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¿Bernardo o Balentín? Aclarando una confusión.

Ratio:  / 1
MaloBueno 

 por Carlos F. Ibarguren Aguirre
extraído de Los Antepasados, Tomo III
Buenos Aires, 1983. Inédito

 

Valentín de la Cámara Elizondo (ver ficha) fue “casado y velado según orden de nuestra Santa Madre Iglesia, en primeras nupcias”, en Salta, el 19­-VI­-1745, con Juana Crisóstoma de la Corte y Palacios, hija de Antonio de la Corte y Rozas y de María Palacios y Ruiz de Llanos, siendo padrinos de esa boda Gaspar de Mendiolaza y Gregoria de Elizondo, la madre del contrayente.

La novia, en tal oportunidad, aportó por vía de dote 800 pesos, “que se le adjudicaron en unas casas de esta ciudad”, a las cuales, posteriormente, el marido cambió con los coherederos de aquella, “dando 100 pesos más”, por el predio rural denominado “Potrero de la Caldera”.

Es que don Balentín — así con “B” larga escribíase entonces su nombre — era un rico propietario de fincas campestres que heredara o fueron luego adquiridas con el fruto de su trabajo de estanciero, según lo revelan su testamento e inventarios que corren agregados al respectivo expediente sucesorio.

Fallecida doña Juana Crisóstoma, el cónyuge supérstite volvióse a casar con Petrona Ruales, “quien trajo al matrimonio las casas de su morada y una esclava llamada María Antonia”. Con esta segunda consorte no dejó descendencia.

El 1­-IX­-1776 Valentín de la Cámara “estando enfermo en cama” pero “en mi libre juicio, memoria y entendimiento natural”, otorgó su testamento, ante el Escribano salteño Antonio Gil Infante, y los testigos Manuel Pucheta, Eduardo Burela y Pedro José Saravia. En dicha escritura el testador ordenó ser sepultado en la Iglesia Matriz, o donde lo dispusieran sus albaceas, amortajado su cadáver con hábito “de Nuestra Señora de Mercedes”. Declaró haber procreado por hijos legítimos solo estos 9 de su primer matrimonio; “Petrona, Luisa, Agustina, Balentín, Francisco de Paula, Marcos, Juan Thomás, Juan de Dios y Fernando de la Cámara”. Enumeró luego como bienes suyos; el sitio y “casas de su morada” en la ciudad; una chacra poblada en “La Caldera”, que comprara a su cuñado Santiago Porcel de Peralta, con un potrero contiguo, proveniente de la dote de su difunta mujer Juana de la Corte; otra chacra en “el Pucará”, que había heredado de su padre; así como el potrero “El Candado”, con los denominados “Cerro Redondo y Góngora, que todo lo tengo adjudicado a mi hijo Balentín”. Nombró tutor de sus hijos menores a su yerno Francisco Forcada, y por albaceas, en primer término a su cuñado Agustín de Zuviría, en segundo al dicho Forcada y en tercer lugar a su esposa Petrona Ruales, a quien, además, dejaba “el remanente del Quinto de mis vienes”.

Dos meses más tarde ya se había extinguido la vida de don Valentín, puesto que, el 18-­XI-­1776, sus herederos iniciaron la correspondiente sucesión, por ante el Alcalde ordinario de 2o voto de Salta, Juan Palacios, y el Escribano Gil Infante.

La relación del haber hereditario de mi antepasado, la suma y valor de los bienes, ganados y enseres domésticos que se inventariaron en sus fincas “El Pucará”, “El Candado” y “La Caldera” y en su casa mortuoria ciudadana, perdura manuscrita en las fojas amarillas del respectivo expediente judicial. 

Pero sobre todo, como recuerdo suyo, hoy sigue perdurando una obra suntuosa y única. Me refiero a esa joya barroca que es la puerta del convento salteño de San Bernardo, mandada tallar por don Balentín, y que ostenta su nombre destinado a resistir la prueba de los siglos. Dicho nombre, sin embargo, ha sido mal examinado por los historiadores y críticos que se ocuparon en dar realce a las excelencias ornamentales de aquel monacato carmelita.

En efecto; Bernardo Frias, en sus Tradiciones, fue el primero en estampar que cierto señor, a quien llama “Bernardo de la Cámara”, alcanzó celebridad “con solo grabar su nombre en el marco (de aquella puerta) en que se embelesaba su orgullo”. Miguel Solá — en Arquitectura Colonial de Salta y en su prólogo al cuaderno La Ciudad de Salta, de la colección de Documentos de Arte Argentino —repite que dicha puerta con friso y follaje serpenteante “perteneció a Don Bernardo de la Cámara”. También José León Pagano, en su Arte de los Argentinos, apunta que la famosa puerta “fue construída en 1762 para mansión de don Bernardo de la Cámara”. Y vienen reiterando lo mismo, una tras otra, distintas publicaciones, enciclopedias y guías para turistas.

Pues bien; esa puerta, de oscura madera de cedro, luce en la parte superior del marco labrado el escudo de la Compañía de Jesús; y en el medallón de la derecha se lee en abreviatura, sin mayor dificultad, el nombre verdadero de su donador; Don Balentín de la Cámara; mientras el otro medallón a la izquierda indica la fecha en que se fabricó la lujosa armazón; “Año de 1762”. Hay que poner entonces en claro la incuestionable identidad del donante del tallado marco de entrada al monasterio carmelitano de Salta, y no repetir por rutina “Bernardo”, donde dice claramente Balentín.