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Afectando el buen nombre de la familia Dorrego

Ratio:  / 5

por Alejandro Milberg
Washington, DC, 4 de julio de 2015

  

En su trabajo sobre los Dorrego (1), Lucio Pérez Calvo dice que el ilustre coronel Manuel Dorrego Salas, estando casado con Ángela Baudrix, tuvo un hijo natural con doña Josefa ... (sin apellido), llamado Manuel José Eladio Dorrego, nacido en Bs. As. el 18 de febrero de 1827, bautizado el 23 en la Merced (25/29), padrinos don Francisco del Arca y doña Bárbara Otálora, fallecido en la infancia (2). 

La partida de bautismo está en FamilySearch (3) y el apellido de la madre se lee claramente - Josefa Pi; además, dice que era hijo legítimo y el apellido de la madrina es Otárola en vez de Otálora.

Este niño no fue el único hijo de la pareja. Dos años antes en la Merced había sido bautizado José María del Pilar Dorrego Pi, también hijo legítimo y la partida (4) dice además que su padre Manuel Dorrego era natural de Galicia, cuando se sabe que el coronel Dorrego era porteño.

La prueba final de que es otro Manuel Dorrego la da la partida de matrimonio (5) de un tercer hijo, Pedro Ignacio Dorrego Pi, casado el 30 de noviembre de 1858 en San Pedro, Chivilcoy, cuando manifestó tener 26 años. Habría nacido por 1831; el coronel Dorrego fue fusilado en diciembre de 1828.

Dos páginas después Pérez Calvo presenta (6) lo que considera evidencia de una bigamia de Luis Dorrego Salas, hermano del coronel Dorrego. Lo que primero llama la atención es que un hombre de su posición (como dice el mismo Pérez Calvo, al morir en 1852 poseía una de las mayores fortunas de su tiempo) se arriesgara a un acto que si no era un delito en esa época, de trascender lo habría probablemente arruinado socialmente. En enero de 1828, fecha del supuesto segundo matrimonio, él y su familia eran parroquianos de la Merced, a juzgar por los bautismos de sus hijos Dorrego Indart nacidos en mayo de 1827 y octubre de 1828. La iglesia de la Inmaculada Concepción donde aparecieron los bandos del segundo matrimonio no está cerca, pero en un Buenos Aires de ese tamaño ¿nadie que lo conociera los vió? Y, más extraño aún, ¿por qué ir al extremo de casarse con su amante, por más que estuviera embarazada (su hija nació dos meses después), siendo tan común en la época tenerlas, e hijos extra-matrimoniales? 

No hay dudas de que hubo un matrimonio de un Luis Dorrego con Francisca Careaga Rosendo en 1828 estando Luis Dorrego Salas ya casado con Inés Indart Igarzábal y en vida de la misma (7), pero en ninguno de los documentos (boleto (8) y partida matrimonial (9), partida de matrimonio (10) de su hija Adela Dorrego Careaga, etc.) aparece como Luis Dorrego Salas. Hay elementos sospechosos - no se dió la filiación del novio al casarse y sí la de Francisca Careaga; un hijo de nombre Adolfo, como el del matrimonio Dorrego-Indart, muerto en la infancia años antes; las repetidas menciones de Adela Dorrego Careaga de Lugones de que era sobrina del coronel Manuel Dorrego, hermano de Luis Dorrego Salas; la cláusula en el testamento de Luis Dorrego Salas, donde nombra como únicos y universales herederos a sus hijos Dorrego Indart, etc., pero no parecen pruebas suficientemente sólidas de la bigamia. Sobre todo la última, que puede haberse debido a que el testor sabía que había personas que pretendían ser descendientes suyos.

El único de los datos aportados por Pérez Calvo (11) que efectivamente probaría la relación sería el de que la madrina de bautismo de Adela Lugones Dorrego, nieta del matrimonio bígamo, había sido Magdalena Dorrego Indart de Ortiz Basualdo, hija de Luis Dorrego Salas. Parece insólito que en esa época una señora de su medio social no sólo tuviera trato con una medio hermana fruto de una bigamia sino que además oficiara de madrina de su hija. Pérez Calvo dice que la niña en cuestión, hija de Adela Dorrego Careaga y Baldomero Lugones, nació el 18 de septiembre de 1861 y fue bautizada en San Ignacio el 12 de abril de 1862 (1862/304v). Pero FamilySearch muestra la partida de bautismo de otro hijo de la pareja, Nemesio Arsenio Lugones Dorrego, no mencionado por Pérez Calvo, nacido el 14 de diciembre de 1861 (12) - tres meses después de la fecha de nacimiento que da para su hermana Adela. 

También en FamilySearch se encuentra una partida de bautismo de Paulina Adela Lugones, con los mismos padres, nacida el 22 de junio de 1858 y bautizada en La Piedad el 28 de abril de 1862 (el mismo día que su hermano mayor Benigno Baldomero). Los padrinos fueron Juan Esteban Trejo, de 46, y Ursula Lugones, de 45, ambos naturales de Santiago del Estero y domiciliados en el partido de Bragado (13). Dada la diferencia de tres años y el haber sido bautizada como Paulina Adela en vez de Adela como indica Pérez Calvo haría pensar que era otra hija, pero no tiene mucho sentido que una familia que hizo bautizar una hija en una iglesia haya hecho bautizar a otros dos, dos semanas después en otra. A pesar de reiterados pedidos al autor no se ha podido obtener copia de esa partida de bautismo en San Ignacio, que no está en FamilySearch por haber desaparecido ese y otros documentos en el incendio de 1955.

Pérez Calvo dice (14) que uno de los primeros genealogistas que mencionaron esta bigamia fue Carlos Calvo, autor del "Nobiliario del Antiguo Virreynato del Río de la Plata", en sus apuntes manuscritos inéditos. FamilySearch los filmó (15) y y a juzgar por el rotulado eran parte de la biblioteca del conocido genealogista Narciso Binayán Carmona. Calvo se limita a indicar ese segundo matrimonio, da la fecha equivocando el año (1838 en lugar de 1828) y menciona dos hijos, cuando hoy se sabe que tuvieron por lo menos cuatro. Tampoco da fuentes y no hay manera de saber si a su muerte todavía lo consideraba correcto. Sin ir más lejos, en la misma página muestra a una Jacinta Dorrego, casada con Pedro Insúa; era nacida en Gualeguay e hija de un Alejandro Dorrego, entrerriano, no emparentado con esta familia.

Otra de las fuentes citadas por Pérez Calvo es Martín García Merou (16), de quien dice que era "un diplomático y escritor contemporáneo de doña Adela Dorrego que tuvo amistad con su hijo Baldomero y que se refiere a ella en su obra "Recuerdos literarios" como sobrina de Manuel Dorrego". Esto es falso. El libro, en esa misma edición de 1915, se encuentra digitalizado en HathiTrust Digital Library (17). En las páginas mencionadas García Merou efectivamente hace una semblanza de Baldomero Lugones pero la única referencia a su familia está en la página 168, donde dice "Tenía una vieja madre y una hermana - que eran su culto - a quienes mantener". Es más, una búsqueda de las palabras Dorrego y sobrina en todo el texto del libro no arroja ni una sola mención.

Otras fuentes citadas en la base para los protagonistas de esta historia son Yaben (18) y Cutolo (19); el primero menciona a Adela Dorrego de Lugones en el artículo de su marido (20) donde dice que era hija de don Luis Dorrego (a secas). Cutolo copia a Yaben en el suyo sobre Baldomero Lugones (21) y en el artículo sobre su hijo Benigno Baldomero Lugones (22) dice que su madre era sobrina de Manuel Dorrego, sin dar la fuente del dato. Yaben no trata a Benigno Baldomero Lugones ni a Luis Dorrego Salas, de quien Cutolo dice solamente que estaba casado con Inés Indart Igarzábal (23).

Quedarían por verificar las necrológicas de Adela Dorrego de Lugones que menciona Pérez Calvo en su trabajo (24), publicadas en La Prensa, La Tribuna y El Diario pero no, significativamente, en La Nación. La de La Prensa no hace mención a parentescos. La de La Tribuna dice que era sobrina del coronel Dorrego y que "con frecuencia se complacía en recordar hechos históricos importantes en los que tuvieron actuación en otras épocas miembros de su familia, narrando aquellos con una minuciosidad de detalles que en mérito a su edad, llamaba la atención de los que con frecuencia escuchaban." La Sra. de Lugones era empleada de la Empresa Nacional de Correos (25) - ¿cómo saber si no eran fabulaciones suyas, producto de un afán de figurar? La publicada en El Diario es la que va más lejos: "con esta muerte quedan enlutadas las familias de Dorrego, Lugones, Ortiz Basualdo, Lezica, Unzué y otras". Imposible saber si fue cierto, y aunque la Sra. de Lugones hubiera sido hija de Luis Dorrego Salas, no habría tenido ningún parentesco con los Lezica.

En base a lo mencionado parece temerario asegurar que Luis Dorrego Salas era el padre de la señora de Lugones y, por lo tanto, bígamo. A la espera de que algún día el Sr. Pérez Calvo suministre pruebas fehacientes de lo que afirma o publique una fe de erratas, creo importante alertar a posibles lectores sobre esta situación.

 

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NOTAS:

(1)  Genealogías Argentinas vol. 2, Buenos Aires, 2002, p. 119-120 y 130-131.

(2)  Pág. 117.

(3)  https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-12145-104253-39.

(4)  https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-12145-104521-36.

(5)  https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-159385-294586-62.

(6)  Pág. 119-120 y 130-131.

(7) Fallecería recién en 1881.

(8) https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-11390-3357-72.

(9) https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-11345-3342-84.

(10) https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-11345-27008-38.

(11) Pág. 120 y 131.

(12) https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-266-12880-31481-1.

(13) https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-12163-16141-99.

(14) Pág. 119.

(15) FamilySearch film number 1103950.

(16) Buenos Aires, 1915, p. 167-180.

(17) http://babel.hathitrust.org/cgi/pt?id=uc1.$b294082;view=1up;seq=1.

(18) Yaben, Jacinto R, Biografías argentinas y sudamericanas, Buenos Aires, Editorial Metrópolis, 1938-1940.

(19) Cutolo, Osvaldo Vicente, Nuevo diccionario biográfico argentino (1750-1930), Buenos Aires, Editorial Elche, 1968-1985.

(20) vol. 3, pág. 520.

(21) vol. 4, pág. 293.

(22) vol. 4, pág. 293.

(23) vol. 2, pág. 594.

(24) pág. 120.

(25) Censo 1895 https://familysearch.org/ark:/61903/3:1:S3HT-62HW-GK6.

 

 

Sobre los Maldonado

Ratio:  / 4

 por Carlos F. Ibarguren Aguirre
extraído de Los Antepasados
Inédito. Buenos Aires, 1983

 

Hernán Suárez Maldonado fué "vecino principal" de la incipiente Buenos Aires allá por inicios del siglo XVII. De hecho el "Arroyo Maldonado" lleva este nombre ya que pasaba por tierras de tal tenerifeño que se radicó en nuestra ciudad.

Abajo un relato, tal vez legendario, tal vez no, del origen del apellido "Maldonado", como lo cuenta Carlos F. Ibarguren en su estudio sobre tal apellido:

"Hernán Pérez de Aldana o Nuño Pérez de Aldana, Señor de la Casa de Aldana, en tiempo de los Reyes Alfonso VII "el Emperador", o Fernando II de León, o Alfonso VIII "el de las Navas" - es decir, aproximadamente entre los años 1150 a 1200 -, fue el primero que se apellidó "Maldonado". 

Y ocurrió que por dichos años Pérez de Aldana vino a caer enfermo de gravedad, y encomendándose a Nuestra Señora de Montserrat, prometió visitarla en su santuario si recuperaba la salud. Mejorado de sus dolencias físicas, nuestro hidalgo púsose en camino desde Galicia a Cataluña. Los zangoloteos de ese viaje recrudecieron su padecer, a tal punto que, cuando llegó al famoso monacato benedictino catalán, se hizo necesario ponerlo en camilla, en uno de los ángulos de la Iglesia, a fin de que pudiera ofrendarle a la imagen morena de María Santísima su devoción esperanzada. 

Aquel día era un 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen, y los peregrinos desbordaban del templo. Uno de ellos, el Duque de Normandía - sobrino del Rey Felipe Augusto de Francia (1165-1223) -, para mejor ver la ceremonia, púsose de pié arriba de las andas en que yacía postrado Hernán Pérez de Aldana. El hidalgo gallego, en el acto, reclama enérgicamente ante desaire semejante; pero, inválido, no recibe sino desdén del orgulloso magnate francés.

Pasan varios meses; sana el enfermo y cruza los Pirineos, en busca del Duque normando, y lo reta a duelo. El Rey de Francia, enterado de esto, obliga al Duque a pedirle perdón a Aldana. Obedece aquel; Aldana sin embargo - gallego tenía que ser -, exije un desagravio mayor a las simples disculpas, y pretende que el Duque admita que el ofendido le ponga los piés encima. El noble godo, como es lógico, se enfurece ante esa demanda ultrajante del galaico; por lo que el lance caballeresco se hace inevitable. 

Los adversarios concurren pues, al terreno del honor montados en briosos corceles, con férreas armaduras y provistos de lanzas, porras, espadas y dagas. Felipe Augusto de Francia, rodeado de cortesanos, desde una plataforma se dispone a presenciar el encuentro. Puestos frente a frente en la liza, ambos caballeros a una señal se arremeten con denuedo y rompen sus lanzas; empuñan enseguida las porras, y tras los recios porrazos del gallego, cae el francés al suelo herido en la cabeza. Salta entonces el aporreador del caballo y, enardecido, se precipita sobre el Duque resuelto a destrabarle las hebillas del yelmo para decapitarlo sin más trámite. 

El Rey, afligidísmo ante el giro dramático del combate, arroja el cetro y manda a sus fieles interponerse a fin de salvar la vida del pariente suyo. Protesta Aldana, mas el Soberano dá por concluída la lucha, alegando que si el Duque moría a consecuencia del aporreo, su contrincante quedaba vengado, y si aquel se salvaba, el propio Rey otorgaríale a Aldana la merced que éste quisiera. 

Mejoró el maltrecho Duque de la zurra; visto lo cual Aldana le solicitó a Felipe que, por cuanto la Casa reinante de Francia traía como emblema 3 flores de lis, a él se le diera el derecho de poder usar 5 lises en su escudo de armas. Tal pretensión despertó la cólera en el Monarca, quien ofreció al extranjero distintas recompensas, pero Aldana expuso que no había ido a Francia por riquezas sino a vindicar su honra. El Rey, entonces, ante esa terquedad galiciana, no tuvo mas remedio que ceder, y exclamó con fastidio; "Te doy las flores de lis, pero mal donadas te sean; el privilegio está mal donado - c' est mal donné. Las llevó yo de oro en campo azul; úsalas tú de plata en campo rojo!". De ahí en adelante, Hernán o Nuño Pérez de Aldana trocó su apellido por el de Maldonado, y comenzó a ostentar el blasón con 5 flores de lis plateadas en campo de gules.

 

 

Y los muertos viven

Ratio:  / 4

por Ricardo Goldaracena

 

Las imágenes tornasoladas de los daguerrotipos, jugando a las escondidas tras los cristales que las protegen, apareciendo de pronto para esfumarse enseguida en la silueta de un negativo según los caprichos de la incidencia de la luz, han quedado heladas en los salones de nuestros museos que otrora fueran palacios.

El nombre de cada una de ellas se lee en las carátulas de expedientes olvidados en las entrañas de los archivos, en las lápidas de mármol del cementerio, lápidas que fueron inmaculadamente blancas más de cien años atrás y ahora se ven patinadas por los estragos de la intemperie, en libros en los que los escolares aprenden a deletrear los nombres de la historia, en placas de calles de peatones distraídos, en las efemérides que memoran los hitos patrios; son guerreros y doctores, monjas y sacerdotes, legisladores y hombres de mando que llenan con sus largos nombres los medallones del árbol genealógico, en una cadena sometida al imperio de leyes inexplicables, que la interrumpen abruptamente en ciertas ramas y la hacen fructificar con pasmosa fertilidad en otras.

Son los nombres históricos que sólo la genealogía -la ciencia que hace vivir a los muertos, se ha dicho- puede rescatar y hacer palpitar otra vez con su sangre, su sonrisa, su voz, y entonces los muertos viven y los museos helados recobran la luz, el color, los sonidos, y las cosas vuelven a tener sentido y ubicación en el espacio, para ahora y para dentro de cien años, la espada de los guerreros, la santidad de las siervas de Dios, la virtud impenetrable de las matronas, las rondas de los niños en la niebla azul de los jardines.

Raíces griegas, españolas e irlandesas de Bartolomé Mitre

Ratio:  / 3

 por Guillermo MacLoughlin Bréard

Conferencia pronunciada en el Jockey Club
Buenos Aires, junio de 2006

 

Constituye para mi un doble motivo de orgullo poder hoy dirigirme a tan calificado y selecto auditorio que nos acompaña esta noche. En primer lugar, por que la comisión directiva de nuestro Instituto me haya honrado para efectuar el homenaje de recordación a una figura señera de nuestra historia, como es el general Bartolomé Mitre y Martínez, que integra un linaje rioplatense con actuación en ambas márgenes del Plata y con raíces diversas.

Y en segundo lugar, por mi condición de secretario de la Comisión de Homenaje a Bartolomé Mitre, que preside meritoriamente el doctor Juan Ramón Aguirre Lanari, encargada de organizar y de auspiciar diversos actos recordatorios de nuestro prócer con motivo de cumplirse este año el centenario de su fallecimiento. 

Hablar de la genealogía de los Mitre no es tarea sencilla. Otros distinguidos genealogistas ya se han ocupado con anterioridad, y con mayor erudición, de este tema. No obstante ello, trataré de aportar mi grano de arena y de ser lo más breve y conciso posible.

Se han esbozado distintas teorías sobre el origen de los Mitre, cuya genealogía  se inicia con Ventura Demetrio o Demetrio Ventura, quien se afincara en el país a fines del siglo XVII. Pocos datos aporta la partida de su primer matrimonio con Isabel González, celebrado en la Iglesia Catedral de esta ciudad el 7-11-1693 (La Merced 3/187 vta.), ni la escritura dotal del 11-12-1694, donde se autocalifica  como “soldado de este presidio”. Luego de enviudar, Demetrio se casa el 1-4-1698 (La Merced 3/285) con Da. Catalina Ruiz de Ocaña. La partida respectiva señala a Demetrio Ventura como “natural de Benencia”. Asimismo, existe una anotación marginal, seguramente consignada por el entonces Cura Rector de la Catedral, R. P. D. Juan Fernández de Agüero, que reza: “este nombre de Demetrio era de un hijo de Antigono rey de Macedonia”. Más aún, en la partida de bautismo de una de sus nietas, Da. Martina Antonia Josefa de Torres y Mitre, del 14-10-1722 (La Merced 7/187), hay otra anotación marginal –seguramente escrita también por el recordado Dr. Fernández de Agüero- que dice “este apellido Mitre de un Ventura Demetrio griego en el siglo pasado”.

Pero no todo estaba claro entre los genealogistas, que no convalidaban el origen helénico del primer Mitre. El erudito investigador Raúl A. Molina (1897-1973), quien integrara este Instituto, sostenía la procedencia hispánica de los Mitre. Esto lo manifiesta, claramente, en su artículo “Demetrio Ventura, genearca porteño”, publicado en la Revista Historia, en 1955 (1), quien, al referirse a su testamento consigna a “bentura demitryo …… natural de los reinos de España”. 

A su vez, el eximio genealogista uruguayo Juan Alejandro Apolant  (1903-1975), en varias de sus obras (2) confirma la raíz hispánica del genearca y, aún más, aporta otro dato, por analogía, al citar el matrimonio de un tatarabuelo del Director Supremo D. Juan Martín de Pueyrredon, el alférez Juan Marín, del 10-3-1697 (La Merced 3/276 vta.) quien declara ser “natural de Benecia, Reinos de España”.

La famosa “Benencia” a la que nos estamos refiriendo, para algunos, no tendría relación con la importante ciudad italiana, sino con un islote desierto ubicado en el río Arosa, en La Coruña, Galicia.

 

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Cuando la muerte visitó Famaillá durante el verano

Ratio:  / 21

por Alfonso Beccar Varela

 

Hace unas semanas que, con el espíritu de agradecer la gran contribución que la gente de Family Search hace para ayudar a todos los genealogistas del mundo, y en particular al valiosísimo aporte que han hecho para la genealogía Argentina al digitalizar Registros Parroquiales e incontables documentos, he estado ofreciendo algo de mi tiempo como voluntario leyendo fotos de actas de bautismo, matrimonios o defunciones, y volcando los datos a una base de datos para que estos estén disponibles gratuitamente y por internet, a cualquier persona del mundo que esté interesado en estos temas.

De momento estoy volcando a fichas datos obtenidos de la digitalización de Registros Parroquiales de la Arquidiócesis de Tucumán, entre el año 1727 y 1939. ¡He visto de todo! Desde errores u horrores ortográficos, al cambio dramático de las poblaciones de varias ciudades que acusaron en impacto del alud inmigratorio de fines del Siglo XIX. Desde registros escritos a mano con caligrafía elegante y delicada, a garabatos casi imposibles de entender.

En eso estaba cuando bajé a mi computadora un grupo de Actas de Defunción que me impactaron mucho. Se trata de las Actas de la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen, en Famaillá, a escasos 30 kilómetros de San Miguel de Tucumán, la capital del “Jardín de la República”. 

El conjunto que actas que me tocó leer empezaba con esta:

 “En la Iglesia Parroquial de N. S. del Carmen de Famailla, a diez y nueve de Diciembre de mil ochocientos noventa y cinco. Yo el infrascripto Cura interino de la misma, mandé dar Sepultura eclesiástica á Lorenzo que murió ayer con indigestión edad cuatro meses hijo legítimo de Segundo Rodríguez y Dominga Romano de la Fronterita. De que doy fe.” Firma Andrés Collilles, o algo así.

Y una tras otras se suceden, con la misma caligrafía prolija, actas que revelan lo que no puedo sino describir como un mes trágico para esta localidad tucumana. 40 muertes en 30 días. De estás, 36 representan a chicos menores de 4 años. Todo indica que una epidemia de sarampión causó estragos entre los niños del lugar (y una adulta), pero esa peste no tuvo la exclusividad en cosechar esas jóvenes vidas argentinas.

No soy especialista. No conozco la historia de Famaillá a fines del siglo XIX, y no sé si esta lista representa un evento extraordinario, una aberración; o si esa era simplemente la trágica normalidad en esas localidades más alejadas, de esas poblaciones más carenciadas.

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