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El trono de la Araucanía y Patagonia

Ratio:  / 36
MaloBueno 

 por Mariano Vilella y Sánchez Viamonte



Una sucesión de falsos príncipes

 

Con motivo de la reciente muerte de Philippe Boiry, intitulado S.A.S. Felipe I, príncipe de Araucanía y Patagonia, y su posterior sucesión por Jean-Michel Parasiliti di Para, como Antonio IV, pude ver cómo se entablaban ciertos comentarios, normalmente jocosos, sobre tan disparatado reino y sucesión. En todo caso, me sorprendió ver que algunas personas daban cierto viso de legitimidad en el supuesto reconocimiento por parte de los caciques.
En estas breves líneas espero contar, aunque sólo sea de manera muy abreviada, la historia de la fundación y sucesión en tan disparatado reino, y cómo la supuesta legitimidad es sólo fruto de la ilusión o de la conveniencia tanto del fundador como de sus controvertidos sucesores, ya que en este caso no se puede hablar de descendientes.
No espere el lector encontrar aquí un trabajo de investigación, puesto que no es sino una escueta relación sobre la romántica aventura de un pícaro procurador de los tribunales franceses y su curiosa sucesión hasta nuestros días, que protagonizan la más dilatada sucesión de falsos príncipes de que se tenga memoria. Sin duda mucho más se podría escribir sobre esta graciosa dinastía, pero entonces estas líneas ya no serían lo que son: un breve escrito para divertimento de su autor, que espera ser también de entretenimiento para sus lectores.

 

***

Los pretendientes al supuesto reino de Araucanía y Patagonia basan sus hipotéticos derechos en una proclamación como rey de Orllie-Antoine de Tounens por parte de los caciques de la Araucanía y la Patagonia.

Fundamentan, además, el este derecho en una soberanía supuestamente reconocida a los caciques en el Parlamento de Quillén de 1641.

Recordemos un poco la fantástica historia de Antoine de Tounens, que se añadiría el Orllie que no aparece en su acta de nacimiento, y de sus sucesores en el imaginario trono en el exilio de Araucanía y Patagonia:

ORLLIE-ANTOINE I
(1825 – 1878)

Mr. de Tounens desembarcó en Coquimbo (Chile) en 1858 y durante dos años parece haber estado preparando su futuro reino. A mitad de octubre de 1860 inició su viaje a la Araucanía desde la ciudad chilena de Valdivia, haciéndolo en compañía de una caravana de comerciantes.
Parece ser que el cacique Quilapán, quien no sentía demasiadas simpatías por los “huincas” chilenos, lo acogió en sus tolderías.  Fue estando allí que Orllie-Antoine redactó el 17 de noviembre de 1860, su primer decreto creando el nuevo reino.

“Nos, Príncipe Orllie Antoine de Tounens,
Considerando que Araucanía no depende de ningún Estado; que se halla dividida por tribus y que un Gobierno central es reclamado tanto en interés particular como en el orden general:
Decretamos lo que sigue:
Art. Iº: Una monarquía constitucional y hereditaria ha sido fundada en Araucanía; el Príncipe Orllie-Antoine de Tounens ha sido nombrado Rey.
Art. IIº: En el caso en que el Rey no tuviera descendientes, sus herederos se tomarán en las otras líneas de la familia, siguiendo el orden que será establecido ulteriormente por una ordenanza real.
Art. IIIº: Hasta que los grandes cuerpos del Estado sean constituidos, las ordenanzas reales tendrán fuerza de ley.
Art. IVº: Nuestro Ministro Secretario de Estado está a cargo de los presentes decretos.
Hecho en Araucanía, a 17 de noviembre de 1860.
Firmado: ORELIE ANTOINE I,
Por el Rey: el Ministro de Estado del Departamento de Justicia. Firmado: F. Desfontaine.”

No son pocas las personas que han supuesto que el cacique Quilapán tal vez viera en el nuevo reino excusa suficiente para efectuar sus malones. Ese mismo día, el ya intitulado Orllie-Antoine I aprueba la constitución por la que ha de regirse el nuevo reino y otros decretos.
Inmediatamente después procede a dar publicidad a la independencia de su nuevo reino, enviando copias de sus decretos al Mercurio de Valparaíso y al Ferrocarril y a la Revista Católica de Santiago. De igual modo escribe al presidente de Chile, Manuel Montt, en los siguientes términos:

“Excelencia:
Nos ORLLIE-ANTOINE IER. Por la gracia de Dios, Rey de la Araucanía, nos hacemos un honor de imponerlo de nuestro advenimiento al trono que acabamos de fundar en Araucanía. ¡Pedimos a Dios, Excelencia, que os tenga en su santa y digna guarda! Hecho en Araucanía el 27 de noviembre de 1860.
                Firmado: ORLLIE-ANTOINE IER.”

Según las propias memorias del pintoresco monarca de la Araucanía, los demás caciques patagónicos enviaron a sus representantes a los toldos de Quilapán para unirse al nuevo reino. Ya sea de esta manera o simplemente porque al nuevo monarca le pareciera bien ampliar sus estados, emite un decreto del 20 de noviembre cuyo artículo 1º contiene: “La Patagonia queda reunida desde hoy a nuestro Reino de la Araucanía...”, incorporando de caprichosa manera un dilatado territorio desde el Río Negro hasta el Estrecho de Magallanes.
Una vez emitidos estos decretos, volvió a Valparaíso, donde pretendió que se le reconociera su real jerarquía, sin obtener ningún éxito. En sus memorias, pretende ver como un tácito reconocimiento de Chile el que este país hiciera caso omiso a la publicidad dada a su reino con éstas palabras: “...si el Gobierno de Chile rigiera y administrara positivamente la Araucanía, ¿no se habría apresurado a arrestar a quien se intitulaba rey de Araucanía? Dejarme en libertad, ¿no era confesar paladinamente que no tenía ningún derecho sobre ese país y que sus leyes no surtían allí efecto alguno?”

En 1861 vuelve a su supuesto reino, llegando a las tolderías del cacique Levín, al que promete ayuda para hacer la guerra a Chile y hacer respetar la frontera hasta el Bío-Bío, exigiendo a cambio “que lo proclamaran por rey de la Araucanía”. Con ese motivo se unen a ellos los caciques Leucón y Levio con sus indiadas. Al día siguiente se dirige hasta el asentamiento del cacique Villamís y cruzando el río Traiguén llega hasta los toldos de Namuncurá1, quien hizo oídos sordos ante las arengas de Orllie-Antoine I.
En las tolderías del cacique Guantecol se reunieron las indiadas a escuchar su arenga en la que los animaba a la guerra con Chile con singular optimismo, no creyendo difícil “que con pocas descargas nos tomemos a Santiago.” El cacique Guantecol le promete, después del parlamento en sus tolderías, que podría disponer de doce mil indios en ese momento y hasta de treinta mil más adelante.
Posteriormente, pasa a visitar las tolderías de Canglo, Levio y Meliú, para realizar sus parlamentos también con ellos y les comunica sus proyectos de “reunir en Angol en el término de ocho días un considerable contingente de indios armados, que llevará a orillas del río Bío-Bío”.
El 5 de enero de 1862, parte en dirección a las tolderías del cacique Trinte. Durante el camino, traicionado por sus propios lenguaraces, una partida de policía de Nacimiento (Chile) lo apresa y conduce a la celda del fuerte de aquella ciudad. El día 7 es trasladado a la cárcel de Los Ángeles, en la cual va a permanecer por más de nueve meses, y donde suponiendo su inmediata ejecución redacta su testamento. En la declaración que se le toma manifiesta llamarse Orllie-Antoine de Tounens, “titulado príncipe, pero sin principado”. Interrogado por sus arengas a los indios para expulsar a los chilenos hasta el Bío-Bío, manifiesta ser estos hechos falsos, pese al testimonio que prestaron los que le acompañaban en aquella oportunidad.
El fiscal lo consideraba un perturbador del orden público, delito que se pagaba en el patíbulo; el juez, posiblemente más indulgente, intentaba declararse incompetente. Interviene entonces el encargado de negocios de Francia, presumiendo “que el procesado no se halla en el pleno goce de sus facultades”. El médico de la ciudad, Enrique Burks, lo reconoce y declara “dicho Antonio 1º está en su sana razón y juicio, y capaz de conocer todos sus actos.” El fiscal, que ha pasado de pedir la muerte del reo a la internación en un manicomio, debe ahora solicitar nuevamente una pena, y el 1º de mayo “viene a acusar a Orllie Antoine de Tounens como perturbador del orden público y pedir a V.S. se sirva declararlo criminal y condenarlo a diez años de cárcel penitenciaria.” El 19 de julio, pese al informe médico, el juez Matus determina que el reo no estaba en su sano juicio y lo condena a ingresar en la Casa de Orates de Santiago, de dónde podrá sacarlo algún familiar o el encargado de negocios de Francia, para su repatriación.
En efecto, el diplomático francés lo reclamó antes de su ingreso en la institución mental y lo embarcó en el navío de guerra Duguay-Trouin con destino al puerto de Brest.

En Francia fundará el periódico oficial de su reino, “La Corona de Acero”, y publicará sus memorias en el año 1863. Miembro de la masonería, al pronunciar el Papa la excomunión para todos los masones franceses, apela al Vaticano. Solicita al Senado francés una pensión vitalicia a hacerse efectiva desde la fecha de su captura por las autoridades chilenas.

A mediados de 1869, vuelve a desembarcar en la ensenada de San Antonio (Argentina), al sur de la desembocadura del Río Negro, en compañía de un acompañante de nombre Pietro Tappa. Siguiendo el curso del Río Negro llegaron hasta la isla de Choele-Choel, en donde fué capturado por los indios pampas, siendo salvado del tormento y la muerte por Lemunao, quien sabía de su amistad de años atrás con el cacique Quilapán. Orillando el Río Negro primero y el Limay después hasta llegar a la cordillera y cruzarla por el Lonquimay, Lemunao lo escolta hasta llegar a las tolderías de Quilapán.
En diciembre de 1869, el coronel Cornelio Saavedra, quien ya interrogara a Orllie-Antoine en 1861, recibe la noticia de un levantamiento de algunas tribus que “instaban a los caciques de todo el territorio para un movimiento general” y que se encontraba entre ellas “el aventurero Antonio Orllie”. Incluso parece que Orllie-Antoine llegó a dar un ultimátum por escrito al general Pinto para que éste la hiciese llegar al gobierno de Chile.
Saavedra reunió el 20 de enero de 1870 en Tolten, un parlamento con lo más selecto de los caciques de entre los ríos Imperial y Tolten, advirtiéndoles sobre el riesgo que contraían quienes se dejaran embaucar por gentes “tan criminales como Orllie” y ofreciendo por su cabeza “dos almudes o cutamas de pesos fuertes”.
Ni los soldados de Saavedra ni las indiadas de los caciques pudieron dar con Orllie-Antoine I. Cruzó la cordillera nuevamente y llegó hasta las tolderías de Calfucurá, en Salinas Grandes, desde donde posteriormente se dirigió a Bahía Blanca, para embarcar hacia Buenos Aires, dónde llegó el 2 de julio de 1871 y dio a publicidad su presencia dirigiéndose a los diarios La Prensa, La Nación y La Tribuna. Éste último, en tono irónico lamentaba que “no se le haya hecho la recepción debida a su alto rango”.
Pasó luego a Montevideo, desde donde retornó a Francia.

En 1872 se instala en París, dando nuevamente publicidad a sus aventuras y a sus supuestos derechos al trono de Araucanía y Patagonia, encontrando en Londres un banquero poco escrupuloso, de nombre Jacobo Michael, con quien acordó “la emisión de un empréstito que iba a asegurar a su empresa los elementos materiales de que había menester”.
Comenzaron a vender los títulos del empréstito y a darse publicidad en el periódico Le Gaulois. Ante tal circunstancia, el cónsul chileno en Paris resolvió enviar a Le Gaulois un comunicado en el que afirmaba “que la Araucanía es una provincia de Chile enclavada en su territorio, sobre la cual ejerce el gobierno su jurisdicción” y que “cualquier expedicionario que en violación de nuestras leyes se dirigiera sobre ella será considerado y tratado como pirata”.
Hecho público el comunicado del representante del gobierno chileno, los títulos del empréstito de reino araucano vieron esfumarse su valor y el proyecto de Orllie-Antoine I se vino abajo.

Nuevamente desembarcó en Buenos Aires en abril de 1874, con el nombre falso de Juan Prat, embarcándose unos días después hasta Patagones, con escala en Bahía Blanca, en el pailebote Pampita.
Durante su escala en Bahía Blanca, el coronel Julián Murga, que lo había tratado en compañía del cacique Lemunao en la isla de Choele-Choel, lo reconoció y detuvo, volviendo nuestro personaje a embarcar hacia Francia, donde denunció en la prensa el atropello cometido con su persona en la República Argentina.

En su nueva etapa parisina, organizó una corte alrededor de su regia personalidad, cazando incautos para el mantenimiento de los gastos de su corte en el exilio y otorgando, dependiendo del importe de los favores recibidos, títulos nobiliarios o la Real Orden de la Estrella del Sur. También, desde 1874, comenzó a acuñar monedas con cuya venta a los coleccionistas hacía su peculio. Sin embargo sus muchos acreedores le impidieron mantener su vida en París y resolvió volver a la Dordoña, donde unos amigos le consiguieron un puesto de lamparero público en el municipio de Tourtoirac.
El año de 1878 ve aparecer un nuevo libro de Orllie-Antoine: “Araucanie”. Es también en ese año que ingresa en el hospital provincial en el cual expira un 19 de septiembre, siendo los gastos de su inhumación costeados por el municipio debido a la precaria situación económica del difunto.


 

Un orden dinástico sorprendente

 

Aquiles IAQUILES I
(1841 – 1902)

En el testamento redactado en la prisión chilena, Orllie-Antoine I había nombrado sucesor a su padre, o en su defecto a su sobrino, primogénito de su hermano Juan de Tounens, pero como quiera que el sobrino no parece haber estado interesado en continuar con la real farsa, Orllie-Antoine I redactó un nuevo testamento nombrando sucesor a su primo segundo Gustavo Aquiles Laviarde, nacido en Reims el 7 de junio de 1841 e hijo único de Beltrand Xavier Laviarde.
Parece ser que el sobrino desheredado no tuvo inconveniente en reconocer como nuevo rey de Araucanía y Patagonia a Aquiles Laviarde, abdicando cualquier derecho que pudiera corresponderle el 26 de marzo de 1882.
Laviarde inició su reinado tomando el nombre de Orllie-Antoine II, cambiando posteriormente su nombre por el de Aquiles I. Casado con la reina “doña María” y establecida su corte en París, continuó con la acuñación de nuevas monedas y premiando los favores prestados por los incautos con sendos títulos nobiliarios y condecoraciones. Instituye además un “Ministerio de Asuntos Exteriores”, pues no le faltan personas con ansias de ponerse a cargo de legaciones en el extranjero y lucir al pecho las cruces de las órdenes de Araucanía y Patagonia.
Del mismo modo que su antecesor, la distribución de mercedes no solventaba todos sus gastos y el rey Aquiles I se convirtió en un reclamo de los restaurantes y cabarets de moda.
Viudo, sin descendencia y sin dejar testamento, el 16 de marzo de 1902 moría en París.

 

 Antonio II

ANTONIO II
(1833 – 1903)

Con posterioridad a la muerte de Aquiles I, el Consejo de Estado, reunido en sesión solemne resolvió  caprichosamente elegir sucesor a su presidente, Antonio Hipólito Cros, que adoptó el título de Antonio II. No tenía ningún parentesco ni con el primer rey ni con el segundo.
En su breve reinado intentó, sin ningún éxito, que los gobiernos europeos no reconocieran el laudo arbitral que el 20 de noviembre de 1902 ponía fin al litigio de límites entre la Argentina y Chile, pues según Antonio II este laudo daba a las naciones americanas “el dominio sobre el Arauco y la Patagonia, que le correspondían por derecho”.
A su muerte dejó como heredera de sus derechos a su hija, Laura Teresa.

 

 Laura-Teresa I

LAURA TERESA I
(1856-1916)

Laure-Therère Cros asume a la muerte de su padre, pero es la primera en no titularse reina sino princesa y abandona el tratamiento de Majestad adoptando el de Alteza Serenísima.
En 1877 contrajo matrimonio en París con Louis Marie Bernard, con quien tuvo tres hijos: Bernard Etienne (1878 - 1936), Jacques Antoine (1880 - 1952) y Edmund André (1883 - 1942).
En 1903 designó como sucesor a su hijo Jacques Antoine.

 

 

ANTONIO III
(1880-1952)

Antonio IIIJacques Antoine Bernard sucedió a su madre a la muerte de ésta en 1916, manteniendo los títulos adoptados por ella de princesa y el tratamiento de Alteza Serenísima.
Casó tres veces. La primera vez lo hizo con Andree Emilie Coquelin, con quien tendrá a su hijo Jacques Andree Bernard (1907-1972). La segunda vez lo hizo con Suzanne Anna Eugénie Legat, con quien tendrá otro hijo, Michel Bernard. La tercera vez contrae matrimonio con Ingrid Möller, de cuya unión nacerá Marie Laure Bernard.
Debió ser que sus descendientes tuvieron la vergüenza de no continuar con tan ilusorios títulos, puesto que el 12 de mayo de 1951 abdicó sus supuestos derechos al ilusorio trono de Araucanía y Patagonia en Philippe Boiry.

 

 

FELIPE I
(1927-2014)

Felipe IPhilippe Boiry dijo tener algún grado de parentesco con el fundador, Orllie-Antoine I, pero como esta relación familiar no he podido encontrarla plasmada en ningún lugar, ni siquiera en la web oficial del reino de Araucanía y Patagonia, la supongo tan ilusoria como el propio reino. El mismo Felipe I afirma no tener ninguna relación familiar con su antecesor cuando afirma “...con el que no teníamos ningún vínculo de parentesco.”
Casó dos veces, primero en 1950 con Jacqueline-Dominique Marquain, de quien enviudó en 1978. Se volvió a casar en 1996 con Elisabeth de Chavigny, volviendo a quedar viudo en 2006.
Por “Decreto-Ley” declaró el 24 de junio día del “Año Nuevo Mapuche”, pasando a publicar con motivo de esta “festividad” su anual mensaje de Año Nuevo.
Murió sin hijos que lo sucedieran. En 1978 había reformado la “Constitución” añadiéndole unas disposiciones adicionales que le permitieran nombrar a su sucesor a su completo antojo, amparándose en una singular afirmación que plasmó en tal disposición adicional: “Quien hace la ley la deshace” y haciendo una curiosa interpretación del texto del acto de fundación del pretendido reino y su supuesta Constitución al decir que “hablan únicamente de un orden hereditario, pero no especifican si dicho orden debe ser de parentesco natural o ficticio.”
Nombró sucesor al presidente del “Consejo del Reino”, a quien con anterioridad había otorgado el rimbombante título de duque de San Pedro de Hueyusco, Jean-Michel Parasiliti di Para.

 

Antonio IV

ANTONIO IV
(1942)

Nombrado sucesor por Felipe I y ratificado por el “Consejo del Reino” que presidía, Jean-Michel Parasiliti di Para no tiene ningún vínculo familiar con Orllie-Antoine I. Sucedió a Felipe I en enero de 2014.
Casado, es padre de dos hijos que, tal vez siguiendo la costumbre de los parientes de los intitulados príncipes de Araucanía y Patagonia, posean la suficiente vergüenza como para no continuar con semejante fantasía y obliguen nuevamente al “Consejo del Reino” a traspasar el curioso título a algún nuevo pretendiente con delirios de grandeza.

 

 

 

 


 

Circunstancias a considerar en referencia al supuesto derecho al trono de la Araucanía y Patagonia

 

El hecho quizás más destacado del gobierno chileno del marqués de Baydes fue lograr la paz fijada con los indios araucanos, conseguida por medio de los misioneros jesuitas y acordada en el parlamento de Quillén (1641), en el cual los caciques araucanos reconocían como señor al rey de España y le juraban vasallaje.
Durante la época virreinal, hasta la independencia de las repúblicas chilena y argentina, ningún estado intentó tomar posesión de estas tierras considerándolas “sin dueño” o no dependientes de ninguna nación. Simplemente esos territorios pertenecieron primero al virreinato del Perú y posteriormente a los virreinatos del Perú -dentro del territorio de la Gobernación de Chile- y de Buenos Aires.
Orden de la Corona de AceroCon la independencia de la Argentina y de Chile, la jurisdicción de este territorio pasó respectivamente a éstos estados, que mantuvieron un conflicto de límites hasta 1902, en que un arbitraje internacional delimitó la frontera entre ambos países en la zona patagónica. Cabe recordar que a la fundación del reino de Araucanía y Patagonia, España había reconocido ya la independencia de las dos naciones.
De esta manera podemos considerar completamente falsa o infundada la afirmación de Orllie-Antoine I, y sobre la que basa sus derechos dinásticos, de que “...Araucanía no depende de ningún Estado...”. En idéntica caprichosa manera se anexiona la Patagonia unos días después.
La afirmación de que los caciques araucanos y patagónicos lo habían reconocido como su soberano puede ser interpretada como una mera ilusión de Orllie-Antoine I, o simplemente una narración de los hechos a su propia conveniencia. No hacía falta mucho para animar a los caciques al malón, que con su pillaje generaba a los indios numerosas cautivas y cabezas de ganado. Muchos han interpretado de ésta manera el hecho de que Quilapán se plegara a la farsa de Orllie-Antoine de Tounens.
Hay que destacar que Namuncurá -hijo de Calfucurá, de la dinastía de los Piedra, llegados desde Chile a la Patagonia, donde exterminaron con engaño a los indios que habitaban las tierras que los Curá ambicionaban- desoyó completamente las arengas de Orllie-Antoine I, no reconociéndole condición real alguna; acaso también el rey de origen francés salvara el pellejo en virtud de su amistad con los otros caciques. Añadamos que Namuncurá era un cacique principal, al que otros caciques reconocían como jefe o superior, y no olvidemos que Namuncurá murió siendo argentino.
En ningún momento Orllie-Antoine habla de otros caciques principales. No menciona al cacique Shaihueque (hijo de Chocorí), gobernador del país de las Manzanas, de quien eran tributarios muchos otros caciques, y que siempre se consideró argentino. Sin embargo, los intitulados reyes y príncipes de Araucanía y Patagonia en el exilio, no tienen mayor empacho en anexionarse sus territorios. No se menciona a los Catriel. Tampoco a Chacayal, pariente de Shaihueque, que en un parlamento presenciado por el Perito Moreno en 1876 afirma “Desde San Antonio no he comido caritun2 de huinca”, lo que indica que durante todo el período en que Orllie-Antoine I habría intentado construir su reino no habrían realizado malones. Afirma también que “Namuncurá es intruso y Dios no le dio esos campos... Quilapán peleó en Chile, pero Quilapán murió”, demostrando de esta forma –como es sabido- que Namuncurá no tenía “derechos” a la tierra que ocupaba, salvo los debidos a la fuerza de sus lanzas; y que efectivamente, Quilapán no necesitaba demasiadas excusas para levantar las lanzas y el malón contra los chilenos. Chacayal cubría su cabeza con un sombrero que le regalara Rosas muchos años atrás, en cuya cinta se podía leer “Viva la Confederación Argentina, mueran los salvajes unitarios”.
No se menciona al mapuche Coliqueo, descendiente de Caupolicán; ni al tehuelche Inacayal, ni a tantos otros.
Podríamos decir que el único cacique principal que siguió a Orllie-Antoine I fue Quilapán, y que posiblemente lo hiciera como excusa para levantar el malón junto a otros caciques. En todo caso, Orllie-Antoine I debió huir de su hipotético “reino” cuando el coronel Saavedra ofreció una recompensa económica por su cabeza, para no ser entregado por sus propios “subditos” que no parecen haber dado mucho valor a su condición real.

Orden de la Estrella del SurEl primer rey de Araucanía y Patagonia murió sin sucesión. En su testamento otorgado durante su prisión en Los Ángeles el 25 de enero de 1862, nombra como herederos “a Juan de Tounens, nuestro padre bien amado; en el caso de no aceptación de su parte, el primogénito Juan de Tounens, nuestro hermano bien amado; y a falta de consentimiento de éste último, su hijo Adriano Juan de Tounens y de sus descendientes en línea recta, a perpetuidad.
Para el caso que nuestro sobrino bien amado falleciera sin posteridad, o que se extinguiera su estirpe, designamos en su puesto y lugar a su hermana, nuestra sobrina bien amada Leda Juana de Tounens y sus descendientes en línea recta, a perpetuidad.
Para el caso de fallecimiento de esta última sin posteridad, o que se extinguiera su estirpe, instituimos herederos a nuestro segundo hermano bien amado y sus descendientes en línea recta, a perpetuidad.
Iguales derechos incumbirán a nuestro tercero y cuarto y quinto hermanos bien amados, lo mismo que a sus descendientes, para el caso de fallecimiento o extinción de la estirpe, como se infiere más arriba.
Los hijos del sexo masculino tendrán siempre la preferencia sobre los del sexo femenino, en la misma línea.
Para el caso de que las ramas de mis cinco hermanos bien amados vinieran a extinguirse, los mismos derechos incumbirán, de acuerdo con el sistema instituido,  a mis tres hermanas bien amadas.”

La realidad histórica es que de los ocho hermanos del intitulado I rey de Araucanía y Patagonia, y su descendencia, todos tuvieron el suficiente sentido de la vergüenza como para no “heredar” reino semejante. Tuvo Orllie-Antoine I que buscar heredero en un primo segundo y hacer nuevo testamento para nombrarlo heredero. Cumplía de esta manera con la Constitución del 17 de noviembre de 1860, que en su primer párrafo ordena que el trono será ocupado “...después de nuestra muerte, por nuestros descendientes en línea directa, y en defecto de éstos, por herederos tomados en las otras ramas de nuestra familia”.

De esta manera, Aquiles I cumplía con lo designado por Orllie-Antoine I en la fundación del reino, pero al morir éste sin sucesión y sin ningún pariente con ánimo de llevar a cabo la humorada de convertirse en rey de un estado ilusorio, el Consejo del Reino eligió como nuevo rey a su presidente, Antonio Hipólito Cros. El nuevo rey, Antonio II, no tenía ningún derecho dinástico sobre el hipotético estado de Araucanía y Patagonia.
Antonio II tuvo más suerte que sus antecesores y consiguió que se prestaran al juego su hija Laura Teresa I, y su nieto Antonio III, si bien lo hicieron detentando el título de príncipes y no como reyes, declinando el tratamiento de Majestad por el más modesto de Alteza Serenísima.

Felipe IA la muerte de Antonio III veremos nuevamente cambiar de familia la sucesión al trono, ya que éste nombró sucesor a Philippe Boiry, quien no tenía ningún parentesco con su antecesor –como el mismo afirma- pero que dice tener algún parentesco con Orllie-Antoine I, me imagino que en una manera de legalizar esta sucesión. Adoptado ya el nombre de Felipe I y sin descendientes que lo sucedieran, en 1978 emite “Considerando la particular situación creada por Nuestro exilio” una Disposición Adicional a la Constitución de 1860, regulando la sucesión al trono, interpretando que el acto de fundación y la Constitución “no especifican si dicho orden debe ser de parentesco natural o ficticio”, establece que el heredero puede ser nombrado por el príncipe poco menos que a su libre albedrío. El mismo nombra sucesor a Jean-Michel Parasiliti di Para, que a la reciente muerte de Felipe I el 5 de enero de 2014, pasó a detentar el fantasioso trono de Araucanía y Patagonia el 9 de enero del mismo año con el nombre de Antonio IV.
Sabiendo de la pertenencia de Orllie-Antoine I a la masonería (figura en las actas del 10 y del 17 de octubre de 1876 de la Logia Obediencia a la Ley Nº 13) y viendo a Felipe I ataviado con su mandil de venerable maestro, me surge una duda que posiblemente quedará sin respuesta: ¿suceden al trono de Araucanía y Patagonia aquellas personas dispuestas a seguir el juego y la humorada de instituirse soberanos en el exilio de un extenso territorio en América? ¿lo hacen personas con pocos escrúpulos que esperan, tal vez, lograr algún lucro con la venta de monedas, banderas, falsos títulos nobiliarios y órdenes de caballería?, o por el contrario ¿es simplemente una sucesión concertada o acordada en el seno de alguna logia?


NOTAS

1.- Namuncurá fue padre, en la chilena cautiva Rosario Burgos, del beato Ceferino Namuncurá, nacido en Chimpay, Río Negro, en 1886 y fallecido en Roma, en 1905.

2.- “Caritun” significa carne cruda. Por “San Antonio” se refiere a la estancia de este nombre, dónde en 1855 tuvo lugar una espantosa carnicería en la que Chacayal y Shaihueque tomaron parte, de la cual se salvó un único soldado que en 1915 servía de guardián en el Museo Histórico Nacional, en Buenos Aires.

 

BIBLIOGRAFÍA

BRAUN MENÉNDEZ, Armando.
“Pequeña historia patagónica”. Buenos Aires: Emecé, 1959.

GALATOIRE, Adolfo R.
“Reyes franceses para la Patagonia”, en Todo es Historia nº 8. Buenos Aires, 1967.

LAPPAS, Alcibíades.
“La masonería argentina a través de sus hombres”. Buenos Aires, 1966.

MORENO, Eduardo V; rec.
“Reminiscencias de Francisco P. Moreno. Versión propia documentada”. Buenos Aires: Eudeba, 1979.

Datos y archivo existentes en la web oficial del reino de Araucanía y Patagonia, tanto en su parte pública como en la reservada. www.araucanie.com