GENEALOGÍA

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Conquistadores, descubridores, gobernantes, caudillos, militares, escritores... descubra quiénes fueron, quiénes fueron sus mayores y quienes son sus descendientes.

Sumérjase en la más completa base de datos de genealogía de las familias tradicionales argentinas.

 

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HERÁLDICA

El arte del blasón

Disfrute, infórmese y aprenda disfrutando con los escudos de armas correspondientes a los linajes de más abolengo que han habitado el Virreinato del Río de la Plata.

 

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HISTORIA

Hechos que marcaron una época

Es imposible separar la genealogía de las familias que figuran en nuestra base de datos de la historia de América. Miembros de los linajes que aquí aparecen estudiados han sido próceres, virreyes, gobernadores, personalidades destacadas, etc.

 

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El proyecto de monarquía americana... (Parte III)

Ratio:  / 3

por J. Santiago Castillo – Illingworth

(Leer aquí la primera parte de este artículo)

(Leer aquí la segunda parte de este artículo)

Las ideas monárquicas en América

Si así veía el Internuncio la situación de las repúblicas americanas frente a la posibilidad de una vuelta a la monarquía ¿cuál era el pensar de los americanos respecto a esa posibilidad?

Retrotrayéndonos a la época de la independencia, y a las fórmulas que entonces se pusieron de manifiesto como un modo de acabar con las guerras y de llegar a un acuerdo con España, es claro que la idea fue siempre la de separar las posesiones españolas de la metrópoli y crear en ellas estados independientes, organizados bajo la forma de monarquías constitucionales.  Así, el Plan de Iguala de 1821, preveía el establecimiento de una monarquía moderada, es decir constitucional, con Fernando VII como Emperador, estableciéndose la posibilidad de llamar a un Infante español en caso de que don Fernando no pudiese venir a América. (1)

Sintomática es la perplejidad producida en el cabildo abierto reunido en Buenos Aires el 22 de mayo de 1810, donde la discusión se centra en buscar el modo de mantener la legitimidad del gobierno por sobre todas las cosas, legitimidad que solo podía encontrarse salvando de algún modo el principio monárquico (2). Por lo que se refiere a la Argentina, un autor contemporáneo señala que "Desde 1815 el ideal republicano de los revolucionarios perdió terreno en beneficio de las ideas monárquicas.  La necesidad cada vez mayor de restablecer el orden interno y el prestigio de la autoridad, la urgencia de conservar la unidad del Estado, el deterioro económico, fueron todos factores que impulsaron  a adherirse a una forma monárquica de gobierno" . (3)

En la Argentina, se barajaron alternativas monárquicas, que iban desde la coronación de un descendiente de los Incas, planteada al Congreso por Manuel Belgrano, hasta la fórmula planteada por la misión Rivadavia - Belgrano, destacada en nombre de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que pensó en un hijo de Carlos IV, para reinar sobre ellas (4) pasando  por la candidatura de un príncipe de la casa de Bragaza, o la de Luís Felipe de Orleans, propuesta en agosto de 1818 por Pueyrredón (5).

 

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La Capitana María Remedios del Valle, “Madre de la Patria”

Ratio:  / 38

por Carlos P. Ibarguren Uriburu
La Prensa, 8 de Mayo de 1932

Una Mendiga

En la recova de la plaza de la Victoria o en el atrio de San Francisco, de San Ignacio o de Santo Domingo, veíase arrebujada en un manto de bayetón oscuro a una vieja mendiga, conocida en el barrio con el apodo de La Capitana. Su figura era familiar a los vecinos: encorvada y magra, diríase la imagen mísera de la senectud con su tez terrosa y arrugada, su boca hundida sin dientes y sus ojos empañados. Con voz débil ofrecía en venta a los transeúntes pasteles, tortas fritas o fruta, que llevaba en una batea; a veces imploraba por el amor de Dios una limosna. Vivía en un rancho de las afueras, donde empezaban las quintas. Aterida de frío en invierno, chapaleando barro bajo la lluvia o sofocada por el sol de enero, recorría el mismo trayecto cotidiano en procura de su pan. Era cliente de los conventos, donde comía la sobra y los desperdicios que le daban.

Llamábase María Remedios del Valle y se ignoraba tanto su nombre como la verdadera razón de su apodo. Ella decía que era capitana del ejército, nombrada por el general Belgrano en los “tiempos de la patria”. “Hoy — exclamaba con frecuencia — ya no hay patria, no se pelea por ella como antes.” Y mostraba cicatrices en los brazos y en las piernas, de heridas que decía había recibido en la guerra de la Independencia. Las gentes escuchaban sus relatos y sonreían compasivamente; creíanla delirante por la vejez y la miseria.

Un día el general Viamonte la reconoció. “Sí, es ella, La Capitana, la madre de la patria, la misma que nos acompañó al Alto Perú”, dijo al percibirla, y acercándose a la pordiosera le preguntó por su nombre. La pobre anciana, que varias veces había golpeado la puerta del general sin poder verle, porque era despedida por los criados, le refirió su desvalimiento. El veterano, conmovido, la incitó a que recurriera al gobierno solicitando amparo. Corría entonces el año 1827, la anarquía y la crisis política habían derribado a Rivadavia, cuya caída trajo consigo el derrumbamiento de la autoridad nacional. El breve interregno del doctor López restableció la provincia de Buenos Aires y el coronel Dorrego fue elegido gobernador; la petición de María Remedios del Valle, presentada cuando se desencadenaban tan graves acontecimientos, traspapelose sin tener resolución definitiva.

 

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Los Aráoz, una familia histórica

Ratio:  / 22

por José María Posse Posse
Una Estirpe de Patriotas en  La Batalla de Tucumán

A principios de 1812 el ejército del Rey, avanzaba desde el Norte tomando venganza en las personas de los cabecillas revolucionarios: eran juzgados sumariamente, los fusilaban e incautaban sus bienes. Sus familias quedaban en la miseria. Los tucumanos fueron los primeros en plegarse a la causa de mayo, dieron asimismo a sus propios hijos al ejército del norte al que apoyaron material y financieramente. Si los españoles lograban ingresar a Tucumán, la represión en contra de los cabecillas revolucionarios hubiera sido implacable y seguramente habrían corrido ríos de sangre. La suerte de la patria naciente y la de los tucumanos de entonces estaba echada. Fue por ello que los patriotas comprometidos como los Aráoz, se negaron a entregar las armas de la ciudad al ejército de Belgrano en retirada. Si debían morir, harían pagar caro sus vidas.

Corrían los primeros días del mes de setiembre de 1812. El General Manuel Belgrano retrocedía desde Jujuy, regando una estela de desolación tras de sí. Buenos Aires había sido categórica: dejar abandonadas a su suerte a las provincias norteñas. Gregorio Aráoz de La Madrid (izquierda), en sus Memorias recuerda vívidamente aquellos días: "Llegamos a Tucumán a mediado de Septiembre y seguidos de cerca por el ejército de los españoles…, por cuya razón nuestro general en jefe estuvo decidido a continuar su retirada hasta Córdoba. Esta determinación alarmó tanto a los tucumanos que, se presentó su gobernador Bernabé Aráoz (en ésta parte del relato, Lamadrid se confunde ya que por entonces Aráoz no había sido designado gobernador), acompañado de mi tío el Dr. Pedro Miguel Aráoz que era el cura y vicario…, a pedir al señor general que no los abandonasen y ofrecerle que alarmarían toda la provincia y correrían la suerte que les deparase una batalla cuya demanda fue apoyada muy eficazmente por mi primo el mayor general Díaz Vélez, por el teniente coronel Juan Ramón Balcarce…el señor general accedió a esta petición tan determinada y dictó las órdenes más necesarias para esperar al enemigo. El gobernador Aráoz acompañado del cura y vicario y de otros varios ciudadanos, fueron a la campaña y al tercer días se presentaron al señor general con cerca de 2000 hombres decididos (aquí Lamadrid exagera el número de voluntarios, aunque seguramente muchos habrían sido descartados por ser muy ancianos o jóvenes), los que fueron armados inmediatamente de lanzas y aún de cuchillos que colocaban amarrados en lugar de moharras, los que no las tenían". Lamadrid continúa su relato: “Empezó desde aquel momento el señor Balcarce a ejercitarlos mañana y tarde en las principales maniobras de la caballería, a cuyo efecto destinó a varios oficiales…” 

La tarea de regimentar un ejército de reclutas, darle una mínima instrucción militar, fortificar una ciudad indefensa y levantar el temple a una urbe que, por primera vez, veía a sus puertas el peligro de una batalla sangrienta, debió ser sin duda tarea de titanes. Bernabé Aráoz y sus familiares estuvieron a la cabeza de aquellos. Incluso el grueso de las milicias tucumanas estaban compuestas por las peonadas de las estancias de los Aráoz. 

 

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El proyecto de monarquía americana... (Parte II)

Ratio:  / 3

 

por J. Santiago Castillo – Illingworth

(Leer aqui la primera parte de este artículo)

¿Reconquista o Instauración?

Opina el Internuncio, que la reconquista de América por parte de la Corona española, aunque posible,  no es conveniente porque movería a celos a las demás potencias europeas, en la medida en que afectaría el comercio, que desde la independencia, los países de Europa realizan libremente con América;  el liberalismo económico que impera en occidente en el siglo XIX no podría tolerar unas restricciones comerciales, producto de la dominación política, más aun, cuando esas relaciones se han institucionalizado ya, dando resultados económicos apreciables tanto para los comerciantes singularmente considerados, como para las economías de los países que directamente intervienen en ella:  “por tanto, en el caso de intentar una reconquista, no solo los comerciantes sino las Cámaras, especialmente de Francia e Inglaterra, y todos los escritores públicos alzarían su voz”  (1);  incluso se llegaría al caso, en opinión siempre de Baluffi, de que los monarcas europeos se vieran en la necesidad de defender, directa o indirectamente a las repúblicas americanas y su independencia (2).

Mientras el liberalismo de principios de siglo, con el pretexto de las libertades de los pueblos americanos, coadyuvaron con hombres, armas y dinero a la causa de la independencia, con el único interés de defender la libertad de comercio, ahora no tendrían pretexto que oponer al establecimiento de reinos nuevos, regidos por miembros de diversas Casas reinantes (3).  Por lo demás, la idea de distribuir los nuevos reinos a miembros de varias Casas soberanas, presenta varias ventajas:  supone un timbre de honor para la nación que llegue a poner un rey en América, conserva la utilidad de la libertad de comercio y destruye ese foco libertario que tan funestas consecuencias podría producir contra las monarquías europeas.  Baluffi es de la idea de que un proyecto semejante sería eficacísimo para destruir las maniobras del liberalismo contra la institución monárquica: “...destruyendo esta mecha de libertad, que puede ser tan fatal para Europa si pronto no se aplasta, este proyecto, digo, encontraría fácilmente apoyo en todos los gabinetes, en todos los hombres sensatos, en los escritores de buena fe y podría con muy poca contradicción destruir las maniobras del liberalismo” (4).

Por lo que hace a América, está convencido de que la sola idea de la reconquista sería fatal para la causa de Carlos V:   los partidos normalmente opuestos entre si, se unirían para defender la libertad americana;  incluso aquellos que desean la monarquía, se verían obligados a abrazar el republicanismo para defender la causa nacional.  Los pueblos americanos lucharon por obtener la independencia de España y lucharán ahora unidos para sostener la independencia.  La experiencia relativamente reciente, a la época del informe, de la expedición de Morillo, enviado por Fernando VII para sujetar a las colonias, es lo suficientemente cruel y triste, como para que los americanos estén dispuestos a soportarlas otra vez.  “La opinión republicana en América entonces había cesado – apunta Baluffi – la república había caído en el mayor descrédito, pero esa inhumanidad del todo impolítica y más que todo injusta e irracional, hizo revivir el espíritu republicano, y lo alimentó.  Sin eso las Repúblicas no existirían y serían todas colonias de España” (5).

Leer más: El proyecto de monarquía americana... (Parte II)

El proyecto de monarquía americana en la correspondencia del Internuncio Gaetano Baluffi. 1837 (Parte I)

Ratio:  / 4

por J. Santiago Castillo-Illingworth

Los proyectos de restauración monárquica en América  - o de instauración, según se vea -  son hasta bien entrado el siglo XIX, una realidad de la que pocos en su época se atrevieron a hablar directamente y de la que, hasta hace relativamente poco tiempo, casi no se había escrito (1).  Quizá la sola idea de que luego de las largas y dolorosas luchas por la independencia se volviera a pensar en traer la monarquía a América como forma de gobierno, produjera rubor en muchos, una especie de sonrojo por lo que podría parecer un deshacer lo andado, el reconocimiento quizá de la poca reflexión con que los pueblos americanos se lanzaron a buscar su propia manera de vivir y de construir su futuro, sin contar apenas con una estructura política, administrativa o económica adecuada, o en última instancia el temor de parecer retrógrado en medio de una sociedad que pretendía estar a la última en materia de ideas políticas y organizativas, aparte del hecho cierto de que tres siglos de tradición monárquica dejó necesariamente un surco profundo en la mente de muchos de los hombres de la época, a los que otra forma de gobierno parecería idea descabellada o al menos temeraria.  

Pero es un hecho que las ideas de restauración de la antigua monarquía española o de instauración de monarquías nuevas – sobre todo estas últimas -  estuvieron presente en la mente de muchos, americanos y extranjeros, tanto en el momento mismo de la lucha por la libertad - el caso quiteño es en ese aspecto típico, así como el más tardío del Río de la Plata – como en los años posteriores a la independencia (2).  Su rastro, unas veces con claridad meridiana, otras velado por las razones que hemos apuntado,  aparece en los documentos de la época, al punto de que en los últimos años son algunos los autores que se han detenido a estudiar esa realidad.

La idea de la forma monárquica de gobierno, fue planteada al principio tanto como un intento de resolver el problema de la guerra misma, como para solucionar la cuestión del reconocimiento internacional de los nuevos Estados, como bien anota Ana Gimeno (3).  Más adelante, pero dentro también del ámbito temporal de la independencia,  la idea monárquica tuvo como razón principal la de dar solidez a las nuevas repúblicas, haciendo las veces de puente de unión entre la monarquía española  y aquellos regímenes que tendrían como protagonistas a los generales victoriosos de las guerras de independencia (4).

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