GENEALOGÍA

Nuestra completa base de datos

Conquistadores, descubridores, gobernantes, caudillos, militares, escritores... descubra quiénes fueron, quiénes fueron sus mayores y quienes son sus descendientes.

Sumérjase en la más completa base de datos de genealogía de las familias tradicionales argentinas.

 

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HERÁLDICA

El arte del blasón

Disfrute, infórmese y aprenda disfrutando con los escudos de armas correspondientes a los linajes de más abolengo que han habitado el Virreinato del Río de la Plata.

 

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HISTORIA

Hechos que marcaron una época

Es imposible separar la genealogía de las familias que figuran en nuestra base de datos de la historia de América. Miembros de los linajes que aquí aparecen estudiados han sido próceres, virreyes, gobernadores, personalidades destacadas, etc.

 

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José Bernardo Iturraspe

Ratio:  / 9

por Juan Fernando del Pazo

José Bernardo Iturraspe nació en el seno de la familia constituida por José Iturraspe Gálvez y María del Carmen Freyre, y conoció desde muy joven las privaciones y sinsabores que la participación en la política acarrean. En su casa se vivieron persecuciones durante la hegemonía de Rosas. Un tío materno, Ventura Freyre, fue fusilado por orden de Juan Pablo López, cuando éste todavía respondía a las órdenes de don Juan Manuel. Dice la tradición que cuando Garibaldi incursionó por estas tierras, adhiriendo a la lucha contra Rosas, encontró refugio en la estancia paterna, y que en gratitud por este gesto, legó su sable al dueño de casa y gentil huésped.

José Bernardo Iturraspe nace en la ciudad de santa Fe el 30 de julio de 1847, siendo bautizado al día siguiente por el cura de la Matriz don José de Amenábar, bajo el padrinazgo de sus tíos Bernardo y Elena Iturraspe. En cumplimiento de una tradición inveterada recibió el nombre del santo del día anteponiéndoseles los del padre y padrino: José Bernardo Ignacio.

Inicia sus estudios en el Colegio de la América del Sud, de Buenos Aires (en donde tiene como compañeros, entre otros, a Roque Sáenz Peña, Joaquín Cullen y Máximo Paz), continuándolos en el recientemente reabierto colegio de los jesuitas de su ciudad natal.

Tras un fallido intento por dedicarse al estudio de las leyes, decide emplearse en un Registro de Comercio de la ciudad de Buenos Aires. Al poco tiempo se establece en Montevideo al frente de una Casa de Cambios y Corretajes.

Años más tarde, respondiendo al llamado de su padre, se hace cargo de la empresa familiar: el molino harinero “San José”, en la ciudad de Esperanza. Será a cargo de la administración del molino en que se hará evidente su condición de empresario pujante y exitoso. Con la adquisición de grandes extensiones de tierras en las provincias de Santa Fe y Córdoba funda las colonias de San Vicente, Alcorta, San Jorge, Sastre, Margarita, Eustolia, Elisa, Ceres, Iturraspe, San Bernardo, en la primera,  y en Córdoba, las de Freyre, Iturraspe, Luis A. Sauze, Quebracho Herrado y  San Francisco.

Nunca había participado directamente en la política local, si bien por razones de parentesco pertenecía al partido opositor al gobierno. Recuérdese la lucha entre el iriondismo gobernante, enrolado en el Club del Pueblo, y el partido liberal, o de La Conciliación, en cuyas filas actuaban tíos, primos y hermanos de don José Bernardo.

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Buenos Aires en 1887

Ratio:  / 5

por Daniel García-Mansilla

El Buenos Aires de aquellos días, mirado desde Europa, era algo así como el fin del mundo. ¡Quedaba tan lejos del centro cerebral de universo civilizado; de París, de Londres, de Roma o de Viena!....Afluían a nuestra urbe no pocos aventureros para ponerse fuera del alcance de reclamaciones judiciales…. ¡He visto un crecido número de temibles caballeros de industria en fuga por asuntos bancarios, de honor o de moralidad! Será sin duda por eso que nuestra vieja sociedad colonial solía mostrarse tan reacia, tradicionalmente hostil con los extranjeros en general, porque ¡se habían padecido tantos chascos…! pues como dice el adagio francés à beau mentir qui vient de loin…

Como Buenos Aires carecía entonces de puerto, fondeó el Congo en “balizas exteriores”,  y el hermano mayor de mi madre, el general Lucio Victorio Mansilla (autor de Una excursión a los indios ranqueles) vino a buscarnos en un vaporcito especial. Desembarcamos en la boca del Riachuelo. Mal sabría describir la impresión extraña de exotismo que me causó prima facie esta bendita tierra de mis mayores, tan distinta de la civilización de la Europa tradicional y refinada en la que hasta entonces había vivido. Todo me parecía primitivo y distante cosa del Extremo Oriente….

Desembarcamos en junio de 1887. Junto con otros coches, la volanta o victoria del general Mansilla nos esperaba y en ella subimos, mi madre, mi tío y yo. El cochero criollo muy trigueño, de librea, sombrero alto y escarapela argentina, ostentaba tamaños bigotes, detalle que en Europa constituía un perfecta herejía… Tan pésimamente pavimentadas se veían las calles que cada vez que el coche salía del plácido deslizar sobre los rieles del tranvía, padecíamos tremendos sacudimientos capaces de llevar el hígado a la boca; algo, de verdad, escandaloso. Después de un rodar interminable en tales condiciones llegamos, por fin, extenuados, a la calle Tacuarí, donde nos esperaba en su casa, solemne y conmovida, mi abuela doña Agustina Ortiz de Rozas y López de Osorno de Mansilla (derecha), a quien veía por primera vez, con respeto y curiosidad.

La noble anciana, más bien alta, de porte majestuoso, de cuya relevante belleza en su juventud había oído hablar tanto, bajo el blanco cabello no conservaba más que un aire imponente de soberana, con sus ojos negros y penetrantes, idénticos a los de su hijo Lucio, quien fue, él también, según parece, hombre garboso. El azoramiento de la ilustre dama al verse de repente rodeada de aquel enjambre de nietos y biznietos… me impresionó sobremanera. Contábale con paciencia durante horas enteras, mil pormenores de las cosas, de los personajes y países europeos que había conocido…

El solo hecho de haber nacido y de haberme formado en Europa hasta los veintiún años, era causa de que no tuviera yo de mi lejano país, más que referencias y noticias favorables, agrandadas a través del enternecido patriotismo de mis padres... Se me figuraba (ahora) el país como una enorme colonia de improvisados en la que, por falta de población, y por ende, de especialistas y técnicos suficientes, en todas las ramas, cada individuo de alguna significación tenía que llenar tres o cuatro oficios a la vez, con lo cual nadie sabía de nada a fondo, ni los propios gobernantes, y por consiguiente todo marchaba a la buena de Dios…La famosa “Casa Rosada” , célebre en nuestra historia, se me presentaba como un adefesio de increíble desacierto que parecía a la vez una estación de ferrocarril, un pabellón de feria colonial o un tempo masónico; algo que no tenía compostura. La ciudad enormemente extendida, de calles angostas y casas bajas, edificada sobre terrenos subdivididos  como un cementerio, con viviendas de ocho varas de frente y detrás un estrecho cañón a veces de mucho fondo, dos ventanas a la calle y un vano desproporcionado, constituía una metrópoli de puertas para jirafas. En los edificios de más de un piso, por puro espíritu de contradicción, no existía balcón a la misma altura de la casa contigua, sin duda para singularizarse. El conjunto mareaba como una pesadilla… A la vista de nuestra pujante metrópoli… conviene (ahora) , suprimir mentalmente las tres cuartas partes de los actuales adelantos y perfeccionamientos edilicios y urbanos.

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Breves apuntes sobre las armerías de Mier en Peñamellera y Cabuérniga

Ratio:  / 42

 

por Mariano Vilella y Sánchez Viamonte
Madrid, septiembre de 2012

Entre finales de agosto y primeros de septiembre de 2012, se desarrollaron unos comentarios sobre heráldica en uno de tantos foros de genealogía en los que participo gracias a Internet. En él afirmaba que las representaciones heráldicas que se pintan en el Nobiliario del Antiguo Virreinato del Río de la Plata, de Carlos Calvo, están plagadas de errores, pese a la importancia que la obra tiene para cualquier persona que quiera estudiar la genealogía rioplatense.
En el curso de los comentarios del foro, me informó el Sr. Diego Molina de Castro, que preparaba un libro, en el mismo formato que el Nobiliario, como volumen anexo a éste, en el que corrige y representa correctamente las armerías de los linajes que refiere Carlos Calvo.
Como el propio Sr. Molina de Castro me requiriera por las armas de Mier que corresponderían a los miembros de este linaje que pasara al Río de la Plata en la segunda mitad del s.XVIII, y me manifestara que las que pinta Carlos Calvo no corresponderían a los Mier sino a los Mieres, fui picado por esto de la heráldica y me dispuse a redactar los brevísimos apuntes que aquí se describen. Espero que puedan arrojar algo de luz sobre estos blasones.

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De visita al pueblo de Rozas

Ratio:  / 11

De visita al pueblo de Rozas ubicado en el Valle de Soba,
región de Cantabria, España, solar natal de los Ortíz de Rozas de Argentina

por Ángel Campo López

Es conocida por muchos cántabros la belleza singular e intacta del Valle de Soba, el más extenso de nuestra región; pero pocos pueden imaginar la importancia que dentro del mismo tiene el pueblo de Rozas. Ubicado en un enclave escarpado, dentro de un relieve accidentado, como todo su alrededor, atesora este ancestral pueblo, una magnífica geografía y un rico pasado histórico, que lo distingue del resto de los que componen el entorno del que forma parte.

Al acercarnos, transitando la ruta N-629, procedentes de la Autovía del Cantábrico (A-8), a la altura de la Cueva de Covalanas, dejando atrás la Villa de Ramales de la Victoria y al inicio del Puerto de Los Tornos, tomamos un camino a la derecha (CA-256) para entrar al valle, por una carretera de montaña de traza muy firme, cuidada y bien señalizada, con una impresionante concentración de curvas muy pronunciadas; talladas en una masa rocosa y calcárea de aspecto colosal, de lo que antaño fuera un camino de herradura o senda para el ganado, pero que supone un acceso natural al amparo del Río Asón; curso fluvial que cruzamos a través de un estrecho puente de piedra girando a la derecha en la localidad de Casatablas para tomar la ruta (CA-669) A partir de allí, comenzamos a transitar un camino ascendente durante algo más de 3 Km. La subida es impresionante, con continuos tornos y gran estrechez en la calzada recientemente reparada; lo más aconsejable es mantener la marcha en segunda velocidad y rezar para que no transite en descenso otro vehículo y tener que dilucidar como cruzarse con él; eso sí, aconsejamos sin dudar, poner la primera velocidad en las curvas, donde al salir de ellas parece que se va a tocar el cielo; es preferible no mirar para abajo. En cuanto al descenso, mejor no contarlo, solo hacerlo con cuidado y disfrutando la belleza que nos circunda.

En el fondo del valle, el bello curso del río se abre en forma serpenteante, erosionando los peñascos con recorrido fuerte y ágil, rodeado por la belleza de los chopos, alisos, abedules, avellanos y laureles, cuadro que completa un paisaje que impregna al viajero.

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Quien fue "La Lunareja"

Ratio:  / 2

por Rafael P. Sosa
“El Tribuno”, Salta, 18 de julio de 1953

En EL TRIBUNO de anteayer, la Columna Noctámbula reproduce una interesante carta de la célebre Macacha Güemes y el ágil y conocido periodista que la redacta pone al pie de esta nota “Se aclara que “La Lunareja” era Doña Carmen Puch, esposa de Güemes.”

Como se trata de un lapsus – in duda, involuntario – que puede confundir a los lectores, deseo aclararlo brevemente.

La dama conocida en aquellos tiempos con el apodo de “La Lunareja” se llamaba María Josefa de la Corte de Arias, esposa del abogado Pedro Antonio Arias Velázquez, que egresó con el título de doctor de la Universidad de Lima. Da. María Josefa había nacido en 1776 y falleció el 24 de febrero de 1853, hace cien años. Entre sus hijos recordaré a Grimanesa, Carlos Enrique, Serafina, Justiniano, Juan Pablo y Zenón.

El apodo de “La Lunareja” estaba plenamente justificadopor un gran lunar en el centro de la mejilla izquierda, como puede verse en el retrato de ella, pintado en 1845 por Amadeo Gras y que conserva el Ing. José Alfonso Peralta, descendiente de Da. Grimanesa Arias de Figueroa.

Probablemente Da. María Josefa de la Corte de Arias era parienta de la madre del general Güemes, Da. Magdalena Goyechea y la Corte de Güemes Montero, pero no hermana, como erróneamente se afirma en el libro sobre el pintor Gras, que reproduce el cuadro citado.

Justamente acaba de fallecer, a una avanzada edad, el Dr. Vicente Arias, nieto de “La Lunareja”.

Una Historia de Montescos y Capuletos criollos

Ratio:  / 3

por José María Posse Posse

Tanto Los Aráoz como Los López formaban parte del núcleo político, económico y social más importante del Tucumán de fines del período colonial.

En las primeras décadas del siglo XIX, Los Aráoz, eran, grandes terratenientes y poderosos comerciantes, lo que de alguna manera los convertía naturalmente en árbitros de la provincia. Sus cabezas principales eran Don Bernabé Aráoz (derecha), varias veces gobernador de Tucumán, guerrero de la Independencia y fundador de la efímera República del Tucumán en 1820; éste era a su vez apuntalado por el Congresal Presbítero Pedro Miguel Aráoz, una de las mentes más preclaras de su tiempo y por Don Diego Aráoz, aquel que comandara las tropas criollas en la Batalla de Tucumán.

Por su parte, los López eran importantes estancieros en la zona de Trancas. Sus figuras salientes fueron Don Ángel y Don  Javier López, también varias veces gobernador de Tucumán, hombre público y bravo militar quién peleó a las órdenes del General Paz en las batallas de La Tablada y Oncativo.

Javier López fue en su juventud, protegido de Bernabé Aráoz, quién al notar en éste características sobresalientes lo becó para que estudiara en una importante Universidad del Alto Perú.

Vuelto a Tucumán, López fue designado lugarteniente de Aráoz y a poco andar comenzaron las diferencias entre ellos. Al punto llegaron las cosas que en 1821 Javier López encabezó una revolución contra Don Bernabé, que culminó con el derrocamiento de éste.

Luego de estos acontecimientos comenzó una de las etapas más sangrientas en la historia provincial. Partidarios de uno y otro bando realizaron sucesivas revoluciones en donde no faltaron los saqueos a comercios y a la casas de los principales jefes enemigos por parte de las tropas levantadas. Varias veces Aráoz recuperó el poder para ser posteriormente derrocado por López.

Por fin, Aráoz es derrotado en batalla y puesto en fuga, en un periplo que culminó con su  encarcelamiento en Salta. En el camino de regreso a Tucumán, frente al muro sur de la antigua Iglesia de Trancas fue fusilado por orden de Javier López.

Al informársele que iba a ser pasado por las armas, serenamente pidió una pluma y papel, asimismo comenzó a armar un cigarrillo. Escribió su última voluntad al término de lo cual expresó: ¡La existencia humana es como éste cigarrillo!.

Luego, dio una última pitada, apagó el cigarro, miró de frente  al pelotón y les ordenó que dispararan.

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Simón de Iriondo

Ratio:  / 2

por Juan Fernando del Pazo

Simón de Iriondo (ver detalles de su genealogía) nació en la ciudad de Santa Fe el 28 de octubre de 1836, en el hogar formado por don Urbano de Iriondo y doña Petrona Candioti. “El 28 de octubre de 1836 – escribe su padre en su cuaderno de “Memorias” –  dio a luz Petrona un niño a quien se le puso por nombre Simón Tadeo. Lo bautizó el Dr. D. Estanislao Leante, Canónigo de la Catedral de Córdoba, y fueron sus padrinos Dn. Felipe Ma. de Roldán y mi hermana política Da. Dolores Candioti”. Sus nombres los debe a la inveterada tradición de bautizar a los recién nacidos con los nombres de los santos del día, en su caso, los de los apóstoles San Simón y San Judas Tadeo.

Escaso tiempo gozó de tranquilidad en el seno de su familia, ya que, luego de la muerte del Brigadier Estanislao López, su padre habría de sufrir las amarguras de la persecución política y del exilio obligado.

Realizó sus primeros estudios en la histórica Escuela de San Francisco, para continuarlos luego en el Colegio de Montserrat, de la ciudad de Córdoba, la “Docta”. De allí pasa a estudiar en la ciudad de Buenos Aires, en cuya Facultad de Derecho habría de recibirse de abogado, en 1858, a los veintidós años. Alcanzó el grado de doctor con la tesis: “Los hijos adoptivos son de la sucesión ab-intestato, preferidos a los descendientes legítimos”. Fue su padrino de tesis el afamado abogado Manuel Quintana, futuro presidente de la Nación.

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La Revolución de Los Posse

Ratio:  / 7

por José María Posse Posse 

La noche del 16 de Abril de 1856, un grupo armado, formado por más de doscientos cincuenta hombres comandado por los coroneles de milicias, José Ciriaco, Emidio, Manuel, Benjamín y Ramón Posse (derecha), atacaron el cabildo de Tucumán mientras se realizaba una recepción al nuevo gobernador de la provincia.

Detrás del golpe, se adivinaba la mano del caudillo liberal José María del Campo. Sus partidarios sostenían la figura de un miembro del referido clan familiar, mientras que sus adversarios políticos colocaban como candidato al general Anselmo Rojo, un militar sanjuanino de rutilante actuación durante nuestras guerras civiles.

Luego de largos y violentos cabildeos, en los cuales la ciudad de Tucumán llegó a estar sitiada por una columna de ochocientos milicianos que respondían a Campo y a los Posse, se convino un acuerdo, según el cual el nuevo gobernador respetaría los cargos de los comandantes de las guarniciones de la administración saliente, entre otras garantías. Pero lo cierto fue que Rojo, ya en el gobierno, no cumplió con lo pactado y como primera medida desalojó por la fuerza al comandante Benjamín Posse de Monteros. 

El cura José María del campo se enteró de ello en la mañana del 16 de Abril, mientras tomaba unos mates junto a su íntimo amigo José Ciriaco Posse en casa de los Campero. De inmediato movilizaron su estructura político militar, haciendo llamar a sus familiares y capataces de las estancias e ingenios de su propiedad. Juntaron doscientos cincuenta hombres a los que se les sumarían otros tantos quienes reencontraban ya en camino y que llegarían en las primeras horas de la noche.

El plan era simple: deponer por la fuerza al gobernador Rojo y colocar e su lugar a Manuel (derecha) o a José Ciriaco. Campo debía mantenerse al margen de las acciones, para aparecer luego como pacificador de la situación. Contaban también con el apoyo de un grupo de militares de alta graduación de la Guardia Nacional, con los que pensaban asegurar el triunfo. Además especulaban que al ser Rojo “amigo de los porteños”, Urquiza aplaudiría su derrocamiento.

Mientras la noche caía los possistas entraron sigilosamente a la ciudad y a la altura de la Iglesia de Santo Domingo cargaron sus armas, pronto el infierno se desataría sobre aquélla pacífica ciudad; de pronto el comandante José Ciriaco arengó a la tropa y haciendo girar una lanza sobre su cabeza exclamó: “¡Ajó, no me den cuartel, no dejen uno vivo!...”

 

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¿Por qué Genealogía?

Ratio:  / 5

por Fernando de Trazegnies Granda
Ponencia en un Congreso Genealógico en Lima, Perú, 2008

Por qué, entonces, ponerse a escarbar la tierra de las sepulturas, por qué tratar de ver el rostro de quien ahora no es sino un esqueleto?

La única explicación aceptable que encuentro es que la Genealogía es parte de esa lucha del ser humano contra la muerte.

El hombre rechaza la idea de la muerte, sabe que va a morir indefectiblemente pero actúa como si fuera inmortal, desconoce la realidad del la muerte para todos los efectos prácticos. En el fondo, uno de los deseos más vibrantes y exigentes del ser humano es vivir eternamente. Y no me estoy refiriendo a la vida del alma  después de la muerte sino a la vida humana tal como la conocemos, a la vida dentro del mundo. Este deseo de inmortalidad física –inconsciente, irracional, pero omnipresente- evidentemente es y será siempre frustrado. Moriremos de todas maneras, nos guste o no. Pero mientras vivimos, llevamos una lucha frontal contra la muerte, ya sea ignorándola, ya sea tratando de dejar huellas que permanezcan después de nuestra muerte física, ya sea luchando científicamente contra ella en los momentos más críticos.

Una de las estrategias para vencer a la muerte física consiste en tratar de pasar a la Historia, esto es, de superar nuestra mortalidad humana individual integrándonos a una vida colectiva de duración cuando menos indefinida, que es la de la familia, la Patria o la humanidad: de esta manera, nuestra vida individual se convierte en parte de una vida que se extiende más allá de la muerte física, pero todavía en este mundo. Cuando menos, la integración de ese individuo mortal dentro de un todo social que tiene una vida indefinida, permite paliar esa angustia y encontrar sentidos a la vida terrenal que no serían posibles para el individuo más allá del umbral de la muerte.

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Eustoquio Frías

Ratio:  / 9

por Carlos P. Ibarguren Uriburu
en "Charlas al Soldado", emisora "Radio del Estado y la Red B", 30 de Agosto 1951, 17:30hs.

 

Creo que soy yo, quizás, el único argentino que puede decir a las actuales generaciones que ha conocido y hablado a un oficial de San Martín, que pasó los Andes con el glorioso Regimiento de Granaderos a Caballo y luchó en todas las campañas inmortales de la Independencia Americana, desde la emancipación de Chile y del Perú hasta las victorias definitivas de Junín y de Ayacucho: el Teniente General Eustoquio Frías.

Era yo niño cuando lo conocí, ha más de sesenta años, llevado por mi padre, su comprovinciano, que le profesaba veneración y solía visitarlo. Había nacido en Salta hace más de siglo y medio. La presencia de este glorioso veterano me conmovía de tal manera que, estremecido de emoción al contemplarlo y al oírlo, le miraba como a la imagen viva de la patria misma. En aquel tiempo frisaba los noventa años y era el último sobreviviente de los que forjaron con su espada a las naciones sudamericanas.

Además de las veces que tuve la fortuna de oirle en su casa, le veía desde lejos en las mañanas al pasar el tranvía que me llevaba al colegio por la calle Suipacha entre Tucumán y Lavalle, donde en la puerta de su domicilio aparecía la silueta del viejo soldado, tomando mate, vestido con una larga bata, tocado con un gorro de terciopelo con borla, calzado con pantuflas, abrigado con un poncho y mirando curiosamente a los transeúntes. Alto, erguido a pesar de su vejez, el general Frías semejaba un patriarca con su barba blanca que le caía hasta el pecho, su nariz aguileña, sus ojos oscuros que habían visto tantas hazañas heroicas, su ademán amplio e imperioso y su perfil de centurión romano como cincelado en una medalla antigua.

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Juan Gregorio Bazán

Ratio:  / 12

por Carlos F. Ibarguren Aguirre
extraído de "Los Antepasados", Buenos Aires, 1983.

 

Juan Gregorio Bazán vió la luz del mundo en Talavera de la Reina entre 1510 y 1515, vástago de hidalgos padres, como se dijo. En su ciudad natal se casó, hacia 1535, con Catalina de Plasencia, de noble estirpe, hermana de Pedro Gonzalez de Plasencia, Mayorazgo lugareño. Fruto único de estas nupcias resultó María Bazán, que frisaría en los 2 o 3 años cuando su padre, deseoso de adquirir fama y fortuna, partió de Talavera para las Indias a mediados de 1539; cual lo manifestaría su viuda doña Catalina en la probanza de sus servicios levantada en 1585, en Santiago del Estero; "Ha más tiempo de 45 años que su marido vino de los reinos de España a servir a Su Magestad a estas partes de las Indias, con mucho lustre de su persona e criados, como hijodalgo notorio qués, gastando para ello mucho de sus bienes e hazienda".

Así, desde algún puerto andaluz, nuestro personaje se embarcó después del mes de febrero de 1540 con destino a "Nombre de Dios" (Panamá). Según testimonio de Alonso de Carrión en la probanza antedicha, vino Bazán de España con su paisano Antonio Dominguez - criado suyo, tal vez - el cual "andava en su compañía"; y le refirió a Carrión "muchas particularidades del subceso que tubieron en la batalla de Xaquixaguana", en el Perú. Por lo demás la papeleta de pasajero a Indias Nº 1276 registra escuetamente estos datos relativos al acompañante de Bazán; "Antonio Domínguez, hijo de Juan Domínguez y de Mencía Sánchez, vecino de Talavera de la Reina, a nombre de Dios, 26 de Febrero, año 1540.

Varios conocidos, amigos o de la parentela del viajero, oriundos todos de Talavera, ya habían zarpado dispuestos a emprender la aventura del nuevo mundo en el fabulosos país de los Incas: Pablo de Meneses - deudo de los Aguirre -, que actuaba allá como influyente Capitán; su sobrino Bernardino de Meneses; los primos hermanos conquistadores Francisco de Aguirre y Meneses y Francisco de Aguirre "el Lanza" - tío político de Bazán -; Baltasar Barrionuevo y Alvaro Villagomez, ambos estantes en Panamá; y Diego de Torres; Juan y Diego de Villarroel, Juan de Villanueva, Diego Hernandez y Luis Gomez - estos seis que salieron de Sevilla, en 1536, junto con Francisco de Aguirre, el futuro fundador de Santiago del Estero.

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