Francisco Javier Brabo Franco, (*)

Francisco Javier Brabo Franco, (*)

Varón 1825 - 1913  (87 años)

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  • Nombre Francisco Javier Brabo Franco 
    Sufijo (*) 
    Nacimiento 1 Oct 1825  Pontevedra, Pontevedra, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Sexo Varón 
    Fallecimiento 25 Ago 1913  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    ID Persona I4225  Los Antepasados
    Última Modificación 3 Feb 2018 

    Padre Francisco Brabo 
    Madre María Josefa Franco Méndez 
    Casado 26 Mar 1821  Pontevedra, Pontevedra, España Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    ID Familia F14783  Hoja del Grupo  |  Family Chart

    Familia Francisca Constanza Calderón Arroyo,   n. 1826, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida 
    Casado 25 Sep 1844  Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar. 
    Hijos 
    +1. Angélica Brabo Calderón
    +2. Laurentina Brabo Calderón
    +3. Luisa Josefa Brabo Calderón,   n. Cir. 1859, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.
     4. Alfredo Brabo Calderón
     5. Elena Brabo Calderón
     6. Constanza Brabo Calderón,   n. 18 Dic 1851, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. Sí, fecha desconocida
     7. Francisco Javier Brabo Calderón,   n. 18 Feb 1853,   f. Sí, fecha desconocida
    +8. Emiliana Brabo Calderón,   n. 30 Jun 1854, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.,   f. 17 Ago 1939, Buenos Aires, Argentina Buscar todos los individuos que registran eventos en este lugar.  (Edad 85 años)
    Última Modificación 13 Mar 2010 
    ID Familia F10872  Hoja del Grupo  |  Family Chart

  • Mapa del Evento
    Enlace a Google MapsNacimiento - 1 Oct 1825 - Pontevedra, Pontevedra, España Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsCasado - 25 Sep 1844 - Buenos Aires, Argentina Enlace a Google Earth
    Enlace a Google MapsFallecimiento - 25 Ago 1913 - Buenos Aires, Argentina Enlace a Google Earth
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  • Fotos
    Brabo Franco, Francisco Javier
    Brabo Franco, Francisco Javier

  • Notas 
    • Francisco Javier Brabo, nació en Pontevedra, Galicia, el 1-X-1825 (hijo de Francisco Brabo y de María Josefa Franco, casados en Pontevedra el 26-III-1821; n.m. de José Ramón Franco y de Francisca Méndez; bisn. m.p. de Manuel Franco y de Agustina Fernández; bisn. m.m. de Juan Antonio Méndez y de Josefa Fernández; chozno de José Franco y de Alberta Núñez, casados en 1732). De la boda de Francisca Constanza con Brabo fueron testigos; Juan Pedro Esnaola - el famoso músico argentino - y Ramona Arroyo, madre de la desposada.
      Casi tres décadas más adelante, el extraordinario gallego de esta historia escribió su biografía; "Hijo de un recordado negociante de Pontevedra - nos dice -, diome éste, en su clase, tan buena educación como pudiera recibir el vástago de la más noble y rica familia en la suya, haciéndome cursar, después de la Instrucción primaria, Gramática latina, Matemáticas, Música y Dibujo. Concluidos estos estudios, disponíase a enviarme a la Universidad de Santiago, para que allí siguiese la carrera de las letras, cuando sobrevino la desgraciada muerte de mi pobre madre, y con ella grandes trastornos en nuestra casa. Necesario fue cambiar el rumbo de mi vida, y como tenía un primo y un hermano en América, pedí a mi padre que me enviase a aquella parte del mundo. Un buen equipo, mi caja y efectos de pintura, mi violín y un crédito de 200 duros, fue cuanto, además del pasaje pagado, pudo mi padre facilitarme".

      Y aquí empieza la historia del personaje hasta la Guerra del Paraguay

      Desembarcado en Montevideo, el animoso buscavidas se coloca como dependiente en una tienda en Canelones, y como su patrón era del partido "colorado", el muchacho abraza la divisa del General Rivera. Pero Oribe y sus "blancos" invaden el Uruguay aliados con las tropas argentinas de Rosas, y Brabo huye entonces precipitadamente, pues los blancos "venían degollando sin consideración a cuantos figuraban como colorados". El fugitivo atraviesa el rio y pone pie en Buenos Aires; y acá encuentra conchabo en una barraca que comerciaba con frutos del país. También, nos hace el la confidencia, que en ese tiempo conoció a Francisca Constanza Calderón y se puso de novio con la niña. Después volvió a la Banda Oriental, a la localidad de Mercedes, donde un paisano suyo se avino a confiarle su casa de comercio. En ella ganó mucho dinero en solo 9 meses, al cabo de los cuales tornó a Buenos Aires a fin de realizar su casamiento, al que "asistieron mis amigos de entonces, los Elizalde (Francisco y Rufino), los hermanos Zelis, Belaustegui, Esnaola, Brid, Ristorino, Amelong y otros".
      Estante en la ciudad porteña, alguien le propone el negocio de suministrar pólvora al General Rivera. Con este mortífero detonante Rivera, libró y perdió la batalla de India Muerta; y al descubrirse tan explosivo corretaje, "vime precisado a huir de Buenos Aires, de donde gracias al ministro inglés Mr. Mandeville, logré salir disfrazado de marinero y con una botella de ginebra en la mano".
      Otra vez en Montevideo, "una casa inglesa me encomendó un cargamento de mercaderías para realizar en el Paraguay". Así mismo el Ministro de Hacienda Béjar "tuvo a bien elegirme para portador confidencial de los despachos en que el gobierno Oriental reconocía la independencia del Paraguay. Recomendado con semejante motivo a la escuadra anglo-francesa, tocóme asistir a la batalla de Obligado, de la que salí ileso". En Corrientes "trabé conocimiento con los generales Paz y Madariaga y con el Dr. Derqui". En el Paraguay "me fue comprada mi factura y pagada en suelas por el presidente de la República (Carlos López), cuya familia me dió pruebas de estimación por espacio de 26 días".
      Vuelto a Montevideo, Brabo se alista en la facción colorada de Rivera, quien "hízome su secretario, y en 21 meses de campaña, en que constantemente luchamos con fuerzas triples, llegué hasta teniente coronel de la República Oriental". En calidad de secretario de Rivera, "más de una vez di órdenes a Garibaldi, coronel entonces en la plaza del Salto, y dirigí notas y despachos al presidente y ministro de la República". A todo esto, a fin de hacer llegar algún dinero y cartas a su esposa que estaba en Buenos Aires, el hombre se valió "del comisionado inglés Mr. Hood, quien, en vez de cumplir su palabra, hízome villanamente traición, poniendo las cartas en poder de Rosas".
      Tras un año y nueve meses de servir de amanuense y de pelear en las acciones guerreras de Arenal Grande, Sierras de las Animas, Playa de Maldonado y Costa de Soriano; de tomar partido a favor de Rivera en la embrollada política oriental, polemizando con el ministro Manuel Herrera y Obes, que lo mandó preso a un pontón, y de allí lo sacó el Comodoro inglés Herbert; nuestro inquieto gallego fue desterrado al Brasil. Allá, luego de una serie provechosa de tratos y contratos, hace fortuna; se enferma de fiebre amarilla y casi muere; recorre gran parte del país; trae a su familia a Rio de Janeiro; se vincula con aristócratas cariocas y paulistanos, con hombres de empresa, artistas y diletantes; y, a la postre, en 1851, se arruina a causa del naufragio de su buque "Angelita" (nombre de su hija mayor) ocurrido en el Buceo montevideano.
      Pero Brasil acaba de aliarse con Urquiza en procura de voltear a Rosas, y concentra en la Colonia del Sacramento 12.000 soldados al mando del Conde de Caxias, dispuestos a cruzar el Plata e invadir territorio argentino si el "Ejército Grande" de Urquiza -del que formaban parte 3.000 combatientes brasileros- fuera derrotado. En la oportunidad Brabo se entiende con Caxias y consigue a su favor el privilegio exclusivo de abastecer a las tropas imperiales. El banquero Buchental le ofrece mil onzas de oro por la sesión de las dos terceras partes de aquella ganga; oferta que nuestro vivandero rechaza. Este nos cuenta que organizó prontamente "el servicio para las fuerzas que estaban en Santa Lucía, como también las que acampaban en Colonia, y subiendo con tres buques el Paraná, acudí a aprovisionar el cuerpo que a las órdenes del General Urquiza mandaba a combatir a Rosas", con cuya división "asistí a la batalla de Monte Caseros".
      Con posterioridad Brabo se dedica en Montevideo a la venta de tabaco picado, mediante una máquina que hizo colocar en una cochera; "y comencé personalmente a trabajar en ella". Con el producto del primer día de trabajo "contraté ya para el siguiente dos hombres, y así sucesivamente los fuí aumentando hasta veinte empleados en picar y componer tabaco, que se vendía bien, gracias a la vista que yo le daba". Convertido en industrial, don Francisco abulta su escarcela y, sin desatender el negocio tabacalero, emprende expediciones acuáticas con víveres para el ejército del Coronel Hilario Lagos que, desde la campaña, había puesto sitio a la ciudad de Buenos Aires. Fleta, a dicho fin, dos barcos; uno se pierde en la boca del Salado, y el otro conduce al abastecedor hasta la costa del Tuyú, donde desembarca su cargamento; pero "el día mismo que llegué levantóse el sitio de Buenos Aires". En consecuencia, Brabo no solo perdió su capital, sino que quedó endeudado por fuertes sumas. El revés no lo acobarda, sin embargo; trae la consabida máquina picadora de tabaco a Buenos Aires y, de nuevo, levanta cabeza con esa industria; "manejé millones, y llegué por fin a verme a rey de los tabacos, tanto del Brasil como del Paraguay, habiendo ocasiones en que el comercio todo de este género era tributario de mi casa". Precisamente el tenaz empresario ha montado una fábrica de tabaco al vapor, cuyo depósito central instaló en la "Recoba Nueva", calle Victoria 72, con sucursales en Buen Orden 556 y en el Mercado Once de Septiembre, al lado de la estación del ferrocarril. En dichos locales se podía comprar tabaco francés para pipa, picadura de tabaco colorado - en paquetes, barras y cajones -, tabaco negro picado, y café molido para tostar, tostado o en grano.
      En 1858 regían los derechos diferenciales de aduana en la Confederación Argentina, como medida de hostilidad hacia Buenos Aires, que estaba separada de las otras 13 provincias, las cuales debían pagar gravosísimos derechos por los artículos de procedencia porteña. Así las cosas, un hermano de Brabo le pidió a éste "auxilio para hacer una pacotilla", y don Francisco le abrió su crédito. Entonces el otro, aprovechando la bolada, "compró mercaderías, y sin decirme una palabra, sabiendo que no lo iba a consentir - asegura el fiador -, trató de introducir su cargamento de contrabando, siéndole decomisado". Ello colocó a Brabo en una situación comprometida. Empero el malparado, valido del célebre financista Barón de Mauá, consigue una carta para Urquiza; carta que lleva el frustrado contrabandista al palacio de la estancia "San José", donde vivía espléndidamente el opulento caudillo, el cual no solo devolvió el contrabando decomisado al portador de la esquela, sino que le requirió a éste la presencia allí de su hermano, el ex secretario de Rivera, a quien se le propondrían ventajosas transacciones. Ni que hablar que Brabo va inmediatamente a "San José"; entiéndese allá con don Justo, liquida su empresa tabacalera de Buenos Aires; y lleva a su familia al Entre Rios, "a una estancia que ciertos negocios emprendidos en aquella provincia me habían obligado a adquirir. De esta manera - recuerda don Francisco - entré en relaciones con el General Urquiza, cuya amistad debía más tarde labrar mi fortuna".
      En efecto; al producirse la ingerencia armada del Brasil en favor de la revolución colorada uruguaya, que encabezaba Venancio Flores, las fuerzas imperiales atacaron a Paysandú, y a Paysandú se trasladó Brabo a ver al General Osorio con una carta de recomendación de Urquiza. De resultas del viaje, aquel le vendió al brasilero una gran partida de provisiones, un buen lote de mulas, y dos mil caballos entrerrianos (seguramente de Urquiza, quien por intermedio de personero llenaba sus faltriqueras en secreto, proveyendo de recursos a los enemigos de sus "amigos" los blancos orientales).
      "La parte que en diferentes ocasiones tomé en la política - llega a decirnos Brabo en su biografía - me ha enseñado ... el miramiento que requieren los secretos de Estado y los asuntos de gobierno. No es extraño, pues, si al llegar a este punto de mi vida, abandone algún tanto la expansiva franqueza y reduzca a pocas líneas uno de los puntos capitales en que descansa la base de mi fortuna actual y de cuanto he hecho y aún puedo hacer". Y agrega el hombre con significativo desenfado; "Mi carácter activo y emprendedor, y los muchos amigos que en todo tiempo y de todas las clases sociales he sabido proporcionarme, fueron causa de que en esta época viniesen a pasar a mis manos documentos del mayor interés. Al utilizar esos documentos como me lo aconsejaba la honradez, el patriotismo y la amistad. lícito me fue también pensar en emplearlos un tanto en provecho propio, para conseguir un negocio que, así por serme conocido como por circunstancias del momento, era y fue capaz de labrarme una nueva fortuna".
      Cuando en 1864 se concretan las operaciones del ejército brasileño en la guerra contra el Paraguay, Brabo y sus socios Mariano Cabal y Apolinario Benitez, se convierten en proveedores de esas fuerzas imperiales, no únicamente de carne, fariña, y demás vituallas (bacalao, latas de sardinas, cajas de dulce, pan, galleta, café, yerba, azúcar), sino también de canoas, vigas, tirantes, tablas, clavos, escaleras, cuerdas para maromas y, desde luego, carretas, bueyes, caballos y mulas. Separado más tarde de sus socios, Brabo regresó a Buenos Aires, "y viéndome con una fortuna cual nunca había reunido, creí que nada mejor podía hacer que aprovecharla; resolví venirme a Europa, y diez días después me embarcaba a bordo de La Guiéne, con mi esposa e hijos".

      Apasionado por el arte y la gran vida, no deja de ser cartaginés del otro lado del mar

      En Lisboa saltó a tierra nuestro personaje, para de allí pasar a España y, tras de varios meses de estada en la madre patria, arribar a Paris, donde "busqué los mejores colegios y maestros para mis hijos". Se instala más tarde en Venecia, y vive fastuosamente en un palacio sobre el Gran Canal. Un buen día moviliza sus baúles y llega a Londres, y allá casa a su hija mayor. Luego recorre toda Europa; "rara fue la capital de alguna importancia que no visité, dedicándome a ilustrar a mis hijas. Durante todo este tiempo - escribe Brabo -, mi afición a las artes hizo que adquiriese una galería de pinturas y muchos objetos de arte que envié a Buenos Aires para ornamento de mi casa". De esa colección de cuadros procede el doliente y bellísimo Cristo coronado de espinas con la cruz al hombre, sobre cuyo leño se posa extendida, la mano del Salvador. Esta tabla muy valiosa del siglo XVI, es atribuída al Divino Morales, y hoy en día la conserva en su poder la bisnieta de Brabo, doña Estela Schindler de Ibarguren.
      Diletante y esteta, el bisabuelo se hizo retratar al óleo por Ignacio Manzoni; vestido de levita en el balcón ojival de su palacio veneciano, con un perrito lanudo tendido a sus pies. El mismo retratista pintó también a la señora de Brabo, de cuerpo entero, en traje de baile color rosa; como igualmente pintara Manzoni, años atrás, el simpático grupo familiar de doña Francisca Constanza rodeada de sus hijas en un jardín de Buenos Aires, cuya tela, de gran formato, pertenece ahora a mi cuñada María Amelia Schindler de Tedín.
      En la ciudad de los Dogos, Brabo estableció una amistosa relación con el acuarelista José Aguyari (Aghiari, en realidad), y lo convenció de venir a la argentina. Aquí, el artista - desde 1871 hasta el fin de sus días en 1885 - enseñó a pintar y produjo esas deliciosas acuarelas y litografías, con paisajes y costumbres del campo bonaerense, que hogaño acreditan su renombre entre nosotros.
      Inoficioso es añadir, que de la naturaleza íntima del refinado gozador de la vida que era Brabo, irrumpía, a cada momento, el audaz empresario de aventuras crematísticas: "Habiéndome un día puesto las numerosas relaciones que tenía, en el caso de penetrar un importante secreto de gabinete - estampa con entera franqueza el personaje -, hice una operación bursátil que me dió a ganar muchos miles de pesos". Lanzado a especular de lleno tras ese éxito, "teniendo en mi derredor hombres de alta posición y por lo general muy bien informados, y siguiendo sus huellas, perdí sin embargo lo ganado". Cubierto de deudas casi cae el agiotista en bancarrota; "pero - moraliza luego - reflexioné que ni era este honroso camino para hacer fortuna, ni las que por tales medios se adquieren constituyen la felicidad de un padre de familia".
      Por aquellos años, "el amor que siempre me ha inspirado la patria de mis hijos", le lleva a la idea de fomentar una colonia agrícola en los inexplotados campos de la provincia de Corrientes, "teatro de mis hazañosos trabajos en la campaña brasilera". Al efecto cerró trato en la capital de Inglaterra, con el ingeniero Antonio de Marcoartú, quien sale de allí para el río de la Plata llevando consigo a los ingenieros George Wright, H. Hefburn y Robert Alfred Wilkinson, "para estudiar la navegación del Alto Paraná, formar el plano de las obras que hayan de hacerse para poder navegar y dar riego a las tierras que convenga"; en tanto solicitaban a los gobiernos de la Argentina, del Brasil y del Uruguay, las concesiones y privilegios, que puedan pedirse y obtenerse, a fin de formar con ellos una Compañía, sea en Londres o donde "podamos negociar o transferir esta empresa bajo las mejores condiciones posibles en favor de nuestros intereses".
      Brabo desembolsó 2.300 libras esterlinas con dicho propósito, quedando comprometido a redondear un capital de 3.000; mientras Marcoartú habría de correr con los trabajos sobre el terreno, siendo las utilidades que pudieran resultar del negocio, repartidas a medias entre los dos. Tal proyectada colonización del litoral fronterizo (argentino-brasilero-uruguayo) quedó solo en los papeles, si bien el viaje de Marcoartú a Buenos Aires fue el origen de la empresa para la construcción del cable telegráfico entre Montevideo y España, como también de la creación del ferrocarril del Salto oriental a Santa Rosa; "y quiero que conste - subraya Brabo - la parte que en estas grandes empresas puede sin duda corresponder a un capital que, con inminente riesgo de pérdida, pero con sumo gusto, sacrifiqué al progreso material del que miro como mi país adoptivo".
      Las sumas comprometidas en el referido asunto - que luego se perdieron - y la marcha desfavorable de sus establecimientos en América, obligaron a embarcarse a Brabo para Buenos Aires, decidido - apunta él - a buscar en los intereses y propiedades que allí había dejado, medios para reparar mis pérdidas, cubrir los compromisos pendientes y volver a levantar mi posición".

      Corta estada en nuestro país. Entrevista con Urquiza las vísperas del asesinato de éste. Otros acaecimientos y nuevo retorno a Europa

      Al llegar a la Argentina, a fines de febrero de 1870, recibe una carta de Urquiza, citándolo a la estancia "San José" para que aceptara "una comisión que me dió, y en la cual, con seguridad, podía prometerme ganar con que reponerme de las pérdidas sufridas". Arreglado el trámite con Don Justo en su palacio entrerriano, relata Brabo que "la víspera de mi partida invitome el general a dar un paseo a caballo: insensiblemente, y hablando de cosas pasadas, alejámonos mas de una legua; y de pronto, aprovechando la confianza conque íbamos departiendo, reprochele su descuido de andar solo y sin armas ni escolta por el campo, añadiendo que otra vez no me volvería a suceder acompañarle en tal disposición. Rióseme en las barbas y diome broma, asegurándome que no había quien a él lo matase. ¡Cuanta ceguedad! ... A mi regreso a Buenos Aires llegó la noticia de haber sido asesinado el general Urquiza, cuya muerte sentí, como era natural, tanto por la amistad que me había dispensado y que no habían podido quebrar las intrigas, como porque veía frustrado un trabajo del que me prometía no pocas ventajas ... Para mayor desconsuelo, dos días después, llegó la noticia de haber sido asesinado también su hijo Justo Urquiza, comandante general del departamento de Concordia, y cuya amistad me era tan cara cuando comencé a abastecer al ejército brasilero en los Yuquerices ... Cuatro sujetos que presumían de decentes, a quienes él había dado posición y fortuna, lo cosieron a puñaladas en el cuarto mismo en que los convidara a tomar mate ... juré hacer cuanto en mis manos estuviera, para vengarlo!".
      A pedido de Apolinario Benítez, ex socio de Brabo, éste fue a "salvar" un banco que aquel tenía en Gualeguaychú. Al arribar el salvador a dicha población fluvial, el general Emilio Mitre se preparaba a poner en tierra a las tropas nacionales que se enviaban para sofocar el alzamiento de López Jordán. El desembarco militar hízose pacíficamente, gracias a una gestión previa, efectuada por Brabo ante el comandante de ese departamento, que era su amigo. Con posterioridad, a pedido de Emilio Mitre, marchó Brabo al Salto, a solicitar la cooperación del general Gregorio Castro, "uno de mis antiguos compañeros de la campaña Oriental", quien "me ofreció todos los elementos de fuerza de que disponía. En misión secreta encomendada por el Presidente Sarmiento, trata asimismo don Francisco de conquistar, para la causa del gobierno nacional, la voluntad de los coroneles jordanistas Crisóstomo Gómez y el tío de éste, Reinoso. A su vez el general Andrés Gelly y Obes - sucesor de Emilio Mitre - encárgale a Brabo vestir, armar y montar un cuerpo de 1.500 hombres de caballería; como también el aprovisionamiento completo de los efectivos que, a órdenes del coronel Vidal, se destinaban a la invasión de Concordia.
      Vuelto a Buenos Aires al cabo de estos afanes, Brabo "sin poder sacar partido de mis establecimientos, a causa de la guerra de Entre Ríos y Corrientes", se hace cargo del vapor "Doña Francisca", creyendo realizar un buen negocio. En eso se declaró la fiebre amarilla: "cayó enferma mi esposa, una de mis hijas después, y sucesivamente hasta cinco personas de mi casa ... ¡Gracias sean dadas al Cielo que salvó mi familia toda!".
      Concluída esa epidemia, "casóse mi hija tercera" (doña Emilia con Guillermo Schindler). La segunda hija Constanza "estaba pedida" para casarse en Madrid, y como a los otros hijos Brabo proponíase educarlos en Europa, y allá le reclamaban asuntos financieros, enagenó cuanto pudo de sus bienes en la Argentina: "vendí mi galería y todos mis muebles y objetos de arte"; y el 27-IX-1871 embarcóse con los suyos para Lisboa a bordo del "Garonne".

      Munificencia en pro de la cultura histórica rioplatense en el viejo mundo

      Instalado en Madrid, Brabo hace donación, el 24-IV-1872, al Archivo Histórico Nacional de España, de un conjunto de 30.000 documentos - escrituras, cartas, notas, cuentas, inventarios, expedientes - referidos al desalojo de los jesuítas de las regiones rioplatenses y del Tucumán en el siglo XVIII; piezas históricas que, al correr de los años, había ido adquiriendo con avidez de coleccionista. Cuatro meses más tarde de la generosa entrega, don Francisco publica parte de aquellos viejos papeles en un volumen que tituló Colección de Documentos relativos a la expulsión de los jesuítas de la República Argentina y del Paraguay, en el reinado de Carlos III; cuyo libro, precedido por la amenísima autobiografía y retrato del colector, lleva la siguiente dedicatoria; "A las Repúblicas del Sur de América, en las que he pasado la mayor y mejor parte de mi vida, y muy en particular a la República Argentina, patria de mis hijos, dedico este libro como testimonio de cariño, de gratitud, de interés por su desarrollo intelectual, su progreso político y su posteridad material".
      Don Marcelino Menéndez y Pelayo, acerca de dicha obra, apuntó en su Historia de los Heterodoxos Españoles; "mucha luz ha comenzado a derramar sobre estas obscuridades (la expulsión de los ignacianos) una preciosa y no bastante leída colección de documentos que hace algunos años se dió a la estampa, con propósito más bien hostil que favorable a la Compañía. Allí se ve claro cuan espantoso desorden, en lo civil y en lo eclesiástico, siguió en la América meridional al extrañamiento de los jesuítas; cuan innumerables almas debieron de perderse por falta de alimento espiritual; como fue de ruina en ruina la instrucción pública y de que manera se disiparon como la espuma, en manos de los encargados del secuestro, los cuantiosos bienes embargados, y cuan larga serie de fraudes, concusiones, malversaciones, torpezas y delitos de todo jaéz, trajeron en breves años la pérdida de aquel imperio colonial, el primero y más envidiado del mundo". Y agrega el docto y riguroso polígrafo santanderino en una nota; "el colector (Brabo) es tanto menos sospechoso, cuanto que acusa a los jesuítas hasta de aspirar a la Monarquía universal. Pero merece aplauso por la buena fé con que publicó sus documentos".
      A raíz de la donación de aquel importante rimero documental, el gobierno español agració a Brabo con la cruz de caballero de la Real Orden de Carlos III y, poco después, con el nombramiento de Comendador de número de la Real Orden de Isabel la Católica. Mientras tanto, el laureado, que llevó a los hijos para educarse en Alemania, los deja alojados en Dresde. Tras esto, emprende viaje a San Petesburgo integrando la delegación de España que concurre a un Congreso internacional de Estadística y, en Rusia, otórgale el Zar el rango de Comendador de la Imperial Orden de San Stanislas.
      En la introducción de su libro de documentos, Brabo indica "que en mis largas y detenidas excursiones por Europa, yo, siempre aficionado a las letras y las artes - por más que el género de vida que he llevado no me permitiera, sino a largos intervalos, darles protección o culto -, he visitado con marcada preferencia sus templos, o sean los archivos, las bibliotecas y museos, y en ellos llamó con preferencia mi atención cuanto se refería a la historia de la América española, y muy particularmente a los estados de ella en que he pasado gran parte de mi vida y creádome lazos de familia, de amistad, y el compañerismo, de trato, que no se relajarán mientras exista". Al propio tiempo de esas excursiones, "vinieron a parar a mis manos una gran parte de los documentos que poseo"; ellos tras un "cúmulo de gestiones, pasos, visitas, viajes, gastos y sacrificios de todo género, con el fin de completar mi colección y ampliarla hasta casi el doble, como lo he conseguido". En el mismo prólogo, anuncia luego don Francisco que esta imprimiendo otro volumen "relativo a las Misiones situadas en los territorios de Buenos Aires y del Paraguay"; y que guarda "documentos que prueban la serie de atropellos cometidos por los Portugueses contra las posesiones españolas, desde el segundo tercio del siglo XVII hasta fines del XVIII", los cuales "justifican la existencia de un espíritu constante de antagonismo y lucha; espíritu continuado hoy en parte, desgraciadamente, entre algunas repúblicas americanas y el Brasil". Esta publicación salió a luz en Madrid el 20-X-1872, bajo el extendido título de Inventario de los bienes hallados a la expulsión de los jesuítas y ocupación de sus temporalidades por decreto de Carlos III, en los pueblos de Misiones, fundados en las márgenes del Uruguay y Paraná, en el Gran Chaco, en el País de los Chiquitos y en el Mojo; obra prácticamente inhallable en la Argentina, aunque un ejemplar conservaba el sapiente historiador Padre Guillermo Furlong S.J..
      También en dicha ocasión publicó Brabo un Atlas de cartas geográficas de los paises de América meridional, en que estuvieron situadas las más importantes misiones de los jesuítas, con datos de las regiones disputadas entre España y Portugal, precedidos de una aguda introducción histórica, en la que el autor niega al Paraguay y a Bolivia derechos sobre el Chaco. "Para ello me he basado en documentos ante los cuales yo no podía menos de considerar ese territorio como perteneciente a lo que se ha llamado Virreinato de Buenos Aires" - le escribió posteriormente don Francisco al Presidente paraguayo Cándido Barreiro -. "Los políticos de aquella tierra (la Argentina) - proseguía Brabo -, que es la patria de mis hijos, sabían más que yo, o no han sabido presentar ante el árbitro (el Presidente norteamericano Hayes) los derechos que sobre el Chaco tenía. Yo felicito al Paraguay y a Bolivia (que obtuvieron fallo favorable en el arbitraje aludido), y plugue al Cielo puedan disfrutarlo y contribuir ese territorio a la felicidad de ambos". Y esto lo estampó Brabo en 1878, al iniciar sus gestiones ante las autoridades de aquellas dos repúblicas para dar impulso a sus grandiosos proyectos colonizadores y de acceso - terrestre y fluvial - a la región del Oriente boliviano, por vía de la "Empresa Brabo", de cuya interesantísima, olvidada y, en rigor desconocida historia, me ocupo a renglón seguido en su aspecto general y con no pocos pormenores.

      Antecedentes de la fabulosa concesión colonizadora del Oriente boliviano

      Durante el primer medio siglo de su convulso destino como nación independiente, Bolivia tenía salida al mar, y sus únicos puertos daban sobre el océano Pacífico: Cobija, Mejillones y Antofagasta. Solo a una pequeña parte de su territorio le era posible acceder a dicho litoral, y para desembocar en él, forzoso resultaba internarse por el vasto e inhóspito desierto de Atacama. Además, aquellos puertos estaban desde antiguo amenazados por Chile, y únicamente salitres, guano y algunos metales podían exportar los bolivianos por ahí. En esas condiciones, Bolivia advertía como vital para su existencia y progreso futuros, la necesidad de llegar al Atlántico, y a su través comunicarse más directamente con Europa; foco irradiante de cultura y de poderío civilizador, en torno de cuyas grandes potencias giraban, en aquel tiempo, los países subdesarrollados y comarcas colonizables del mundo.
      Por imperio de esa realidad, el gobierno de Bolivia contrató, el 31-I-1864, con el capitalista español Antonio Victorino Taboas y con el rico hacendado chiquitano José Domingo Vargas, la construcción de un camino carretero que saliendo de Santa Cruz de la Sierra llegara a la margen derecha del río Paraguay, sobre un punto que no fuese disputado por las naciones circunvecinas; desde la confluencia de la Bahía Negra al río Apa, en cuyo sitio debía establecerse un puerto. Vargas que aportaba a la empresa hombres, víveres y dirección personal en el terreno, abrió entre la selva el camino hasta la Bahía Negra; mientras Taboas tuvo que correrse al Paraguay, a realizar diversas gestiones, y en la Asunción halló la muerte asesinado.
      Entretanto desencadena el Paraguay la guerra contra el Brasil, la Argentina y el Uruguay, y en el Oriente chaqueño quedan paralizados los trabajos. Finalizada la contienda, Vargas decide seguir adelante con la empresa referida por cuenta propia. Instala su campamento en la barranca de Chamacocos y, en 1874, formaliza con el gobierno de Bolivia una concesión, mediante la cual se comprometía a poner en contacto el Paraguay con los departamentos bolivianos de Santa Cruz de la Sierra, Cochabamba y Chuquisaca, y con las poblaciones de Mojos y Chiquitos, que se prolongaban mucho más allá de la parte alta del Pilcomayo -"río de los pájaros"-, con tribus de indios mansos en su contorno. A dicho propósito, los tramos navegables del Pilcomayo serían utilizados, y de sus riberas arrancarían caminos hasta los ramales de los ríos Bení, Madeira y Mamoré, a fin de traer, por cada una de esas vías, los frutos de aquellas regiones norteñas hasta el puerto de la empresa Vargas, a orillas del río Paraguay.
      Ese puerto tendría aduana, para cobrar en su propio beneficio un 25% de los derechos de importación. En cuanto a las exportaciones, corresponderíale al empresario el 2% de la renta aduanera devengada de los productos bolivianos, y el embolso íntegro de lo recaudado sobre la cera y los cortes madereros de caoba y de los llamados "guayacán"y "chamococo", que por ahí salieran al exterior. La empresa, además, se obligaba además a establecer una línea de vapores que, de ida y vuelta, hicieran escala en la Asunción y en otros puertos argentinos hasta Buenos Aires. Empero, el estallido en Bolivia de una de sus sangrientas turbulencias políticas, fue causa de que la promisoria carretera de Vargas no se hubiese comenzado a utilizar en 1876, todavía.
      A todo esto, en perjuicio de Vargas, Miguel Suárez Arana, político de figuración en los negocios y altas esferas sociales de Santa Cruz de la Sierra, había obtenido el 1-VI-1875, del Presidente de Bolivia Tomás Frías, una larga concesión de tierras, y otras ventajas, a cambio de abrir caminos y establecer puertos sobre el río Paraguay. Suárez Arana pretendía unir la región de Chiquitos con carreteras a los centros vitales de Bolivia, y facilitarles comunicaciones internacionales por medio de la navegación en la red fluvial del Plata. Al efecto fundó, con capital propio, la "Empresa Nacional de Bolivia en el Río Paraguay", en cuya margen, a fines de 1875, emplaza el "Puerto Suárez" con un pequeño muelle. Pero en 1876 el Presidente Frías - amigo de Suárez - es derribado del poder, y el General Hilarión Daza queda dueño de la situación con facultades extraordinarias.
      En tales circunstancias, José Domingo Vargas, el primitivo concesionario para colonizar el Chaco y el Oriente boliviano decide hacer un viaje a la Argentina. Las privaciones, lluvias y enfermedades tropicales han diezmado su colonia en el ribazo de Chamacocos, y en Buenos Aires espera conseguir recursos a fin de llevar adelante sus empeños. Conoce entonces a Francisco Javier Brabo y a Gabino Monguillot, se entiende con ambos, y les transfiere sus derechos, en sendos contratos protocolizados el 2 de septiembre y el 30 de noviembre de 1878. Por dichas escrituras públicas los socios constituían una Compañía explotadora del privilegio de Vargas. El gobierno de la sociedad quedó bajo la férula de Brabo, quien tomaba a su cargo las negociaciones ante las autoridades de Bolivia y del Paraguay, y ante los banqueros y capitalistas de Europa; como así también la tarea de organizar los trabajos técnicos y de exploración a efectuarse sobre el terreno.Por su parte Monguillot llevaría la administración contable de la empresa en Buenos Aires.
      Las posibilidades de ese negocio iban a desenvolverse, para Brabo, en terreno conocido. De aquella enorme masa de documentos concernientes a los jesuitas, que el donara en 1872 al Archivo madrileño, había separado para sí muchos papeles que trataban acerca de la vida de aquellos religiosos, durante siglo y medio, en las comarcas del oriente altoperuano; situadas al Este del río Beni, donde los padres fundaron 32 misiones; como asimismo sobre los territorios que se ubicaban al Oeste del Beni, pletóricos de minas de oro y de otras riquezas naturales, debido a la húmeda fertilidad de los ríos Madre de Dios, Purus y Acre, con sus vertientes al Amazonas, y sus ramales prolongados, por el extremo opuesto, hasta tocar las fronteras del Cuzco. En el estudio de esos documentos "arruiné mi vista" - dice Brabo -, "concluyendo por soñar, día y noche, tratar de hacer una compañía para traer al Río de la Plata todas aquellas riquezas".
      El año 1877, Brabo tuvo trato en Londres con el ingeniero Church - "muy respetado en el Sociedad Geográfica y de gran crédito"- que había obtenido una concesión del gobierno boliviano a fin de establecer una línea ferrocarrilera desde el río Mamoré hasta el de Madera en el Amazonas. Church levantó en la City un empréstito con la garantía oficial de Bolivia, y concentró 300 hombres para la dura tarea de hacha, pico y pala, en las espesas selvas vírgenes del Matto Grosso. De esos trabajadores, las fiebres palúdicas mataron a 100, dispersándose los restantes. Reanudadas las faenas con nuevo personal y ayuda pecuniaria del Imperio del Brasil, los banqueros ingleses del empréstito de Church se negaron a aportar mas fondos para el interminable trazado de aquellos rieles. Frente a tal negativa, las autoridades de La Paz mandan echar mano del dinero de los prestamistas depositado en el Banco de Inglaterra, que llevaba garantía boliviana, ofreciendo pagar los respectivos intereses y la amortización. Pero he aquí que esto suscita un pleito entre los acreedores londinenses y el gobierno del altiplano.
      A poco de tales ocurrencias distantes, Brabo adquiere en Buenos Aires la concesión de Vargas sobre la zona chaqueña y costa alta del río Paraguay, desde Bahía Negra hasta el Pilcomayo; territorio cuyo dominio había sido disputado entre el Paraguay y la Argentina, y sometida la diferencia al arbitraje del Presidente de los Estados Unidos, Hayes, éste falló en favor de la nación guaraní. Brabo entonces, ni corto ni perezoso se dirige a los poderes públicos de la Asunción, los cuales - después del laudo favorable - consolidaban sus derechos sobre el Chaco; vasta latitud casi inexplorada, asiento de indios salvajes, que nada le producía al Paraguay - ni a Bolivia, que aún no había definido allá sus límites con aquel vecino meridional.
      Sea como sea, en primer lugar Brabo mantiene una larga entrevista con el jefe del estado paraguayo Cándido Barreiro y sus ministros, cuyos términos resume luego, el 10-XII-1878, en una memoria donde, con optimismo contagioso, describe las opulencias del Oriente de Bolivia, y las posibilidades de atraer esas riquezas hasta el río Paraguay, atravesando el Chaco mediante caminos y un ferrocarril; con lo cual la situación de la guaranítica comunidad - maltrecha después de la reciente guerra - cambiaría por completo. Don Francisco adelantó a Barreiro la esperanza que abrigaba de obtener de Bolivia más de 30.000 leguas en los territorios referidos, y crear para la explotación de ellos una Empresa con administración independiente de la oficial y aduanas en todas sus fronteras. Más si se querían realizar tan provechosas bellezas económicas, era necesario que el gobierno asunceno le ofreciera al de La Paz dos grados geográficos del territorio chaqueño, sobre el río Paraguay. Y Barreiro prometió el apoyo de su país a la obra gigantesca, "siempre en consonancia con nuestras leyes y actuales recursos". El Paraguay cedería, a su vez, a la Empresa en cierne, tierras a ambos costados de la futura ferrovía; no en propiedad, sino en posesión; y el dominio se transferiría al construirse el camino de hierro, a cuyo efecto fijaríase un plazo prudencial.
      Con estas promesas verbales y escritas, Brabo viaja sin pérdida de tiempo a Bolivia, por vía Pacífico, desierto de Atacama, lago Titicaca y, desde el muelle de Chililaya, en diligencia hasta La Paz. Ahí mantiene conferencia con el Ministro de Hacienda e Industrias Eulogio Medina, con el Presidente de la República General Hilarión Daza y sus otros ministros, ante quienes expuso sus proyectos y programa en los siguientes términos; "si Uds. me dan todo el territorio donde no alcanza la administración de su gobierno y aún algunos de los que bajo su misma dirección nada producen a su erario, yo me comprometo, por medio de comisiones científicas, buscar por donde construir un camino de fierro que partiendo del río Paraguay pueda por él y por otras vías, terrestres y fluviales, comunicar con todas las regiones de un país tan extenso, para explotar todas sus riquezas y colonizarlas. Me comprometo también a que el gobierno del Paraguay, por medio de un tratado de límites, ceda dos grados geográficos de su territorio, desde el grado 22 hasta la Bahía Negra, sobre el río Paraguay. Me comprometo también que cuando venga a pedir las concesiones indispensables para esta Empresa, presentar garantías reales y positivas de capitales extranjeros que llenen de confianza al gobierno y al país, a fin de que puedan acordármelas con las sanción de su cuerpo legislativo".

      Las cláusulas del documento

      El 17-II-1879, Brabo concretó su propuesta así:

      I) Hacer por lo menos nueve caminos carreteros y de tramway que a partir del río Paraguay, o de las inmediaciones de Bahía Negra, se internaran en el Chaco boliviano, alcanzando cada camino su final en Salinas de San José, Lagunillas, Tarija, Santiago de Chiquitos, Abra de Quiñones, Santa Cruz de la Sierra, San Miguel, Higuerones hasta el Río Grande y del río Yacuma hasta el Benis. La longitud caminera total de los nueve trayectos proyectados sumaba 1.914 kilómetros, y todas esas vías estarían habilitadas en el término de cinco años, "salvo si hubiere una guerra en el Río de la Plata que interrumpiera la navegación, largas epidemias y casos graves de fuerza mayor que ocasionaran la interrupción de los trabajos. En el Río Grande y el Beni pondré vapores y haré venir de Europa - prometía Brabo - un número de buques y chatas suficientes para los transportes de carga y pasajeros". El puerto que se establecerá en el Río Paraguay llevará el nombre que se acuerde con la Empresa. Cinco años después una línea telegráfica uniría las cabeceras de los caminos y puntos de navegación interior con el Puerto. "La Empresa hará cuanto sea posible para fundar un pueblo, enfrente o un poco más arriba del Río Apa"; obligándose a emplear en todas sus reparticiones un número de jovenes bolivianos que no baje de la tercera parte de los que tenga cada repartición, y "buscará cuantos capitales y empresas pueda reunir para explotar las riquezas del suelo boliviano".
      II) En la ciudad que se forme alrededor del Puerto, se establecerá una Aduana con derecho a cobrar el 25% sobre el valor de todos los artículos que se introduzcan, el 2% de lo que se exporte, y el 1% adicional a las importaciones y exportaciones, destinado a levantar iglesias y edificios públicos. Las entradas aduaneras durante los primeros cinco años, "quedarán a beneficio de la Empresa, para atender a los inmensos gastos que ella tendrá que hacer en la conquista de los indios, formación de pueblos, creación de escuelas, iglesias y demás erogaciones". Del producto liquido que quedare durante los cinco años siguientes, el 30% será para el gobierno de Bolivia y el resto para la Empresa. Transcurridos diez años, el liquido bruto - deducidos los intereses del capital, la amortización y un 10% para gastos de conservación y eventuales - será dividido por mitades entre el Gobierno y la Empresa.
      III) El gobierno de Bolivia se obliga a enviar un ministro plenipotenciario cerca del gobierno del Paraguay, a fin de zanjar la cuestión de límites del Chaco. "Realizada que sea la transacción, le será entregado - a la Empresa Brabo - el territorio declarado neutral, y en el cual la Empresa debe establecer el Puerto y arrancar los caminos".
      IV) El gobierno de Bolivia pondrá bajo la dirección y administración de la Empresa, los territorios marcados en el plano (levantado por los ingenieros Ondarza y Mugica) que hacen parte de las provincias del Chaco, Acero, Otuquis, Cordillera, Chiquitos y Mojos. La Empresa al recibirse de esos territorios abonará al gobierno de Bolivia 40.000 libras esterlinas. Los edificios que la Empresa construyere y todas las mejoras que se produzcan en los pueblos, quedarán a beneficio del Estado al término del contrato. Los reglamentos bajo los cuales deben ser gobernados y administrados esos territorios, serán hechos por dos jurisconsultos, nombrados uno por el Gobierno y otro por la Empresa, y estos designarán un tercero en caso de disidencia. Los honorarios de los jurisconsultos los pagará la Empresa. La administración de justicia y legislación será la misma de Bolivia, y la Empresa escojerá, para ejercer los cargos respectivos, a jueces naturales del país, pero se reserva el derecho de elegir el Presidente de los Tribunales, que puede ser boliviano o de otro país. A los indios que se hallen poseyendo tierras, se les dará títulos de propiedad. La Empresa podrá dar en propiedad fracciones de tierras a colonos y compañías que se formen para su explotación; como también explotar ella directamente tierras en su exclusivo provecho. Los territorios que no sean poblados quedarán al final del contrato como bienes Nacionales. La Empresa "a brazos abiertos acogerá a todo boliviano que quiera establecerse en aquellos territorios, y ellos serán atendidos con toda preferencia". La Empresa exije libertad de cultos, en atención a los emigrados que vengan a poblar aquellas regiones, y se obliga a sustentar con su presupuesto a la Iglesia Católica en todos los pueblos que administre; y las tribus indígenas conquistadas recibirán la doctrina Católica Apostólica Romana. El gobierno de Bolivia, cuando la Empresa entre en funciones, notificará su instalación a los gobiernos americanos y extranjeros, y hará conocer su pabellón, que será el Boliviano con las iniciales de la Compañía".
      V) Si la Empresa Church llegara a realizarse "me comprometo a entenderme con ella" - precisaba Brabo -, y si "fracasase completamente (Church) se harán todos los esfuerzos posibles para realizar la vía de madera". Con la Empresa de Suárez Arana, trataría Brabo de arreglar un modus vivendi, que no perjudique sus respectivos intereses; y el gobierno boliviano se obligará a hacer que la aduana de Puerto Suárez iguale sus tarifas a las del Puerto Brabo. El gobierno permitirá a la Empresa Brabo a hacer contratos con el gobierno del Perú, a fin de ligar su comercio con los ríos Madre de Dios, Purus y otros que salgan del territorio de la Empresa. Quedaba entendido otro tanto para con el Brasil.
      VI) "Al abrirse el Congreso de Bolivia, la Empresa se obliga a presentar al Gobierno un depósito hecho en un banco, de la suma de 25.000 fuertes, como garantía del cumplimiento de este contrato". Por su parte el Gobierno pedirá la aprobación del contrato al Cuerpo Legislativo; y la Empresa se obligaba a comenzar los trabajos a los tres meses de sancionado el contrato por las Cámaras.
      VII) El Gobierno se compromete a no establecer ninguna clase de derechos a las mercaderías que hayan pagado los impuestos de la Empresa.
      VIII) No se prometía de pronto la construcción del ferrocarril - como se prometieron las carreteras y los "tramways" o "maderocarriles" -, pero la Empresa esperaba establecer posteriormente uno o dos ferrocarriles, siendo entendido que su dominio y propiedad serían a perpetuidad de aquella.
      IX) En cualquier cuestión que se suscitare entre el Gobierno y la Empresa, sobre interpretación del contrato o su cumplimiento, será ella decidida por árbitros nombrados por ambas partes.
      X) "A pesar del firme e irrevocable propósito que tiene el concesionario de llevar por sí mismo la Empresa a su término y completo desarrollo, cifrando en su realización toda clase de legítimas y honrosas aspiraciones, entre la que no es poca parte la honra que se propone recoger". En previsión de un caso inesperado, Brabo reservabase el derecho de transferir los privilegios y concesiones que se le otorgaban, a una o más personas individuales o colectivas, a las cuales reconocerá el Gobierno los mismos derechos y obligaciones. Este derecho de transferencia no podrá ejercerlo el concesionario a favor de ningún gobierno extranjero. Quedaba sobrentendido que en caso de muerte del concesionario, sus derechos y obligaciones pasarán a sus herederos.
      XI) La duración del contrato será de 30 años contados desde el día que empiecen los trabajos.
      Esta propuesta del recurrente, con sus once artículos, fue aceptada el 3 de marzo siguiente, concediéndole permiso, el gobierno de Bolivia a Brabo, para que "mande practicar los estudios precisos, tanto de las vías terrestres y fluviales que se propone habilitar, como de la extensión, posición topográfica y demás condiciones del territorio que debe adjudicarse a la Empresa". (Providencia que tomó el gobierno de Daza, exactamente 13 días después de ocupar Chile, con sus tropas, el litoral boliviano sobre el Pacífico, y dar principio a la guerra que terminaría enclaustrando al país vencido, que desde entonces clama por una salida al mar.

      El arreglo con las autoridades paraguayas y las dos expediciones que organiza Brabo

      En el Paraguay, a todo esto, a instancias del Presidente Cándido Barreiro y de su Ministro del Interior Bernardino Caballero, el Senado de esa República por ley del 4-VIII-1879, le concedió a Francisco Javier Brabo "la parte del territorio nacional del Chaco, comprendida entre las fronteras norte y oeste y el paralelo que pasa veinte leguas al sur de Bahía Negra". El concesionario quedaba comprometido, "en un tiempo que no pase de cuatro años", a abrir puertos, construir ferrocarriles y establecer aduanas, colonizando, además, con europeos, el territorio. Fijóse el término de 40 años, a contar del 1-I-1880, para la duración de dicha concesión. "El régimen bajo el cual debe ser poblado, organizado y administrado aquel territorio, será sometido previamente a la aprobación del Gobierno de la República. Expirado el plazo de la concesión, el Gobierno respetará las transferencias de propiedad territorial que el concesionario haya hecho, como igualmente las explotadas por él ... estipulando, desde ya, que no considerará poblado aquel territorio si no en la parte que tenga 50 personas establecidas a lo menos por legua cuadrada. Al fin del contrato, todas las propiedades que se hallen en aquel territorio, empezarán a pagar al Estado las contribuciones y cargas; y las dependencias de la Empresa serán libres de toda carga por el término de 90 años. Los muelles, aduanas, iglesias, y todos los edificios que se construyan para escuelas públicas o residencias de las autoridades locales, quedarán, al terminar la concesión, a beneficio del Gobierno, pasando a ser vías públicas los caminos carreteros o vecinales que existan al mismo tiempo. Queda facultada la Empresa para usar una insignia blanca con las iniciales de la Compañía que se forme".
      Esta concesión paraguaya, complementaba a la boliviana derivada de la que se otorgara antaño a José Domingo Vargas, y que el gobierno del General Daza había girado a las Cámaras Legislativas de su país.
      Brabo, entretanto, acomete el negocio con gran entusiasmo. Conocía de antemano la historia de aquellas regiones del Oriente de Bolivia, através de los documentos jesuíticos que coleccionó, y una inclinación afectiva también lo impulsaba a realizar aquella conquista y colonización: el "estar unido a la hija de un boliviano, y correr por las venas de ocho hijos que tengo, sangre de descendientes de esta tierra", y porque "espero que el Paraguay y Bolivia recordarán mi nombre con gratitud, y éste acaso sea el mejor título que al morir pueda legar a mis hijos".
      Así, doblemente estimulado por la gloria soñada y la pecunia que se prometía, ya con la concesión del gobierno paraguayo sobre el territorio de la margen derecha del río epónimo - aunque todavía faltaba la legal conformidad de Bolivia -, nuestro hombre se entrega de lleno a la tarea de "abrirle puertas a la tierra" chaqueña; y cual un Irala o un Ñuflo de Chaves redivivo, organiza sin tardanza dos expediciones hacia esos desconocidos parajes, en los que esperaba alcanzar incalculable fortuna personal y nombradía para la historia.
      A principios de junio de 1879, desde la Asunción, Brabo había despachado a bordo del vapor Gualeguay, el primer contingente expedicionario bajo la responsabilidad del ingeniero agrónomo inglés Juan Birch Minchin - "muy conocido por la Sociedad Geográfica de Londres". Minchin, provisto de los elementos necesarios para tales casos, al frente de 25 hombres - entre ellos el joven Filiberto de Oliveira Cesar -, desembarca algo mas abajo de Bahía Negra, con propósito de establecer, en lugar adecuado, el Puerto que sería punto de arranque de los caminos planeados por Brabo. Después de examinar la costa, de internarse algo en el tupido monte de palmares, algarrobos y quebrachos colorados y blancos, en pos de la borrada senda que abriera años atrás Vargas - y de tropezar con indios que pidieron ropa y comida, por boca de uno de ellos que chapurraba el portugués - Minchin y sus compañeros, el 11 de junio, tomaron posesión de los terrenos donde se enclavaría el Puerto de la Empresa Brabo, en la margen del río Paraguay y punto denominado Chamacocos.
      Como en los viejos tiempos, al pie de una palmera, cada expedicionario - cual lo expresa el acta respectiva - "tomó con su mano derecha una piedra o terrón de tierra, para formar con ello una cruz en el suelo; signo conmemorativo del iniciador de la civilización de nuestra era, y cimiento, a la vez, de futuras construcciones", y el ingeniero Minchin solemnemente dijo; "el pueblo que se alce en este punto se denominará Brabopolis. Terminado el acto, se hizo una salva, se encendió fuego en representación del hogar, y se brindó - con champagne - por el feliz término de la Empresa, por la prosperidad de Bolivia, Paraguay y demás repúblicas hermanas, por los señores Brabo y Monguillot, por la comisión y demás personas presentes".
      Dos meses y medio mas tarde, Brabo mandó la segunda expedición al terreno que se le había concedido, bajo la jefatura del ingeniero agrónomo madrileño Juan de Cominges Prat; "hombre de 45 años, resuelto, entusiasta por las ciencias naturales y animado de los mas filantrópicos sentimientos hacia los indios" - al decir de Brabo. Cominges "era hombre alto, delgado, de faz enjuta, de mirada expresiva y de una pasmosa verbosidad" - recuerda Rafael Calzada, que fue su amigo, en su libro Cincuenta años de América. "Había sido en España director de los reales jardines de San Ildefonso, hombre muy inteligente, muy caballero y todo un carácter".
      Cominges partió de la Asunción, el 21 de julio, en el vapor "Apa", con 18 personas a sus ordenes, 15 mulas, un carro, algunas provisiones, chafalonías para regalar a los indios, botiquín con remedios del médico Dr. Andreuzzi - que le acompañaba como segundo en el mando de la expedición -, y 15 cabezas de ganado, todo distribuído en dicho barco y en el patache "María". Y el 16 de agosto, puso pies en Cerro o Fuerte Olimpo; "puerto de donde ha de dar principio la exploración, por ser el mismo punto donde Ayolas e Irala desembarcaron en 1536 y en 1547, para emprender por tierra su viaje al Perú" - lo que efectuó puntualmente Cominges, atenido a las "Instrucciones" de Brabo, que llevaba en el bolsillo.
      Cerro Olimpo, sobre el río Paraguay, se ubica aproximadamente 200 kilómetros mas abajo de Chamacocos - Brabopolis -, donde ya había tomado posesión, en nombre de la Empresa Brabo, Minchin; quien con la primera expedición debía unirse, a través del Chaco, con Cominges, en las Salinas de San José y Santiago, tras de recorrer una distancia cercana a los 350 kilómetros.
      Así, pues, ese 6 de agosto; "Yo, Juan Cominges y Prat ... tomo solemne posesión del Fuerte Olimpo ... y en presencia de los testigos que firman abajo - reza el acta pertinente - clavó en tierra la blanca insignia de la Empresa, símbolo de paz, que representa la verdadera civilización, tal cual pueden concebirla los mas fervorosos cristianos, y los mas puros demócratas del XIX siglo. Que el Dios de las alturas ayude nuestros esfuerzos que, aunque débiles, tienden a favorecer los mas altos intereses de la humanidad, sacando de la barbarie a las tribus salvajes que pueblan este desierto, abriendo ancha puerta a los hijos desheredados de todas las naciones de la tierra, y rompiendo las únicas murallas que impedían la espansión natural de un pueblo grande, noble, rico y generoso".
      Todo eso se desarrolló conforme a las "Instrucciones" de Brabo, que prescribían a Cominges; "Una vez desembarcado, enarbolará Ud. la bandera blanca con las iniciales E.B., que quieren decir Empresa Brabo, y tomará Ud. posesión en nombre mío del territorio que se me ha cedido por el gobierno del Paraguay, de cuyo hecho levantará Ud. un acta que hará firmar a todos los circunstantes. Pida Ud. en ese momento a todos, elevar una plegaria pidiendo al Señor favor para que Uds. sean felices en el propósito que los lleva, y para que yo pueda ver coronados todos mis esfuerzos, realizando la grandiosa empresa que he acometido".
      Y las "Instrucciones" de Brabo continuaban dando, entre otras, las siguientes directivas, prácticas y apostólicas a la vez; "Levantará un plano de aquellos lugares ... Procurará que se busquen a los caciques o los indios mas influyentes, a quienes tratará y hará que se traten por todos con el mayor cariño, obsequiándolos con algún regalo, invitándolos a comer, manifestándoles la mayor confianza y lealtad ... Les hará saber cuales son los fines civilizadores de mi empresa; los beneficios que reportarían viviendo en paz con nosotros; lo respetados que serían de sus enemigos teniendo nuestro apoyo; el buen trato que podrían darse sembrando los granos que pensamos regalarles y cultivando la tierra con las herramientas que les daremos, si son amigos leales, y el respeto que nosotros conservaríamos hacia sus personas y propiedades; la educación que daríamos a sus hijos; las justas ganancias que adquirirían los que nos ayudasen en las faenas de las obras que vamos a comenzar, y las fuerzas con que contamos para escarmentar ejemplarmente a los que se obstinen en permanecer enemigos de la civilización y traten de poner dificultades a nuestra empresa". Cominges debía usar a los indios como baqueanos para penetrar en la selva hasta las Salinas, a fin de juntarse allí con la expedición de Minchin. "Si los indios, por temor a otras tribus enemigos de ellos rehusaran acompañarlo, procurará Ud. calmarlos y animarlos a seguir, ofreciéndoles el poder de sus armas y regalos para ponerlos en paz y defenderlos ... Es necesario que Ud. no ejerza actos de dominio hasta obtener de Bolivia las mismas inmunidades y concesiones que nos ha otorgado el Paraguay ... Sea Ud. neutral, haga cuanto pueda por la ciencia, por el progreso y por la humanidad; favorezca Ud. lo mismo al paraguayo que al boliviano que le pida protección y apoyo, y sobre todo respete a los verdaderos dueños del territorio, y no olvide esta regla de conducta; En un país que no esta civilizado, nadie tiene mejores derechos que los indígenas. Esta máxima olvidada hasta hoy por los poderosos, me afirma en que; sino se han hecho más conquista sobre los salvajes, es por que los hombres civilizados no lo son bastante todavía ... Empleé pues con esos eternos adolecentes la dulzura, la persuasión, el halago y sobre todo la caridad, que es la verdadera justicia que puede ejercerse con los niños. Si Ud. como ingeniero agrónomo sabe que el fosfato de cal es uno de los mejores abonos, tenga presente, como economista y cristiano, que no es con los huesos de los salvajes con los que deben fertilizarse los territorios vírgenes ... Pongo a la disposición de Ud. todos los elementos de fuerza de que puedo disponer, pero tendré más confianza en su corazón y en su inteligencia que en las armas".
      A fuer de sincero prosélito de Adam Smith, de Bentham y de Stuart Mill, Brabo le explaya a Cominges estos argumentos filosóficos referidos al trabajo y al capital, saturados de altruismo utilitario; "Conozco el poder civilizador y absorvente del cristianismo sobre las razas salvajes, en comparación con el budismo, el mahometanismo y el bramanismo, y por eso le hago acompañar por un sacerdote Católico y le mandaré cuantos me pida, pero no olvide Ud. que el trabajo misionero, aunque sea el más eficaz, es el más lento. En los tiempos primitivos el comerciante era el más verdadero y más rápido misionero. Los negociantes fenicios llevaban la civilización a la Hesperia envuelta entre las púrpuras de Tiro. Hoy en un solo día con collar de avalorios hace más beneficio a la civilización el comerciante honrado, que en un año los más fervorosos misioneros. Por este egoísmo al parecer repugnante es el nuevo punto de apoyo sobre el gira la palanca del progreso contemporáneo; porque todas las empresas modernas procuran la inmediata civilización de los territorios salvajes, con el fin de obtener un bien, que no esta reñido sino íntimamente ligado con la gloria, y que sirve de poderoso estímulo a la ciencia y ensancha los dominios de la religión. Recuerde a cada instante que un átomo de plata, otro de valor y otro de caridad, suman infinitos quilates de progreso. Concluyo Sr. Cominges por hoy; es probable que antes de marchar para Europa vuelva a escribirle y comunicarle muchas otras ideas para la conquista de las tribus salvajes. No desespere jamás de su reducción por medio de la dulzura y de las conveniencias que ofrezcamos. Me propongo civilizarlos, enriquecerlos y que me enriquezcan; mi orgullo será verme un día rodeado con una falange de caciques ricamente engalanados, acompañados de los personajes más conspicuos de cada tribu, sin que tenga que lamentar la falta de ninguno que por necesidad fuéramos obligados a hacerlo desaparecer. Ayúdeme Ud. a resolver este problema, así como el de colonización que bulle en mi mente".
      Estos conceptos, tan sinceramente expresados, llevan acento apostólico, y resultan paradójicos en boca de un mercader. En su libro Cincuenta años de América, anota Rafael Calzada que a Brabo - "hombre de grandes arrestos, gallego, de elevada estatura, de distinguidos modales y de clara inteligencia - lo había tratado mucho en París Manuel Ruiz Zorrilla (el señalado político español que fuera primer ministro de Amadeo I, y después ardoroso ideólogo republicano en el destierro), y me hablaba de él con verdadera admiración, diciéndome que veía en Brabo todos los contornos de un apóstol de otros tiempos".
      Así, pues, trasladadas aquellas dos expediciones de la Empresa Brabo a dos diferentes puntos del mismo flanco chaqueño, ambas debían de internarse en dicho territorio; Minchin y su gente para reconocer los caminos desde Chamacocos a Santiago de Chiquitos, y de ahí hasta las Salinas; y Cominges, a su vez, se abriría paso desde Fuerte Olimpo hasta las Salinas, donde habría de reunirse con Minchin.
      "Bolivia, con la guerra del Pacífico y la situación del Perú, no tiene más salida que la que puede ofrecerle la frontera de la Quiaca sobre la República Argentina y las llanuras que vienen al río Paraguay. Quiero aprovechar estas circunstancias para ofrecerle, en estos momentos, abrirle dos arterias que la pongan en comunicación con el Atlántico" - les exponía Brabo a sus dos ingenieros exploradores. "Acuerden Uds. el estudio de los caminos a Santa Cruz y Lagunillas; vean si quieren que mande uno o dos ingenieros más, no tan solo para esos caminos sino también de uno para Higuerones, o cualquier otro punto más próximo, adonde puedan llegar carretas que conduzcan planchas de acero y máquinas para construir dos vaporcitos chicos para navegar el Beni y el Mamoré ... Mi objeto es echar trescientas carretas sobre esas vías, tan pronto Uds. me digan que las vías son practicables. Trescientas carretas las mando construir en el Paraguay en muy poco tiempo; tres mil bueyes se compran y se ponen pronto en Chiquitos. Quinientas mulas buenas y mansas para tirar carros, puedo poner en treinta días en el Puerto. Las dificultades únicas son, tener la seguridad por los indios y que las vías puedan ser abiertas y practicables, por tanto pónganse a estudiar los medios de practicar los estudios inmediatamente, para proveerles de lo que necesario fuese. Yo esperaré en Buenos Aires todos estos datos antes de marchar para Europa ... Como Uds. verán, es una obra seria la que les encomiendo ... tomen por ella todo el interés y gloria que esa obra pueda darles, porque la hemos de realizar coute qui coute".
      Todo parecía empezar a correr a las mil maravillas sobre el terreno, cuando la primera quincena de septiembre de 1879, aquel rival concesionario de Brabo, Miguel Suárez Arana, a la sazón jefe político y militar del distrito de Otuquis, se entera de que la partida exploradora del ingeniero Minchin está practicando estudios científicos, por cuenta de Brabo, en virtud del contrato estipulado por éste con el gobierno del Paraguay. Suárez Arana consideró esas actividades escandalosas, reagravadas - a su parecer - "por el acto de haber destacado el Sr. Brabo, en julio último, desde Fuerte Olimpo, una partida de veinte hombres armados de rifle, sobre nuestro territorio, con el fin de internarse a las regiones occidentales del Chaco Boliviano, sin previo permiso del Gobierno Supremo, ni conocimiento de la Jefatura Superior de este Distrito, que revelan a toda luz, un ultraje a la soberanía nacional, por la ocupación a mano armada del territorio". En consecuencia, el procónsul de Otuquis manda suspender de inmediato aquellas exploraciones; Minchin no tiene más remedio que acatar la orden perentoria, y sus trabajos quedan paralizados.
      El grupo explorador de Cominges, entre tanto, atenido a la histórica ruta de Irala, habíase introducido en el Chaco, poblado de aborígenes díscolos y traidores, por lo que los incursionistas tuvieron que afrontar grandes penurias. Algunos encontraron la muerte en el camino, y los sobrevivientes abandonaron a Cominges; quien "hambriento y casi desnudo se confió a los indios angaités, cuyo cacique Michi lo acogió bondadosamente", y en esa toldería, el maltrecho ingeniero hizo vida enteramente primitiva con los selvícolas. Así lo recuerda Rafael Calzada, que escuchó la aventura de propios labios de Cominges, en una conferencia que, años más tarde, este dió en el teatro Variedades de Buenos Aires.
    • La busca de capitales en los grandes centros plutocráticos del mundo

      Tan luego como Brabo hubo despachado desde la costa paraguaya las expediciones referidas, creído que el impulso inicial de su negocio proseguiría viento en popa, se entregó a la tarea de buscar los capitales indispensables a la completa realización de la empresa. Antes de lograr aquellos acuerdos con los gobiernos de Paraguay y Bolivia, don Francisco había tanteado a influyentes personajes brasileños, los cuales lo recibieron bien, aunque subrayaron los obstáculos que podrían crear los países vecinos a sus propósitos. De tal suerte una demanda suya al gobierno de Brasil para organizar una Sociedad explotadora de su proyecto no fue aceptada, pues las circunstancias financieras del Imperio no lo permitían por el momento. En tal estado se hallaban las cosas, cuando, en noviembre de 1879, Brabo parte desde Buenos Aires con destino al viejo mundo, en procura de dar cima a la colonización del Chaco con francos y libras esterlinas.
      Llegado el viajero a Londres, conéctase con los señores Cristopher James y James Bartele -- éste presidente de la compañía de navegación del Amazonas y el otro comisionista financiero exponiéndoles los lincamientos de su negocio chaqueño y sus tratativas y compromisos con las autoridades de Bolivia y del Paraguay. Con la documentación de esas concesiones a la vista,
      nuestro empresario les requirió a dichos "misters", lo pusieran al habla con el Comité del empréstito boliviano levantado, otrora, para la construcción del ferrocarril Madera y Mamoré a cargo de la fallida empresa Church, cuyos fondos, depositados en el Banco de Iglaterra. Brabo solicitaba se acordasen a su Empresa.
      Los dueños del aludido capital, en principio, aceptaron la propuesta de don Francisco; entonces éste regresó a Buenos Aires, trayendo consigo el compromiso de recibir 600.000 libras del empréstito Church, como base para iniciar su ferrocarril que correría desde el puerto de Chamacocos (Brabopolis) hasta la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, y desde ahí hasta el punto de Higuerones (844 kilómetros) sobre el río Mamoré, cuyos estudios se habían encargado practicar, in situ, al ingeniero Minchin.

      La rivalidad con Suárez Arana intrigas, dificultades y otras ocurrencias

      A su arribo a Buenos Aires, entérase Brabo de que su rival, Suárez Arana, ha impedido realizar exploraciones y levantar planos a aquellas dos comitivas de ingenieros despachadas por él al Chaco; y para mayor sorpresa suya encuentra a Suárez Arana en Buenos Aires, dispuesto a transferirle sus concesiones. La entrevista de ambos competidores tuvo lugar en presencia del representante diplomático de Bolivia en la Argentina, Antonio Guijarro. Suárez Arana se mostró favorable a ceder su privilegio, aunque solo por el precio de 100.000 libras en dinero contante, con más la sesión, por parte de Brabo, de 500 leguas de campo en el distrito de Otuquis, restadas de las 30.000 que don Francisco tramitaba para sí en el Oriente boliviano.
      Ante oferta tan exhorbitante, Brabo la rechaza y se indigna, pues Quijarro, el plenipotenciario íntimo amigo de Suárez Arana, le había prometido arreglarlo a éste con 30 o 40 mil pesos. Por otra parte, meses atrás (15-X-1879) -- y ello se tenía como positivo -- fue suscripto el tratado Quijarro-Decoud, entre Bolivia y Paraguay, en virtud del cual la superficie incluida en la concesión dispensada a Brabo, resultaba ahora íntegramente englobada en territorio de jurisdicción boliviana. Tal acuerdo transaccional de límites, como otros posteriores, no llegaría a ejecutarse. El Paraguay, en rigor, nunca se avino a reconocerle a Bolivia un puerto propio sobre la margen navegable del río Paraguay; ello causó, casi seis décadas más tarde (1932-1935), la sangrienta guerra del Chaco entre aquellas dos naciones.
      Pero volvamos a 1880, cuando el 8 de mayo Brabo emprende otro de sus viajes a La Paz. El día 9 llega "por la mañana al Rosario -- recuerda el viajero en uno de los folletos referentes a su negocio --, y fui al Hotel Universal a saludar al General Roca, encontrándolo con mucha gente, preparándose para embarcarse a las dos para encontrarse en Zarate con el doctor Tejedor, gobernador de la provincia de Buenos Aires, donde se habían citado para tener una entrevista. No hice más que saludarlo con un apretón de manos, deseándome él mil felicidades en mi viaje a Bolivia".
      El día 10 está don Francisco en Córdoba, "donde pasé la noche conversando con el gobernador? (Antonio del Viso). A Tucumán entró el 12 a la noche, y allí algunos miembros de la familia Posse se encargan de comprarle muías, monturas y de conchabar baqueanos que lo conduzcan hasta Tupiza. Allá, el 6 de junio, recibe por correo, inesperadamente y con gran disgusto, el testimonio de un contrato que le habían hecho firmar a su socio Monguillot, inducido -- dice Brabo -- por Quijarro y el suegro, quienes le decían que si no firmaba me iban a echar de La Paz sin conseguir nada, porque el presidente de la Convención era hermano de la esposa de Suárez Arana, y se opondría a todos mis pedidos, y perdería todo el dinero que habían dado para la empresa". Ese contrato firmado y legalizado el 10 de mayo, en el consulado boliviano de Buenos Aires, ?entre don Miguel Suárez Arana, ciudadano de Bolivia y residente actualmente en esta ciudad, por una parte, y los señores Francisco Javier Brabo y don Gabino Monguillot, por otra (éste como socio de aquel)... me comprometían -- según Brabo -- a pagar a dicho señor Suárez Arana, en cambio de sus concesiones, 60.000 libras en dinero en varios plazos, y darle 240 leguas de campo en el territorio de Chiquitos. Cuando concluí de leerlo -- prosigue nuestro hombre -- conocí que aquello era una solemne picardía y un lazo que el doctor Quijarro tendía para perderme?. Inmediatamente, el implicado, formuló ante Escribano una protesta, tachando de nulidad dicho convenio, con copia legalizada de esa declaración, y, al día siguiente, se puso en marcha para La Paz.
      En la capital de Bolivia , aclara don Francisco su posición frente a Suárez Arana, a Guijarro y a Monguillot , quien quedó separado de la sociedad, por haber suscripto aquel contrato ?sin mi autorización ni facultad alguna?. Por su parte el gobierno de Bolivia cancela la concesión de Suárez Arana, según instrumento firmado por el ministro Eleodoro Villazón, dándole a aquel 25 leguas de campo en el distrito de Otuquis y obligando a Brabo a pagar los gastos hechos por el otro, que se reducían a "un simple rancho en el puerto de Cáceres y una vieja carreta que le servía de ?enramada y cocina".

      El gran debate de la legislatura boliviana

      A todo esto, la Convención Nacional -- Parlamento -- de Bolivia, debate "en grande" la concesión a la Empresa Brabo, durante las sesiones corridas del 13 al 23 de octubre de 1880. Vale la pena insertar, en parte, las encontradas opiniones de los distintos diputados que discutieron, hace casi un siglo, dos puntos de vista o filosofías, aún de candente actualidad en los países americanos de escaso desarrollo. Cada cual de esos enfoques ideológicos contrapuestos encierra su porción de verdad, o mejor dicho de oportunidad, y en ese arte de medios posibles que es la Política, resulta insensato adherir a cualquiera de ellos en forma dogmática absoluta. De cualquier manera, aquella histórica discusión parlamentaria, exterioriza el perpetuo drama de Bolivia, que no tendrá fin si no logra integrar su nación con los países hermanos de la Cuenca del Plata, para forjar un destino común.
      En aquella precisa circunstancia el diputado Toribio Gutiérrez tomó la palabra y dijo: "La Propuesta de Brabo será para Bolivia, si se acepta, su vergüenza, su ruina, su desaparición del mapa de las naciones, y un escándalo sin nombre propio en el mundo de Colón. ¿Que pretende el empresario? Recibir lo que nadie puede dar en los países que no son hordas nómadas; la soberanía nacional y la jurisdicción inalienable. ¿Como así? Interviniendo hasta en la organización judicial del Estado ... Contra el tenor literal y explícito de nuestra Constitución ... enviará temas para el nombramiento del Poder Judicial, pagándolo con sus propios fondos, como paga la Nación a sus empleados. Hierve la sangre al contemplar tamaña iniquidad! El litigante designando sus jueces y dándoles plata para que fallen a su favor!... También armará la Empresa un ejército permanente, una fuerza disciplinaria, usurpando las altas atribuciones del Estado ... El jefe del ejéricito oriental será Brabo u otro extranjero. Bolivia se desprende de su soberanía en lo absoluto. Nuevas leyes regirán al estado independiente. Jurisconsultos ad hoc se constituirán en el poder legislativo de la nueva república. Y esos padres conscriptos duales y sui generis serán pagados por la Empresa ... que tendrá moneda que rivalice con la nacional ... El Brasil, cuyo órgano es la Empresa Brabo, quiere la sanción definitiva del tratado de 1866 ... esto será suposición ... pero lo que sé es que la Empresa Brabo quiere zanjar de hecho nuestras cuestiones pendientes de límites con el Paraguay y la Argentina ... La aceptación del contrato Brabo sería el casus belli para el Paraguay y la República Argentina. No os halaguéis legisladores del Oriente con el castillo de naipes y oropeles que os presentan traficantes para deslumhrar vuestra vista ... La Empresa Brabo no es de industria, es de guerra. Tiende a separar a vosotros de la comunidad boliviana ... El Plata y el Paraguay, inmediatamente de saber que en grande se hubiese aprobado el contrato, deducirán su reclamación diplomática ... Rechazemos ese contrato que dentro de algún tiempo ha de hacer derramar lágrimas a muchas generaciones".
      El diputado David Berrios vota también en contra de la empresa, "porque encierra todos los signos de una verdadera conquista, semejante de la que trajo en el siglo 16 la España a América ... En el lapso de cinco o diez años todo el Oriente se hallará poblado por tres o cuatro millones de extranjeros, y en esa inmensa población Bolivia estará representada por un exiguo número de personas ... en consecuencia será nuestra raza absorvida, al menos, por la extranjera ... Pasados diez o doce años, las fértiles regiones que van a entregarse a la empresa Brabo estarán cruzadas por ferrocarriles, y sus ríos estarán navegados, y veremos locomotoras y vapores y población floreciente en toda su vasta extensión. Y ¿qué para nosotros de todo eso? Los colonos, ricos, fuertes, poderosos, nos dirán; Vosotros no tendréis parte en la nueva Nación, y se segregarán de la comunidad boliviana. Yo no atribuyo intenciones siniestras al empresario ... pero los colonos del Oriente, diversos de nosotros en lenguas, costumbres, en raza y religión, se levantarán un día y nos dirán; somos nación independiente; o bien harán de Bolivia una pequeña parte, una provincia del nuevo Estado. Amo, señores, el progreso y el adelantamiento de mi patria, pero amo más su integridad y su soberanía ... prefiero, con sinceridad, que permanezcan inhabitadas esas regiones por seis, ocho o diez siglos más, antes de cederlas al extranjero".
      El diputado Fidel Aranibar formuló su juicio expresando que "existen dos corrientes de opinión perfectamente opuestas, pero igualmente patrióticas, igualmente respetables. Piensan unos que a nuestro Oriente debemos guardarlo y reservarlo para que, a vuelta del tiempo, sea poblado por el desarrollo y ensanche de nuestra propia nacionalidad; piensan otros que ese movimiento es muy paulatino, y que importa precipitar el tiempo, llamando el elemento y la civilización extranjeros". Aranibar -- miembro de la Comisión de estudio del proyecto Brabo, con sus colegas Juan F. Velarde y Aramayo -- adhería a la segunda opinión, pues la Empresa constituiríase en Londres, con un capital efectivo de 2.000.000 de libras esterlinas, condición sine qua non a la que se subordinaba la existencia del contrato; que no cedía a la Empresa la soberanía nacional, pero podía otorgarle la administración temporaria del territorio con sujeción a las leyes que sancionare la Legislatura boliviana. "No es exacto -- afirmaba Aranibar -- que la propuesta prejuzgue ni comprometa cosa alguna respecto a la cuestión de límites con las repúblicas paraguaya y argentina ... la empresa tomará el Oriente boliviano con el límite occidental que negocie nuestra cancillería, cualquiera sea ese límite, reservándonos en este punto la independencia tan plena como necesaria ... La empresa no tiene facultad para nombrar jueces, la tiene de presentar ternas para los jueces ordinarios establecidos para fallar en los pleitos entre particulares y colonos. Las dificultades entre la empresa y el Gobierno, deben decidirse por arbitros, y el tercer arbitro en los casos graves debe ser precisamente la Corte Federal de Lima o las Cortes Supremas de Francia o de los Estados Unidos".
      El diputado José M. Gutiérrez se dejo oír después como un eco de nuestro Alberdi, al opinar; "Las combinaciones políticas, los sistemas abstractos, están ya gastados por su ineficacia. No tengo fe sino en las evoluciones de la industria, en la acción creadora y fecunda del capital, y por eso es para mí la empresa Brabo ... Ya no podemos esperar nada de nuestras fuerzas, nuestra savia no nos basta, nuestro aliento es de agonía, nuestra vida es decadente. La colonización sin perspectivas abiertas al interés, al trabajo y al genio empresario es una quimera. Con sabias leyes de colonización no tendremos por cierto colonias de dentro ni colonias de fuera. Si hay prosperidad de medio, ésa prosperidad se agranda, se dilata; si hay capital, ese capital se reproduce; si hay comercio sigue idénticas leyes ... Ábranse horizontes al interés personal; ese es el más constante aguijón de la naturaleza humana; es también el más eficaz motor del progreso del país ... El interés personal se hace social. La prosperidad de uno es de todos. La empresa Brabo es capital... Para nosotros el ferrocarril, el vapor, el telégrafo, la nueva savia derramada en el corazón de Bolivia, las colonias formadas, el Atlántico que nos abrirá paso, el Plata donde tremolará nuestro pendón nacional, nuestros ríos dominados por el empuje de la civilización ... es la regeneración social y política operada por el trabajo, sancionada por la industria ... Por lo que hace a límites, no creo que la empresa envuelva propósitos velados de variación de los que se hallan establecidos y de los que en adelante se establecerán por pactos internacionales. Una empresa esencialmente industrial fijará su asiento dentro del territorio que se le conceda. Su objetivo es reportar utilidades, perseguir éxitos felices, promover movimiento de comercio".
      El diputado Pastor Sainz esto dijo, entre otras cosas; "Haré notar que la empresa aunque se titule colonizadora no lo es tal, pues en toda la propuesta y en ninguno de sus artículos el proponente se compromete a introducir colonos en el Oriente ... salvo que por colonizar entienda el conquistar tribus salvajes, y así debe ser, puesto que textualmente se emplea la palabra conquista, y aún se exige el permiso de efectuarla por la fuerza ... El señor Brabo ha querido resucitar el antiguo sistema de colonización que es sinónimo de conquista, y por eso trata de organizar su empresa exactamente con los mismos caracteres que se organizó la Compañía Inglesa de las Indias Orientales ... que sentó sus reales en la India ... y esa vasta península se convirtió en una gran factoría, y vio sus costas inundadas de buques y oyó silbar la locomotora y el vapor ... y miríadas de aventureros fueron allí desnudos y regresaron con millones, casándose marineros con princesas, y el Gran Mogol, los Nababs y los Rajas derrotados y despojados. ¿Ha mejorado por eso la condición de los primitivos habitantes de ese continente? No; la desgracia se ha cernido y seguirá extendiendo sus negras alas sobre sus cabezas ... y los frutos de ese paraíso irán a hacer rebosar la copa de delicias que absorven los opulentos viciosos que se titulan Lores en Londres ... Más de 300 años hace que, en sacrílega comunión, Pizarro, Almagro y el infame fraile Luque ... se repartieron el gran Imperio de los Incas como la túnica de Cristo, y la raza indigenal fue conquistada y sometida a la esclavitud ... Las proverbiales riquezas del Perú han atosigado a los conquistadores; los filones de Potosí se han cambiado en una de las siete maravillas del mundo, llamándose Escorial; han formado Aranjuez, el Retiro y todos esos grandes talleres de la inmoralidad y la tiranía ... Ahora si queréis habladme de felicidad, hablad de civilización, habladme de progreso que trae la conquista; pero para hacerlo más elocuentemente habladme de este proyecto, en el cual no pudiendo hacer vosotros un camino, de pronto innecesario, obsequiáis la mitad de vuestro territorio, la perla más rica y bella de la tierra, y además vuestra soberanía, al primer bienvenido que ... no pudiendo hoy desplegar el maldecido pendón de conquista, hace lo que se hace con los bárbaros conquistables; mostrarles espejos y ropa cocida, aunque pertenezca a un gigante".
      El diputado Melquíades Loaiza expresó a su vez; "Aquí la cuestión económica no es todo, está subordinada a elevadas condiciones de política autonómica; no somos meramente mercaderes que buscan salida para sus productos y no ven más. No: que se trata de disponer de gran parte de nuestro territorio, nada menos que de 46.000 leguas cuadradas ... se trata de evitar caer en la red de peligrosos contratos que pudieran precipitarnos en alguna contienda internacional, para la que nos encontramos débiles frente a nuestros enemigos. Se dice que el Oriente, ese Dorado, en nuestras manos está como en manos muertas, muerto para la riqueza y jamás progresará. ¿Que se esperaba de la inmigración yankee en Tejas y California, arrancadas de las manos muertas de los mejicanos? ¡Que de progresos!. Y en efecto fue así, pero no volvió a flamear en lo que fue Méjico su indolente pabellón. Los colonos yankees de Tejas y California, cuando se sintieron fuertes se revolucionaron para anexarse a los Estados Unidos en 1846 ... El señor Brabo nos ofrece vincular su nombre al de poderosos capitalistas ingleses para llevar a cabo su vasto pensamiento. Si él fuese un Fúcar, un Roschild o un Meiggs, creería que lleve a cabo tan audaz empresa; pero su nombre es desconocido en el mundo comercial... ¿Y al tratar con el señor Brabo, tan honorable por otra parte, sabemos con quien trataremos después? ¿Acaso este señor no puede vender su privilegio a una compañía anónima cuya nacionalidad y tendencia ignoramos?".
      El diputado F. Avelino Aramayo enfocó el asunto de otra manera; "al apreciar los beneficios de la colonización -- arguyó -- no debemos considerarlos solo bajo el punto de vista del interés, sino considerarlos en su relación con los intereses económicos de la raza humana colectivamente. Cuando se trata de colonización en cualquier parte del mundo, se trata de hacer un gran bien a la humanidad; feliz nuestro suelo que en este momento es objeto de serios estudios con un fin tan plausible ... Poseemos un vasto territorio inculto y despoblado, rico en producciones naturales ... susceptible de transformarse en un emporio de riquezas si pudiéramos poblarlo de brazos y capitales ... Por otra parte contemplamos la vieja Europa rebosando en hombres y capitales que se estorban y se aniquilan deseando nuevos horizontes de trabajo y riqueza ... ¿No vemos a la República Argentina que con inmenso trabajo y a gran costo establece sus colonias a las orillas de sus ríos navegables y de sus ferrocarriles? ... La Empresa Brabo se propone construir tres ferrocarriles importantes que atraigan nuestro comercio de importación y exportación a las orillas del Río Paraguay ... Creedme, señores, que esta clase de iniciativas reciben la mejor acogida en el viejo mundo. No extrañaría que esta gran empresa llamase tanto la atención como la canalización del Istmo de Panamá o el paso del Polo Norte a través de los hielos, obras gigantescas del siglo en que vivimos, concebidas y conducidas por el genio y la perseverancia de dos grandes hombres; Fernando de Lesseps y Nordenskiold ... La Empresa Brabo cuenta con grandes elementos para su realización... todo aplazamiento en la iniciativa de esta grande obra puede ser de fatales consecuencias, porque raras veces se combinan como ahora los elementos necesarios, y no debemos perder de vista que asumimos una grande responsabilidad ante las generaciones venideras. No sacrifiquemos el porvenir a temores y aprensiones infundadas ... Si queremos conservar aquellas regiones, poblémoslas y crucémoslas de caminos".
      El diputado Calbimonte recordó que "la guerra civil rodó por los cuatro vientos de la República y aniquiló nuestras fuerzas ... las inmundas tiranías que nos han quebrantado han consumado nuestra ruina. Sin este naufragio nuestro progreso hubiera sido extraordinario y nuestro oriente hubiera estado colonizado con elemento boliviano... A pesar de la guerra en que estamos comprometidos (contra Chile) aún nos restan elementos de vida y de progreso ... Si terminara la guerra nacional proscribiésemos de nuestro suelo la civil y trabajásemos constantemente y en paz, pronto se convertiría en fuerza vital nuestra actual postración y podríamos consumar la colonización de nuestro oriente, con nuestros esfuerzos propios, sin afrontar los peligros que puedan traernos una colonización extraña. Aceptar la del señor Brabo, en los momentos presentes, sería apresurarse demasiado ... Que venga la paz, y entonces reflexionaremos, valoraremos nuestros intereses bien entendidos, y tranquila y serenamente lo apreciaremos todo y dictaremos nuestras resoluciones".
      El diputado Mamerto Oyóla expresó aludiéndolo a Brabo; "Nosotros aceptamos el pensamiento de la Comisión, no solo con entusiasmo sino también con gratitud a ese héroe de la industria, destinado tal vez a realizar los altos designios de la Providencia allá en la región inculta ... ¿Se teme que le Empresa se hubiese fabricado en medio de esas maquinaciones tenebrosas del infierno con fines perversos y siniestros? ¿Donde está la prueba? No existe. Esos temores pues, en mi concepto, son de todo punto infundados. Afirmaciones sin pruebas, generalizaciones arbitrarias, no servirán jamas de base a discusiones serias".
      El diputado Manuel Saucedo dijo también a ese propósito; "Demos aliento a la industria del país, aceptemos la Empresa Brabo que llevará la civilización a los países del oriente, tan rico en sus producciones. La empresa, con los ferrocarriles y colonización extranjera realizará nuestro ensueño dorado, de ponernos en comunicación con el Plata y el mundo civilizado".
      El diputado Valentín Peñaranda manifestó adhesión "al pensamiento en grande de la Empresa Brabo, y máxime cuando las modificaciones concienzudamente introducidas por la Honorable Comisión mixta han sido aceptadas por el empresario con toda espontaneidad ... con la intervención directa y soberana de los poderes públicos de la Nación, con el elemento boliviano que debe ser allí llamado y atendido preferentemente, y con las restricciones y seguridades que garantizan la realización de la empresa bajo los auspicios de la soberanía nacional".
      El diputado Solís sostuvo que la Empresa Brabo "quiere la desmembración de nuestro territorio oriental, en más de 46.000 leguas cuadradas ... Frente a nuestra deplorable actualidad de guerra ocasionada por una colonia chilena, consentida y protegida en nuestro litoral ... ¿podría la Convención, sin hacer mérito ninguno de centenares de bolivianos degollados en las costas del Pacífico por la espada chilena, resignarse a mandar unos cuantos batallones más a nuestro Oriente, para que un poco más tarde mueran al fuego del rifle brasilero o inglés? ... Si nuestro amor al progreso instantáneo y rápido nos decidiera a desprendernos de la más bella y rica porción del territorio oriental, decidme ¿que patrimonio legaríamos a nuestra posteridad? ¿donde y como irían a levantar sus pobres tiendas para vivir? ¿Irían a Londres, al Brasil, a la República Argentina? Ah! No señores!. La caridad y el patriotismo no dudo que nos harían contestar a la Empresa Brabo, diciendo; en Bolivia no hay tierras para colonias e imperios extranjeros; vade inpace. Este es mi voto decidido".
      El diputado Daniel Quiroga vota contra la empresa en atención a que ese territorio, más grande que Francia y España, esta llamado a ser el porvenir de Bolivia, pues "sus habitantes cansados de las crestas andinas tienen que ir a vivir en el Oriente", y estima Quiroga que dicha región, si es poblada "por raza distinta a la latina, no tardará en emanciparse de la madre patria".
      El diputado Emilio Fernández Costas da su sufragio en pro de la Empresa Brabo, en atención a "que el empresario no pide capital alguno (a los bolivianos) como aconteció con otras empresas, sino que aspira a convertir a la región del Oriente en grandes y florecientes poblaciones que, poniendo a Bolivia en contacto con Europa, le abran las puertas de su futuro engrandecimiento".
      El diputado Abdón Ondarza advierte que "la Convención se ha dividido en dos bandos al tratar la propuesta que nos ocupa. Unos la juzgan tan favorablemente que no trepidan en llamarla áncora de salvación para Bolivia, y otros la califican como el siniestro motivo de futuras desgracias. Para los unos el peticionario señor Brabo es un genio, un nuevo Vasco de Gama, un Colón, cuya colosal idea los hombres de inteligencia miope la traducen como locura de una cabeza enferma; para los otros, es un intrigante, que bajo la modesta figura del hábil corredor de negocios oculta al agente de una nación ambiciosa, que pretende absorver nuestros hermosos territorios de Oriente. Para mi, el señor Brabo no es ni el Ángel soñado por los unos, ni el Satanás temido por los otros. Es solo un negociante que pretende una concesión, y como tal debemos recibirle. Sus pretensiones son por una parte atendibles, y por otras dignas de ser modificadas y rechazadas ... En la contrata Brabo se presentan las ideas de colonización de nuestros bosques ocupados por salvajes y animales feroces, y la de cruzar con rieles las llanuras del Oriente y surcar con vapores los ríos que corren por esas fértiles e incultas regiones. ¿Como no aceptar estas proposiciones? Pero al lado de ellas se presentan exageradas pretensiones de monopolio, y no se ocultan tampoco las tendencias políticas que, tarde o temprano pueden ser funestas a nuestras patria si no se eliminan de la propuesta ... En este sentido pienso que de las 45.000 leguas cuadradas que solicita, debemos darle 15.000. Lo más claro que se ve en la propuesta es la formación de un ferrocarril de Chamacocos a Santa Cruz de la Sierra ... ¿porque no aceptar el contrato dejando la línea de Chamacocos a Santa Cruz como límite boreal del territorio cedido a la Empresa Brabo? Así quedaría el territorio destinado a colonización reducido a un triángulo, limitado al Norte por la línea aludida, al Este por la frontera del Brasil y del Paraguay, al Sud por el mismo Paraguay y la Confederación Argentina, y al Oeste por la serranías de los departamentos de Tarija, Chuquisaca y Santa Cruz ... El Paraguay a dado al señor Brabo un grado de territorio, es decir 400 leguas cuadradas para que las colonice ... nosotros no seamos inconcientes despilfarradores de territorio, y cuerdamente limitemos el terreno que se nos pide".
      El diputado Francisco Velarde abogó a favor de la Empresa Brabo; "Creo que es seria -- dijo. Lo que ha llamado mi atención en el negocio Brabo es que los capitalistas de Europa han suscripto un documento ofreciéndole todo el dinero que precisa para la ejecución de la propuesta?. A poblar esas regiones del Oriente vendrán ?el francés, el inglés, el alemán, el belga, el europeo que se adhiere al país como el que más, y los hijos de ese europeo son tan amantes del país como nosotros. De esta colonización proviene la fuerza y el poder de Chile y el de nuestra aliada el Perú".
      El diputado Machicado vota asimismo en pro de la Empresa, pues "nuestros desiertos territorios del Oriente necesitan de colonización. Ahora bien ¿esta colonización será nacional o extranjera? Extranjera, sin duda, por la sencilla razón de que la nacional es imposible ... Faltan en Bolivia población, capitales, espíritu progresista, vida, en fin ... laudable y patriótico es el pensamiento de que la colonización de nuestro Oriente sea obra nuestra, que allí llevemos nuestra raza, nuestras costumbres, nuestro modo de ser, pero esto no pasa de ser una bella y seductora aspiración que no llegará, por desgracia, a realizarse jamás. La colonización es exceso de vida, es rebose de población y de capitales, y solo puede ser obra de naciones que tienen plétora de esos elementos. Bolivia no se halla ni se ha hallado en la posibilidad de colonizar por sus propios elementos, y por eso no se ha colonizado hasta ahora ... la colonización extranjera esta llamada a poblar nuestros desiertos, a construir caminos, crear la navegación y fomentar la industria y el comercio ... la Empresa Brabo es conocida desde principios de 1879 ... El señor Brabo ... contrató ingenieros y organizó expediciones ... La importancia de la Empresa Brabo es tal, que no a sido negada ni por los que la combaten con vehemencia ... se ha dicho que el señor Brabo es agente simulado del Brasil o de la República Argentina, y que su verdadero propósito es desmembrar el Oriente de Bolivia a favor de una de aquellas naciones. Estos cargos no han sido apoyados con ninguna clase de pruebas ... si a los doce meses de firmado el contrato la Empresa no se constituye en Londres, por medio del registro respectivo y un capital de 2.000.000 de libras esterlinas, caducará la concesión. ¿Que arriesga Bolivia en caso de que la empresa no se realice? Nada, si alguien ha de perder en esta eventualidad es el empresario. La efectividad de la Empresa Brabo será la salvación de Bolivia. Su territorio es deforme por los mismo que es mediterráneo, con salida remota y difícil al Pacífico por un litoral actualmente ocupado por el enemigo (Chile) y quizás perdido para siempre. La Empresa Brabo nos abre el camino al Atlántico por el Paraguay, camino por donde nos vendrá el aliento y la vida de pueblos ilustrados a fortalecernos, camino que nos dará la verdadera autonomía de nuestros movimientos y nuestras acciones, camino que puede ser el de las armas, que restablezcan el brillo de nuestra honra mancillada y recobren nuestro territorio usurpado".
      El diputado Félix Alarcón se opone a la Empresa Brabo porque no se sujeta a las leyes bolivianas y "quiere leyes diferentes, reglamentos especiales, aduanas, moneda, fuerza armada dependiente de ella sola; propone ternas para el nombramiento de sus empleados, y en todo no veo sino intrusión a nuestra soberanía".
      El diputado Miguel Taborda dice que le agrada, le seduce la empresa "pero yo veo que comienza con la misma concesión que compromete la soberanía nacional, y que la unidad nacional quedará rota porque la parte occidental de Bolivia no tendrá con la colonización del Oriente ningún vínculo de raza, ni de religión, ni de idioma, ni de costumbres ... Veo que en ese Oriente, rico y poderoso, en vez de absorvernos nos desdeñará. La escisión será completa. Por todas estas consideraciones estoy en contra de la empresa".
      El diputado Guerrero hace uso de la palabra y manifiesta: "Nadie puede poner en duda la bondad y ventajas de atraer la inmigración y establecer colonias en aquellas regiones ... Si somos justos debemos reconocer, sin trepidar, que los obreros del progreso, los hombres que como el señor Brabo animados de una fuerza de voluntad indomables, de una perseverancia constante, que son las divisas de los que en cualquier terreno y escala se consagran a servir a un país y al mundo ... debemos reconocer en hombres de esa talla a los benefactores de la humanidad ... De mi parte tributo esos cumplimientos al señor Brabo?. No obstante ello, el diputado Guerrero, como también después su colega Velasco, propuso que por estrechez de tiempo para tratar a fondo un asunto tan complejo y lleno de dificultades y de reformas radicales, se aplazara hasta la próxima legislatura la consideración de la Empresa Brabo; que ?es para el porvenir de una trascendencia capaz de arredrar el espíritu mas audaz, si se han de tomar en cuenta nuestros grandes intereses nacionales".
      Por otra parte el Perú, aliado de Bolivia en la guerra contra Chile, había reclamado y considerado contrario al tratado vigente de alianza, el que el gobierno boliviano cediera cualquier trozo de soberanía en su territorio en beneficio de una empresa extranjera. Así, pues, luego de escucharse una calurosa defensa del proyecto Brabo a cargo del legislador Aramayo, el debate quedó diferido para la siguiente sesión parlamentaria, durante la cual se votó favorablemente el contrato de referencia, que constaba de 78 artículos.

      Nuevos contratiempos y negociaciones de Brabo en Bolivia y en Europa

      Tras ello, el Presidente de la República y sus ministros le expresaron a Brabo que dada la situación precaria del país era preciso que él fuese al exterior, cuanto antes, en busca del dinero necesario para poner en marcha a la empresa. Difícil resultaba conseguir préstamos por hallarse en guerra Bolivia con Chile. De todos modos, las autoridades del altiplano le concedieron al empresario el privilegio de fundar un Banco, con derecho también de explotar ciertas minas auríferas fiscales, de todo lo cual, se garantizaría, mediante un empréstito de 1.400.000 libras que nuestro personaje trataría de levantar en Londres. "La necesidad de dinero era tan grande en el gobierno que -- consigna Brabo -- para que yo pudiese alcanzar estas sumas lo mas pronto posible me iban a poner cortos plazos para el cumplimiento de mis contratos, obligándome a depositar 20.000 libras en el plazo de 8 meses, a lo cual me opuse fuertemente, ofreciéndome ellos seguridades de que no me suspenderían las concesiones. Exigí entonces que la Soberana Convención, que había votado mis concesiones, votase una ley por la cual mis contratos no fuesen apremiados, mientras no fuese sancionado y canjeado el contrato de límites con el Paraguay. Votada la ley que pedía -- sigue Brabo -- firmé los contratos celebrados con el gobierno de Bolivia. Regresé a Buenos Aires y, enseguida, me fui a Europa, llevando conmigo la autorización de los empréstitos para la formación del Banco y las minas de oro, todo legalizado".
      Al llegar al viejo mundo Brabo fue sorprendido con la noticia de que en Londres la Cámara de los Lores había sentenciado los dos pleitos que sostenía la Compañía de Navegación del Amazonas con el Coronel Church, por la construcción del ferrocarril Madera y Mamoré, y con el gobierno de Bolivia, que pretendía retirar el dinero que aquellos habían levantado bajo su garantía y estaba depositado en el Banco de Inglaterra. La sentencia de los Lores ordenaba que esos fondos del empréstito boliviano fueran repartidos inmediatamente y recogidos todos sus títulos. En consecuencia, aquellas 600.000 libras que le prometiera a Brabo la Cía. del Amazonas habíanse reducido a la nada.
      En la capital de Francia Brabo experimentó un resultado negativo en sus primeras gestiones financieras con la institución capitalista ?Unión General?. Tras ello, un señor Beerbohn, que conocía sus proyectos sudamericanos, lo puso en contacto con el vizconde Duplin, íntimo amigo del Príncipe de Gales (futuro Eduardo VII), y con cierto hacendista yanqui apellidado Villet, "que gozaba de buena reputación en los bancos de París". Duplin se hizo recomendar, por el Príncipe de Gales, al célebre León Gambetta, entonces Presidente de la Cámara de Diputados y uno de los personajes de mayor predicamento en Francia. Gambetta se interesó por el negocio boliviano de Brabo, y le pidió a este los papeles, contratos, planos y folletos relativos al fabuloso asunto, que estudió durante 34 días. Luego de repetidas conversaciones entre el empresario gallego y el político gascón, intervino un señor Ruiz, secretario del pequeño Banque Populaire, al que estaba vinculado Gambetta. Todo esto trascendió -- según Brabo -- debido a indiscreciones de los señores Duplin y Villet", y en los cafés-concert parisinos se cantaba en tonadillas maliciosas "que Gambetta no solo se ocupaba de política sino también de los Afaires de la Solivie", lo que hizo fracasar la negociación.
      Entonces don Francisco acude por un lado a los banqueros franceses Henrry Heine y Demachy Selier, y por el otro al mismísimo Príncipe de Gales, que se alojaba a la sazón en el Hotel Bristol, y ?a quien había sido presentado por el vizconde Duplin, y quien conocía ya la empresa, por las descripciones que de ella le habían hecho, y las que yo le hice durante dos veces que tuve la honra de hablarle?. El Príncipe Eduardo ?hizo que su edecán, coronel Ellies, escribiese una carta a los señores Baring Brothers para que estudiasen la empresa para que si la hallasen conveniente la aceptasen?. Esa misma noche parte Brabo para Londres, y al día siguiente, acompañado del financista español Manuel Murrieta, pónese al habla con la famosa casa bancada inglesa; y ocho días después, Evans Baring ? socio de la firma ?, previo estudio de la cuestión, le dijo a Brabo "que no podía entrar en esta empresa por tener sus capitales absorbidos por los negocios que tenía en la República Argentina".
      Por esas fechas, el Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid publicó un trabajo titulado El Camino de Bolivia al Atlántico, del que era autor el diplomático y político hispano Enrique Dupuy de Lome, quien sobre el tema decía; "Es alma y vida (del magno "camino") el español D. Francisco Javier Brabo, natural de Pontevedra, de carácter emprendedor, ciega confianza en sus fuerzas y en su energía, y entusiasta por las empresas en que su portentosa actividad le hace entrar. Hemos conocido al señor Brabo y nos hemos persuadido de que para ser un Lesseps solo falta el éxito. Hoy está en la situación en que se encontraba el ilustre autor del canal de Suez cuando luchaba contra la opinión de todos ... En La Ilustración Española y Americana -- sigue Dupuy de Lome -- hemos hecho conocer a nuestros lectores y a España a un hombre que si consigue lo que intenta, dejará un nombre célebre, y si fracasa en sus empresas, dejará solo un recuerdo de simpatía para los aficionados a los grandes problemas geográficos".
      Comoquiera, Brabo con esa indeclinable tenacidad propia de gallego, luchaba para no fracasar. Bajo los diligentes oficios de Cristopher James -- corredor financiero y cónsul del Paraguay en Londres --, del negociante intermediario O'Hagan y de la firma Charles Phillips y Cía., se pone en campaña para la formación de un Comité de Directores del ?Ferrocarril del Oriente de Bolivia?, proyectado por él. He aquí el selecto sexteto de gentlemen a quienes se propuso para el referido consorcio; Su Alteza el Duque de Buckingham y Chandos; el General Sir Michael Kennedy; Lord Cochrane (Vicepresidente del Comité de tenedores de bonos peruanos); el Honorable E.P. Bowerie (Presidente del Consejo de tenedores de deudas extranjeras); míster Ray (Presidente del Comité de tenedores de títulos bolivianos y gerente director del Stocks Investment Company); y el baronet Sir Phillip Rose (abogado consejero del finado Lord Beaconsfield -- Disraeli -- y Presidente del Foreign y Colonial Trust). Tal relumbrante sindicato nombró una comisión para que fuera a París a entenderse con los banqueros de allí, que aportarían la mitad del capital necesario a dicho objeto. Esa comisión la componían -- junto con Brabo -- Cristopher James, Williams Nicolás de Mattos, Henry Heine y León Renault, influyente político francés muy afecto a los negocios, que una década mas tarde se vio enredado en el affaire del Canal de Panamá, aunque resultó absuelto por una comisión investigadora parlamentaria.
      Precisamente Renault, con el financista La Bourthe y otro agente de créditos llamado Forbes, trataron de enganchar el negocio boliviano a la Union General, pero este grupo capitalista ya estaba comprometido con la Lender Banck y los ferrocarriles servios y, poco después, sufre un inmenso "crak" que repercute en toda Europa, "y durante 9 meses no se podía hablar de negocio ninguno" -- según apuntó Brabo al recordar, en 1909, sus andanzas en pos de dinerales europeos.
      Con todo, un arreglo entre nuestro empresario y la ?Union General? aún se consideraba factible. En eso, allá en Bolivia, Antonio Guijarro, el ex diplomático amigo de Suárez Arana, es nombrado ministro de Hacienda, y por exigencia suya el agente financiero de esa república en París, señor Gamuzio, lo conmina a Brabo para que deposite aquellas 20.000 libras a que lo obligaba su contrato.
      Posteriormente Gamuzio es reemplazado por Eleodoro Villazón, al cual Brabo relató la serie de peripecias por las que había pasado, desde seis meses atrás, en busca de capitales, y que gracias a cierto ?alto personaje de una institución católica?, ligado a grandes compañías, recibió de varios inversores la promesa de que aportarían 145.000.000 millones de francos para hacer realidad todos los puntos de su contrato, y los empréstitos que sobre el Banco Nacional las minas de oro le encargara el gobierno boliviano. Villazón, sin embargo, aunque sabía que el Congreso de su patria voto la ley para que los contratos de Brabo no fuesen apremiados mientras el pacto de límites con el Paraguay no estuvieran sancionados y canjeados, ?me salió hablando de la obligación de depositar las 20.000 libras, lo que me hizo concebir que su misión era la de matar mi empresa?.

      Queda en veremos la famosa concesión a nuestro empresario

      Políticamente, con mucho trabajo, logró Brabo que Villazón le renovara el plazo estipulado; empero, al cabo de tres meses, recibió una nota de éste, con la orden del ministro Quijarro que suspendía las tan traídas y llevadas concesiones colonizadoras del Oriente boliviano. "El día antes de pasarme esta comunicación -- transcribo a Brabo -- vino Villazón al hotel a anunciármela, y le pregunté si Bolivia pagaría así a un hombre que tantos sacrificios había hecho para enviar comisiones científicas a su territorio, para levantar planos y hacer estudios del ferrocarril, los cuales él había aceptado firmándolos y sellando todas sus fojas con el sello del Ministerio; después de haber recorrido media Europa batiendo las puertas de las grandes instituciones financieras, haciendo conocer su país y sus riquezas, y al que le hizo dar dos grados geográficos del territorio del Chaco sobre el río Paraguay, para comunicarse con el mundo entero, sin tener que pedir con el sombrero en la mano permiso a sus vecinos para ello. Al oír esta pregunta tomó su sombrero y salió como corriendo, cerrando bruscamente la puerta. No transcurrió un minuto, y abriendo de nuevo la puerta sin llamar, me dijo; ese servicio Bolivia lo ha olvidado. Desde entonces no he vuelto a ver al doctor Villazón".
      Pese a quedar en suspenso los derechos de nuestro empresario, Brabo siguió trabajando hasta concluir su plan financiero. Cuando estaba a punto de terminarlo, él nos declara que ?el señor Forbes, con la colaboración de la New York de París, había conseguido conquistar a dos grandes banqueros americanos para construir un Banco bajo el nombre de Comptoir Syndical, con un capital de 120 millones de francos, para lanzar cinco compañías con 145 millones de francos para realizar mi empresa?. Uno de esos banqueros era nada menos que Jay Gould, llamado ?rey de los ferrocarriles norteamericanos?, suegro del fastuoso conde Boní de Castellane. A Gould y al otro magnate del dolar, Brabo les contó la historia de su empresa, la extorsiva coima de 60.000 libras y 240 leguas que Suárez Arana, apadrinado por Quijarro, le había intentado hacer. ?Cuando concluí de relatarlo ? escribe don Francisco ? los señores Gould y el compañero dijeron que de buena se habían salvado, pues iban a comprometer sus capitales en un país cuyos ministros eran ...; no quiero decir los epítetos con que ellos los calificaron, por no lastimar la susceptibilidad de muchos hombres honrados que tiene Bolivia?.
      Así, luego de tantos trabajos, esperanzas y desengaños, la otrora alucinante Empresa Brabo terminó en fiasco y el perseverante artífice del grandioso proyecto, desmoralizado pero no vencido, se embarcó para Buenos Aires.
      A partir de entonces, don Francisco bregaría, sin éxito, ante el gobierno de Bolivia, reclamando una indemnización que compensase, en algo, los ingentes gastos y sacrificios que había hecho en el curso de treinta años. Al final de una exposición escrita en 1909, el veterano empresario estampó: ?Durante todo ese tiempo no he cometido la más mínima falta y sostenido con toda dignidad la posición que exijía una empresa que tenía 33.000 leguas de extensión y que demandaba 145 millones de francos para realizarla?.

      Múltiples especulaciones y proyectos para alcanzar el cuerno de la abundancia

      Ciertamente Brabo estaba fundido a fines de 1882. Nunca lograría ya levantar cabeza; no obstante el acucio -- hasta sus días postreros -- de aquella tantálica sed de negocios que, una y otra vez, le resucitaba la ilusión de atrapar a la veleidosa fortuna. Sin perder esa esperanza, resolvió que Europa debía ser el centro natural de sus actividades futuras, y allá retornó con nuevos bríos.
      En 1884 le escribe don Francisco, desde Londres, al Presidente del Paraguay, general Bernardino Caballero, proponiéndole el siguiente negocio, "para desquitarme de Bolivia": Comprarle al gobierno paraguayo 750 leguas de tierras fiscales en la margen derecha del río Paraguay, en el Chaco, de la Villa Occidental para adentro. Con esas tierras ? que escogería Brabo ? formaríase en Londres una compañía colonizadora, respaldada por un capital de 1.500.000 libras esterlinas, cuyos accionistas serían los tenedores de bonos de la deuda paraguaya, quienes recibirían, a cambio de esos bonos, una acción de dicha compañía. Las tierras saldrían a venderse en Buenos Aires, en remate público, y ? según el proponente, conocedor a fondo de la zona ? eran aptas ?para pastoreo, plantación de cañas de azúcar, café, tabaco, algodón y toda clase de legumbres, teniendo ricas maderas de construcción, plantas de yerva mate y acaso algunas minas de cobre?. Para la formación de tal ?sindicato?, Brabo habíase puesto de acuerdo con Henry Osborne O'Hagan, jefe de la ?City of London Contract Corporation?, con mister Bouverie, presidente del Comité de Empréstitos Extranjeros, con Cristopher James -- financista a quien Brabo había hecho nombrar Cónsul del Paraguay -- y con otros grandes bonetes del mercado financiero inglés. La referida operación colonizadora, sin embargo, no llegó a materializarse, pese al interés demostrado por el Presidente Caballero.
      Huelga decir que Brabo siguió planteando, uno tras otro, negocios de distintas naturaleza ante diversas entidades e individuos. Con su yerno Carlos Cardona, representante de astilleros alemanes y franceses, don Francisco compra y vende cualquier clase de vapores, nuevos o usados, desde "steamer" hasta barcos de guerra y armamentos navales. Se vincula también a compañías fleteras marítimas y a industrias productoras de maquinarias hidráulicas y de repuestos afines.
      Por esas fechas (1885) Brabo publicó en el Financial News de Londres, una serie de cartas a propósito de la situación económica de la Argentina, muy por debajo, a su juicio, que la de Chile y el Brasil, vaticinando la crisis que sobrevendría el año 90. Entre paréntesis, añado que en 1885 la familia de Cardona se hallaba en Trieste corriendo la suerte de los leales amigos del pretendiente a Rey de España, Juan Carlos María Isidro de Borbón y Braganza, y de su esposa la Princesa de Beria, asi mismo de la Casa de Braganza. El padre de Carlos de Cardona -- marido de Laura, hija de Brabo -- era Francisco de Cardona, doctor en medicina, y moraba en aquel puerto del Adriático pensionado por sus regios clientes. En sus conversaciones, el consuegro y tocayo Cardona lo puso en antecedentes a Brabo de una reclamación que el Príncipe carlista exiliado mantenía con la Corona de Portugal, acerca de la dote otorgada y reconocida a su madre, la Infanta portuguesa María Francisca de Asís, en la capitulaciones celebradas para sus nupcias con el Infante español Carlos María Isidro de Borbón, padre del reclamante, que tuvieron lugar en Madrid el 22-II-1816, consagrándose la boda el 4 de septiembre siguiente. De aquella dote solo habían sido abonados, a cuenta, 50.000.000 de contos de reís en 1829, cesando desde entonces los pagos. Para tratar de obtener el resto de lo que se le debía, el Príncipe Juan Carlos firmó un poder en Londres el 6-1-1862, a favor de su secretario Enrique Lozen; pero Lozen nada hizo. Con fecha 23-IX-1880, Juan Carlos dio nuevo mandato a ?un personaje de Madrid?, que se ofreció a lograr no solo el pago del crédito dotal referido, sino también la parte de la herencia que le correspondía al poderdante de sus abuelo maternos, los Reyes Juan VI y Carlota Joaquina. El nuevo mandatario tampoco realizó gestión alguna ante el gobierno portugués. Así las cosas, el Príncipe se allanaba a ceder el 50% de las sumas que se cobrasen de la dote y herencias pendientes, cuyo monto calculábase en 561.843 libras esterlinas y 15 chelines, con intereses hasta marzo de 1859, y en 17.983.593 francos 75 céntimos, con los intereses puestos al año 1879. El negocio regio, a la verdad, resultaba tentador para Brabo, quien el 2-X-1885, escribió a Lisboa a su amigo el vizconde de San Januario, proponiéndole iniciar demanda contra la Corona lusitana. "Será un buen negocio" -- le ponía Brabo al vizconde. "Yo debo marcharme dentro de 2 o 3 días a Londres ... como el Infante don Juan de Borbón se halla en Londres, si V.E. encontrase que tal herencia podría cobrarse, yo llegaré a él por medio del Dr. Cardona, y haré cuanto sea necesario para que V.E sea encargado de entablar la reclamación. Mi negociación con Bolivia me tiene todavía al retortero. La situación actual imposibilita su realización; esperemos venga un cataclismo que la componga y se acabe la inacción de los grandes negocios". Ignoro de que manera derivó aquel mayestático corretaje portugués. Lo cierto fue que -- perdurable aspirante -- Juan Carlos María Isidro de Borbón y Braganza falleció en Brighton, Inglaterra, el 21-XI-1887, "sin el pan y sin la torta".
      El año 1886 la Compañía del Ferro Carril del Salto Oriental a Santa Rosa se hallaba casi declinante, y su directorio sin crédito ni recursos para renovar su material. Frente a tal panorama, el señor Holland, director del Banco de Inglaterra y presidente de dicho ferrocarril, vino a rogarle a Brabo hiciese lo posible para levantar la compañía. Don Francisco le contestó que el referido camino de hierro era obra levantada con parte de su dinero, y trataría de sacarlo adelante. En efecto: Cuando la guerra del Paraguay, siendo Brabo abastecedor del ejército brasilero, le ofreció al Emperador Pedro II hacer un "baraje" (varadero) en el "Salto Grande", y exclusas para que todas las estaciones del año fuese navegable el Alto Uruguay. (Ahora se construye ahí la gran empresa hidroeléctrica argentino-uruguaya). A tal fin nuestro hombre contrató al ingeniero Marcoartú, pero los moradores y autoridades del Salto y de Concordia no aprobaron esa obra que les parecía irrealizable. Entonces Marcoartú se agenció del gobierno de Montevideo la concesión para construir la línea férrea desde el Salto Oriental hasta Santa Rosa, para cuyo logro Brabo le había entregado 3.000 libras esterlinas. Dispuesto pues éste a satisfacer los deseos de mister Holland, publicó un "repport" en el South American Journal de Londres acerca de las bondades económicas de Río Grande, del Estado Oriental y de Misiones, territorios que tanto conocía. El resultado de ese informe periodístico fue que las acciones del ferrocarril del Salto a Santa Rosa subieran 40 puntos en la Bolsa londinense y que la compañía se hiciera de fondos para renovar el material. Dos ?reports? más de Brabo acrecentaron el capital de la empresa, que pudo prolongar los rieles hasta Quarein y construir el ramal de Puerto Cabello a San Eugenio.
      Obra en mi poder un montón de cartas y facturas en los cuales consta que durante los años 1887 a 1891 Brabo y su yerno Cardona matizaron los afanes del "pane lucrando" con la marchantía de cuadros famosos, gran parte de ellos consignados para venderse en Londres por intermedio de la casa Shepherd Brothers, en París por la de Cañen y Guillerme y en Frankfort através de Wolff Hnos. En la larga nómina de pinturas y grabados que, para tan refinado tráfico, Brabo y Cardona adquirieron por aquellos años en Bruselas, Colonia, Viena, París, Berlín, Aix la Chapelle, Munich, Madrid y otras plazas europeas, figuran los firmados o atribuidos a estos celebérrimos maestros: Brueghel, Rubens, Frans Hals, Potter, Van Der Goes, Rafael, Coreggio, Veronés, Bassano, Holbein, Bouwer, Murillo ("Guitarrero", vendido en Hamburgo), Zurbarán, Tiépolo, Lebrun, Galofre, Villegas, etc, etc.

      Un lance final de gran envergadura

      De artístico marchante, Brabo pasa en 1892 a tomar entre manos un complicado negocio con el gobierno del Brasil, que, de haberse convertido en realidad, le hubiera proporcionado cuantiosa fortuna. He aquí el asunto:
      Un ingeniero Andreusi había proyectado, con la casa introductora de Buenos Aires Herm. Schliper y Cía. y otras del ramo metalúrgico, levantar en el puerto de Montevideo un gran "Mercado Central de Frutos del Uruguay", obra que por falta de capitales no pudo llevarse a efecto. Los correspondientes planos y materiales de hierro para dicha construcción fueron encargados a Europa, invirtiéndose en ellos la suma de 63.000 libras esterlinas. Era necesario, en consecuencia, liquidar toda esa ferretería, aunque fuese por mitad de su costo. Aparece entonces Brabo y adquiere de Schliper y Cía. -- a cuenta -- los planos y elementos acopiados que se destinaban al mercado uruguayo, por el precio de 75.333, 33 pesos oro sellado; y a vuelta de ello le propone al gobierno del Brasil instalar en la península "Ponta de Cajú" -- entre la bahía de Guanabara y el golfo Inhuama -- una gran estación terminal para todas las líneas ferrocarrileras que convergen a Río de Janeiro; y unir, además, el extremo de la "Ponta de Cajú" con la isla ?dos Ferreiros?, mediante un puente y vías férreas, cuyo islote convertiríase así, en el colosal desembarcadero marítimo de la metrópoli fluminense.
      El plan Brabo era grandioso y audaz; todo sobre la base de los 19 planos confeccionados en Europa para aquel no nato Mercado de Frutos de Montevideo; siempre bajo la dirección técnica del ingeniero Andreusi, y con la tirantería, planchas, armazones, columnas de hierro, telas metálicas, rejas, caños, tubos, rieles, vagones y otros pertrechos ferroviarios, adquiridos ya por las casas "Schliper y Cía." y "Getting y Cía.". Se calculaba que la obra habría de costarle al Brasil alrededor de 140.000.000 de contos. Brabo presentó al Ministerio de Industrias y Obras Públicas carioca -- cuyo titular era el venerable Limpo de Abreu, vizconde de Abaeté -- un minucioso informe acompañado de la documentación pertinente, y editó, de añadidura, un folleto ilustrativo acerca de la gran Estación que proponía, con emplazamiento en "Ponta de Cajú". Al fin de cuentas, el negocio fracasó. Los burócratas traspapelaron aquellos 19 planos en las oficinas gubernamentales, y la empresa "Geting y Cía." de Buenos Aires no cumplió con los envíos del material requerido, comprometiendo "mi nombre y mis intereses aquí" -- como justamente furioso escribió Brabo desde Río de Janeiro, el 12-III-1893, a los responsables de la nombrada firma.
      ¿Cuanta plata le costaría a don Francisco esa aventura que dejó menoscabado su crédito financiero? No lo sabemos. En cuanto a ?Schliper y Cía.? partícipe también en el asunto, algo seguramente recuperó de su capital, puesto que cierto sindicato de comerciantes bonaerenses proyectaba levantar un gran mercado de cereales, y se interesó en la compra de aquel material que se destinó inicialmente al fallido mercado montevideano. Con buena parte de tales elementos ? supongo ? se construyó en 1897, en Buenos Aires, el edificio de la hoy llamada Bolsa de Cereales, contigua a la estación Once, para cuya fábrica se obtuvo el concurso de la empresa del ferrocarril inglés, en ese tiempo llamado del Oeste.
      A pesar del fracaso de "Ponta de Cajú" Brabo persiste en tener tratos comerciales con las empresas del Brasil. En 1894 se ofrece a venderles a los ferrocarriles de dicho país, carbón de Cardiff, de las minas pertenecientes a "Powell Duffryn". Brabo comprometíase a colocar remesas hulleras en el puerto de Río de Janeiro, de 8.000 a 10.000 toneladas, al precio de 36 1/2 chelines la tonelada métrica. Ignoro si la propuesta resultó aceptada.

      Melancólico epílogo tras la derrota definitiva

      A partir de ahí, Brabo, arruinado, torna -- "padre pródigo" -- al hogar de su familia en Buenos Aires. Y para mantenerse y mantener a los suyos, emprende toda clase de negocios -- de poca monta ya --, desde ofrecer inmuebles urbanos y rurales -- campos en el Paraguay, Nahuel Huapi, Formosa, Córdoba y provincia de Buenos Aires --, hasta el corretaje bursátil y la intermediación de transacciones comerciales de cualquier jaez; incluso -- parece mentira en el cuasi monarca del Oriente boliviano!-- en sencillas diligencias para colocar novillos y hacienda de cría.
      Cuando en 1903 la región boliviana del Acre -- 497.931 kms. cuadrados -- fue transferida al Brasil, por un consorcio anglo-yanqui, Brabo protestó solemnemente ante el Ministro brasileño en Buenos Aires, Assis de Acevedo, por considerar incluido dicho territorio en su antigua concesión colonizadora. Al efecto acompañó un legajo con documentos "que -- expresaba el interesado -- demuestran hasta la evidencia los derechos que me asisten y la lealtad de mi proceder; espero -- insistía -- que las personalidades en cuyas manos voy a poner mis documentos (el Barón de Río Branco y sus asesores) consigan la indemnización que se me debe de los ingentes capitales que he gastado, en veinte y tantos años de lucha y de trabajos".
      En la Bolsa de Comercio porteña -- su último refugio amistoso -- don Francisco concurría todas las tardes a una tertulia cordial que llamaban "El Camoatí". Era Brabo el más antiguo de los asistentes; y el más joven de ellos Arturo Richard Lavalle, me contó que aquel -- alta estatura, nivea barba cerrada, galera de felpa y en el ojal del viejo jaquet Victoriano desteñido botón español de Caballero de Carlos III -- monopolizaba la charla con las innumerables anécdotas que matizaron el curso de su vida pintoresca y sorprendente. Murió en Buenos Aires el 25/8/1913 a los 88 años de edad.