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El espejismo fascinante de "los Césares", "Trapalanda" o "Linlín"

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por Carlos F. Ibarguren Aguirre
"Los Antepasados"

 

Ramírez de Velasco, a poco de llegar a su gobernación, quedó obsesionado por la idea de descubrir la fabulosa ciudad de "los Césares", "Trapalanda" o "Linlín", y las regiones - "Talán" y "Zuraca" - que se interponían a aquellos anchos espacios perdidos de la Patagonia, donde la leyenda narraba que el soldado César y varios compañeros, desde el Fuerte, Sancti Spiritus de Gaboto, en el río Paraná, alcanzaron el otro lado de las montañas tucumanas y, contra la cordillera de Chile, descubrieron una provincia muy poblada opulenta de oro y plata.

Nuestro gobernante - menos fantaseoso que su antecesor Abreu -, en vez de precipitarse al sur, en pos de la anhelada quimera, mandó recoger noticias acerca de una supuesta comarca que, a 70 u 80 leguas de Córdoba, "se llama el valle de Talán y Çuraca, en que dizen ay yndios vestidos y bien tratados y tienen oro y plata y otras muchas cosas y ganados, y para que su Magestad Real sea informado de ello, mando que los testigos que se recibieren juren y declaren por lo suso contenido ...". En consecuencia, el 18-II-1587, se llevó a cabo dicha Información en Santiago del Estero, ante el Escribano Alonso de Tula Cervín - mi antecesor -, con el siguiente resultado:

El testigo Cristóbal Hernández, natural de Coimbra, reino de Portugal - que poco antes había llegado de Chile -, dijo que ahí "se tiene gran noticia de la dicha tierra", y que cuando el testigo descubrió con Alonso de Sotomayor el camino de Buenos Aires a Mendoza, llevó un despacho para el hermano de éste, Luis de Sotomayor, y "llegó a un rrío que se dice rrío quarto, que es en términos de Córdova", donde "tomó yndios e yndias de la dicha provincia de Talán, que le dieron relaçión de la dicha tierra, gente y trato". Juana, "yndia de su servicio deste testigo", y otro indio llamado "Pelán", le dijeron que en "Talán y Çuraca ay gran suma de yndios poblados en pueblos grandes, junto a una laguna y un rrío; que todos andan vestidos, es gente de rrazón, y que tratan con oro y plata, y hazen sementeras y cojen mucha comida, y tienen muchos carneros de la tierra, de los que en el Pirú sirven de llevar cargas (llamas?), y que también se sirven de otros animales ... que tienen los cuernos bueltos las puntas para atrás, por lo qual colige este testigo que deben ser búfanos, y que dizen que son los machos negros y las hembras blancas, y que tienen lana blanda de que haçen muy fina ropa ... y hay un cacique muy grande a quien todos obedecen ... y tienen minas de oro y plata". Entiende el declarante "son yndios de los yngas del Pirú, que se huyeron y se fueron allí"; y como oyó decir es gente belicosa "serán menester quatrocientos o quinientos hombres armados para conquistallos". Que tales indios "tienen jarros de plata y de oro con que beben, de hechura de qubiletes, y otras pieças de plata, y que las labran entre ellos ... y que también dizen que tienen esmeraldas ... que traen las mugeres por çarcillos engastonadas en oro y plata". Hernández oyó comentar a la india Juana "que más allá desta buena tierra que se dice Çuraca, están una gente que son españoles, y que andan por allí perdidos, y que son muchos ... que andan ya bestidos de yndios con camiseta y çaragüel, y que tienen unas espadas biejas de yerro sin bayna, que tienen barbas largas y están rrebueltos con los naturales y casados con yndias ... y tienen hijos y las cassas muy grandes". Decíase que esos cristianos perdidos "an salido algunas veçes a buscar a otros españoles", pero, "enllegando a Çuraca ... los yngas les hazen guerra y les matan gente, y se buelben a sus pueblos, por que no tienen fuerça para pasar adelante". Hernández en Chile oyó decir "a personas españolas de las antiguas, que en tiempos pasados el Obispo de Plasençia enbió una armada al estrecho, y que della se avía quedado o perdido un navío con mucha gente en la costa, y que estaba perdida, y que el Capitán de la dicha gente se llamaba Quiróz, y era muy biejo". El testigo "quiso benir a dar aviso al ... Governador Jhoan Ramírez de Velasco ... para que por estar más çercana esta governación de la dicha tierra, haga ... descubrimiento y poblaçón ... y aquella pobre gente española perdida sea consolada, y ellos, y los naturales yndios, sean ynstruídos en nuestra santa fee cathólica".

La india "Juana Upina" que parecía de 17 años, más o menos, por intermedio del intérprete de su lengua, Julián Fernández, natural de San Juan de la Frontera, "dixo que es natural de un pueblo que se dize Omora junto a Talán"; que su amo Cristóbal Hernández "la hizo abautizar y tornar xrisptiana'; que en Talán "ay muchos yndios ... y cerca del dicho valle está otra poblazón de Çuraca, donde ay muchos más yndios ... que laban oro en bateas y lo sacan de unas cordilleras coloradas, y les a visto esta testigo, traer oro y plata labrada en vasos ... y cucharas de plata ... y sortijas de oro ... y tijeras y cuchillos de plata ... y el cacique ... trae una corona de oro en la cabeça, con una borla en ella que cae en medio de la frente". Los indios de Talán le dijeron a Juana que los de Zuraca "bieron unos xripstianos que andan por allí perdidos y questán lejos de allí poblados ... que tienen zaragüelles y camisetas de yndios ... y son barbados, y que esto que dicho tiene le a dicho a Xristoval Hernandez, su amo".

El indio "Pelán", "ynfiel", dijo - a través de intérprete - ser del pueblo de "Tocote", junto a "Talán", y declaró lo mismo que su amo y la india Juana, acerca del oro y la plata de los naturales de Zuraca, y que oyó decir "lo de los españoles perdidos entre los yndios".

Y oídas esas informaciones, Ramírez de Velasco mandó sacaran traslado de ellas para enviarlas al Consejo de Indias, y le advertía (19-II-1587) a ese organismo, "que estas provincias de Indias son las que tienen mas fama de oro y plata y esmeraldas y otras rriquezas ... y que son las provincias de Indias que, por otros nombres de esta governación y Reyno del Pirú y Chille, llaman las provincias de Trapananda, y otro nombre la provincias de Linlín, y por otro nombre la de Çésar, y que esta es la que fue a buscar el Governador Gonçalo de Abrego, su antecesor; y llaman de Çésar, porque un soldado llamado Çésar, con veynte o treynta soldados, yendo por caudillo del Capitán Gaboto, la descubrió por el rrío que llaman de Talamochita, que entra en el rrio de la Plata, y della sacó una esmeralda, como media lima, que dize la vendió después en Cartagena por cinco mill pesos". Todo esto mostraba la conveniencia de mandar una expedición de 400 soldados, "con sus arcabuzes y cotas", al comando del propio Gobernador informante, a fin de "cobrar y rrestaurar aquellos españoles ... perdidos que quedaron por allí del armada que el Obispo de Plasençia (Gutierre de Cárdenas) envió al estrecho" (de Magallanes).

Dos años mas tarde, el 13-VII-1589, se mandó levantar otra Información a los mismos efectos, en la que declararon:

El "muy Reverendo padre fray Reginaldo de Liçiarra" (Lizárraga, de 51 años de edad), quien dijo, que estando él de Vicario en el Reino de Chile, "abrá çinco años", oyó decir a soldados que fueron con el General Lorenzo Bernal al descubrimiento de unas minas de plata en la cordillera "nebada", que hallaron "yndios algarroberos", y uno de ellos "que avía estado en Chille, en la ciudad de Angol", y sabía hablar castellano, les dijo que "como treynta jornadas de allí estavan, a la rrivera de un rrio, poblados otros hombres como nosotros, a los quales avía visto". Y Lorenzo Bernal le dió al indio una carta a fin de que se la llevara a esos cristianos españoles. También el fraile Lizárraga había oído decir a un soldado llamado Juan de Miranda, que fue en la armada del General Diego Flores Valdés y de Pedro Sarmiento de Gamboa, destinada a poblar el estrecho de Magallanes, que este último, al saltar a tierra con 70 hombres, antes de entrar en la boca del estrecho, le salieron al encuentro "onze o treçe yndios de grandes estaturas, como medio gigantes, y el capitán que benía delante bestido de blanco, todos con sus arcos y flechas", y llegando al dicho Sarmiento les hablaron "en nuestra lengua" española estas palabras: paz, paz Jhesús, María, capitán, capitán; y quando dezían estas palabras, capitán, capitán, señalaban con los dedos la tierra adentro, dando a entender que los que les enseñaron aquellas palabras estavan la tierra adentro". En cuanto al informante de fray Reginaldo, el dicho Juan de Miranda, residía, a la sazón, en el Perú, y le suministró a aquel estas noticias a tres leguas de Talina, cuando el visitador de los dominicos venía al Tucumán.

Tres días después compareció a declarar en la probanza el reverendo padre jesuita Alonso Barzana, de 59 años de edad, y dijo: que estando "avrá dos años en la çiudad de Córdova ... oyó allí contar, según cree, al Capitán Gaspar de Medina, vezino de la çiudad de San Miguel de Tucumán, que hera allí Teniente de españoles", que en aquellas tierras del sur había compatriotas cristianos "como encarçelados", que deseaban abrirse paso hacia el norte. Al efecto Medina salió en una expedición "buscando xrisptianos", y "después de aver andado mucho tiempo hallaron en el camino muy grandes lagunas de agua e de muchas leguas, las quales aunque probaron a bençellas no pudieron". Y oyó decir el padre Barzana "que por aquellas tierras, donde estaban los dichos xrisptiano ... avían grande suma de yngas de los del Cuzco, que se avían rretirado allí, o de Chille o de otra parte donde estaban, y que hablaban la lengua del Cuzco". Esto lo decían diversas personas en el Perú, así religiosos como seglares, y hacíanse lenguas "de la ynnumerable gente y rriquezas que hay en Linlín, y que están pobladas en una laguna a usança de México, y que es grandísimo rrey aquel de Linlín, y que es Ynga, y que trae en campo hordinariamente, quarenta mil combatientes". Instaba el jesuita Barzana llevar a cabo la conquista de esa comarca, para dar sacramentos y asistencia religiosa a aquellos españoles perdidos de tantos años atrás, y a sus hijos, y convertir los referidos "yngas" al catolicismo.

Después compareció a prestar testimonio, ante Ramírez de Velasco, mi antepasado Alonso de Tula Cervín, de más de 48 años de edad (nació por 1541). Manifestó que cuando estaba de Escribano entre los indios de "Chuquioma", en la frontera de los chiriguanos, era cura de aquel valle el clérigo Francisco Hidalgo, el cual había sido Vicario general en la provincia del Tucumán, y le oyó comentar a éste que los españoles "de la armada del Obispo de Plasençia, don Gutierre de Cárdenas Carvajal, avían quedado arrinconados en la costa que dize el auto"; que pretendieron correrse a la ciudad de Córdoba en busca de españoles; y el padre Hidalgo le oyó decir, en Santiago del Estero, al conquistador Blas Ponce, "que los dichos españoles andaban de una parte a la otra, caminando para topar con xrisptiano, y que llevaban cruçes en las manos y traían espadas de hierro negro". También algunos indios reducidos en Córdoba le contaron a Tula Cervín que "a distancia de çien leguas, poco mas o menos de su tierra, está una gran poblazón de yndios yngas poblados en una gran laguna ... y que son muy rricos, porque sirven en bajilla e piezas de plata y oro ... y a estos yndios llaman çésares, por un soldado llamado Çésar, que por orden del Capitán Gaboto llegó a ellos con veynte hombres por un rrio llamado Calamochita, que entra en el rrío de la Plata ... y que los naturales de esta tierra la llaman Linlín y por otro nombre la Trapananda ... e a oydo dezir (el declarante) al Capitán Blas Ponze y a otras personas que eran los que estavan poblados en Londres, desta governación de Tucumán", que los Incas de Linlín "cobraban en oro y plata sus tributos ... sacados de las minas deste Londres" (Famatina?); y que los "Yngas", pletóricos de riquezas, "se retiraron a lo que agora llaman Çésares o Linlín". Tales referencias las recogió en su tiempo Almagro, cuando fue a Chile, y las repetía Pedro Sotelo de Narváez en Santiago del Estero, relatando una expedición que envió Valdivia al mando de Jerónimo de Alderete, hacia aquellas regiones de la cordillera nevada. Y "abrá quinze años oy dezir en los Charcas al Liçenciado Matienço - concluye mi antepasado Tula Cervín -, que con mill hombres que enbiase Su Magestad ... podría fáçilmente acavar la guerra de Arauco" y descubrir y conquistar esa incógnita "parte de la cordillera".

El 19 siguiente declara Gaspar Medina, de 59 años de edad, y expone "que abrá once años, más o menos, oyó dezir ... en la ciudad de La Serena de Chille y en la de Santiago, por público y notorio, que por noticia de yndios se dezía que avía españoles poblados, en mucha cantidad, a las espaldas de la çiudad de la Villarica y Baldivia"; que esos pobladores debían de ser los de la armada del Obispo de Plasencia; y que también había "yndios bien bestidos y peinados, y que los llaman Yngas, y que era mucha gente que están poblados deste lado de la cordillera grande, que está entre esta governación de Tucumán y la de Chille, hazia las dichas sierras, y que avía allí una laguna muy grande".

Pedro Sotelo de Narváez, a su vez, declaró que estando el en el Perú, se topó con un soldado veterano de la conquista de Chile, llamado "Banda de Aguilar", y le dijo que Jerónimo de Alderete había hecho una entrada con 80 soldados escogidos a caballo, y pasando la cordillera, se encontraron unos valles muy grandes, poblados de mucha gente, que tenían vasijas de oro y plata; y Aguilar se internó con uno de los escuadrones a pelear con los indios, y después de cruentas batallas, se retiró sin poder seguir adelante, hacia esas provincias de Linlín o de Trapalanda. También Sotelo de Narváez le oyó decir a Lorenzo Suárez de Figueroa, que cuando era Teniente de Gobernador de Córdoba tuvo noticias por indios comarcanos "de aquella tierra, que avía muchos españoles biejos abeçindados, y que tenían hijos y mugeres, y que se servían de animales de muy grandes orexas y poco cuerpo, figurando por la señas estos animales asnos ... y que avían intentado tres veces pasar al reyno de Chille, y no avían podido por la cordillera, y que aora quince años avían yntentado benir a estas provincias, y que se avían buelto por aver topado con unas grandes lagunas o rrios. La propia noticia le dió a este testigo el Gobernador Gonzalo de Abreu, quando volvió de la jornada e descubrimiento de Linlín, que intentó hazer, y que se avía buelto por hazer demasiado frío y aver tenido noticia de que le benían a tomar rresidencia; que allí estaba escondido un pedaço de tierra muy rrica, así de gente como de metales", y la gente era española, sin duda de la armada del Obispo de Plasencia.

Seguidamente se le tomó declaración a Gabriel Moya, de 40 años de edad, quien oyó hablar en Chile "que de la otra parte de la cordillera avía gente barbuda (los indios eran lampiños) que dezía ser españoles", etc, etc. Luego (6-VIII-1589) fray Reginaldo Lizarraga amplió su anterior testimonio, señalando como a uno de sus informantes, a Juan de Espinosa, vecino de San Miguel de Tucumán, que vió en Santiago de Chile, en casa de un fulano de Escobar,un indio "puelche", el cual le dijo que "siendo muchachón, avía pasado la cordillera hazia la mar del norte, y avía llegado a un rrío grande, de la rrivera del qual estavan poblados españoles, que andaban bestidos como andan los españoles, y entre ellos avía dos frailes de la horden de San Francisco"; y - opinaba el puelche - "que si quería el dicho fulano Escobar yr allá, quél le llebaría, pero que avía menester muchos españoles, porque en el camino avía gran cantidad de yndios ... y tenían los españoles (aislados) dos capitanes que se llamaban Juan de Quirós y Pedro de Quirós", etc, etc. y sin duda eran los náufragos de la armada del Obispo de Plasencia.

El 24-VIII-1589 depuso en autos el venerable Escribano Jerónimo Vallejo (de más de 70 años) y dijo: que tres décadas atrás le oyó decir a Jerónimo de Alderete, que venía de Adelantado para Chile (a quien acompañaba Vallejo en el viaje en que aquél murió en el Caribe), que "a la otra parte de la cordillera de Chille, corriendo a la mar del norte ... avía gente española que se avía quedado allí, que benía en la armada del Obispo de Plasençia". Esto se lo repitieron a Vallejo en Lima, así como la leyenda fabulosa de la "jornada de la sal y Trapananda y notiçias de Çésar". Ello lo determinó a acompañar al Gobernador Juan Pérez de Zorita al Tucumán, "abrá veinte años"; y salido del Perú llegó hasta las provincias de Chile y las ciudades de La Serena y Coquinbo, donde un soldado, "fulano Alvarez de Luna contó mucho bien de aquella jornada". Y muchos soldados pensaban acompañarlo a Zorita trás la cordillera, para después rumbear de allí para los Césares. Y vió Vallejo a un Alonso Torres, vecino de Coquimbo, que le propuso a Zorita emprender dicha expedición, ofreciendo gran cantidad de ganados y otros bastimentos.

El 5 de abril anterior se le había tomado testimonio al Capitán Blas Ponce, el cual dijo que en tiempos del Gobernador Castañeda un indio llamado "Jofre", que "avía venido del Río de la Plata, de un pueblo que llaman Coronday (Coronda), le dió al Gobernador la noticia de los muchos españoles que, varias jornadas arriba del Río de la Plata, se avían emparentado con los naturales de la tierra, que les havían dado muchas mugeres, en las quales avían avido muchos hijos, y que tenían gran suma de meztizos y meztiças, y que tenían muchos cavallos y arcabuzes". El indio aquel decía que su padre "le avía contado avían estado en su pueblo de Coronday un Capitán llamado Sebastián Gaboto, el qual avía hecho un fuerte, donde se recogía él y su gente, y que este Capitán avía enviado otro con gente la tierra adentro, hazia Buenos Ayres, al qual llamaba fulano Çésar"; que César se internó en la tierra hacia la cordillera de Chile, donde vió las maravillas y fantasías que sugestionaban a tantos conquistadores entonces; con aquellas opulencias y esos hispánicos náufragos del Capitán Quirós desamparados. El Gobernador Castañeda intentó reclutar hombres para acometer tan atrevida exploración. En adelante - seguía recordando el deponente - en el tiempo en que vino a mandar Francisco de Aguirre (ancestro mío) tuvo noticia de aquellos "españoles perdidos y de grandes poblaçiones de naturales y rriquezas que descubrió Çésar"; y en pos de ellas quiso proyectarse, más - como es sabido - se amotinaron sus soldados a 50 leguas de Santiago del Estero, y el jefe fue prendido y llevado al Perú a que lo juzgara el Santo Oficio. Jerónimo Luis de Cabrera (otro genearca de mi sangre) tuvo asimismo deseos de hacer esa conquista alucinante, y por eso - según Ponce - fundó la ciudad de Córdoba como punto de arranque. Parece que a Cabrera lo animaba mucho a realizar la empresa un vasco francés, "Ybaceta", de 85 años, que murió en Córdoba, el cual decía haber navegado por el estrecho de Magallanes en un navío de Francia que se dirigía a las Molucas, y allá en los mares del sur se encontró con la armada del Obispo de Plasencia "desvalijada", y supo que un barco del mitrado habíase destruído, dejando a su numerosa tripulación en tierra. Recordó Ponce, que Gonzalo de Abreu, más tarde, transitó distancias con 50 hombres en busca de Trapalanda, pero su hueste, desalentada por los sufrimientos y combates con los indios, no quiso seguir adelante. Conoció Ponce también un soldado que entró al Tucumán con Diego de Rojas, llamado Pedro Clavijo, "que descubrió la gran noticia de la mucha gente de naturales y gran rriqueza que avía en la dicha jornada de los Çésares". Rojas pensó lanzarse a la aventura, pero le mataron los indios desbaratando a sus soldados. Afirmaba dicho Clavijo - andaluz sería - haber conocido a un tal "Quiterio", vizcaíno, compañero del Capitán César, quien, "en secreto", le habló de las extraordinarias riquezas en medio de las cuales vivían los habitantes legendarios del país de referencia, poblado por los "Yngas" del Perú en la cordillera nevada; y el mismo relato lo oyó Ponce en boca de cierta india Isabel, "agüela de un hijo de este testigo".

Por otra parte, el 29-VIII-1589, en San Miguel de Tucumán, el Capitán Gaspar de Medina, Teniente de Gobernador de esa ciudad, le tomó declaración al vecino Juan de Espinosa, de 60 años de edad, quien dijo que él había entrado al Reino de Chile con el Gobernador García Hurtado de Mendoza; que en tierra chilena estuvo diez años, en cuyo lapso el Gobernador Mendoza envió a un fulano "Ladrillero", con alguna gente, en navíos al estrecho de Magallanes. Que "Ladrillero", al volver atravesó el valle de Arauco, donde se hallaba el Gobernador en campaña, y los soldados que venían con aquel contaron que junto al estrecho había gente que tenían cruces y nombraban a Jesús - según lo escuchó el propio Espinosa de un tal Roberto y del Capitán Peñalosa y de Diego Pérez y otras personas principales; y algunos indios prisioneros les informaron acerca de aquellos "xrisptianos" aislados, etc, etc. Asimismo en tiempos del gobierno chileno de Rodrigo de Quiroga, unos indios puelches de Alonso de Escobar le hablaron a Espinosa del "Ynga" que llamaban "el Rey Juan", y del Capitán de los españoles Quirós, y de un fulano Enriquez, que era de los que se perdieron en la armada del Obispo en las proximidades del estrecho magallánico, "que se avía benido en un barco a otro navío que bino a parar a Los Reyes" (Lima), y allí con "las tablas del dicho navío se hicieron las puertas de las cassas rreales y lo que dicho tiene es público y notorio".

En San Miguel de Tucumán declaró además Juan Artaza, de 55 años, quien manifestó que estando en Chile, veintitres años había, poco más o menos, "en la posada del General Juan Jofre, los Capitanes Alonso de Córdoba, Alonso de Reynoso, Miguel de Velasco y otras personas, le mostraron una espada que decían era de los indios puelches, que la habían rescatado, antes de venir de mano en mano, y que fue de "los xrisptianos de la armada del Obispo de Plasencia".

Tal el tenor de las declaraciones que resumimos de la caratulada, en 1589, "Probanza de la gente española que vino en la armada del Obispo de Plasençia, abrá sesenta años, al rrescate de los yndios malucos por el estrecho de Magallanes, fecha por mandado de Su Señoría el Governador Juan Ramírez de Velasco, Capitán General y Justicia Mayor de la provincia de Tucumán; trata de mucha suma de yndios y riqueças de oro y plata y esmeraldas y de otras muchas cosas; ba çerrada y sellada" - al Consejo de Indias.

"Tengo gran noticia de una provincia que llaman los Çéssares, corre de norte a sur desde Córdova hasta el estrecho de Magallanes - le había escrito Ramírez de Velasco al Rey el 10-XII-1586 -, e así mesmo la tengo de que ay gran suma de gente, e que ay grandes rriquezas de oro; es entre Chille e la mar del norte, e a las espaldas de Arauco ... sin que a Vuestra Magestad le cueste un pesso me ofrezco a hazer esta jornada, siendo servido darme título de Adelantado della, e la dézima parte de los yndios que se ganaren, e dos ábitos de Santiago, uno para mí e otro para mi hijo mayor".

Empero, otras urgencias - que no la ilusoria jornada al país de los Césares - reclamaron sucesivamente, según vimos, la acción del Gobernador del Tucumán; la conquista de los valles Calchaquíes, Sanagasta y Acampis; el asentamiento de la ciudad de La Rioja, en este último punto; el de "Madrid de las Juntas" en el camino a Salta; y la exploración del cerro de Famatina.