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El trono de la Araucanía y Patagonia - IIIª Parte

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Circunstancias a considerar en referencia al supuesto derecho al trono de la Araucanía y Patagonia

 

El hecho quizás más destacado del gobierno chileno del marqués de Baydes fue lograr la paz fijada con los indios araucanos, conseguida por medio de los misioneros jesuitas y acordada en el parlamento de Quillén (1641), en el cual los caciques araucanos reconocían como señor al rey de España y le juraban vasallaje.
Durante la época virreinal, hasta la independencia de las repúblicas chilena y argentina, ningún estado intentó tomar posesión de estas tierras considerándolas “sin dueño” o no dependientes de ninguna nación. Simplemente esos territorios pertenecieron primero al virreinato del Perú y posteriormente a los virreinatos del Perú -dentro del territorio de la Gobernación de Chile- y de Buenos Aires.
Orden de la Corona de AceroCon la independencia de la Argentina y de Chile, la jurisdicción de este territorio pasó respectivamente a éstos estados, que mantuvieron un conflicto de límites hasta 1902, en que un arbitraje internacional delimitó la frontera entre ambos países en la zona patagónica. Cabe recordar que a la fundación del reino de Araucanía y Patagonia, España había reconocido ya la independencia de las dos naciones.
De esta manera podemos considerar completamente falsa o infundada la afirmación de Orllie-Antoine I, y sobre la que basa sus derechos dinásticos, de que “...Araucanía no depende de ningún Estado...”. En idéntica caprichosa manera se anexiona la Patagonia unos días después.
La afirmación de que los caciques araucanos y patagónicos lo habían reconocido como su soberano puede ser interpretada como una mera ilusión de Orllie-Antoine I, o simplemente una narración de los hechos a su propia conveniencia. No hacía falta mucho para animar a los caciques al malón, que con su pillaje generaba a los indios numerosas cautivas y cabezas de ganado. Muchos han interpretado de ésta manera el hecho de que Quilapán se plegara a la farsa de Orllie-Antoine de Tounens.
Hay que destacar que Namuncurá -hijo de Calfucurá, de la dinastía de los Piedra, llegados desde Chile a la Patagonia, donde exterminaron con engaño a los indios que habitaban las tierras que los Curá ambicionaban- desoyó completamente las arengas de Orllie-Antoine I, no reconociéndole condición real alguna; acaso también el rey de origen francés salvara el pellejo en virtud de su amistad con los otros caciques. Añadamos que Namuncurá era un cacique principal, al que otros caciques reconocían como jefe o superior, y no olvidemos que Namuncurá murió siendo argentino.
En ningún momento Orllie-Antoine habla de otros caciques principales. No menciona al cacique Shaihueque (hijo de Chocorí), gobernador del país de las Manzanas, de quien eran tributarios muchos otros caciques, y que siempre se consideró argentino. Sin embargo, los intitulados reyes y príncipes de Araucanía y Patagonia en el exilio, no tienen mayor empacho en anexionarse sus territorios. No se menciona a los Catriel. Tampoco a Chacayal, pariente de Shaihueque, que en un parlamento presenciado por el Perito Moreno en 1876 afirma “Desde San Antonio no he comido caritun2 de huinca”, lo que indica que durante todo el período en que Orllie-Antoine I habría intentado construir su reino no habrían realizado malones. Afirma también que “Namuncurá es intruso y Dios no le dio esos campos... Quilapán peleó en Chile, pero Quilapán murió”, demostrando de esta forma –como es sabido- que Namuncurá no tenía “derechos” a la tierra que ocupaba, salvo los debidos a la fuerza de sus lanzas; y que efectivamente, Quilapán no necesitaba demasiadas excusas para levantar las lanzas y el malón contra los chilenos. Chacayal cubría su cabeza con un sombrero que le regalara Rosas muchos años atrás, en cuya cinta se podía leer “Viva la Confederación Argentina, mueran los salvajes unitarios”.
No se menciona al mapuche Coliqueo, descendiente de Caupolicán; ni al tehuelche Inacayal, ni a tantos otros.
Podríamos decir que el único cacique principal que siguió a Orllie-Antoine I fue Quilapán, y que posiblemente lo hiciera como excusa para levantar el malón junto a otros caciques. En todo caso, Orllie-Antoine I debió huir de su hipotético “reino” cuando el coronel Saavedra ofreció una recompensa económica por su cabeza, para no ser entregado por sus propios “subditos” que no parecen haber dado mucho valor a su condición real.

Orden de la Estrella del SurEl primer rey de Araucanía y Patagonia murió sin sucesión. En su testamento otorgado durante su prisión en Los Ángeles el 25 de enero de 1862, nombra como herederos “a Juan de Tounens, nuestro padre bien amado; en el caso de no aceptación de su parte, el primogénito Juan de Tounens, nuestro hermano bien amado; y a falta de consentimiento de éste último, su hijo Adriano Juan de Tounens y de sus descendientes en línea recta, a perpetuidad.
Para el caso que nuestro sobrino bien amado falleciera sin posteridad, o que se extinguiera su estirpe, designamos en su puesto y lugar a su hermana, nuestra sobrina bien amada Leda Juana de Tounens y sus descendientes en línea recta, a perpetuidad.
Para el caso de fallecimiento de esta última sin posteridad, o que se extinguiera su estirpe, instituimos herederos a nuestro segundo hermano bien amado y sus descendientes en línea recta, a perpetuidad.
Iguales derechos incumbirán a nuestro tercero y cuarto y quinto hermanos bien amados, lo mismo que a sus descendientes, para el caso de fallecimiento o extinción de la estirpe, como se infiere más arriba.
Los hijos del sexo masculino tendrán siempre la preferencia sobre los del sexo femenino, en la misma línea.
Para el caso de que las ramas de mis cinco hermanos bien amados vinieran a extinguirse, los mismos derechos incumbirán, de acuerdo con el sistema instituido,  a mis tres hermanas bien amadas.”

La realidad histórica es que de los ocho hermanos del intitulado I rey de Araucanía y Patagonia, y su descendencia, todos tuvieron el suficiente sentido de la vergüenza como para no “heredar” reino semejante. Tuvo Orllie-Antoine I que buscar heredero en un primo segundo y hacer nuevo testamento para nombrarlo heredero. Cumplía de esta manera con la Constitución del 17 de noviembre de 1860, que en su primer párrafo ordena que el trono será ocupado “...después de nuestra muerte, por nuestros descendientes en línea directa, y en defecto de éstos, por herederos tomados en las otras ramas de nuestra familia”.

De esta manera, Aquiles I cumplía con lo designado por Orllie-Antoine I en la fundación del reino, pero al morir éste sin sucesión y sin ningún pariente con ánimo de llevar a cabo la humorada de convertirse en rey de un estado ilusorio, el Consejo del Reino eligió como nuevo rey a su presidente, Antonio Hipólito Cros. El nuevo rey, Antonio II, no tenía ningún derecho dinástico sobre el hipotético estado de Araucanía y Patagonia.
Antonio II tuvo más suerte que sus antecesores y consiguió que se prestaran al juego su hija Laura Teresa I, y su nieto Antonio III, si bien lo hicieron detentando el título de príncipes y no como reyes, declinando el tratamiento de Majestad por el más modesto de Alteza Serenísima.

Felipe IA la muerte de Antonio III veremos nuevamente cambiar de familia la sucesión al trono, ya que éste nombró sucesor a Philippe Boiry, quien no tenía ningún parentesco con su antecesor –como el mismo afirma- pero que dice tener algún parentesco con Orllie-Antoine I, me imagino que en una manera de legalizar esta sucesión. Adoptado ya el nombre de Felipe I y sin descendientes que lo sucedieran, en 1978 emite “Considerando la particular situación creada por Nuestro exilio” una Disposición Adicional a la Constitución de 1860, regulando la sucesión al trono, interpretando que el acto de fundación y la Constitución “no especifican si dicho orden debe ser de parentesco natural o ficticio”, establece que el heredero puede ser nombrado por el príncipe poco menos que a su libre albedrío. El mismo nombra sucesor a Jean-Michel Parasiliti di Para, que a la reciente muerte de Felipe I el 5 de enero de 2014, pasó a detentar el fantasioso trono de Araucanía y Patagonia el 9 de enero del mismo año con el nombre de Antonio IV.
Sabiendo de la pertenencia de Orllie-Antoine I a la masonería (figura en las actas del 10 y del 17 de octubre de 1876 de la Logia Obediencia a la Ley Nº 13) y viendo a Felipe I ataviado con su mandil de venerable maestro, me surge una duda que posiblemente quedará sin respuesta: ¿suceden al trono de Araucanía y Patagonia aquellas personas dispuestas a seguir el juego y la humorada de instituirse soberanos en el exilio de un extenso territorio en América? ¿lo hacen personas con pocos escrúpulos que esperan, tal vez, lograr algún lucro con la venta de monedas, banderas, falsos títulos nobiliarios y órdenes de caballería?, o por el contrario ¿es simplemente una sucesión concertada o acordada en el seno de alguna logia?


NOTAS

1.- Namuncurá fue padre, en la chilena cautiva Rosario Burgos, del beato Ceferino Namuncurá, nacido en Chimpay, Río Negro, en 1886 y fallecido en Roma, en 1905.

2.- “Caritun” significa carne cruda. Por “San Antonio” se refiere a la estancia de este nombre, dónde en 1855 tuvo lugar una espantosa carnicería en la que Chacayal y Shaihueque tomaron parte, de la cual se salvó un único soldado que en 1915 servía de guardián en el Museo Histórico Nacional, en Buenos Aires.

 

BIBLIOGRAFÍA

BRAUN MENÉNDEZ, Armando.
“Pequeña historia patagónica”. Buenos Aires: Emecé, 1959.

GALATOIRE, Adolfo R.
“Reyes franceses para la Patagonia”, en Todo es Historia nº 8. Buenos Aires, 1967.

LAPPAS, Alcibíades.
“La masonería argentina a través de sus hombres”. Buenos Aires, 1966.

MORENO, Eduardo V; rec.
“Reminiscencias de Francisco P. Moreno. Versión propia documentada”. Buenos Aires: Eudeba, 1979.

Datos y archivo existentes en la web oficial del reino de Araucanía y Patagonia, tanto en su parte pública como en la reservada. www.araucanie.com