Mario Alberto Rivarola Tarnassi, (*)[1]

Varón 1883 - 1950  (67 años)


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  • Nombre Mario Alberto Rivarola Tarnassi 
    Sufijo (*) 
    Nacimiento 28 Mar 1883 
    Sexo Varón 
    Fallecimiento 14 May 1950  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Enterrado/a 15 May 1950  Cementerio de la Recoleta, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    ID Persona I630935  Los Antepasados
    Última Modificación 31 Ene 2018 

    Familia Ana María Isabel Duffy Castilla,   n. 20 May 1886, Carmen de Areco, Bs. As., Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 30 Nov 1966, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 80 años) 
    Casado 4 Ene 1906 
    Tipo: Canónico 
    Hijos 
    +1. Marío Felipe Rivarola Duffy,   n. 10 Oct 1906,   f. 8 Mar 1990, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 83 años)
     2. María Teresa Rivarola Duffy
    +3. María Isabel Rivarola Duffy,   f. 20 Jul 2005, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
    Última Modificación 26 Nov 2014 
    ID Familia F212244  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Notas 
    • "Dr. Mario A. Rivarola. Falleció ayer en esta capital. Nota de duelo en las esferas académicas, universitarias y forenses, y de pesar hondamente sentido en nuestros círculos tradicionales, es la noticia del fallecimiento, tras breve dolencia, del Dr. Mario Alberto Rivarola.
      Con él desaparece una figura que durante casi media centuria desarrolló prolífica labor en materia de jurisprudencia argentina, que en el claustro del derecho fue clara inteligencia docente, y al progreso de nuestras fuerzas vivas aportó no sólo la norma jurídica hecha ley, sino también la actividad personal, límpida y previsoria del varón sin tacha que aplica el acervo de sus vastos conocimientos con espíritu de elevada ética, el mismo que siempre presidió sus enseñanzas impartidas en el aula.
      Mario A. Rivarola vióse predestinado a la abogacía. Nació el 28 de marzo de 1883, hijo de Rodolfo Rivarola, fundador de la "Revista Argentina de Ciencias Políticas", y fué ya en el hogar paterno, donde el intelecto portaba acento de ciencia jurídica, el que debía ser estímulo del joven que se graduó con diploma de honor y medalla de oro en 1904. Y ya también su tesis doctoral auguró brillantes aptitudes; versó ella sobre los derechos de autor ante el derecho internacional privado, y tanto fué el acierto de sus reflexiones, que la publicación oficial de la Oficina Internacional de la Propiedad Literaria, de Berna, dedicóle elogiosos comentarios. Mas ya dos años antes de doctorarse había iniciado Mario A. Rivarola su enjundiosa y meritoria labor de publicista con un estudio sobre las bases y antecedentes de la legislación rural argentina. Llamaron luego la atención su ?Régimen de la tierra pública? y el notable y meditado trabajo sobre el orden jurídico en las relaciones internacionales, cuyos principios básicos viéronse reflejados luego en los postulados de Woodrow Wilson. Su "Legislación industrial argentina", publicada en 1917, fue uno de los mejores estudios sobre las leyes del trabajo que se escribieron en el país.
      Entretanto, su dominio jurídico y su pluma brillante habíanle reportado ya ?en 1905- la prosecretaría de la Universidad de Buenos Aires. Inició su labor docente universitaria en 1912 y enseñó derecho mercantil privado en Buenos Aires y economía política en La Plata, en cuya Universidad fué después titular de la cátedra de legislación industrial y agraria. En nuestra Facultad de Ciencias Económicas enseñó la materia Sociedades Anónimas y Seguros durante 33 años, y fué también director del instituto de esa materia en la alta casa de estudios. Culminó su obra jurídica literaria en el "Tratado de derecho comercial argentino", cuyos seis volúmenes, terminados y premiados en 1941, constituyen un medular aporte a la enseñanza y a la consulta forense, trabajo sobresaliente por su método, exposición y exégesis. Abarca la obra literaria suya otros títulos, importantes por demás, y también se acusó su talento en la labor periodística: fué secretario de la "Revista de la Universidad de Buenos Aires", y secretario, y director después, de la "Revista Argentina de Ciencias Políticas".
      Mario A. Rivarola presidió el Colegio de Abogados de Buenos Aires, de 1923 a 1928, y la Federación Argentina de Colegios de Abogados, de 1928 a 1932. Había sido miembro de la Academia de Ciencias de Buenos Aires y la presidió de 1938 a 1940. Las Academias de Ciencias Económicas y Nacional de Ciencias Morales y Políticas contáronlo, asimismo, entre sus miembros, habiendo sido correspondiente de la de Legislación y Jurisprudencia de Madrid. El Instituto de la Orden de Abogados Brasileños lo condecoró en 1944.
      Si tal fue el relieve de la obra y actuación del eminente jurista, encuadráronlas su personalidad, su severa y caballeresca pulcritud, el espíritu y la conciencia rectora del genuino maestro de nuestra juventud universitaria en sucesivas generaciones.
      La Academia de Ciencias Económicas, a la cual pertenecía el doctor Rivarola, decidió adherirse al duelo y, además de enviar nota de pésame a los deudos, designar una comisión para asistir al sepelio, compuesta por el presidente, Dr. Enrique C. Urien, y los académicos Dres. José Heriberto Martínez y José Barrau. Este último hará uso de la palabra en la ceremonia". (La Nación, 15.5.1950)

      "Doctor Mario A. Rivarola
      Ayer fueron inhumados sus restos
      El profundo dolor que produjo en todos los círculos de su actuación la noticia del fallecimiento del Dr. Mario A. Rivarola tuvo amplia exteriorización en el acto del sepelio de sus restos, en el cementerio de la Recoleta.
      Un largo cortejo acompañó hasta su última morada al distinguido jurisconsulto desaparecido cuya figura y obra fueron evocadas en oraciones que tradujeron el hondo sentimiento que su desaparición suscitó en instituciones y centros de los que fué miembro, y a los que prestara la colaboración de su clara inteligencia.
      En nombre del Colegio de Abogados de Buenos Aires hizo uso de la palabra el Dr. Adolfo Bioy quien, tras manifestar que Rivarola, en la República Argentina es sinónimo de docto, manifestó:
      "Mario Rivarola, hijo de esa casa ilustre, se aligeró temprano de la pesada herencia de su padre, el sapientísimo doctor Rodolfo Rivarola, para formarse con su esfuerzo su propio patrimonio intelectual y convertirse así, de aristócrata del pensamiento que era, en hijo de sus obras.
      "En la vieja Facultad de Derecho de la calle Moreno fué un estudiante sobresaliente, medalla de oro de su curso, y no era cosa fácil serlo en aquellos tiempos en los que la modestia de la casa de estudios estaba en relación inversa con la eminencia de sus profesores, en los que a las aulas concurrían los estudiantes porque tenían algo que oir de sus maestros y mucho que aprender de su palabra y del ejemplo de sus vidas. Mario Rivarola era un estudiante sobresaliente en las aulas de aquella casa y en sus patios un compañero cordial. Ese espíritu desinteresado de compañerismo lo ejerció toda su vida y lo puso singularmente de relieve en el Colegio de Abogados de Buenos Aires, del que fue dignísimo presidente, y en cuyo nombre traigo a su tumba una palabra conmovida de adiós y de recuerdo; lo practicó en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, de la que fue desde su fundación ilustre miembro de número, y de la que le traigo también la expresión de nuestra despedida y de nuestro recuerdo. En ambos organismos la memoria de Mario Rivarola será imperecedera porque supo despertar afectos definitivos en sus compañeros y porque supo poner el sello definitivo de su pensamiento esclarecido en la institución misma?.
      Manifestó que ejerció la cátedra con tanta austeridad intelectual, que las opiniones que emitía o eran sus propias opiniones o cuando eran de otro, estaban rigurosamente fiscalizadas, y dijo finalmente:
      "El publicista sereno que llegó a la celebridad en sus tratados sobre materias de derecho comercial, que son libros indispensables de estudio y de consulta, era un abogado apasionado por la causa de su cliente, apasionado, pero escrupuloso".
      "En su estudio profesional, en la cátedra, en sus libros, en el Colegio de Abogados de Buenos Aires, en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, trabajó siempre con elevado pensamiento y con eficacia, para los demás, para la República, a la que mucho amó".
      Por la Academia Nacional de Ciencias Económicas habló el Dr. José Barrau, quien, entre otros conceptos expresó:
      "Hubo de actuar en una época constructiva de la docencia, para la técnica de las ciencias económicas, cuyas teorías clásicas recibían un duro golpe, en ocasión de la primera guerra mundial. Nuestros estudios económicos recién se disciplinaban en nuestro país y el sacudimiento debía por fuerza tener su influencia en el orden económico y social. La repercusión se produjo de inmediato en el Consejo de la Facultad y en el Consejo Superior Universitario, en momentos en que la solución de los problemas de la reforma universitaria y de la docencia no eran fáciles ni sencillos. Ello no obstante, y aunando sus opiniones con hombres como Eleodoro Lobos, Mario Sáenz, Manuel B. Gonnet, Bunge, Tezanos Pinto, Bibiloni, Gondra, Broggi, Zeballos, José León Suárez y otros más, contribuyó para el perfeccionamiento de los estudios económicos, ya sea en la didáctica de la cátedra o en la preparación de muchos programas de estudios, con la misma ilusión y esperanza que puso la primera generación de egresados doctores en ciencias económicas, de quienes fué profesor y con cuyo porvenir profesional se confundió humanamente en una constante y noble preocupación".
      Expresó que en todas las casas de estudio donde ejerció la docencia, ha dejado huellas de una labor científica constructiva, a cuya noble dedicación se unió una exquisita cultura que le permitió resolver con armonía todas las cuestiones vinculadas con el ejercicio de tan importantes funciones, y agregó:
      "Descendiente de una tradicional familia argentina, fué una fructífera rama de un robusto árbol. En la vieja casa solariega que fue cuna y escuela de hombres de bien, en ese hogar de ?los Rivarola?, ejemplo y buena tradición, formó su temperamento para el estudio, en el cariño del hogar, con las armas de la verdad y de la bondad encontró la defensa de las propias ideas, sin lesionar las de los demás".
      "Su capacidad y perseverancia le permitió escalar, en justicia, las mayores dignidades científicas, para orgullo de sus mayores que pudieron comprobar una vez más que las sabias lecciones y el propio sacrificio para el bien de las instituciones culturales del país, jamás se pierden, aún cuando en el momento de su ejercicio no lleguen las merecidas y esperadas recompensas".
      Expresaron también su adhesión al duelo, la Facultad de Ciencias Económicas, la Federación Argentina de Colegios de Abogados y otros organismos a los que perteneció el extinto". (La Nación, 16.5.1950)

  • Fuentes 
    1. [S510] Quince Genealogías, Sadous, Eduardo A., (Editorial Armerías, Buenos Aires 2009).