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Buenos Aires pide esclavos para reemplazar a "indios inservibles"

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MaloBueno 

por Carlos F. Ibarguren Aguirre
Extraído de Los Antepasados, Buenos Aires 1983
Tomo VIII, Los Guiérrez

En estos párrafos, Carlos Ibarguren nos cuenta como los vecinos de Buenos Aires, a través de su Procurador Pedro Gutiérrez, pidieron permiso al Rey para exportar materias primas a Brasil y Angola, para allí cambiarlos por esclavos, y así reemplazar a los "indios inservibles" de los que quedaban pocos y que preferían "sustentarse de cazas y raíces de arboles" a volver a sus encomenderos. La imagen muestra la escultura "La Esclavitud" de Francisco Cafferata (1861-1890). Esta obra fue exhibida y premiada con medalla de oro en la Exposición Continental de 1882 en Buenos Aires y se exhibe en los Parques de Palermo.

 

En 1611 Pedro Gutiérrez era Procurador de la ciudad; con personería para representarla y defender sus intereses “en todos los pleitos que los particulares y cualquier corporación o comunidad promuevan contra el Ayuntameinto, o éste contra aquellos”. En tal carácter, el 24 de enero, dicho antepasado informaba al Cabildo sobre un auto “proveydo” por el Gobernador Marín Negrón, “a pedimento de la ciudad de la Asumpción, para que no se pueda meter por este puerto açúcar” — salvo el azúcar paraguayo. La medida restrictiva y monopólica pro domo sua, solicitada por el Cabildo asunceno, redundaba en daño de la ciudad porteña, porque los suministros azucareros “de la Asumpción no pueden hordinaria ni suficientemente dar abasto”. En consecuencia, de acuerdo con los consejos y argumentos del informante, los Regidores bonaerenses hicieron llegar a Marín Negrón su deseo de que modificara aquella resolución suya, y permitiera “que entrasen por la mar los dichos géneros”; vale decir, los pilones dulces del Brasil.

El 30 de junio, el Procurador Gutiérrez le presentó al célebre “Visitador” para las provincias del Rio de la Plata, Francisco de Alfaro, dos “pedimentos” — reforzados con informaciones de calificados testigos.

En uno de ellos suplicaba se le informara al Rey, “de la imposibilidad del servicio que los vecinos tienen por aver muerto en las pestes pasadas gran cantidad de indios, y los que al presente hay son muy pocos; gente que ni aún por su interés quieren acudir a sus encomenderos, a ayudarlos en sus labranzas, guardas de ganados, labores de tierra y edificios; porque es gente de tan poca policía que se contentan con sustentarse de cazas y raíces de arboles”, y “le dá larga para bolberse a sus tierras, con lo qual quedan los vecinos en notable necesidad”; obligados a “dejar sus casas, chácaras y sementeras, por no tener servicio con que poderla sustentar”. De consiguiente, nuestro Procurador pedía a Su Magestad les “diera licencia y permición”, a los vecinos de Buenos Aires para que pudieran enviar a las costas del Brasil y puerto de Angola los frutos de sus cosechas — harinas, sebos y cueros — a fin de trocar estos productos por negros esclavos que, en reemplazo de los indios inservibles, se traerían a estas tierras para las labores de sus pobladores y la conservación de las dichas sus haciendas”.

En cuanto al otro “pedimento”, Gutiérrez también se refería en el a la exportación de los frutos del país hacia las costas brasileras, y “que se traigan — decía — las cosas necesarias para el adorno de las personas y casas de los dichos vecinos, por no hcerse en esta tierra lienso, paño, ni género de ropa con que poderse vestir los dicho vecinos, y que es imposible poderlas traer de otra parte, porque en esta tierra no hay plata ni oro conque poderlas comprar; y si se hubiesen de traer del Perú, no se podrían trocar a los frutos de la dicha tierra, y serían tan caras que ningún vecino se podría vestir, ni alcanzar ninguna de las cosas necesarias para pasar y sustentar la vida humana”.

Como se echa de ver, no solo de ahora resultan estos problemas de falta de divisas y carencia de mano de obra, que, de tanto en tanto, le plantean una crisis a nuestro conglomerado social. Salvando las distancias que nos separan del siglo XVII, con su economía agropecuaria exclusiva, la Argentina ha permanecido, en buena medida, subordinada a las potencias industriales de afuera, las cuales — salvo de ropa y comida — la proveían hasta ayer nomás, de las principales “cosas necesarias para pasar y sustentar la vida humana”.