GENEALOGÍA

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Conquistadores, descubridores, gobernantes, caudillos, militares, escritores... descubra quiénes fueron, quiénes fueron sus mayores y quienes son sus descendientes.

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HERÁLDICA

El arte del blasón

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HISTORIA

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La ciudad de Buenos Aires en 1869 (IV)

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Traducido por Alfonso Beccar Varela del “Handbook of the River Plate” de los hermanos Mulhall

Estas son las entregas anteriores de esta misma serie: (I), (II) y (III) 

  

 

Iglesias, Cementerios, Hospitales e Instituciones de Caridad

 

La ciudad está dividida en once parroquias, y tiene algunas iglesias muy lindas. Además de la Catedral, hay 15 iglesias, 6 capillas y 4 templos protestantes.

La Catedral está situada en la Calle Victoria, con enormes columnas y un frente muy fino. Es de dimensiones espaciosas, y es uno de los templos más imponentes del continente. Don Juan de Garay fue quien adjudicó el solar en 1580, y existe la tradición oral de que los primeros ladrillos creados en el país se dedicaron a construir esta iglesia. Los jesuitas comenzaron una estructura mayor en 1621, pero colapsó en 1752 y fue reconstruida por el arquitecto Rocha en su formato actual, con exclusión de la fachada. En 1822 se le encargó al Sr. Catelin la terminación del trabajo, pero este estuvo paralizado durante los 40 años de guerras civiles, siendo terminado recién en 1862. El interior es imponente, y la nave presenta un espectáculo brillante en los días de fiesta, cuando se llena con feligreses que pueden contarse en millares. Cuelgan del techo banderas tomadas en las guerras contra España y Brasil. El altar central se levanta casi hasta la cúpula, que se alza más de 40 metros. Hay 12 capillas en los laterales, y están desprovistas de objetos de arte. Se necesita un órgano decente, y el coro es de calidad inferior. El trono del arzobispo está a la derecha del altar; la sillería del coro es de madera tallada. La sacristía y el baptisterio están más allá del “transept” a la derecha, y tiene algunas pinturas. Una era una pintura valiosa, pero un artista se la llevó, dejando una copia en su lugar. A la derecha de la iglesia hay comunicación con el  palacio episcopal. El arzobispo oficia en las  fiestas principales. La última misa los domingos y fiestas de guardar se realiza a la 1 PM. A la izquierda están las salas para el uso de los canónigos donde se conservan retratos de los obispos diocesanos desde el Dr. Carranza hasta en obispo Medrano, que son 18 en total. Cuatro de estos eran nativos de Buenos Aires (incluyendo a los hermanos Arregui), cinco nunca tomaron posesión de la sede, y seis fueron removidos o murieron en el extranjero. El 12 de Mayo de 1622, Fray Pedro de Carranza, Obispo de La Plata y legado apostólico, ejecutó la Bula que elevó esta iglesia al rango de catedral, y fue su primer prelado. En 1866 la sede se convirtió en arzobispado, bajo el Dr. Mariano Escalada. El capítulo  catedralicio se compone de nueve canónigos y cuatro canónigos honorarios, además de diez capellanes, y una docena de coristas y sacristanes.

La Merced (izquierda), en la esquina de las calles Cangallo y Reconquista, fue construida en 1768 y contaba con un convento de monjas adyacente. El predio del convento está ahora a cargo de la Sociedad de Beneficencia, que lo usa como un orfanato y lleva a cabo una venta benéfica anual para apoyarlo financieramente. Las prendas y objetos bordados que se venden en esta ocasión son admirables. La torre de la iglesia se usa como un observatorio de la ciudad.

San Ignacio, en la esquina de Bolívar y Potosí, es llamada frecuentemente como la Iglesia del Colegio, ya que perteneció a los jesuitas cuyo colegio estaba adyacente a la misma. Pese a que los jesuitas fueron expulsados en 1767, aún se les permite tener colegios en Buenos Aires. Sin embargo, este colegio fue hace tiempo expropiado por el estado, y es ahora un colegio público, con un buen plantel de profesores. El exterior de la iglesia es muy lindo, con dos altas torres, pero el interior es más bien sombrío.

San Francisco, en la esquina de Potosí y Defensa, pertenece al monasterio franciscano, y es notable la riqueza de su decoración. La primera mención de franciscanos en esta ciudad data del año 1591, y parece que su monasterio se estableció en 1604. Cuando se suprimieron las órdenes religiosas, en 1822, esta comunidad huyó; pero los conventos de la misma orden en la Recoleta y San Pedro fueron abolidos. La orden consiste ahora de treinta frailes mendicantes. La sacristía cuenta con algunos cuadros antiguos y curiosos. Los claustros y corredores tienen cielorrasos muy lindos.

San Roque es una capilla adyacente a San Francisco, y dedicada al uso especial de los residentes irlandeses. El canónico Fahy, u otro de los sacerdotes irlandeses, celebran misa y predica en inglés todos los domingos a las 11 de la mañana.

Santo Domingo, en la esquina de Defensa y Belgrano, tiene una gran nave central con laterales. El altar mayor y capillas laterales están ricamente ornados. El convento de los frailes dominicos cuenta con un prior y veinte frailes mendicantes. Fue establecido en 1591, y suprimido en 1822. Pero en 1835, Fray Inchaurregui recibió permiso del gobierno para re-establecer la orden. Esta iglesia preserva raros y valiosos trofeos, que cuelgan de la bóveda en días de fiesta: son cuatro banderas inglesas tomadas a las fuerzas de Whitelocke en 1807. Una de un regimiento de artillería, otra de los guardiamarinas y otras dos de cuerpos de infantería. En uno de los campanarios pueden observarse veintidós impactos de cañón, disparados por la flota inglesa desde la rada, en la misma ocasión. Algunos de los dominicos son  predicadores talentosos. Esta iglesia resalta también por el esplendor de sus ceremonias y procesiones.

San Telmo, en las calles Defensa y Comercio, está dedicada al patrono de los marineros. Es una iglesia pequeña ubicada en una elevación con vista a la rada. Un nuevo campanario fue levantado el año pasado. Junto al templo se encuentra el Hospital de Hombres y la Residencia o Asilo de Locos. El barrio era conocido durante la época de Rosas como el “Barrio Alto” y no gozaba de buena reputación.

La Concepción, junto a la Plaza Independencia, es una iglesia nueva diseñada por el Padre Marín. Estuvo sin terminar durante muchos años debido a la caída de su techo, lo que ocasionó la muerte de algunos albañiles en 1860.

Santa Catalina, en la calle Brasil, es una capilla edificada en 1860, resultado de un testamento piadoso, con escuelas adyacentes.

San Juan, en las calles Potosí y Piedras, está adjunta a un convento de monjas capuchinas. La orden fue establecida en 1749 por cinco monjas que vinieron de Chile. El convento se encontraba inicialmente cerca de la iglesia de San Nicolás, pero fue más tarde reubicado a las instalaciones más amplias que cuenta ahora. La orden fue exceptuada de la supresión de órdenes religiosas de 1822, y cuenta ahora con 36 monjas que viven de limosnas y una pequeña pensión del gobierno. Existen, sin embargo, algunas damas con fortuna dentro de la comunidad. El convento tiene un gran jardín, y cubre casi toda una manzana muy valiosa de la ciudad. La iglesia está bajo el cuidado de sacerdotes franceses.

Nuestra Señora de Montserrat, junto a la plaza del mismo nombre, es una linda iglesia de construcción reciente. Los parroquianos tiene una reputación de gente pudiente, y el interior del edificio es elegante y de buen gusto.

Las Salinas es el nombre de una capilla en las calles Victoria y Sarandí, junto al Colegio del Arzobispo, bajo la dirección de Canónigo Bird, y una planta de profesores que incluyen al Rev. Sr. Dillon. Otra capilla está siendo construida por los residentes italianos, en la quinta del general Guido en la calle Potosí.

San Miguel, en las calles Suipacha y Piedad está ubicada en el punto más alto de la ciudad, y desde su campanario se puede observar una vista panorámica. Cuenta con una estatua de San Miguel sobre la entrada. Hubo hace un tiempo un orfanato adyacente a esta iglesia, que era mantenido por la imprenta de los jesuitas, de Córdoba. El orfanato está ahora junto a La Merced. San Miguel fue fundada en 1727 por Don Juan Alonzo González, por ocasión de una gran plaga durante la cual los cadáveres eran llevados a su lugar de entierro atándoselos a las colas de los caballos. González era nativo de Cádiz, y se ordenó sacerdote luego de la muerte de su mujer, trayendo a la cuidad el primer convento de Catalinas desde Tucumán. Su hijo lo siguió en el cargo de director del Instituto de la Caridad de San Miguel, que fue eliminado en 1822. El segundo de los González había muerto en 1801, y se puede ver una fina pieza de mármol a su memoria a la derecha del altar.

San Nicolás de Bari (derecha), en las calles Corrientes y Artes, es la iglesia favorita de los italianos, pero no posee nada de mérito artístico que merezca ser mencionado. El campanario incluye un reloj de uso público.

La Piedad es una parroquia pequeña en la esquina de las calles Piedad y Paraná. El vecindario incluye un pinto notable, con una altura de unos 30 metros.

La Balvanera es un lindo edificio, cerca de la plaza Once de Septiembre, con un colegio adjunto y bajo el cuidado de sacerdotes franceses.

El Socorro, cerca de la Plaza de Retiro, es pequeña y sin pretensiones. No muy lejos se encuentra un jardín que solía ser el Cementerio Británico, hasta 1812, cuando el Sr. Harratt compró el sitio actual en la calle Victoria.

Las Monjas Catalinas, en la esquina de Temple y San Martín, es una pequeña iglesia con algunos años, adjunta al convento de las monjas domincas, llamadas Catalinas, cuya orden es muy estricta. En convento fue fundado en 1744 y no fue suprimido con las otras órdenes en 1822. Incluye cuarenta monjas, cada una de las cuales aporta una pequeña dote. Para el resto, dependen de la caridad pública. El jardín ocupa una manzana entera. Los militares de Retiro asisten a misa aquí los domingos.

El Convento Irlandés de las Hermanas de María se encuentra en la esquina de las calles Riobamba y Tucumán. Incluye una capilla y un hospital bajo el patronazgo de San José. La comunidad tiene sus orígenes en el convento de Baggot Street, en Dublin. Las primeras monjas fueron traídas por el Pe. Fahy, en febrero de 1856, siendo la Madre María Evangelista Fitzpatrick su primer superiora. Se establecieron primero en la calle Cangallo, hasta que en 1861 sus compatriotas les construyeron el actual elegante edificio. La comunidad cuenta con veinte hermanas, la mitad de las cuales son hijas de criadores de ovejas residentes en el país. Hacen los tres votos habituales, de pobreza, castidad y obediencia, y un cuarto voto de servicio a los pobres y enfermos. Su tares principal es, sin embargo, la educación de unas setenta pupilas, hijas de estancieros que pagan una pensión anual de £30, y la educación gratuita de unos doscientos niños locales del barrio. También alimentan, visten e instruyen un número limitado de huérfanos. A las pupilas se les enseña inglés, francés, castellano, música y bordado. No se admiten niñas pupilas de menos de 5 años o de más de 15. Usan un uniforme, y están autorizadas a ver a sus amigas los domingos y días de fiesta, entre las 10 AM y las 5 PM. Los salones y patios de recreo son amplios, y la capilla es muy prolija. El convento ocupa un área de dos hectáreas, o media cuadra, y el ala norte del mismo consiste de un hospital para los irlandeses enfermos o en apuros. Las hermanas visitan también a los enfermos del barrio. No reciben subsidio alguno del estado, ya que cada monja cuenta con su dote propia al ingresar a la orden. La regla de la misma fue sancionada por Gregorio XVI en 1841, y las Hermanas de la Misericordia tienen ahora muchos establecimientos en Irlanda, Estados Unidos y Australia.

La Recoleta, dedicada a Nuestra Señora del Pilar, se ubica junto al cementerio de la ciudad a unas dos millas de la Plaza Victoria. La iglesia y convento fueron construidos por los franciscanos en 1720, a un costo de £4.000 esterlinas. Existe una leyenda que el lugar fue vendido por un traje. El convento fue suprimido en 1822, y en 1858 el edificio fue confiscado para convertirse en un asilo para pobres.

Hay cuatro iglesias protestantes: La inglesa, la escocesa, la americana y la alemana.

La iglesia Inglesa, cerca de la esquina de las calles Mayo y Cuyo, es una estructura linda y espaciosa, con capacidad para unas 700 personas. El tratado de 1825 garantizó a los protestantes total libertad religiosa, y el gobierno argentino tuvo la generosidad de ceder este sitio, de forma gratuita, a la iglesia inglesa, y durante los últimos 40 años un capellán ha oficiado a costas del gobierno británico. Antes de esa fecha (1827), los protestantes se juntaban para el Servicio Divino en un salón privado, donde ahora se levanta el Club de Extrajeros. El capellán actual es el Rev. J. Chubb Ford, egresado de una de las universidades inglesas. El Servicio Divino se oficia todos los domingos a las 11 AM, y a la tarde. Dos filas de asientos, identificadas con las letras A y B, están reservadas para capitanes de navíos. El nuevo órgano, un regalo del Sr. Lumb, es un instrumento espléndido y costó £500. Junto al templo se encuentran las escuelas parroquiales inglesas, concurridas por unos 100 niños de ambos sexos, y a cargo del profesor Ryan.

La iglesia Escocesa (izquierda) está en la calle Piedras, cerca de la calle Rivadavia, y es de la misma arquitectura simple que generalmente caracteriza a los templos presbiterianos. Fue construida en 1838, a un costo de £7.000, y tiene asientos para 300 personas. La primera colonia escocesa llegó a Buenos Aires en 1827 con los Srs. Robertson, y sus compatriotas suman hoy unos 2.000 en el campo y la ciudad. Hay dos capillas escocesas, en San Vicente y Chascomún, con clérigos residentes, y el gobierno británico permite un subsidio para su mantenimiento. El primer capellán fue el difunto Rev. W. Brown, D.D., cuyo sucesor es el Rev. James Smith, merecidamente popular entre personas de todas las denominaciones. El Servicio Divino se oficia todos los domingos a las 11 AM y a las 7 PM. El coro es muy bueno. El colegio escocés fue fundado en 1842, y ha sido sucesivamente dirigido por los Srs. Ray, el Rev. Dr. Brown, Rev. J. Smith, Sr. Ramsay y el Sr. Augustus Powell, siendo este último quien la preside hace trece años, siguiendo el método de enseñanza de Glasgow. Como promedio, cuenta la escuela con sesenta pupilos, y el currículum incluye inglés, francés, castellano, latín, etc.. La sala de aulas es amplia y cada tanto se usa para conferencias.

La iglesia Americana, o Metodista, está en la calle Cangallo, frente al Hotel du Provence. Con capacidad para unas 300 personas, pero la congragación piensa adquirir una capilla más adecuada. El pastor actual es el Rev. M. Goodfellow, de la Sociedad Misionera Americana, que ha iniciado una serie de conferencias para niños sobre enseñanzas morales. Hay una escuela dominical, y los niños que asisten organizan una gran fiesta anual. La iglesia distribuye varias publicaciones sobre temas religiosos. El Servicio Divino es los domingos a las 11 AM, y también por la tarde.

La iglesia Alemana, o Luterana, se ubica en la calle Esmeralda, entre Piedad y Cangallo. Posee una bella fachada y atrio góticos, y tiene capacidad para unas 300 personas. Fue construida en 1847 por los residentes alemanes, y es demasiado pequeña para la congregación actual. El capellán es el Rev. Sr. Gehrke, que también preside sobre las escuelas adyacentes. El Servicio Divino se oficia a las 11 AM y 7 PM los días domingo. El coro es el mejor de la ciudad. El arquitecto de la iglesia fue el difunto Sr. Taylor.

 

Cementerios

 

El Cementerio de la Recoleta es demasiado pequeño, cubriendo sólo unos diez acres. Es aquí donde los habitantes de la ciudad han sido enterrados durante tres siglos. Algunas de las tumbas son caras y grandiosas, pero el lugar está tan abarrotado que no se pueden apreciar como corresponde. El lugar está muy venido a menos, y la costumbre de desenterrar los restos después de cierta cantidad de años es una violación de las prácticas más sagradas. Los ricos pueden garantizar que sus restos no serán removidos comprando tumbas por 50 años. Los pobres pueden comprar tumbas por cinco años, a precios que oscilan entre los $10 a los $100 m/c, dependiendo de la ubicación. El mausoleo de Bernardino Rivadavia, el famoso estadista de 1828, es el más lujoso, y está ubicado en la avenida central. Frente a este se encuentra un monumento que llamará la atención a los ingleses, ya que marca el lugar de descanso de un compatriota valiente, el famoso almirante Brown. Sobre unos escalones de mármol, que cubren la bóveda donde están depositados los restos del valiente almirante y su mujer, se levanta la base de una estructura que mide 4 pies por 5 pies en la base, y en la parte superior 3 pies y medio por 3 y un cuarto. La columna principal mide 12 pies de altura, con un capitel estilo corintio, con un trofeo naval de bronce de 5 pies de altura en la cima, totalizando todo el monumento 28 pies del piso hasta la parte superior. En la base de monumento se pueden apreciar unos lindos relieves ilustrando las siguientes batallas navales: 11 y 30 de Junio, Juncal y Emperatriz. Incluye también el escudo de la República, las iniciales del difunto y un epitafio elegante circundado de guirnaldas de tréboles. Una faja rodea la columna, con la inscripción “Guillermo Brown”. Naciendo de las hojas del capitolio hay un tridente, y encima de todo un trofeo de “rostra”. El precio total del monumento fue de $40.000, que son unos £300, y el sitio fue donado por el gobierno. El trabajo fue ejecutado en Buenos Aires, con diseños de P. Beare, C.E. y las piezas fundida pesan más de cinco toneladas y fueron hechas en el establecimiento de F. Carulla. El epitafio dice así:

Guillermo Brown
Nacido en 22 de Junio, 1777 en Foxford, County Mayo, Irlanda. De origen inglés pero argentino por los servicios prestados. Fue el comandante en jefe de la primera flota de la Guerra de Independencia, obteniendo gloria y triunfo a nuestra bandera, A.D. 1814, destruyendo la flota española en Martín García y Montevideo. 

Llevó audaz y feliz la bandera de la causa de la República por los mares del Pacífico y de las Antillas desde 1815 hasta 1818. Los puertos del Callao y del Guayaquil fueron testigos de su arrojo bajo la enseña argentina en 20 de enero y en 1 de febrero de 1816.

A la luz del 9 de febrero del 11 de junio del 26 de julio del año 1826 en las aguas del Plata y del 9 de febrero de 1827 en las aguas del Uruguay contempló victoriosas a las naves que la República Argentina confiara al almirante Brown en auxilio de la independencia de un pueblo hermano.

Falleció cristianamente en la noche del 3 de marzo de 1857 al amparo de la buena fama a los ochenta años de una existencia consagrada al mar y a la gloria. Su viuda dedica este monumento a su memoria y pide a los corazones valientes y a los pechos agradecidos un recuerdo y una oración.

RIP

 

Los mausoleos de la Sociedad Tipográfica y la Asociación Mutual Española son lindos edificios. No lejos de allí se puede ver una piedra con la inscripción “Señor Álvarez, asesinado por sus amigos.” Además de los nativos, hay muchos irlandeses y franceses enterrados en la Recoleta. En el costado norte, junto a la pared del convento, hay una lápida de mármol en memoria del primer sacerdote irlandés que vino a Buenos Aires, unos cuarenta años atrás. Cerca del portón de entrada se encuentran los monumentos al coronel Brandsen, caído en la batalla de Ituzaingó en 1827, y del capitán Meyer, muerto en la guerra civil de 1864. Además de este cementerio, se ha abierto recientemente otro en el costado sur, cerca de la Convalecencia.

El Cementerio Británico. Cerca del año 1821, los residentes ingleses de esta ciudad obtuvieron del gobierno un decreto que les permitía establecer un cementerio protestante. Poco tiempo después, se compró una pequeña parcela de tierra cerca de la iglesia del Socorro, que sirvió durante muchos años de lugar de entierro. Su tamaño era, sin embargo, insuficiente, y en el año 1832 el Sr. John Harratt compró el sitio actual y transfirió la propiedad del mismo a la comunidad inglesa de Buenos Aires. Está ubicado en la esquina de las calles Victoria y Pasco, a más o menos una milla de la Plaza Victoria, y cubre una manzana de unos 150 metros cuadrados, muy bien arbolada y con muro circundante. Tiene una linda capilla mortuoria en el centro, y las tumbas son de varios estilos y nacionalidades, incluyendo todo tipo de denominaciones protestantes. Los alemanes tienen un área para ellos, y los ingleses, escoceses y americanos ocupan el resto. Hay tristes recuerdos como el de oficiales navales accidentalmente ahogados en el puerto, o víctimas de las conmociones civiles. El visitante puede detenerse ante la tumba del Sr. Priestly, que fue baleado en la puerta de su casa durante un disturbio callejero, y las del Sr. Mason y el general Asboth, ambos representantes norteamericanos en el país. Hay un documento conmovedor, cerca de la entrada, dedicado a la memoria del Sr. Taggart, un residente norteamericano, que se ahogó salvando a algunas señoras en el rio Luján. No se permite enterrar ningún ataúd a menos de 8 pies de profundidad, y la mayoría de los mismos están forrados de plomo. Pese a todo, hay un movimiento para cerrar el cementerio y obligar a los residentes protestantes a conseguir un lugar diferente más a las afueras de la ciudad. Un decreto municipal ya ha sido sancionado a ese efecto.

 

Hospitales

 

Pocas ciudades están mejor equipadas para ayudar a los enfermos que la nuestra. La municipalidad mantiene dos hospitales, para hombres y mujeres, independientemente de nacionalidad o credo. Existen también el hospital Inglés, Francés, Italiano e Irlandés, y el Instituto Sanitario, siendo este último uno de los mejores establecimientos en Sudamérica.

El Hospital de Hombres fue fundado por Don Juan de Garay bajo el patronazgo de San Martín, adjudicándosele una cuadra en la plano fundacional de la ciudad. Un edificio fue comenzado en 1611, y desde entonces las cuentas del establecimiento eran sometidas regularmente al Cabildo hasta el año 1748. Durante ese año, los monjes Bethlamitas se hicieron cargo del hospital, y cuando su orden fue suprimida, el establecimiento pasó a manos del gobierno. Estuvo dirigido por una sociedad filantrópica de 1828 a 1833, y a partir de entonces Rosas lo mantuvo con una subvención de $12.000. Esto duró hasta el bloqueo francés, cuando Rosas suprimió el subsidio por considerarlo innecesario. Rosas autorizo su re-apertura por parte de varios individuos caritativos en 1848, autorizando una subvención de $15.000 por año, lo que mantuvo hasta que fue derrocado en 1852. Desde entonces ha sido mantenido por la municipalidad a un costo de $2.000.000 por año. Está ubicado en las esquina de las calles Comercio y Balcarce, y está atendido por veinte Hermanas de la Caridad francesas, que tratan a los pacientes con toda bondad y cuidado. Los médicos tienen orden de recetar vinos y manjares ad libitum para los que lo necesitan. Los viejos y débiles tienen también un asilo en este lugar, y se les permite un poco de dinero para que puedan comprar tabaco y yerba. El promedio de pacientes es unos 4.000 al año, de los que mueren un 11%. El porcentaje de nacionalidades se reparte de esta manera: argentinos (42%), italianos (13%), españoles (11%), franceses (8%), alemanes (6%), ingleses (2%) y otras nacionalidades (18%). El costo promedio de cada paciente es de $10 por día. La administración incluye un administrador, dos secretarios, un capellán, seis médicos, nueve estudiantes de medicina y tres farmacéuticos. El establecimiento incluye también un hospital militar y uno para convictos.

El Hospital de Mujeres, bajo el patronazgo de San Miguel, fue establecido en 1743 por el Padre Juan Alonzo González y una Cofradía de Caridad con espacio para diez pacientes. En 1784 la casa fue agrandada significativamente, y lo mismo ocurrió en 1823, cuando pasó a manos de la Sociedad de Beneficencia, siendo esta misma asociación de damas caritativas la que dirige la institución hoy en día. El hospital está bajo el cuidado de catorce hermanas, llamadas Hijas de María, que fueron traídas de Italia en 1859. La casa matriz y el noviciado están en Montevideo, donde estas mismas hermanas atienden el Hospital Caridad. La orden se estableció inicialmente en Italia en 1829, para el cuidado y educación de niños. Tienen casas en Santa Fé, Rosario y Córdoba. El Hospital de Mujeres está en el nro. 26 de la calle Esmeralda, y se ha propuesto frecuentemente mudarlo a algún lugar de los suburbios, pero no hay fondos para construir uno nuevo. Las hermanas reciben una pensión irrisoria de $200 por mes. Hay 200 camas, y el promedio de pacientes por año es de 800, de los cuales mueren el 27%. La administración incluye un capellán, tres médicos, un estudiante, un farmacéutico y siete enfermeras. El gasto anual del hospital es de $500.000. Es muy común que ciudadanos ricos o estancieros dejen donaciones para este hospital y el Hospital de Hombres.

El Hospital Británico es un edificio amplio y ventilado, que se ubica en el límite sur de la ciudad, en un lugar elevado conocido como la loma de Horn, con una vista agradable. Fue construido en 1859 a un costo de £3.000, la mitad de los cuales fueron aportados por el gobierno británico. Se organizó una venta benéfica en el Teatro Colón en octubre de 1859 que cubrió casi toda la deuda, y en 1862 el circo norteamericano de Spalding & Rogers realizó funciones a beneficio del mismo que recaudaron £500. En uno de los corredores se puede ver una lápida de mármol en agradecimiento por estos eventos. En los últimos años, el Club Inglés Amateur de Arte Dramático ha realizado actos a beneficio del hospital, con gran éxito, en el teatro Victoria. Las donaciones anuales suman unos £600 anuales. El hospital cuenta con dos pabellones: uno para pacientes ricos que pagan $50 diarios, y otro para las clases más humildes por $20. Súbditos de la corona británica que certifican su calidad de necesitados son admitidos de forma gratuita. El cirujano residente, Robert Reid, Esq., M.D., es un caballero de reconocido éxito y talento, y los comentarios de sus pacientes son muy favorables. En 1867 se levantó un galpón frente al hospital, con vista al oeste, pare recibir a pacientes febriles. Durante la epidemia de cólera el año siguiente, el hospital rindió buenos servicios, con no menos de 72 casos admitidos de los que más de la mitad fueron dados de alta sanos. La enfermera jefe, Sra. Blues, murió en esa epidemia. Los gastos del hospital rondan los $250.000 anuales. Un gran porcentaje de pacientes está compuesto por marineros y súbditos británicos necesitados, lo que causa un déficit considerable, que debe ser pago por suscripciones locales. Con anterioridad a 1859, el Hospital Británico se ubicaba en un edificio muy pequeño en la calle Independencia. El comité directivo está compuesto por el Cónsul de Su Majestad Británica, los capellanes ingleses y escoceses y cinco suscriptores electos anualmente.

El Hospital Francés está en la calle Libertad, a media cuadra de la plaza del mismo nombre. Fue establecido en 1862, y puesto al cuidado de cuatro Hermanas de la Caridad traídas de Francia para ese propósito. Una venta a beneficencia se realizó en el Club del Plata en 1864, que recaudó una buena cantidad de dinero para el hospital. Tiene una linda capilla, consagrada en 1863, y una farmacia, que se suman a alojamiento para 35 enfermos. Durante la epidemia de cólera, estas piadosas hijas de San Vicente de Paul proveyeron gran asistencia a los pobres, y la superiora cayó víctima de la misma. Durante la Guerra del Paraguay atendieron también los hospitales militares, tanto en esta ciudad como en Corrientes. El Hospital Francés se mantiene por suscripciones.

El Hospital Italiano (derecha) fue creado por el Conde Cerutti, Ministro de Italia en la Argentina, en 1858. Debido a la falta de fondos se suspendieron los trabajos por un tiempo, pero estos fueron re-iniciados por el Conde La Ville, Cónsul italiano en 1862. La ubicación es buena, quedando cerca al Hospital Británico, en la esquina de las calles Bolívar y Caseros. El edificio es amplio y ventilado, con una fachada bonita. En el hall se puede apreciar una linda estatua representando La Caridad, en mármol de Carrara, y la escalinata es la mejor de la ciudad. La bendición de la capilla tuvo lugar el 27 de diciembre de 1863, oficiada por el Obispo, y los padrinos incluían al Nuncio Apostólico, el Ministro Italiano, el Presidente de la República y el Gobernador. En 1865 fue convertido en un hospital militar para atender a heridos brasileros del teatro de operaciones, y en 1867 sirvió de hospital para tratar el cólera en la ciudad. Tiempo después hubo un proyecto para su venta a la Municipalidad, con el objetivo de trasladar ahí el Hospital de Mujeres. De momento está cerrado, pero probablemente sea dedicado pronto a su verdadero objetivo, el de cuidar a los enfermos italianos. El comité directivo incluye al Cónsul Italiano, el Vice-Cónsul y 100 suscriptores.

El Hospital Irlandés, en la calle Cochabamba, fue fundado por las Hermanas de Misericordia en el año 1862, habiendo agregado un pabellón al convento para ese propósito, con los gastos pagos por los pastores irlandeses. Las salas con amplias y muy bien ventiladas, pero generalmente vacías. De hecho, el número de enfermos en la población irlandesa es desproporcionadamente bajo. Las monjas tienen también una Casa de Refugio, que recibe a 15 huérfanas que son educadas a costas del convento. Durante la epidemia de cólera, el hospital estuvo lleno y las Hermanas trabajaron sin descanso en atender a los enfermos. Uno de los sacerdotes irlandeses oficia de capellán tanto del convento como del hospital.

El Instituto Sanitario, en la calle Buen Orden, es uno de los mejores establecimientos del país, construido sin medir gastos y equipado con todo el confort y lujo disponibles en materia sanitaria. Abrió sus puertas en junio de 1868. La gran entrada da sobre la calle Buen Orden, y está unos 20 metros retirada de la misma, y a cada lado de la misma, en el jardín, un bonito “jet d’eau”. Subiendo la escalinata el visitante se encuentra en un gran pórtico, con columnas corintias, y entrando al hall, a un lado encuentra una farmacia y del otro la oficina de telégrafos, directamente conectado con la oficina central en Tacuarí 31. Una galería exterior, que rodea todo el edificio, lleva a varias salas de enfermos o convalecientes. El lugar entre esta galería y un salón redondo que es la capilla bajo una cúpula, está ocupado por varios dormitorios para los pacientes, y cada uno de estos abre sobre la capilla central, siendo el altar giratorio para que sea visto por todos los pacientes, y muy bonitos vitrales de las varias dependencias iluminan esta capilla. Subiendo a un segundo piso encontramos cuartos, salones y dormitorios con la misma distribución que en el primero, pero aquí los salones rodean una linda terraza, con la mejor vista de la ciudad. Encima de todo está la cúpula, que es una enorme cisterna de hierro, que incluye cientos de caños de agua, bombeada desde un arroyo detrás del instituto. Cada habitación está provista de agua fría y caliente, baño, ventilador, gas y timbres eléctricos, y las ventanas se abren sobre los jardines. El instituto vende cuotas de $30 m/c por mes, o $300 anuales, por anticipado, y los miembros que pagan estas cuotas acceden a una suite donde se les provee alimentación, un asesor y un médico así como servicio hasta que se curen. 

El propietario, Sr. Lassance, ha dictado estas normas para los marinos que quieran hacer uso de la institución: 1º. Cada navío puede asegurar su tripulación al entrar al puerto, siempre y cuando pueda mostrar un certificado de buena salud. 2º. Cada miembro de la tripulación pagará $50 m/c. 3º. Cualquier individuo que se enferme ocho días después de la llegada al puerto puede ser admitido. 4º. Los $50 m/c arriba mencionados cubren al marinero una estadía de hasta tres meses. 5º. En caso que el navío traiga enfermos, los médicos del establecimiento clasificarán a estos enfermos en dos grupos: los que están asegurados una cura rápida y los de cura larga y dudosa. Los primeros serán tratados como pacientes externos y pagarán un monto de $500 m/c, y se les dará todos los cuidados necesarios hasta que hayan recuperado la salud. 

Personas que no hayan suscripto al plan de salud del establecimiento podrán ser tratados, mientras dure su enfermedad, en habitaciones particulares, con todos las amenidades, a un precio de entre $50 y $100 por día. Los que estén suscriptos pueden acceder a privilegios adicionales a mitad de precio. El cuerpo médico incluye al Dr. Luis Drago, presidente del Consejo de Salud, un farmacéutico y dos asistentes. Los médicos facultativos son los Drs. William Rawson, Ventura Bosch, Nicanor Albarellos, Teodoro Álvarez y Toribio Ayerza. Los pobres pueden visitar gratis los lunes y viernes, entre las 8 y 9 AM y las 4.30 y 5.30 PM. Remedios para los pobres, recetada por los médicos del establecimiento en los días y horas indicadas arriba, serán preparados por la farmacia a la mitad del precio habitual. Los pacientes son libres de traer sus propios médicos, y los médicos residentes asistirán sin cobro al facultativo del paciente. La oficina en el centro de la ciudad está ubicada en la calle Tacuarí 31. El hospital se encuentra en un terreno que fuera parte de la quinta de Balcarce. La construcción comenzó en 1866 y se parece a una rotonda, y se ve desde la ciudad. Incluye una buena huerta donde se cultivan las verduras para el establecimiento. Suscriptores al plan de salud y pacientes que pagan cuando lo necesitan son admitidos sin distinciones.

La Convalecencia, o Asilo de Lunáticos, queda a una media milla de la Plaza Constitución, en una loma con vista sobre Barracas. Toma su nombre de un hospital fundado por los monjes Betlemitas. El edificio actual fue edificado en 1859 a un costo de $2.000.000, la mitad provisto por la Legislatura. Los arquitectos fueron los Srs. Hunt y Schroeder. El edificio es amplio, y es el único asilo que hospeda a pacientes de ambos sexos en el país. Anteriormente estaban confinados en alojamientos estrechos y poco saludables en la Residencia. Pillado cuenta que en 1785 había sólo siete locos en Buenos Aires. Hoy, el promedio de pacientes oscila en los 400, y 28% de este número se cura. La residencia de hombres está a cargo de un gerente, un médico y catorce guardias. La sección de mujeres está bajo la dirección de nueve monjas italianas, llamadas “Hijas de María” que reciben una pensión de $200 mensuales, habiendo sido traídas al país expresamente a pedido de la Municipalidad. También hay un capellán, un médico y siente sirvientes. Los gastos del asilo de mujeres están pagados con ingresos de la Provincia de Buenos Aires, y administrados por señoras de la Sociedad de Beneficencia, totalizando unos $320.000 al año. Los gastos del asilo de hombres son financiados por la Municipalidad a un costo de $370.000 anuales.

La Cuna, o Asilo para niños abandonados, está ubicada detrás de la Iglesia de San Francisco, frente a la Cárcel de Deudores. Ahí se puede leer esta conmovedora inscripción: “Mi padre y mi madre me han abandonado, pero la misericordia Divina me alberga aquí.” Estas víctimas inocentes de la vergüenza o los aprietos son educadas con bondad, y no es raro que obtengan una buena posición social. Gracias a esta institución, la ciudad no conoce el infanticidio. Seis monjas italianas supervisan una dotación de diecisiete enfermeras, y cuentan también con la ayuda de un capellán y un médico. Se ha construido un nuevo asilo cerca de Convalecencia, donde se cuida a cuarenta niños destetados. Los padres pueden reclamar a un niño dentro de los primeros dos años, pero después de este tiempo ya son propiedad del instituto. A cierta edad, y con aprobación de un Juez de Menores, son entregados a familias respetables que se ocupan de su educación, y los hacen útiles para el servicio doméstico, y dando cuenta de sus actividades a la Sociedad de Beneficencia cuando ésta lo requiere. Estos niños no pueden salir del país sin un permiso especial. Pese a todos los cuidados que estos niños abandonados reciben desde el primer momento, un tercio de éstos muere. Un 4% son reclamados por sus padres, que tienen que retribuir una pequeña cantidad de dinero al instituto. La Cuna fue establecida por Don José Riglos y el virrey Vértiz en 1779, y permaneció a cargo de las autoridades civiles hasta el año 1823 cuando se formó la Sociedad de Beneficencia. Rosas la suprimió en 1838, pero fue reestablecida en 1852, y desde esa fecha 300 niños fueron admitidos. El gasto anual de la institución es de $600.000.

Escuela para Huérfanas (izquierda). Este instituto educativo fue fundado por la Confraternidad de la Caridad en 1755 en la Iglesia de San Miguel. Después que la orden fuera suprimida en 1822, la escuela pasó a manos del gobierno. Rosas no cerró el instituto, pero simplemente obligó a las huérfanas a vestirse de colorado, el color de su partido. El orfanato opera ahora en lo que era un convento, junto a la Iglesia de La Merced, bajo la dirección de la Sociedad de Beneficencia. Antes del ataque de cólera en 1867, en número de huérfanas estaba limitado a 32, pero los tristes efectos de la epidemia causaron que el Gobernador Alsina aumentase el número a 75 de forma permanente. Hay también 100 alumnos externos que son educados en la escuela, que cuenta con dos maestras, siete asistentes, un capellán, siete maestros visitantes y varios sirvientes. El gasto anual es de $400.000.

El Asilo de Mendigos está ubicado en lo que fuera el Convento de Recoleta, junto al cementerio. Buenos Aires siempre estuvo prácticamente libre de mendigos, aunque Parish nos cuenta de algunos mendigos que en su tiempo andaban a caballo. Hoy, algunos cojos o ciegos todavía circulan a pie los sábados. El asilo fue establecido por la Municipalidad en 1858, e inaugurado por el Gobernador Valentín Alsina. Al final de ese año, ya contaba con 79 mendigos. El primer comité directivo estuvo constituido por el Canónigo Fuentes, el Dr. Pinedo y los Srs. Martínez, Varela, Pintos, Fernández, Billinghurst, Cabrera, Zinny y Señorans. El número promedio de personas en el asilo es de 200, de los cuales tres cuartos son blancos, incluyendo algunos extranjeros y soldados viejos. El tratamiento que reciben es muy bueno. La Municipalidad contribuye $60.000 al año, y el resto se financia con suscripciones voluntarias. Antes de 1858, el convento era usado como un cuartel. La ubicación es muy linda, y comanda una extensa vista del Río de la Plata.

Los Ejercicios es una especie de penitenciaría femenina, en la esquina de las calles Salta e Independencia. Fue fundado en 1794 por una monja llamada María Antonia Paz, de Santiago del Estero, en una casa de la calle Piedras hoy del Sr. Terrero. La casa fue trasladada al lugar actual antes de la muerte de la fundadora, y desde entonces ha sido gobernada por cinco superioras. En 1859 el obispo modificó la Regla. Hay habitualmente unas 100 personas en la casa, entre monjas y pacientes, éstas últimas siendo mandadas acá por los tribunales. El lugar recibe una pensión del gobierno y varias donaciones públicas.

La Sociedad de Beneficencia. Esta sociedad de damas de caridad fue fundada en 1823, para ocuparse del Hospital de Mujeres, la Cuna, Escuela de Huérfanas y la Escuela Pública para Niñas. Fue creada por Rivadavia, y la fundadoras fueron las Sras. Cabrera, Mandeville, Aguirre, Sánchez, Ramos, Boneo, Agüero, Azuénaga, Viamon, Luca, Izquierdo, Lasala y Gutiérrez. Fue parcialmente suprimida por Rosas en 1838 y revivida por la Sra. Garrgos en 1852. Desde entonces ha prestado servicios valiosísimos, remodelando las instituciones antes mencionadas y estableciendo 70 escuelas gratis para niñas en la ciudad y el campo, a las que atienden 5.000 niñas.

Instituto de Sordomudos, en la calle Cangallo 481. Fue fundado en 1857 por una sociedad filantrópica llamada La Regeneración, y puesto al cuidado del Sr. Charles Keil. El gobierno provincial paga un subsidio de $12.000 anuales, y el resto es financiado por el instituto. Los niños aprenden a leer y escribir, aritmética, dibujo y doctrina cristiana, pero su número pocas veces supera la media docena. Una vez crecidos, los niños se ganan la vida como hacedores de cigarros, zapateros, etc.