera, como lo había proclamado el 9 de Julio el Congreso de Tucumán. Asistieron a las ceremonias el Superior Director Pueyrredón, la Cámara de Justicia, el Cabildo, el Tribunal de Cuentas y demás corporaciones eclesiásticas, civiles y militares. Las calles estaban adornadas con colgaduras de mucho gusto -- según Beruti --, los tablados muy hermosos y las tropas de caballería e infantería, con sus músicas y banderas, iban a la vanguardia y retaguardia de las corporaciones. Por tres días hubo danzas, toros, comedias e iluminación general de la ciudad; faroles de colores, castillos de fuego, arcos triunfales, estatuas, pirámides supuestas y otros adornos; entre repetidas salvas de los cañones de la Fortaleza y de los buques empavesados que, iluminados de noche, daban al río apariencia de volcán, por la luz que se elevaba del agua. "Solo diré -- estampa Beruti en sus Memorias Curiosas -- que en el reino más poderoso, no se hace jura a un Soberano con mayor magnificencia y lucimiento, que la que ha hecho Buenos Aires en la declaración de su independencia".

      Dos opiniones contemporáneas sobre la personalidad de don Francisco Antonio

      Los hermanos escoceses Juan y Guillermo Parish Robertson, en su libro editado en Londres en 1843 bajo el título de Letters on South America, se ocupan de los hermanos Escalada, y al referirse a don Francisco señalan que "era la más perfecta personificación del español grave, digno y urbano. Actuaba en forma prominente en los negocios principales de su ciudad natal ... hemos conocido bastante a don Francisco. Nunca hizo mas honor a la toga civil un patriota mas decidido ... Verlo con su sombrero tricornio, a la usanza antigua, y su vara negra de Alcalde ... hacía pensar en un gentilhombre de los mejores tiempos. Pertenecía a una de las familias más distinguidas del país, y su conducta pública fue siempre irreprochable. Sean estas palabras un modesto elogio a uno de los mas distinguidos ciudadanos de Buenos Aires ... (Su uniforme de Alferez Real hoy se exhibe en el Museo del Cabildo).
      A su vez, con tono completamente distinto, cierto informante o espía realista que se hallaba por el año 1817 entre nosotros, remitió a las autoridades de España un escrito anónimo titulado "Idea de los Yndibiduos que figuran o tienen alguna influencia en el estado actual de Buenos Aires". El personaje que me ocupa aparece caracterizado ahí de esta manera; "Don Francisco Escalada; De edad, intrepidez revolucionaria y honrado. Deboto y liberal con los monasterios. Su opinión en probidad, no está bien sentada; sin embargo corre como hombre bueno, y su inclinación es a España". Debajo de su nombre alguien acotó el siguiente exabrupto; "Loco, ebrio, exaltado, y por consiguiente, nulo". (Documento publicado por Ricardo R. Caillet Bois en el Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras, Tomo XXIII. Buenos Aires, 1939).

      Nuestro hombre durante el desbarajuste del año 20

      Los principales sucesos del caótico año 20, los tengo relatados en las monogafías dedicadas a los linajes de Anchorena y Aguirre, a cuyas páginas me remito para mayores detalles.
      Caído el Director Rondeau, tras el descalabro militar que le infligieron las montoneras entrerrianas y santafesinas acaudilladas por Pancho Ramírez y Estanislao López, el 1º de febrero en la Cañada de Cepeda; disuelto también el Congreso; el Cabildo porteño, como única institución que había quedado en pié, reasume la autoridad en la Capital y su provincia, titulándose "Cabildo Gobernador".
      Apremiada por las circunstancias, esa corporación convoca a elecciones de electores, a fin de que estos designen a los Represesntantes del nuevo Estado federal. Y el 16 de febrero, dicho electores, en número de 182, consangran por pluralidad de votos, a los 12 Legisladores (entre ellos mis antepasados Juan José de Anchorena y Antonio José de Escalada) que debían integrar la primera Junta de Representantes bonaerense, y elegir un Gobernador; que resultó Manuel de Sarratea.
      Los caudillos vancedores Ramírez y López, a todo esto, impugnan a varios Representantes tachados de directoriales. Entonces la Junta queda desintegrada, y el gobernador Sarratea llama a nueva elección de electores de la ciudad y campaña, quienes el 27 de abril sufragan, para integrar a esa segunda Legislatura, con otra docena de ciudadanos, entre estos los hermanos Francisco Antonio y Antonio José de Escalada y Tomás Manuel y Juan José de Anchorena. Pero don Francisco Antonio no accepta el cargo, y renuncia, decidido a permanecer en su casa,
      Entre tanto la vida política sigue en tremendo desquicio. Cae el Gobernador Sarratea; se encumbra durante 6 días el General Juan Ramón Balcarce; vuelve Sarratea, y al mes y 21 días queda cesante, y es reemplazado por Ildefonso Ramos Mexía. No se cumplen dos meses y el General Miguel Soler da un golpe de Estado (el 20 de junio, día en que llegan a coexistir 3 Gobernadores; Ramos Mexía, el Alcalde Dolz y Soler). Cuarenta y ocho horas después, el Cabildo en pleno, presidido por el Alcalde Dolz, y a título particular, los Representantes de la disuelta Junta; Francisco de Escalada, mis antepasados Juan José de Anchorena y Manuel Hermenegildo de Aguirre, y Manuel Obligado, Juan Alagón Juan José Paso y Victorio García de Zúñiga, reconocen y legalizan al General Soler como Gobernador.
      Catorce días después, el Cabildo designa, por unanimidad de votos a Francisco Antonio de Escalada, en reemplazo de Miguel Marín, "Comandante de la Imaginaria Civica" -- guardia que no prestaba servicios de tal, solamente en el caso de quedar vacíos los cuarteles por desplazamientos de tropas. Pero Escalada renuncia, "en consideración de sus achaques habituales y edad septuagenaria", secediéndole en el cargo el Teniente Coronel retirado Miguel de Irigoyen de la Quintana, antiguo Caballero de Alcántara, con sus largos 55 años cumplidos.
      Tres semanas más tarde (31 de agosto) se eligen otra docena de Representantes para una renovada Junta -- la tercera en 6 meses -- y vuelven a ser nomindos en la tanda; Francisco Antonio de Escalada y mi tatarabuelo Anchorena. Por último, el 28-XII-1821, suprimidos los Cabildos de la Provincia, el Gobernador Martín Rodríguez nombró Juez de Paz de la parroquia de la Catedral a don Francisco Antonio. De entonces en adelante, la vida pública del personaje concluye definitivamente. Y el 7-XII-1835, a los 86 años de edad, el hombre deja de existir en Buenos Aires. Su mujer, frisando en los 46, había fallecido en 1818.

  • Fuentes 
    1. [S179] Biografías Argentinas, Yaben, Jacinto R., Tomo II, pág. 414 (Confiabilidad: 3).

    2. [S179] Biografías Argentinas, Yaben, Jacinto R.