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Alambrados y prepotencia... una tradición de toda la vida!

Ratio:  / 3
MaloBueno 

por Carlos F. Ibarguren Aguirre
Extraído de Los Antepasados, Buenos Aires, 1983
Tomo X, Los Pueyrredon

 

A propósito de alambrados, en seguida de adquirir don Manuel Aljandro Aguirre la chacra de Pueyrredon en 1856, es decir a los diez años de haber Newton importado los primeros rollos de alambre con destino a preservar las verduras de su estancia “Santa María” en Chascomús, y prácticamente al mismo tiempo en que Halbach — 1856 — alambrara todo el perímetro de su establecimiento “Los Remedios” en Cañuelas, el señor Aguirre, en San Isidro, utilizó también los hilos de acero para deslindar con ellos su propiedad. Por eso, cuando la historia recuerda a los precursores que adoptaron en sus campos aquel sistema de cercado y seguridad, a partir del cual comienza la era moderna de nuestras explotaciones rurales, el nombre de Manuel Aguirre no debe ser omitido.

Y para probar nuestro aserto, nada más elocuente que esta enérgica nota dirigida por Mercedes Anchorena de Aguirre, el 5-X-1858, a los munícipes del pago de la costa, cuyo texto es el siguiente: 

"Acabo de saber con sorpresa, que por orden de la Municipalidad de San Isidro ha ido una fuerza armada a mi chacra, y sin citarme ni oirme, ha procedido a arrancar todo el cerco de alambrado que por consentimiento de esa Municipalidad, y previa delineación que ella misma mandó hacer, puso mi marido D. Manuel Aguirre. Este ataque a mi propiedad y el modo de hacerlo sin guardar una sóla de las formas que las Leyes han establecido en garantía de los derechos del ciudadano — continúa el escrito, posiblemente redactado por Vélez Sársfield, que era abogado de mis bisabuelos —, me fuerzan a dirigirme a la Municipalidad protestando, como solemnemente protesto, contra aquella medida, y contra el modo vejatorio de ejecutarla, suplicando a los Señores Municipales que, en razón de hallarse mi Esposo ausente en sus estancias, se servirán admitirme esta protesta por todos los daños y perjuicios que mi Esposo reclamará ante Autoridad competente, y contra esa corporación colectivamente y contra sus miembros individualmente, porque cuando los procedimientos son del carácter del que se ha ejecutado en mi casa, la Ley dá esta acción al ciudadano. Dios guarde Uds. muchos años". Firma: Mercedes Anchorena de Aguirre.

Ya en 1868 — según consta en el inventario de la sucesión de doña Mercedes —, la chacra en su fracción delantera, contaba con casi 1.500 varas alambradas con líneas de tres hilos, sujetos con grampas a postes de ñandubay y ñapinday, entre dos filas de cercos de cina cina. Y en esos potreros del casco pastoreaban los caballos de tiro y silla, los bueyes de labor y “siete vacas lecheras inglesas”: las Guernesey, de cuya raza don Manuel fue el introductor en el país. Fuera de este parcelamiento del terreno comprendido entre el ex camino real y la barranca, el resto de la vasta heredad, hasta el fondo de la legua, incluía a tres puestos o poblaciones: “los Olivos” — más tarde quinta de Gómez Aguirre (“la casa chica”) — con su monte venerable de “setenta y seis olivos viejos”; “la Noria”, con su pozo y aparato correspondiente, instalados en el bajo que pertenecería después a los Balcarce; y “el Quintón”, aquella añeja casa de posta colonial, sobre el camino del alto, cuyo edificio con azotea, altillo y corredores, constituía una reliquia histórica que sacrificaron, imperdonablemente, ciertos dirigentes del Jockey Club para no torcer un poco la entrada del hipódromo.