GENEALOGÍA

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Conquistadores, descubridores, gobernantes, caudillos, militares, escritores... descubra quiénes fueron, quiénes fueron sus mayores y quienes son sus descendientes.

Sumérjase en la más completa base de datos de genealogía de las familias tradicionales argentinas.

 

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HERÁLDICA

El arte del blasón

Disfrute, infórmese y aprenda disfrutando con los escudos de armas correspondientes a los linajes de más abolengo que han habitado el Virreinato del Río de la Plata.

 

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HISTORIA

Hechos que marcaron una época

Es imposible separar la genealogía de las familias que figuran en nuestra base de datos de la historia de América. Miembros de los linajes que aquí aparecen estudiados han sido próceres, virreyes, gobernadores, personalidades destacadas, etc.

 

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La Hidalguía en el Valle de Reocin (Siglos XVI-XIX)

Ratio:  / 4

por Manuel Rafael García-Mansilla

Que significaba la condición de hidalgo entre los Siglos XVI y XIX? En sentido lato, hidalgo es todo hombre noble;  así está definido en las Siete Partidas. Con ser hidalgo se tiene igualdad esencial con todos los que son. “Un hidalgo no debe a otro que a Dios o el Rey nada”, dirá el escudero de El lazarillo de Tormes. 

Muchos ejemplos podrían citarse, pero todo esta resumido en estos cuatro versos de El Caballero de Illescas:

La nobleza es la virtud;
todos nacimos de un padre,
es la tierra común madre
de la cuna al ataúd.

Es pues la virtud, que cada uno ostenta, la que en definitiva nos da el valor del hombre. Y si la sangre ha de probarse por la virtud y no puede usurpar su puesto, menos lo podrán las condiciones sociales en que las personas se encuentren o su riqueza: “la honra puédela tener el pobre, pero no el vicioso” (Don Quijote, parte II, capítulo XXXII)

Queremos comenzar los relatos sobre el Valle de Reocín con fragmentos del libro de Javier Ortiz Real, titulado “Reocín – Sus pueblos y su historia”. Hoy nos referiremos a la hidalguía en el Valle de Reocín.

“El Valle de Reocín constituyó en la antigüedad una de las jurisdicciones administrativas en que se dividió la antigua Merindad de Asturias de Santillana. El Becerro de las Behetrías le reseña como territorio vinculado a la familia de García Fernández de Cossío. Hasta fines del siglo XVI, sus entidades de población estuvieron sometidas al señorío de la Abadía de Santillana y al Ducado del Infantado. Desde entonces fue uno de los Nueve Valles de las Asturias de Santillana, agrupando las siguientes núcleos de población: Barcenaciones, Bárcena la Puente (Puente San Miguel), Helguera, Mercadal, Quijas, Reocín, Santisteban, La Veguilla y Villapresente. Desde el siglo XVII, su capital, Puente San Miguel, lo fue también de la "Provincia de los Nueve Valles", y de la posterior Provincia de Cantabria, construyéndose allí la Casa de Juntas para celebrar las sesiones.”

Resulta sorprendente la mayoritaria condición de hidalgos de las gentes del hoy llamado ayuntamiento de Reocín, el  que se refleja en los padrones de población que obran en los archivos históricos. Los padrones constituyen en sí mismos una fuente documental primaria de carácter histórico y naturaleza administrativa, emanados de autoridad pública, de primer orden. Su nombre deriva del latín “patronus” y son una lista o nómina realizada en los pueblos con intencionalidad fiscal, en los que se anotaba a cada uno de los vecinos con distinción de su estado, ya hidalgo (nobles), ya pechero. Tal intencionalidad traía consigo, como decimos, el que se hiciera distinción expresa entre los hidalgos o nobles, es decir, entre los exentos y privilegiados de ciertas cargas fiscales por un lado, y los pecheros o del “estado llano” o “general”, obligados a pagar por el otro.

La importancia de tal distinción era enorme, pues no podemos olvidar que el disfrute de la condición de hidalgo implicaba privilegios no sólo en el orden fiscal, sino también en el orden jurídico como la de ser juzgados por sus pares, no sufrir tormentos, o no experimentar embargos por razón de deudas ( salvo cuando se adeudaba al rey ) ; además a esto se sumaba la exención de tributos personales tales como no tener que soportar alojamientos de tropa y , además, una casi exclusiva posibilidad de acceso a las magistraturas municipales.

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De visita al pueblo de Rozas

Ratio:  / 11

De visita al pueblo de Rozas ubicado en el Valle de Soba,
región de Cantabria, España, solar natal de los Ortíz de Rozas de Argentina

por Ángel Campo López

Es conocida por muchos cántabros la belleza singular e intacta del Valle de Soba, el más extenso de nuestra región; pero pocos pueden imaginar la importancia que dentro del mismo tiene el pueblo de Rozas. Ubicado en un enclave escarpado, dentro de un relieve accidentado, como todo su alrededor, atesora este ancestral pueblo, una magnífica geografía y un rico pasado histórico, que lo distingue del resto de los que componen el entorno del que forma parte.

Al acercarnos, transitando la ruta N-629, procedentes de la Autovía del Cantábrico (A-8), a la altura de la Cueva de Covalanas, dejando atrás la Villa de Ramales de la Victoria y al inicio del Puerto de Los Tornos, tomamos un camino a la derecha (CA-256) para entrar al valle, por una carretera de montaña de traza muy firme, cuidada y bien señalizada, con una impresionante concentración de curvas muy pronunciadas; talladas en una masa rocosa y calcárea de aspecto colosal, de lo que antaño fuera un camino de herradura o senda para el ganado, pero que supone un acceso natural al amparo del Río Asón; curso fluvial que cruzamos a través de un estrecho puente de piedra girando a la derecha en la localidad de Casatablas para tomar la ruta (CA-669) A partir de allí, comenzamos a transitar un camino ascendente durante algo más de 3 Km. La subida es impresionante, con continuos tornos y gran estrechez en la calzada recientemente reparada; lo más aconsejable es mantener la marcha en segunda velocidad y rezar para que no transite en descenso otro vehículo y tener que dilucidar como cruzarse con él; eso sí, aconsejamos sin dudar, poner la primera velocidad en las curvas, donde al salir de ellas parece que se va a tocar el cielo; es preferible no mirar para abajo. En cuanto al descenso, mejor no contarlo, solo hacerlo con cuidado y disfrutando la belleza que nos circunda.

En el fondo del valle, el bello curso del río se abre en forma serpenteante, erosionando los peñascos con recorrido fuerte y ágil, rodeado por la belleza de los chopos, alisos, abedules, avellanos y laureles, cuadro que completa un paisaje que impregna al viajero.

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¿Por qué Genealogía?

Ratio:  / 5

por Fernando de Trazegnies Granda
Ponencia en un Congreso Genealógico en Lima, Perú, 2008

Por qué, entonces, ponerse a escarbar la tierra de las sepulturas, por qué tratar de ver el rostro de quien ahora no es sino un esqueleto?

La única explicación aceptable que encuentro es que la Genealogía es parte de esa lucha del ser humano contra la muerte.

El hombre rechaza la idea de la muerte, sabe que va a morir indefectiblemente pero actúa como si fuera inmortal, desconoce la realidad del la muerte para todos los efectos prácticos. En el fondo, uno de los deseos más vibrantes y exigentes del ser humano es vivir eternamente. Y no me estoy refiriendo a la vida del alma  después de la muerte sino a la vida humana tal como la conocemos, a la vida dentro del mundo. Este deseo de inmortalidad física –inconsciente, irracional, pero omnipresente- evidentemente es y será siempre frustrado. Moriremos de todas maneras, nos guste o no. Pero mientras vivimos, llevamos una lucha frontal contra la muerte, ya sea ignorándola, ya sea tratando de dejar huellas que permanezcan después de nuestra muerte física, ya sea luchando científicamente contra ella en los momentos más críticos.

Una de las estrategias para vencer a la muerte física consiste en tratar de pasar a la Historia, esto es, de superar nuestra mortalidad humana individual integrándonos a una vida colectiva de duración cuando menos indefinida, que es la de la familia, la Patria o la humanidad: de esta manera, nuestra vida individual se convierte en parte de una vida que se extiende más allá de la muerte física, pero todavía en este mundo. Cuando menos, la integración de ese individuo mortal dentro de un todo social que tiene una vida indefinida, permite paliar esa angustia y encontrar sentidos a la vida terrenal que no serían posibles para el individuo más allá del umbral de la muerte.

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Viaje al fondo del tiempo

Ratio:  / 3

por José María Posse Posse
extraído de "Los Posse, el espíritu de un clan", 1993.

 

“Cuanto más atrás puedas mirar, más adelante verás”. Winston Churchill.

 

Voy a Galicia en busca de un pasado indeciso y remoto. El tren se detiene en Santiago de Compostela, una mañana gris de lluvia tenue y frío intenso. A medio día, ya en el hostal del convento de San Francisco, me encamino a la zona histórica de la ciudad. Las nubes se abren para mostrar un brillante cielo azul, mientras transito por el camino de las centenarias peregrinaciones, sorprendido por la arquitectura medieval, estrechas callejuelas de piedra flanqueada por edificios con recovas de arcos antiquísimos.

En una esquina, un gaitero de jeans y zapatillas, ejecuta melodías folklóricas. Mas allá, un flautista rescata sonidos olvidados de música barroca.

Por estas mismas calles caminó, dos siglos atrás, el fundador de mi familia tucumana, y yo lo evoco: desde mi llegada es como si sintiera una presencia invisible y amiga: tal vez la fiebre de un resfrío mal curado aviva a mi imaginación.

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La tésis de Ramón J. Cárcano sobre "Los hijos adulterinos, incestuosos y sacrílegos"

Ratio:  / 5

 por Alejandra Díaz Bialet

Ramón José Cárcano César, el dos veces gobernador de Córdoba (1913-1916 y 1925-28), recordaba como en su niñez había salido huyendo de la escuela rural de San Francisco del Chañar, en su provincia natal, para nunca jamás volver, después que un tal Doroteo, por entonces su maestro, hubiese estado a punto de pegarle en la mano con una palmeta de madera de algarrobo, en una suerte de castigo ejemplar a todo el curso.

Parece ser que después de varios días de deliberaciones, sus padres, Inocente Cárcano y Honoria César, decidieron que fuera su abuelo, Francisco Marcos César, quien tomara a su cargo la instrucción primaria. Este Francisco, proveniente de una familia que se había establecido en la provincia a principios del siglo XVII, poseedor de tierras y de un comercio de ramos generales y acopio de frutos del país, tenía también, por parte de su hermano Pedro, un sobrino que se llamaba Justino César. Ambos pasarían a significar mucho en la existencia del futuro gobernador de la provincia.

Así, con estas palabras describe Cárcano lo que pudo el amor donde antes solo reinaban los gritos y los golpes:


“Mi abuelo me conduce a su escritorio, la pieza más fresca de la casa, atestada de diversas mercaderías, y frente a una ventana me sienta sobre una petaca de cuero cruda, cubierta de blandos tejidos elaborados en Tulumba. Pone en mis manos una cartilla y un puntero de palma, planta abundante en el lugar, y empieza la primera lección de papá Francisco, como yo le llamaba,... Ese día aprendo muy bien la lección y recito el abecedario de memoria. Mi abuelo me acaricia, abre una gaveta del almacén y me ofrece un puñado de pasas de uva. Las lecciones se repiten con el mismo éxito y la misma recompensa: pasas de higo, pelones, patay, chancaca, nueces, almendras mistol, avellanas, maní y algunas veces naranjas que vienen de La Rioja."

"Siento cariño por mi cartilla. Todos los días antes de la hora, espero sentado en la petaca al venerable maestro. A las pocas semanas leo y escribo directamente. La palmeta esta vencida. Nada se edifica con el golpe y el dolor. El cómitre Doroteo queda derribado por la escuela de mi abuelo sin haber leído a Pestalozzi. Todo florece con amor.”

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