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La familia de Juan Manuel con "La Cautiva"

Ratio:  / 13
MaloBueno 

 por Carlos F. Ibarguren Aguirre
Extraído de Los Antepasados, Buenos Aires 1983
Tomo IX - Los Ortiz de Rozas

Aparte de los tres hijos legítimos que tuvo Juan Manuel de Rosas con su mujer María Encarnación Josefa Ezcurra Arguibel, el Restaurador de las Leyes tuvo, con María Eugenia Castro, seis hijos a espaldas de la ley, como se verá más adelante. Ellos fueron:

1) Ángela — a quien su padre llamaba “El Soldadito” —, nacida en Palermo, que se casó andando el tiempo con Adrián Gaitán, con el cual tuvo sucesión. Ella murió antes de 1886; Gaitán aún vivía en Buenos Aires en 1925.

2) Nicanora — “Canora” o también “Gallega” para Rosas —, nacida en Palermo. En 1886 trabajaba de lavandera en Lomas de Zamora, y — según don Rafael Calzada que fue ocasionalmente su abogado — era entonces “de porte más bien distinguido”.

3) Emilio, soltero, muerto en la guerra del Paraguay como uno de los tantos “soldados desconocidos”.

4) Justina — “El Coronel” como la recordaba en sus cartas el desterrado de Southampton.

5) Joaquín, al cual le decían “el chileno Rosas”, y que se ganó la vida humildemente como peón en los campos de Tres Arroyos.

6) Adrián, nacido en 1852, meses después de que Rosas se embarcara para Inglaterra, en cuya oportunidad su madre se hallaba encinta. Cuando el doctor Calzada lo conoció, Adrián tenía 36 años, era “alto, rubio, de barba, buen mozo y de ojos azules”, analfabeto y trabajaba de pocero en Lomas de Zamora.

La curiosa historia de esta barraganería de don Juan Manuel con Eugenia Castro — a la que él solía llamar “La Cautiva” — comienza de la siguiente manera:

El 24-I-1828, al folio 27 del Registro nº 3 del Escribano Luis de Castañaga, compareció el Comandante Juan Gregorio Castro y otorgó poder a favor de don Juan Manuel de Rosas, a fin de que éste, luego de fallecido el causante, extendiera su testamento como Albacea y tutor y curador de sus universales herederos; “dos niños que he criado llamados Vicente y María Eugenia Castro”.

El Comandante que en trance mortal protocolizaba sus últimas disposiciones, era porteño, hijo de Juan Antonio Castro (Teniente de las Milicias de Caballería de la frontera en 1802, que se retiró de Capitán en 1814) y de su mujer legítima Isidora Cárdenas. (Al margen de dicha escritura matríz — que tuve a la vista en el Archivo de los Tribunales de la Capital Federal — hay una nota que dice; “Bs.As., 28 de junio de 1855. En esta fecha en virtud de mandato judicial se dió testimonio de este poder a María Eugenia Castro”. Firma; Segada. 

Esta nota ratifica el siguiente párrafo de una carta en que Rosas, el 5-VI-1855 le decía desde Inglaterra a “Mi querida Eugenia; he mandado a don Juan Nepomuceno Terrero el testimonio por el que encontrará en la escritura de su referencia la disposición de don Juan Gregorio Castro dejándote (a vos) y a Vicente por sus herederos, y facultándome para testar. Es todo lo que tengo, con lo que hay bastante para que no te quiten la casa ni los terrenos” — que Eugenia heredó de su prohijador el Comandante).

Sucedió que al fallecimiento de Castro, Rosas, como tutor de los herederos de aquel, se la llevó a Eugenia — que tenía en ese tiempo 13 años — a su casa, y la puso al cuidado y servicio de doña Encarnación. Después de muerta su mujer, Eugenia — ya con 23 años cumplidos — se convirtió en concubina, más o menos notoria, de don Juan Manuel, y fue procreando los vástagos ilegítimos que sabemos.

Por último, el 16-VIII-1886 el doctor Rafael Calzada, en su carácter de letrado de Nicanora, Justina y Adrián Rosas, vecinos de Lomas de Zamora, inició demanda de filiación natural y petición de herencia de ellos, contra Manuela Rosas de Terrero, ante el Juez en lo Civil Dr. Benjamín Basualdo, Secretaría de Carlos Silveyra. Los Tribunales argentinos, empero, declaráronse incompetentes para entender en dicho juicio, el cual debía sustanciarse en Inglaterra, donde falleciera Rosas — el 14-III-1877 — y se abrió su testamentaría.

(La imagen es una reproducción de una acuarela de Sívori que ilustra la casa de Rosas en Palermo de San Benito en 1850).