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El pintor, la asesina y la ahogada

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MaloBueno 

por Alfonso M. Beccar Varela

La investigación histórico-genealógica es semejante a ir tirando de un hilo sin saber bien que saldrá. Basta tener un poco de memoria, honestidad para aceptar lo que venga y, en nuestros días, una computadora conectada a Internet, para encontrar maravillas. Les cuento lo que me pasó ayer sábado, como un ejemplo que seguramente ha ocurrido a cientos de aficionados como yo.

En Genealogía Familiar siempre quisimos ofrecer al público más que un listado de nombres y fechas de nacimiento. Inspirados en el “mamotreto impublicable” de Carlos F. Ibarguren Aguirre, lleno de jugosas y muy amenas biografías, quisimos desde el primer día ilustrar a esos nombres y fechas con biografías y, cuando existen ilustraciones, sean fotografías o en el caso de antepasados más remotos, fotos de óleos, pinturas o esculturas que nos recuerden la semblanza de los que nos precedieron en la vida y en la historia.

Es por eso que recibo frecuentemente emails de mis amigos y colaboradores con fotos obtenidas generalmente en sitios de instituciones diversas en Internet, que reproducimos citando siempre la fuente de tales fotos. Ayer justamente, un amigo me manda varias fotografías que encontró en el sitio del Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires. Entre ellas, dos de óleos pintados por Jaboco Fiorini. Uno de María Candelaria Somellera Gutiérrez y otro de su hermano José Mariano. Son muy lindos cuadros que se pueden ver el nuestra página… aunque ver a María Candelaria con bigotes tal vez sorprenda a más de una señora coqueta del siglo XXI.

Al ver el nombre del pintor, inmediatamente recordé que la primera mujer de Darío Beccar Mansilla, hermano de mi tatarabuelo Cosme Beccar Mansilla, se llamaba Catalina Fiorini… y me pregunté lo obvio: “¿Será que Jacobo no era el padre de Catalina?” Las fechas cerraban, más o menos, y era cuestión de lanzarse al cyber espacio para ver que saltaba.

Me fui entonces a Family Search, una fuente de información casi inagotable, y busqué por “Jacobo Fiorini” en Argentina. Encontré dos cosas interesantes: 

Primero, que en el Censo de Buenos Aires de 1869, figuran censados en la calle Esmeralda 301 en Buenos Aires, Darío Beccar, “escribano”, su mujer Catalina Fiorini de Beccar… y tres hermanos de Catalina: Jacobo de 18 años, Lorenzo de 16 y Servino de 14. Los cuatro están listados como “empleados”. (Ver foto abajo).

 

Segundo, encuentro un acta de defunción de 31 de julio de 1886, en la que el “Cura rector del Sagrario de esta Santa Catedral” (de la ciudad de Córdoba), registra la muerte de Jacobo Fiorini de 33 años, y apunta también que “no se sabe de sus padres”. Por la edad, pareciera que se trata del hermano de Catalina, censado en 1869.

Naturalmente me llamó la atención que Catalina y sus tres hermanos menores vivieran bajo el mismo techo que Darío Beccar (supongamos que estaban viviendo ahí y no de visita…), por lo que me puse a buscar más datos sobre el pintor en cuestión y me encontré entonces con la turbia historia de su asesinato, ideado por su mujer y ejecutado por el amante de ésta.

Efectivamente, Jacobo Lorenzo Fiorini era un italiano (nótese que uno de sus hijos se llamó Jacobo y otro Lorenzo) que vino a nuestras tierras por 1829, y se destacó como pintor de personas de la sociedad porteña. Con casi 50 años se casa con Clorinda Sarracán, de una familia tradicional de Buenos Aires, a quien le llevaba unos 30 años de ventaja. Tienen aparentemente 5 hijos, y viven en una chacra alejada de la ciudad, en Santos Lugares. Eventualmente es asesinado en su casa por el capataz que era también amante de Clorinda. Clorinda es condenada a muerte, hay un gran escándalo en Buenos Aires, su pena se cambia eventualmente a 10 años de prisión en 1857, pero es puesta en libertad antes de cumplirla en su totalidad, “por buena conducta”. Todo esto se puede encontrar en Internet, y de hecho hay libros y hasta una novela escritos sobre este tema.

A lo que voy es que, al momento del censo de 1869, Jaboco Fiorini ya habia muerto, la madre ya estaba en libertad pero no sorprende que sus hijos no vivan con ella. Parece razonable especular que cuando Darío Beccar se casa con Catalina Fiorini, asume papel de padre o hermano mayor al menos del resto de la familia Fiorini.

Pero la tragedia sigue de cerca a esa familia. Catalina muere en el incendio del vapor América, dos años después del censo que la encuentra con sus hermanos en la calle Esmeralda, y Jacobo, soltero, y sin que se sepa de sus padres o familia, muere en Córdoba a los 33 años. No se todavía que habrá sido de los otros hermanos.

En cuanto a la perdonada Clorinda Sarracán, encuentro que el 27 de julio de 1863 bautizan en la iglesia del Socorro a Teresa del Corazón de Jesús, “hija natural” de Clorinda Sarracán. Podemos suponer que la asesina, viuda y ya fuera de la cárcel, no encontró un marido pero si algún otro amante (¿o será que volvió al capataz asesino?) que la hizo madre de Teresa.

Otro indicio que tal vez explique porqué los hermanos Fiorini vivían con Darío Beccar y no con su madre, que daría mucho que hablar en la pequeña aldea que era Buenos Aires antes de 1870.