Fernando María Madero Elliot, (*)[1]

Varón 1944 - 1987  (43 años)


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  • Nombre Fernando María Madero Elliot 
    Sufijo (*) 
    Nacimiento 11 Feb 1944  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [2
    Sexo Varón 
    Fallecimiento 4 Mar 1987  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [2
    ID Persona I6148  Los Antepasados
    Última Modificación 11 Feb 2018 

    Padre Fernando Madero Molina,   n. 7 Sep 1909, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 4 Jul 1978, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 68 años) 
    Madre Sonia Maud Elliot Altgelt,   n. 4 Jul 1912, Londres, Inglaterra, Reino Unido Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 29 Mar 1993  (Edad 80 años) 
    Casado 28 Abr 1938  Basílica Nuestra Señora del Socorro, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  [3
    ID Familia F3625  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia Cecilia Paz Dormal 
    Hijos 
    +1. Fernando Bernabé Madero Paz
     2. Paula Madero Paz
    Última Modificación 11 Abr 2017 
    ID Familia F3624  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Mapa del Evento
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  • Notas 
    • PALABRAS DE D. NORBERTO PADILLA QUIRNO EN LA SESIÓN PUBLICA DEL INSTITUTO ARGENTINO DE CIENCIAS GENEALÓGICAS EN HOMENAJE A D. FERNANDO MADERO (1944-1987). 13 DE MARZO DE 2017.

      En el hall de los pasos perdidos de la Facultad de Derecho los alumnos pasábamos ante la estatua de una gran figura del Ochenta, don José Manuel Estrada. Tenía una inscripción que vino a mi memoria cuando nuestro presidente me pidió estas palabras sobre Fernando Madero: "Non omnis moriar", de una Oda de Horacio. "No moriré del todo". Desde la mansión eterna del Cielo, Fernando podría repetirnos al poeta clásico sobre el legado que dejó hace treinta años.
      "Non omnis moriar", porque su memoria es atesorada por Cecilia Paz y su sangre corre a través de sus hijos Fernando Bernabé, casado con Carole, y Paula, y por los nietos, uno de los cuales es el cuarto Fernando de esa rama de los Madero.
      Isidoro Ruiz Moreno en el prólogo a "Entre la Genealogía y la Historia" explica la pasión de Fernando por lo que estuvo entrelazado desde chico, cuando varios de nosotros Jorge de Durañona y Vedia, padre de Francisco, otro amigo de aquéllos de los primeros grados del Champagnat, cuya ausencia nos duele, nos hablaba de las grandes personajes de la realeza y del pasado argentino. Posiblemente con alguno de nosotros, Fernando en 1959 hizo su primera visita al Archivo General de la Nación, a donde siguió yendo hasta el final de su existencia. La pasión genealógica comenzó con grandes hojas de papel en las que descubría y desplegaba el pasado (los seis tomos de Calvo fueron el primer descubrimiento). Iban sellos y ramas verdes que los unían, que los prolongaban, que de pronto, necesitaban de más hojas, o que había que podar ante un dato que se revelaba erróneo. La generosidad evocada por cuantos hemos hablado de él, hacía que no se preocupaba solamente por su árbol sino que ayudaba a hacer los de sus amigos y familias.
      Llevados por don Jorge de Durañona y Vedia, íbamos a las sesiones del Instituto en el Jockey de la calle Cerrito, donde pudimos conocer a Martínez Gálvez, Raúl Molina, Raúl de Labougle, Félix Martín y Herrera y otras personalidades, siempre amables y abiertos a los más jóvenes. En 1969 Fernando se incorporó como miembro de número del Instituto, y publicó en el Boletín su primer trabajo "La ascendencia de Juan José Paso". De ahí en más, escribió numerosos trabajos tanto en la revista como en el boletín, el último de los cuales fue póstumo, en mayo-junio de 1987 sobre la descendencia Gómez Cueli, con la transcripción de cuadernos del siglo XIX conservados por don Norberto Quirno Frías, "dejando para otra oportunidad el efectuar la versión anotada y ampliada de la misma", vaya a saberse si con la ilusión de hacerlo él o la intuición de que la enfermedad podría más. Fernando descendía dos veces de esta familia, cuyo principal exponente fue el sacerdote José Valentín Gómez, por Molina y por Quirno. Ascendencia antes explorada en la revista de 1982 con "El conquistador Perálvarez de Holguín y su descendencia rioplatense", entra la que están los Cueli de Escobar. Hija del conquistador fue Constanza Holguín de Orellana, por donde se seguía hasta el Inca Huayna Capac. Fue un golpe para muchos el barrido que Fernando hizo del linaje imperial al develar que la madre de doña Constanza había sido una "india perulera", una india del Perú sin otro indicio de vínculo con la dinastía incaica. En el número 33, año 2013, de la revista, la investigadora Ana María Presta presenta un documentado trabajo sobre Doña Constanza, "una dama mestiza del siglo XVI" y sus tres maridos. Si bien considerándola parte del efímero pero privilegiado grupo de mestizas hijas de conquistadores, tras quienes se licuó el componente indígena de la élite de Charcas", al igual que Madero descarta que la madre haya sido una princesa incaica, como también lo hace el recordado Narciso Binayán Carmona.
      Quisiera mencionar otros trabajos de alguna manera desmitificadores, como cuando se atrevió a develar el componente negro en la sociedad argentina a través de Petrona Imbila, nacida por 1718, y el Capitán Fermín de Pessoa, hijo de una parda libre, con descendencia en importantes familias porteñas. Otros autores siguieron esta línea de investigación, que hace primar la verdad sobre el voluntarismo nobiliario de antaño, y que ya no admite, o no debiera admitir, formas de racismo.
      En base a un poder otorgado en Buenos Aires por quien solía ser llamado por su misteriosa presencia en estas tierras "el pirata Guillermo Ross", antepasado de muchas y muy tradicionales familias. Fernando descubrió un poder otorgado por Ross a un hermano, de donde el nombre y vínculos de la familia materna, desconocidas hasta entonces, los Munro. Hernán Lux Wurm y José María Pico, para quienes tengo un afectuoso y agradecido recuerdo, profundizaron en la vida y la progenie de este "escocés altanero" (como titula Pico), cumpliéndose lo que Fernando había anticipado, de detallados estudios que se harían a partir de su descubrimiento.
      Por su carácter específicamente histórico-genealógico, cito "Los Varela y su ascendencia materna (San Ginés, Rodríguez de Vida, Navarro, García Meneses)", de la que Fernando descendía por su tatarabuela Paula Varela de Madero. Me gustaría citar algo conmovedor sobre el español don Jacobo Adrián Varela. Enfermo, sus amigos peninsulares le recriminaban que su hijo Juan Cruz había entrado a trabajar en el gobierno. Varela convocó a su hijo y le dijo que contara el ofrecimiento que le hizo el Director Supremo Pueyrredon. Tras escucharlo les dijo: "¿Creen ustedes que en tiempos de nuestros Virreyes, éstos habrían empleado un joven pobre y sin recomendaciones sólo porque escribiese unos pocos versos en honor de su país" Ustedes como yo saben que no. Respetemos lo que merece respetarse: y tú, anda a servir a tu patria con fidelidad y con honor". Hoy diríamos que en 1810 se abrió una "brecha" y que los Varela la lograron saltar. Cuando leí ese espléndido trabajo de Julio Jorge Pertiné, gran amigo de Fernando y arribado, como es mi caso, al Instituto por insistencia suya, sobre don Ignacio Alvarez Thomas, a diferencia de los otros, la unidad familiar quedó destruida por la adhesión del joven a la causa independista no pudo nunca recomponerse.
      Por su madre, Sonia Elliot, Fernando descendía de ingleses y de alemanes, sin olvidar los Camusso italianos y los norteamericanos, uno el primer propietario de lo que es hoy Parque Lezama, Charles Ridgeley Horne, y el otro George Peter Ernest Tornquist, de padres alemanes pero nacido en Baltimore (tengo muy presente el relato que Fernando hizo de su visita al lugar natal de su antepasado como, agrego, al Centro de Genealogía Familiar de Salt Lake City, sobre la que brindó una documentada y amena disertación aquí), así como los italianos Camusso. Se encuentran en esta ascendencia a católicos, anglicanos y evangélicos, pero no hay linajes del interior. Estos llegarían por su matrimonio con Cecilia que trajo, además de los Quirno de nuevo, a los Paz, Colombres, Alurralde, Terán y otras del Norte. Fernando en 1983 trazó, en base a papeles familiares, la genealogía de su abuela materna, Erica Altgelt. Adam Altgelt en 1902 escribió Camusso, a su vez, eran oriundos de Novi, cerca de Génova, que pasaron a Cádiz , donde Ana Camusso casó con Domingo de María, de Nápoles. Se encuentran en esta genealogía católicos, anglicanos y evangélicos, pero sin linajes del interior. Pero por su matrimonio, Cecilia trajo, además de los Quirno de nuevo, a los Paz, Colombres, Terán y otras del Norte. Fernando en 1983 trazó, en base a papeles familiares, la genealogía de su abuela materna, Erica Altgelt. Citó allí a Adam Altgelt que en una carta a su yerno Pablo Cárdenas en 1902 asentó que los Altgelt : "De lo dicho resulta que los Altgelt no han sobresalido jamás por grandes virtudes ni altas capacidades intelectuales, no ha habido entre ellos grandes vicios o defectos sean físicos o morales. En una palabra, que los su familia "no se han alejado del ancho camino de la mediocridad". No me cabe duda que Fernando hubiera gozado con la obra de su pariente, Carlos Altgelt Domínguez, para quien había sido "el mejor gurú genealógico", tituló precisamente así un minucioso estudio de la familia, en Alemania y en la Argentina, y además en Estados Unidos. En "El ancho camino se bifurca", en colaboración con María Acuña, trazó la descendencia a los 150 años del matrimonio del genearca Adam, muy oportuno el nombre, con Laura Tornquist, y lo dedica "A Fernando M. Madero, quien tuvo la idea" y luego otro sobre el bisabuelo de Fernando, Carlos Adolfo Gottlob Altgelt, "arquitecto, no ingeniero" como ponía en sus tarjetas, a quien se debe el edificio de Educación en la Plaza Rodríguez Peña. "La genealogía, "el estudio de nuestros antepasados" es algo más que una lista fría de nombres y fechas, los nacimientos, casamientos y fallecimientos de aquellos que nos precedieron. Esto bien lo comprendió Fernando Madero "genealogía es el estudio de la gente, no de cosas, quiénes fueron, qué hicieron, dónde y por qué", escribió el actual Carlos Altgelt.
      Seguramente hay otros trabajos e investigaciones relacionados de una manera u otra con los de Fernando, quien tuvo relevante desempeño para concretar la donación al Jockey Club de la biblioteca que perteneciera al ex presidente del Instituto, don Hugo Fernández de Burzaco y Barrios. Todo lo cual nos dice que su siembra cayó en tierra fértil y dio fruto abundante.
      Rosendo Fraga con razón dice en el Prólogo al trabajo sobre Roca que Madero era "en pleno siglo XX, una suerte de figura de la generación del ochenta, pero muy consciente de los tiempos que vivía. Es que para él, política, historia, periodismo, eran facetas de una misma vocación, vocación por la Argentina integral, en su pasado, su presente y su futuro." En su habitación de la calle Libertad 964, y ahora en el despacho de escribano de su hijo, estaba el grabado en el que el bisabuelo Eduardo Madero presenta en las escalinatas de la Casa Rosada el proyecto de puerto de Buenos Aires. Fernando fue, como lo definió Natalio Botana, un "historiador del 80", que estaba al alcance de su mirada, de su mente y corazón. Comenzó con la semblanza de Ernesto Tornquist en "La Argentina del 80 al Centenario" dirigida por Ezequiel Gallo y Gustavo Ferrari. En "Criterio" rescató una página de Paul Groussac de 1886 en la que imagina a la Argentina en 1910. Fernando encuentra que la descripción del presidente corresponde a Delfín Gallo, que bien podría haberlo sido si la muerte no lo hubiera arrebatado a sus jóvenes 44 años de edad, uno más de los que viviría Fernando. Buena parte de su obra histórica se volcó en la revista del Instituto Histórico de la Organización Nacional, a cuyo frente estaba otro gran amigo, Isidoro Ruiz Moreno. Allí vieron la luz dos trabajos de gran valor. El primero fue "Vicente Fidel López en el 80" (1978), en el que tienen destacado lugar las cartas a su hijo Lucio Vicente, una vida promisoria ésta, tronchada temprana y trágicamente. Vemos ahí que don Vicente Fidel es duro con Julio Argentino Roca, a quien califica de "mandoncillo endiosado y armado". Pero el ascenso del tucumano fue irresistible, y, apunta Madero, el ministro Joaquín V. González, fue quien despidió los restos de Vicente Fidel en nombre de Roca, en su segunda presidencia, el 31 de agosto de 1903. Cabe señalar que la genealogía de esta "dinastía intelectual", al decir de Ricardo Piccirilli, fue estudiada por Fernando en "López de Santiago" (1984).
      La obra fundamental de Fernando en el terreno de la Historia es "Roca y las candidaturas del 80", publicada en 1982. Lucio V. Mansilla dijo "si no se escribieran cartas íntimas, no habría historia auténtica". Por eso el autor recurre al epistolario de las primeras figuras pero también de varios que se movieron en el segundo plano. Natalio Botana dice: "En la historiografía política del período sobresale esta infatigable reconstrucción de las intenciones, actos y consecuencias de un pequeño número de actores mediante un riguroso trabajo de archivo y de compulsa de correspondencia. Si hubiera concluido esta empresa, con el tercer artículo que cubría el año 80 entre febrero y diciembre, posiblemente Madero habría dado cima a un indispensable libro de referencia", aunque con lo escrito "los acontecimientos que transcurren entre la Presidencia de Avellaneda y los prolegómenos de aquel año crucial, adquieren una nueva y paradójica dimensión". Rosendo Fraga, que reeditó para Nueva Mayoría la obra en 2007, dice en su prólogo, muy oportunamente escrito a los veinte años de la partida de Fernando, que éste pone de manifiesto la singular sagacidad política de Roca, ya que, como se relata, su llegada al poder no era algo inevitable ni mucho menos, como a veces una mirada simple del proceso histórico parece mostrar. Por el contrario, fue una tarea azarosa y por momentos a punto de fracasar, pero finalmente una hábil utilización de las circunstancias permitió al "zorro" -como lo apodaban- llegar a la Presidencia". Fernando dejó notas y proyectos para la última parte de la obra, pero lamentablemente, pese a los esfuerzos de su hijo, de Ruiz Moreno y de Fraga, no pudieron reunirse en un útimo capítulo.
      Por último tenemos el trabajo inédito al tiempo del fallecimiento de Madero, la biografía del segundo vicepresidente de Roca, Norberto Quirno Costa, bisabuelo de Cecilia, que fue, dice el autor, "un cabal exponente de aquella corriente dominante en la generación del 80, que supo privilegiar el bien supremo de la paz sin abdicar por ello la dignidad nacional". Su actuación como titular de la representación diplomática en Chile en 1892 tuvo como objeto demarcar, de acuerdo al tratado de 1881, la enorme extensión de frontera entre los dos países hermanos. No lo logró, pero cuando llegó a la vicepresidencia, la paz con Chile lo seguía obsesionando y la vio llegar con los Pactos de Mayo. Poco antes de morir, Quirno Costa escribía que la paz "es un fruto del Espíritu Santo", y se extendía en expresiones de fe en la grandeza del país, tanto más cuando Europa se despedazaba en 1915 en plena Guerra Mundial.
      La pluma de Fernando es ágil, amena, sentida, capaz de extraer toda la riqueza de los testimonios directos, espontáneos, con pasión argentina y cultura humanista. En las notas comprobamos la vastedad de las fuentes bibliográficas y documentales que tientan a detenerse en los panoramas que ellas mismas abren. Fernando era él mismo un cultor del género epistolar. Podía ser una esquela, con algo de humor, aportando un recorte periodístico de antaño o un dato genealógico buscado por el destinatario como maná en el desierto, y extensas cartas que era un placer recibir cuando se estaba de viaje al entremezclarse las más variadas noticias y agudos comentarios de la realidad política.
      Genealogía e Historia iban junto con un gran sentido de responsabilidad argentina. Nuestra infancia y adolescencia estuvieron marcadas por la época de Perón, la Revolución Libertadora, y las frustradas presidencias que siguieron, con enfrentamientos tan incomprensibles hoy como los de azules y colorados. La primera revista escolar, en 1955, tuvo como director a Julio Pertiné, y Fernando estuvo entre los colaboradores desde el principio, como estuvo en sesiones del Congreso cuando tenía 14 o 15 años. Fue un aprendizaje de lo político y un impulso para volcarse a los grandes parlamentarios, a los debates memorables, a las luchas cívicas, con su esplendor y decadencia. Fernando aprendió este difícil arte con las lecciones del pasado y las dificultades de su propia época. Su interés por la política y la historia iba más allá de la Argentina, en un mundo que mostraba figuras como Winston Churchill, Charles De Gaulle, Konrad Adenauer, John F. Kennedy, Juan XXIII y Pablo VI. Además de Fidel Castro, que cito porque Fernando a los 16 años, en 1960, alertó en carta de lectores en la revista Leoplán, en contraste con la ingenuidad general con que era recibido en el país, que se trataba de un marxista comunista.
      Así como su generosidad no tenía límites en brindar datos a colegas y amigos, a compartir de manera generosa y con alegría sus hallazgos, esa misma actitud tuvo en el consejo, la palabra oportuna, la estrategia propia de su fino sentido y su conocimiento de las realidades de otros países. Me permito singularizar el valor de su aporte a la candidatura de Fernando de la Rúa en marzo de 1973, cuando se preparaba la experiencia inédita del ballotage para senador. El Fernando que hoy recordamos puso como foco de dedicación el voto independiente, decisivo en esas circunstancias, así como un lema que significó mucho cuando parecía que el país iba a un sistema hegemónico, y que rastreó en la política norteamericana: "Un control republicano en el Senado" así como el desafío del debate de los candidatos, en quedó una silla vacía ante la negativa de quien a la postre sería derrotado el 15 de abril.
      Fernando para sus amigos siempre "estaba" a su manera discreta y cálida a la vez. Rosendo Fraga lo recuerda como el primero que llegó al sanatorio a saludar el nacimiento de su primera hija, lo que coincide con mi imagen llamándolo desde allí para decirle que había nacido su ahijada, la mayor de mis hijas. Mucho más podríamos recordar de ese amigo fiel cuyo elogio está en la Biblia: "Un amigo fiel es un refugio seguro: el que lo encuentra ha encontrado un tesoro. "Un amigo fiel no tiene precio, no hay manera de estimar su valor. "Un amigo fiel es un bálsamo de vida".
      Este homenaje del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas es memoria pero es también celebración de Fernando Madero, que hace tres décadas fue al encuentro del Padre. Celebración y acción de gracias en este mundo tan propenso al olvido, por la familia que fundó con Cecilia, por el entrañable recuerdo dejado en tantos amigos y por todo lo que dio, con generosidad e inteligencia, y que someramente hemos repasado hoy, y que nos lleva a repetir que no todo de él ha muerto, "non omnis moriar". [4]

  • Fuentes 
    1. [S223] Apellániz Sauze, José Fernando de, Apellániz Sauze, José Fernando de, (zinallepajose(AT)gmail.com).

    2. [S1090] Cerro, Jorge del, Cerro, Jorge del, (jorgedelcerro.cordoba(AT)gmail.com ).

    3. [S507] Zigiotto, Diego M., Zigiotto, Diego M., (dzigiotto1(AT)gmail.com).

    4. [S684] Padilla Quirno, Norberto, Padilla Quirno, Norberto, (norbertopadilla(AT)fibertel.com.ar).