GENEALOGÍA

Nuestra completa base de datos

Conquistadores, descubridores, gobernantes, caudillos, militares, escritores... descubra quiénes fueron, quiénes fueron sus mayores y quienes son sus descendientes.

Sumérjase en la más completa base de datos de genealogía de las familias tradicionales argentinas.

 

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HERÁLDICA

El arte del blasón

Disfrute, infórmese y aprenda disfrutando con los escudos de armas correspondientes a los linajes de más abolengo que han habitado el Virreinato del Río de la Plata.

 

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HISTORIA

Hechos que marcaron una época

Es imposible separar la genealogía de las familias que figuran en nuestra base de datos de la historia de América. Miembros de los linajes que aquí aparecen estudiados han sido próceres, virreyes, gobernadores, personalidades destacadas, etc.

 

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Una Historia de Montescos y Capuletos criollos

Ratio:  / 3

por José María Posse Posse

Tanto Los Aráoz como Los López formaban parte del núcleo político, económico y social más importante del Tucumán de fines del período colonial.

En las primeras décadas del siglo XIX, Los Aráoz, eran, grandes terratenientes y poderosos comerciantes, lo que de alguna manera los convertía naturalmente en árbitros de la provincia. Sus cabezas principales eran Don Bernabé Aráoz (derecha), varias veces gobernador de Tucumán, guerrero de la Independencia y fundador de la efímera República del Tucumán en 1820; éste era a su vez apuntalado por el Congresal Presbítero Pedro Miguel Aráoz, una de las mentes más preclaras de su tiempo y por Don Diego Aráoz, aquel que comandara las tropas criollas en la Batalla de Tucumán.

Por su parte, los López eran importantes estancieros en la zona de Trancas. Sus figuras salientes fueron Don Ángel y Don  Javier López, también varias veces gobernador de Tucumán, hombre público y bravo militar quién peleó a las órdenes del General Paz en las batallas de La Tablada y Oncativo.

Javier López fue en su juventud, protegido de Bernabé Aráoz, quién al notar en éste características sobresalientes lo becó para que estudiara en una importante Universidad del Alto Perú.

Vuelto a Tucumán, López fue designado lugarteniente de Aráoz y a poco andar comenzaron las diferencias entre ellos. Al punto llegaron las cosas que en 1821 Javier López encabezó una revolución contra Don Bernabé, que culminó con el derrocamiento de éste.

Luego de estos acontecimientos comenzó una de las etapas más sangrientas en la historia provincial. Partidarios de uno y otro bando realizaron sucesivas revoluciones en donde no faltaron los saqueos a comercios y a la casas de los principales jefes enemigos por parte de las tropas levantadas. Varias veces Aráoz recuperó el poder para ser posteriormente derrocado por López.

Por fin, Aráoz es derrotado en batalla y puesto en fuga, en un periplo que culminó con su  encarcelamiento en Salta. En el camino de regreso a Tucumán, frente al muro sur de la antigua Iglesia de Trancas fue fusilado por orden de Javier López.

Al informársele que iba a ser pasado por las armas, serenamente pidió una pluma y papel, asimismo comenzó a armar un cigarrillo. Escribió su última voluntad al término de lo cual expresó: ¡La existencia humana es como éste cigarrillo!.

Luego, dio una última pitada, apagó el cigarro, miró de frente  al pelotón y les ordenó que dispararan.

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La Revolución de Los Posse

Ratio:  / 7

por José María Posse Posse 

La noche del 16 de Abril de 1856, un grupo armado, formado por más de doscientos cincuenta hombres comandado por los coroneles de milicias, José Ciriaco, Emidio, Manuel, Benjamín y Ramón Posse (derecha), atacaron el cabildo de Tucumán mientras se realizaba una recepción al nuevo gobernador de la provincia.

Detrás del golpe, se adivinaba la mano del caudillo liberal José María del Campo. Sus partidarios sostenían la figura de un miembro del referido clan familiar, mientras que sus adversarios políticos colocaban como candidato al general Anselmo Rojo, un militar sanjuanino de rutilante actuación durante nuestras guerras civiles.

Luego de largos y violentos cabildeos, en los cuales la ciudad de Tucumán llegó a estar sitiada por una columna de ochocientos milicianos que respondían a Campo y a los Posse, se convino un acuerdo, según el cual el nuevo gobernador respetaría los cargos de los comandantes de las guarniciones de la administración saliente, entre otras garantías. Pero lo cierto fue que Rojo, ya en el gobierno, no cumplió con lo pactado y como primera medida desalojó por la fuerza al comandante Benjamín Posse de Monteros. 

El cura José María del campo se enteró de ello en la mañana del 16 de Abril, mientras tomaba unos mates junto a su íntimo amigo José Ciriaco Posse en casa de los Campero. De inmediato movilizaron su estructura político militar, haciendo llamar a sus familiares y capataces de las estancias e ingenios de su propiedad. Juntaron doscientos cincuenta hombres a los que se les sumarían otros tantos quienes reencontraban ya en camino y que llegarían en las primeras horas de la noche.

El plan era simple: deponer por la fuerza al gobernador Rojo y colocar e su lugar a Manuel (derecha) o a José Ciriaco. Campo debía mantenerse al margen de las acciones, para aparecer luego como pacificador de la situación. Contaban también con el apoyo de un grupo de militares de alta graduación de la Guardia Nacional, con los que pensaban asegurar el triunfo. Además especulaban que al ser Rojo “amigo de los porteños”, Urquiza aplaudiría su derrocamiento.

Mientras la noche caía los possistas entraron sigilosamente a la ciudad y a la altura de la Iglesia de Santo Domingo cargaron sus armas, pronto el infierno se desataría sobre aquélla pacífica ciudad; de pronto el comandante José Ciriaco arengó a la tropa y haciendo girar una lanza sobre su cabeza exclamó: “¡Ajó, no me den cuartel, no dejen uno vivo!...”

 

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San Martín y el Ejército del Norte

Ratio:  / 26

por Cosme Beccar Varela

extraído del libro "Aquellas aguas trajeron estos lodos"
Editorial Armerías, Buenos Aires 2013 

San Martín, nombrado jefe del ejército del Norte el 3 de Diciembre (1813) se hizo cargo recién el 20 de Enero (1814) y no enteramente porque mantuvo a Belgrano como segundo en el mando. San Martín, en realidad, nunca tuvo la intención de ejercer esa jefatura y quiso conservar a Belgrano a su lado para poder retirarse en cualquier momento.  Su idea fue siempre ocupar Chile, hacerse fuerte allí e invadir el Perú por mar. Ese era el plan  Maitland que había estudiado en Inglaterra y no lo abandonó nunca. 

La política del Río de la Plata no le interesaba porque sabía que Inglaterra no dejaría que España retomara Buenos Aires y, además, no quería polemizar con Alvear.  Había decidido formar una nueva rama de la logia “Lautaro” con los oficiales del ejército del Norte y una vez disciplinados bajo el régimen de la logia, dejar la custodia de la frontera Norte en manos de Güemes, Warnes y Arenales, con alguna tropa además de la caballería volante que respondía al primero y con el resto del ejército formar en la provincia de Cuyo un ejército de los Andes que le respondiera totalmente para pasar a Chile. Contaba con que podría invadir el Perú y tomar Lima antes de que Pezuela o cualquier otro general que mandara el virrey Abascal pudieran vencer la resistencia de esos jefes.

En cumplimiento de ese plan se instaló en Tucumán, mandó construir fuera de ella una “ciudadela”, una verdadera fortaleza en la cual se podría resistir el avance realista, en el último de los casos.

San Martín congenió con Güemes sin pretender asociarlo a la logia. El lado mundano del carácter del general se sentía atraído por la personalidad de aquel aristócrata salteño que habiendo sido teniente del regimiento Fijo de Buenos Aires a los 20 años, durante las invasiones inglesas, había vuelto a Salta “llamando la atención del vecindario –dice Vicente Fidel Lopez-, y deberíamos decir, escandalizándolo también con sus audaces y repetidas calaveradas a la cabeza de muchos otros jóvenes como él, jinetes y desalmados por pasatiempo…Levantando el espíritu de aquellos calaveras que hasta entonces no se habían ocupado sino de asaltos amorosos, de raptos, de bromas arriesgadas y de mil otros desacatos…Güemes fue uno de los primeros que arrastrando bajo sus órdenes a sus amigos y usando la fama que le habían dado en el pueblo sus audaces correrías, se pronunció por la Revolución” y hasta ayudó a Balcarce a detener a Liniers en su intento de resistencia en Córdoba.

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Itinerario final de Rosas (1852)

Ratio:  / 62

 

por Jorge A. Vilella Tonnelier

extraído de "Cuentos de la Ciudad Vieja". Madrid, 2008.
ISBN: 9788493661106

 

En su retirada de la batalla de Caseros, Rosas fue herido en la mano derecha por una bala de fusil, aunque levemente, cuando abandonaba el campo de batalla, apenas pasada la una de la tarde. Le quedaban fuerzas bravas y leales, pero dado el desastre de la mayoría de las tropas que comandaba y el caos que el enemigo había producido entre sus filas en cuanto comenzaron las hostilidades, al mediodía la dio por perdida y enfiló hacia Buenos Aires cruzando las líneas enemigas con la división de gauchos veteranos que días antes habían desertado del ejército de Urquiza, matando al coronel Aquino. Acaso el grupo era demasiado vistoso para un hombre que ya tenía otros planes. En cuanto pudo, lo que equivale a decir en cuanto quiso, se los sacó de encima y siguió acompañado solamente por su asistente de confianza Lorenzo López.

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