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El trono de la Araucanía y Patagonia

Ratio:  / 36
MaloBueno 

 por Mariano Vilella y Sánchez Viamonte



Una sucesión de falsos príncipes

 

Con motivo de la reciente muerte de Philippe Boiry, intitulado S.A.S. Felipe I, príncipe de Araucanía y Patagonia, y su posterior sucesión por Jean-Michel Parasiliti di Para, como Antonio IV, pude ver cómo se entablaban ciertos comentarios, normalmente jocosos, sobre tan disparatado reino y sucesión. En todo caso, me sorprendió ver que algunas personas daban cierto viso de legitimidad en el supuesto reconocimiento por parte de los caciques.
En estas breves líneas espero contar, aunque sólo sea de manera muy abreviada, la historia de la fundación y sucesión en tan disparatado reino, y cómo la supuesta legitimidad es sólo fruto de la ilusión o de la conveniencia tanto del fundador como de sus controvertidos sucesores, ya que en este caso no se puede hablar de descendientes.
No espere el lector encontrar aquí un trabajo de investigación, puesto que no es sino una escueta relación sobre la romántica aventura de un pícaro procurador de los tribunales franceses y su curiosa sucesión hasta nuestros días, que protagonizan la más dilatada sucesión de falsos príncipes de que se tenga memoria. Sin duda mucho más se podría escribir sobre esta graciosa dinastía, pero entonces estas líneas ya no serían lo que son: un breve escrito para divertimento de su autor, que espera ser también de entretenimiento para sus lectores.

 

***

Los pretendientes al supuesto reino de Araucanía y Patagonia basan sus hipotéticos derechos en una proclamación como rey de Orllie-Antoine de Tounens por parte de los caciques de la Araucanía y la Patagonia.

Fundamentan, además, el este derecho en una soberanía supuestamente reconocida a los caciques en el Parlamento de Quillén de 1641.

Recordemos un poco la fantástica historia de Antoine de Tounens, que se añadiría el Orllie que no aparece en su acta de nacimiento, y de sus sucesores en el imaginario trono en el exilio de Araucanía y Patagonia:

ORLLIE-ANTOINE I
(1825 – 1878)

Mr. de Tounens desembarcó en Coquimbo (Chile) en 1858 y durante dos años parece haber estado preparando su futuro reino. A mitad de octubre de 1860 inició su viaje a la Araucanía desde la ciudad chilena de Valdivia, haciéndolo en compañía de una caravana de comerciantes.
Parece ser que el cacique Quilapán, quien no sentía demasiadas simpatías por los “huincas” chilenos, lo acogió en sus tolderías.  Fue estando allí que Orllie-Antoine redactó el 17 de noviembre de 1860, su primer decreto creando el nuevo reino.

“Nos, Príncipe Orllie Antoine de Tounens,
Considerando que Araucanía no depende de ningún Estado; que se halla dividida por tribus y que un Gobierno central es reclamado tanto en interés particular como en el orden general:
Decretamos lo que sigue:
Art. Iº: Una monarquía constitucional y hereditaria ha sido fundada en Araucanía; el Príncipe Orllie-Antoine de Tounens ha sido nombrado Rey.
Art. IIº: En el caso en que el Rey no tuviera descendientes, sus herederos se tomarán en las otras líneas de la familia, siguiendo el orden que será establecido ulteriormente por una ordenanza real.
Art. IIIº: Hasta que los grandes cuerpos del Estado sean constituidos, las ordenanzas reales tendrán fuerza de ley.
Art. IVº: Nuestro Ministro Secretario de Estado está a cargo de los presentes decretos.
Hecho en Araucanía, a 17 de noviembre de 1860.
Firmado: ORELIE ANTOINE I,
Por el Rey: el Ministro de Estado del Departamento de Justicia. Firmado: F. Desfontaine.”

No son pocas las personas que han supuesto que el cacique Quilapán tal vez viera en el nuevo reino excusa suficiente para efectuar sus malones. Ese mismo día, el ya intitulado Orllie-Antoine I aprueba la constitución por la que ha de regirse el nuevo reino y otros decretos.
Inmediatamente después procede a dar publicidad a la independencia de su nuevo reino, enviando copias de sus decretos al Mercurio de Valparaíso y al Ferrocarril y a la Revista Católica de Santiago. De igual modo escribe al presidente de Chile, Manuel Montt, en los siguientes términos:

“Excelencia:
Nos ORLLIE-ANTOINE IER. Por la gracia de Dios, Rey de la Araucanía, nos hacemos un honor de imponerlo de nuestro advenimiento al trono que acabamos de fundar en Araucanía. ¡Pedimos a Dios, Excelencia, que os tenga en su santa y digna guarda! Hecho en Araucanía el 27 de noviembre de 1860.
                Firmado: ORLLIE-ANTOINE IER.”

Según las propias memorias del pintoresco monarca de la Araucanía, los demás caciques patagónicos enviaron a sus representantes a los toldos de Quilapán para unirse al nuevo reino. Ya sea de esta manera o simplemente porque al nuevo monarca le pareciera bien ampliar sus estados, emite un decreto del 20 de noviembre cuyo artículo 1º contiene: “La Patagonia queda reunida desde hoy a nuestro Reino de la Araucanía...”, incorporando de caprichosa manera un dilatado territorio desde el Río Negro hasta el Estrecho de Magallanes.
Una vez emitidos estos decretos, volvió a Valparaíso, donde pretendió que se le reconociera su real jerarquía, sin obtener ningún éxito. En sus memorias, pretende ver como un tácito reconocimiento de Chile el que este país hiciera caso omiso a la publicidad dada a su reino con éstas palabras: “...si el Gobierno de Chile rigiera y administrara positivamente la Araucanía, ¿no se habría apresurado a arrestar a quien se intitulaba rey de Araucanía? Dejarme en libertad, ¿no era confesar paladinamente que no tenía ningún derecho sobre ese país y que sus leyes no surtían allí efecto alguno?”

En 1861 vuelve a su supuesto reino, llegando a las tolderías del cacique Levín, al que promete ayuda para hacer la guerra a Chile y hacer respetar la frontera hasta el Bío-Bío, exigiendo a cambio “que lo proclamaran por rey de la Araucanía”. Con ese motivo se unen a ellos los caciques Leucón y Levio con sus indiadas. Al día siguiente se dirige hasta el asentamiento del cacique Villamís y cruzando el río Traiguén llega hasta los toldos de Namuncurá1, quien hizo oídos sordos ante las arengas de Orllie-Antoine I.
En las tolderías del cacique Guantecol se reunieron las indiadas a escuchar su arenga en la que los animaba a la guerra con Chile con singular optimismo, no creyendo difícil “que con pocas descargas nos tomemos a Santiago.” El cacique Guantecol le promete, después del parlamento en sus tolderías, que podría disponer de doce mil indios en ese momento y hasta de treinta mil más adelante.
Posteriormente, pasa a visitar las tolderías de Canglo, Levio y Meliú, para realizar sus parlamentos también con ellos y les comunica sus proyectos de “reunir en Angol en el término de ocho días un considerable contingente de indios armados, que llevará a orillas del río Bío-Bío”.
El 5 de enero de 1862, parte en dirección a las tolderías del cacique Trinte. Durante el camino, traicionado por sus propios lenguaraces, una partida de policía de Nacimiento (Chile) lo apresa y conduce a la celda del fuerte de aquella ciudad. El día 7 es trasladado a la cárcel de Los Ángeles, en la cual va a permanecer por más de nueve meses, y donde suponiendo su inmediata ejecución redacta su testamento. En la declaración que se le toma manifiesta llamarse Orllie-Antoine de Tounens, “titulado príncipe, pero sin principado”. Interrogado por sus arengas a los indios para expulsar a los chilenos hasta el Bío-Bío, manifiesta ser estos hechos falsos, pese al testimonio que prestaron los que le acompañaban en aquella oportunidad.
El fiscal lo consideraba un perturbador del orden público, delito que se pagaba en el patíbulo; el juez, posiblemente más indulgente, intentaba declararse incompetente. Interviene entonces el encargado de negocios de Francia, presumiendo “que el procesado no se halla en el pleno goce de sus facultades”. El médico de la ciudad, Enrique Burks, lo reconoce y declara “dicho Antonio 1º está en su sana razón y juicio, y capaz de conocer todos sus actos.” El fiscal, que ha pasado de pedir la muerte del reo a la internación en un manicomio, debe ahora solicitar nuevamente una pena, y el 1º de mayo “viene a acusar a Orllie Antoine de Tounens como perturbador del orden público y pedir a V.S. se sirva declararlo criminal y condenarlo a diez años de cárcel penitenciaria.” El 19 de julio, pese al informe médico, el juez Matus determina que el reo no estaba en su sano juicio y lo condena a ingresar en la Casa de Orates de Santiago, de dónde podrá sacarlo algún familiar o el encargado de negocios de Francia, para su repatriación.
En efecto, el diplomático francés lo reclamó antes de su ingreso en la institución mental y lo embarcó en el navío de guerra Duguay-Trouin con destino al puerto de Brest.

En Francia fundará el periódico oficial de su reino, “La Corona de Acero”, y publicará sus memorias en el año 1863. Miembro de la masonería, al pronunciar el Papa la excomunión para todos los masones franceses, apela al Vaticano. Solicita al Senado francés una pensión vitalicia a hacerse efectiva desde la fecha de su captura por las autoridades chilenas.

A mediados de 1869, vuelve a desembarcar en la ensenada de San Antonio (Argentina), al sur de la desembocadura del Río Negro, en compañía de un acompañante de nombre Pietro Tappa. Siguiendo el curso del Río Negro llegaron hasta la isla de Choele-Choel, en donde fué capturado por los indios pampas, siendo salvado del tormento y la muerte por Lemunao, quien sabía de su amistad de años atrás con el cacique Quilapán. Orillando el Río Negro primero y el Limay después hasta llegar a la cordillera y cruzarla por el Lonquimay, Lemunao lo escolta hasta llegar a las tolderías de Quilapán.
En diciembre de 1869, el coronel Cornelio Saavedra, quien ya interrogara a Orllie-Antoine en 1861, recibe la noticia de un levantamiento de algunas tribus que “instaban a los caciques de todo el territorio para un movimiento general” y que se encontraba entre ellas “el aventurero Antonio Orllie”. Incluso parece que Orllie-Antoine llegó a dar un ultimátum por escrito al general Pinto para que éste la hiciese llegar al gobierno de Chile.
Saavedra reunió el 20 de enero de 1870 en Tolten, un parlamento con lo más selecto de los caciques de entre los ríos Imperial y Tolten, advirtiéndoles sobre el riesgo que contraían quienes se dejaran embaucar por gentes “tan criminales como Orllie” y ofreciendo por su cabeza “dos almudes o cutamas de pesos fuertes”.
Ni los soldados de Saavedra ni las indiadas de los caciques pudieron dar con Orllie-Antoine I. Cruzó la cordillera nuevamente y llegó hasta las tolderías de Calfucurá, en Salinas Grandes, desde donde posteriormente se dirigió a Bahía Blanca, para embarcar hacia Buenos Aires, dónde llegó el 2 de julio de 1871 y dio a publicidad su presencia dirigiéndose a los diarios La Prensa, La Nación y La Tribuna. Éste último, en tono irónico lamentaba que “no se le haya hecho la recepción debida a su alto rango”.
Pasó luego a Montevideo, desde donde retornó a Francia.

En 1872 se instala en París, dando nuevamente publicidad a sus aventuras y a sus supuestos derechos al trono de Araucanía y Patagonia, encontrando en Londres un banquero poco escrupuloso, de nombre Jacobo Michael, con quien acordó “la emisión de un empréstito que iba a asegurar a su empresa los elementos materiales de que había menester”.
Comenzaron a vender los títulos del empréstito y a darse publicidad en el periódico Le Gaulois. Ante tal circunstancia, el cónsul chileno en Paris resolvió enviar a Le Gaulois un comunicado en el que afirmaba “que la Araucanía es una provincia de Chile enclavada en su territorio, sobre la cual ejerce el gobierno su jurisdicción” y que “cualquier expedicionario que en violación de nuestras leyes se dirigiera sobre ella será considerado y tratado como pirata”.
Hecho público el comunicado del representante del gobierno chileno, los títulos del empréstito de reino araucano vieron esfumarse su valor y el proyecto de Orllie-Antoine I se vino abajo.

Nuevamente desembarcó en Buenos Aires en abril de 1874, con el nombre falso de Juan Prat, embarcándose unos días después hasta Patagones, con escala en Bahía Blanca, en el pailebote Pampita.
Durante su escala en Bahía Blanca, el coronel Julián Murga, que lo había tratado en compañía del cacique Lemunao en la isla de Choele-Choel, lo reconoció y detuvo, volviendo nuestro personaje a embarcar hacia Francia, donde denunció en la prensa el atropello cometido con su persona en la República Argentina.

En su nueva etapa parisina, organizó una corte alrededor de su regia personalidad, cazando incautos para el mantenimiento de los gastos de su corte en el exilio y otorgando, dependiendo del importe de los favores recibidos, títulos nobiliarios o la Real Orden de la Estrella del Sur. También, desde 1874, comenzó a acuñar monedas con cuya venta a los coleccionistas hacía su peculio. Sin embargo sus muchos acreedores le impidieron mantener su vida en París y resolvió volver a la Dordoña, donde unos amigos le consiguieron un puesto de lamparero público en el municipio de Tourtoirac.
El año de 1878 ve aparecer un nuevo libro de Orllie-Antoine: “Araucanie”. Es también en ese año que ingresa en el hospital provincial en el cual expira un 19 de septiembre, siendo los gastos de su inhumación costeados por el municipio debido a la precaria situación económica del difunto.