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La prueba de la posesión de escudos de armas

Ratio:  / 13
MaloBueno 

 

por Enrique Sancho-Miñano (h).
Miembro del Centro de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Tucumán.
Artículo publicado en Revista del Centro de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Catamarca, Año 1, Nº 1, editorial Sarquís, Catamarca, 2010, pág. 147-149.

 

Introducción

Por una confusión muy extendida, mucha gente cree que encontrar su escudo es tan sencillo como buscarlo en un nobiliario o blasonario o, peor todavía… en Google.
Esta confusión parte del error de creer que los escudos son de apellidos. Un absurdo con mayúsculas producto del desconocimiento de lo que es y representa un escudo de armas.
Quienes así actúan, no comprenden que –de la misma manera que las marcas comerciales identifican a una concreta firma– los escudos de armas identifican a una concreta familia o linaje, al constituir, como dice Luis Valero de Bernabé, “el genuino signo de identidad, medio de cohesión y síntesis gráfica de los valores e historia de cada linaje”.


Además, hay que tener presente que unas mismas armas pueden ser poseídas legítimamente por personas de distinto apellido, como por ejemplo sucedía -y sucede- con las familias pertenecientes al Solar de Tejada o al Real Solar de la Piscina, que podían ostentar las armas de estos solares; o como como lo hacían las familias pertenecientes a la Casa Troncal de los Doce Linajes de Soria, que también podían ostentar las armas comunes de su respectivo linaje troncal, ya sea solas o cuarteladas con las propias.
Entonces, el último lugar donde debe buscarse el escudo de un linaje es en un nobiliario o blasonario, salvo que la obra indique que las armas que se describen o exponen pertenecen a tal linaje concreto y, por supuesto, confiemos en la seriedad del autor de la obra.

 

La prueba armera

Así como una filiación se acredita con una partida de bautismo o un acta del registro civil, y la propiedad de un inmueble se acredita con su correspondiente escritura, del mismo modo, para acreditar la posesión de un escudo por un linaje, lo que se denomina “prueba armera”, existen diferentes medios probatorios:
1) La “piedra armera”: es el escudo labrado en piedra que se colocaba en la fachada de las casas solares. Obviamente, la casa solar debe ser la del linaje al que se le atribuye el escudo. También puede servir de prueba los escudos esculpidos o tallados en enterramientos o capillas.
2) Expedientes de hidalguía y de órdenes militares: en estos expedientes, con un poco de suerte, pueden encontrarse testimonios que describen las armas de la familia. Sino se encuentra la descripción del escudo en los testimonios, tal vez, con más suerte aún, se encuentre la Carta Ejecutoria de Hidalguía, en cuya portada solían dibujarse los escudos de armas del linaje.
3) Las certificaciones expedidas por reyes de armas: estos funcionarios tenían la atribución de certificar y registrar el uso y posesión del escudo de armas del linaje del solicitante. Para acreditar la posesión de un escudo con una certificación, hay que probar que se desciende directamente de la persona que obtuvo la certificación, y no como a veces se cree que resulta suficiente con probar la descendencia por una línea colateral.
Hay que tener presente que entre diferentes líneas de un mismo linaje, las armas pueden ser distintas, ya sea por alianzas, por imposición de mayorazgos, por concesiones reales, etc. Para estos tres casos valga como ejemplo el del linaje de Hernán Cortés, cuyo apellido por varonía era Rodríguez de las Varillas, pero las armas y apellido usado le venían por su abuela paterna María Cortés. Luego Carlos V le concedió al conquistador un escudo de armas para él y su descendencia, diferenciándose –en consecuencia– el escudo usado por Cortés del usado por sus parientes del mismo apellido.


Usurpación de blasones

A modo de conclusión, apropiarse de un escudo de otra familia por simple homonimia, y encima atribuirlo a nuestros antepasados, constituye una usurpación no sólo de un escudo, sino de todo lo que ello conlleva: la identidad de otro linaje, sus valores e historia.
Si queremos que la ciencia genealógica y la heráldica sean dignas de respeto, y que no se transformen en un hazmerreír,  ya sea por la ignorancia de unos, o por la vanidad de muchos que buscan adornar sus genealogías con escudos que no les pertenecen, tenemos que ser tan rigurosos con la prueba armera, como lo somos con la prueba de filiación.

 

Fuentes:

Las Armas del Caballero y la Heráldica, editorial San Martín, Madrid, 2009.
CADENAS Y VICENT, Vicente de, Repertorio de Blasones de la Comunidad Hispánica, letras A-B-C-CH, 2ª edición, Hidalguía, Madrid, 1987, pág. 13.
DEMARÍA, Gonzalo, y MOLINA DE CASTRO, Diego, Historia genealógica de los virreyes del Río de la Plata, Junta Sabatina de Especialidades Históricas, Buenos Aires, 2001, pág. 32 y ss., y nota 34.
ALONSO DE CADENAS LÓPEZ, Ampelio, y CADENAS Y VICENT, Vicente de, Blasonario de la Consanguinidad Ibérica, 1996-1997, Hidalguía, Madrid, 1997, págs. 5 y 6.