GENEALOGÍA

Nuestra completa base de datos

Conquistadores, descubridores, gobernantes, caudillos, militares, escritores... descubra quiénes fueron, quiénes fueron sus mayores y quienes son sus descendientes.

Sumérjase en la más completa base de datos de genealogía de las familias tradicionales argentinas.

 

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HERÁLDICA

El arte del blasón

Disfrute, infórmese y aprenda disfrutando con los escudos de armas correspondientes a los linajes de más abolengo que han habitado el Virreinato del Río de la Plata.

 

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HISTORIA

Hechos que marcaron una época

Es imposible separar la genealogía de las familias que figuran en nuestra base de datos de la historia de América. Miembros de los linajes que aquí aparecen estudiados han sido próceres, virreyes, gobernadores, personalidades destacadas, etc.

 

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Pedro José Soler Núñez

Ratio:  / 5

por Alfredo Soler

 

El 3 de Mayo de 1882 nace Don Pedro José Soler Núñez en Vera, provincia de Almería, España. Emigra a la Argentina siendo muy joven para luego traer a su madre y hermanos y en donde desarrollaría una fructífera actividad industrial y comercial.

En la década de 1920 instala en la ciudad de Güemes, provincia de Salta una fábrica de alcoholes llamada “La Alcoholera Argentina” (de Pedro Soler y Cía), con sucursales en las provincias de Santa Fe y Buenos Aires, su producto saldría al mercado con el nombre de Alcohol Soler al igual que su Alcohol Fino Perfumado o lavanda.

En los mismos años funda en la ciudad de Santa Fe,  la “Gran Destilería Santa Fe” (de Pedro Soler y Cía) firma que se dedicaría a destilar, envasar y comercializar las más variadas bebidas con y sin alcohol importando para ello materia prima de diversos países.

En la década de 1930 en la provincia de Salta crea un molino harinero convirtiéndose en consignatario de la Cooperativa Agrícola Harinera de dicho lugar.

Por la misma época toma la concesión del “Gran Cine Alberdi” de la ciudad de Salta siendo representante para Salta y Jujuy de American Film.

Se dedicó también a la venta de tierras realizando loteos  y a la explotación maderera con otros socios fundando “La Forestal Salteña” desarrollando dicha actividad  el norte de la provincia.

Pero la concreción más importante de este visionario hombre fue fundar la firma Cerámica de Norte en la ciudad de Salta en el año 1936, firma que fue creciendo a través  de los años hasta nuestros días y donde desarrollan sus actividades  ya una cuarta generación de la familia Soler.

Don Pedro José Soler Núñez fallece en la ciudad de Buenos Aires el 29 de Abril de 1963 a la edad de ochenta años dejando un prolífera familia.

Abajo, algo del material gráfico asociado con las empresas de Pedro Soler. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Rodríguez de Estela

Ratio:  / 3

  por Carlos F. Ibarguren Aguirre
extraído de Los Antepasados, Buenos Aires 1983
Tomo X, "Rodríguez de Estela"

 

Por lo que se verá a continuación, y falta de escudo familiar concreto, podría colocarse a la cabeza y como blasón del linaje Rodríguez de Estela la estrella de David, antiguo y venerado símbolo para los israelitas de todos los tiempos en cualquier parte de la tierra...

A pesar de la Leyes de Indias, y de las terminantes prohibiciones contenidas en las cédulas complementarias que decían, por ejemplo: “Mandamos que ningún reconciliado, ni hijo ni nieto del que públicamente hubiese traído sambenito, ni hijo ni nieto de quemado o condenado por la herética parvedad y apostasía, por línea masculina ni femenina, pueda pasar ni pase a nuestras Indias, o Islas adyacentes, pena de perdimiento de todos sus bienes para nuestra Cámara y Fisco, y sus personas a nuestra merced; y si no tuviera bienes les dén cien azotes públicamente”. O: “El Governador del Río de la Plata y sus Tenientes no permitan que por los puertos de aquella Governación passen al Perú ni a otra parte extranjeros ni naturales sin particular licencia nuestra, pena de nuestra indignación, y de que mandaremos hacer exemplar castigo a los que huvieran entrado sin la dicha licencia, sin disimulación con ninguna persona ni causa”. A pesar de todas estas restricciones amenazantes, la afluencia de portugueses que continuamente venía filtrándose a través de las fronteras rioplatenses para internarse en el país, era cada vez mayor; al punto que, en 1636, el Fiscal de la Real Audiencia de Charcas, Sebastián de Alarcón, creyó de su deber denunciar, muy alarmado, al Soberano de España, el peligro que acá entrañaban  “tantos innumerables hebreos  que han entrado y de nuevo entran, por mayor crecimiento, por aquellas partes”.

Acorde a esto, en 1634 atracó a la costa de Buenos Aires cierto navío con negros y pasajeros portugueses, pretextando una arribada forzosa, El cargamento de esclavos, desde luego, sería decomisado ipso facto por las autoridades y vendido en remate a vil precio a Diego de Vera, socio del célebre traficante porteño y Regidor perpetuo Juan de Vergara; cuya camarilla mercantil era la única que conseguía permiso gubernamental para introducir y negociar africanos en el Alto Perú. En cuanto a los viajeros portugueses, entre ellos venía un muchacho de 20 años de edad, sefardita de raza, que se llamaba Juan Rodríguez de Estela.

Al pisar las “argentinas playas”, el errante judío quien sabe que pasado lleno de angustias acababa de dejar del otro lado del mar! Aquí, seguramente, al igual que tantos marranos de la estirpe de David, él acudía en busca de una tierra prometida donde vivir y prosperar, liberado del miedo y de las humillaciones que ensombrecieron su infancia en la Lisboa natal. No cuesta creer, entonces, que el arribado “sin licencia” fuera, en los primeros tiempos, encubierto y socorrido por algún sionista converso, rico mercader ya aclimatado y con influjo vecinal — como el banquero Diego de Vera —, cuyo protector regularizaría la situación de nuestro personaje ante las autoridades; mientras seguramente le facilitó la oportunidad inicial para encarar el porvenir en esta tierra, donde, a semejanza de la de Abraham, la descendencia del recién venido multiplicaríase cual las estrellas del cielo.

El joven luso-hebreo, por lo demás, era un perfecto buscavida. Concentró todo su empeño en labrarse rápidamente una sólida posición en el lugar que le prodigara el destino. Y el 24-V-1641 — con 27 años de edad y 7 de residencia porteña — resolvía su matrimonio con una señora acaudalada y de antiguo arraigo en la ciudad: Catalina de Aguilar y Burgos — llamada también de Aguilar y Salvatierra — hija legítima del que fuera calificado vecino y “segundo poblador”, escribano Francisco Pérez de Burgos, y de su consorte Juana de Aguilar. Era doña Catalina, a la sazón, viuda de Francisco de Vargas Machuca, quien le dejó una niña: Juana de Aguilar, que casaría a su debido tiempo con Antonio Pereyra de la Cerda.

Leer más: Juan Rodríguez de Estela

César Bustillo: Aniversario de su fallecimiento

Ratio:  / 2

por Ing. Rodolfo Cabral
Comisión de Estudios Históricos de Berazategui

 

El 7 de abril de 1969, hace 45 años, fallecía el artista plástico, nacido en Plátanos: César Bustillo. ¿Quién era esta persona que se identifica tanto con la localidad de Plátanos? ¿Sabia Ud. que tres hojas de plátano lo acompañan en su descanso eterno?

César Bustillo Ayerza fue el mayor de 8 hermanos. Nació en Plátanos el 21 de noviembre de 1917, a la vera del arroyo Las Conchitas. Sus padres fueron: el reconocido arquitecto Alejandro Bustillo Madero y María Blanca Ayerza Jacobé, llamada por los conocidos simplemente como Cachita. Sus padres se casaron en el año 1916 y vivieron muchos años en una casa contigua a la estación de Plátanos, en el hoy desaparecido chalet Claveles, que fue un regalo del padre de la novia, Don Alfonso Ayerza Zavala, dueño del Haras Las Hormigas, a la feliz pareja.

Los hermanos se llaman: Jorge, Alejandro, Mario, Nelly, Marta, Blanca e Inés. César, Jorge y Marta Bustillo, fueron bautizados en la iglesia de Santa María de Hudson y están anotados en sus libros parroquiales.

Los cuatro hermanos varones, concurrían al colegio de San Salvador, en la ciudad de Buenos Aires, para lo cual, todos los días, tomaban el tren de las 8 de la mañana, hasta Plaza Constitución, donde los esperaba un taxi, contratado por su padre que los llevaba hasta el colegio ubicado en la calle Callao. A la tarde realizaban el viaje en sentido contrario, pero estaban autorizados a retirarse unos minutos antes, para tomar el tren de las 19.22, hasta su hogar en Plátanos.

El viaje en tren fue fuente de un sinfín de aventuras, para estos chicos nacidos y criados en las orillas del arroyo Las Conchitas. Una de las tantas cosas que hacían, era llevar una flauta pequeña (pequeña para que su madre no se diera cuenta), y pasaban por los vagones tocando la flauta y pidiendo alguna moneda.

Otra travesura era sacar el abono de segunda clase, en lugar del de primera, quedándose con la diferencia. En aquellos tiempos de locomotoras a vapor del Ferrocarril del Sud, se viajaba en dos tipos de vagones: de primera y segunda clase. Hoy eso ha desaparecido. Una aventura más peligrosa era jugar en el puente ferroviario sobre el arroyo cuando se acercaban alguna locomotora a vapor. Este puente ya no existe, fue reemplazado por otro en el año 1996.

Ya mayor, estudió arquitectura como su padre, en la Universidad de Buenos Aires, pero faltándole pocas materias, dejó la carrera.

Su nombre figura en el diccionario de artistas plásticos de la República Argentina. Su obra magna, son los frescos del Hall de entrada del Hotel Provincial de Mar del Plata, realizados en 1948. Estas imágenes mezclan gauchos, caballos, atletas griegos y toda la fauna marítima de Mar del Plata.

Cuando se ingresa al Hotel Provincial, se puede leer sobre piedra negra el siguiente nombre: César Bustillo. Sin embargo, su arte fue incomprendido por las autoridades de esa época y fue obligado a pintar taparrabos sobre la desnudez de su obra. 

Ana María de Mena, biógrafa de César, nos dice: “el crítico Fernando De María dijo que estos son los frescos más argentinos y viriles que ilustran una pared de mi patria.” Y al verlos, Siqueiros, el consagrado muralista azteca, comentó sobre Bustillo: “Qué lástima que no haya nacido en México.”

Una obra suya pequeña de tamaño, pero de gran significado: es la piedra blanca tallada en memoria de Guillermo Enrique Hudson, en el solar de los 25 Ombúes, en Florencio Varela.

César Bustillo vivía y trabajaba en una pobreza franciscana en su atelier de la calle 43, de Plátanos, bajo los los cuidados de la familia de Gregorio Serventi. Es de notar que siempre prefirió a sus humildes amigos de Plátanos, (entre ellos Leopoldo Herrera), y no las reuniones de la elite porteña a la que pertenecía por lazos familiares.

Cuando falleció el 7 de abril de 1969, sus restos fueron acompañados por tres hojas de un plátano de su Plátanos natal. Suponemos sean quizás del mismo árbol bajo el cual él y su novia (luego esposa, Celina Julia Seré Bernal), se juraron amor eterno. De ese árbol Don Gregorio Serventi llevó tres hojitas, que acompañaron a César hasta su destino final.

Este simple hecho sirvió para que su hermano Mario, le dedicara unos versos al hermano ausente.

Con estas pinceladas de la vida de César Bustillo, espero que se motive el lector a descubrir más sobre la figura de este gran artista de Berazategui, cuyo nombre recuerdan una calle (43 de Plátanos), un barrio en Hudson, un museo, y varias escuelas en distintas ramas educativas que llevan su nombre.

 

Bernabé González Filiano: Un evasor devoto

Ratio:  / 4

 por Carlos F. Ibarguren Aguirre
Extraído de Los Antepasados, Buenos Aires 1983
Tomo VII - González Filiano

 

En la isla canaria de Tenerife, sobre escarpadas rocas circuídas de peñascos y acantilados que se hunden en el mar, acurrucada bajo la falda imponente del eruptivo Teide, se encuentra la villa de Garachico. Ahí, el año 1585, nació Bernabé González Filiano, hijo legítimo de Diego González y de Mencía Hernández de Oramas, de quienes heredó una casa grande de dos pisos, en aquella rupestre localidad insular.

De primer apellido español, seguido de otro al parecer de itálica filiación (recordemos que un genovés, Pedro del Ponte, fundó en 1505 a Garachico), mi antepasado “garachiquero” por su estirpe materna descendía de aborígenes canarios; los “guanches”, altos, fornidos, alegres y valientes; de aquilinas narices, labios amplios y blancas dentaduras; cuya raza el arqueólogo francés Augusto Berthelot describe como “de tez curtida y rostro oval y descarnado, facciones regulares, frente saliente algo estrecha y grandes ojos vivos y rasgados, a veces verdosos, espesa cabellera rizada, que variaba del negro al rojo oscuro. Muchas familias se enorgullecen — apunta Berthelot — de llevar nombres guanches; Doramas, Bencomo, Magantino”.

Bernabé González Filiano y Oramas o Doramas, de tan exótico origen (su testamento y otros antecedentes suyos investigó mi recordado,  querido y erudito amigo Raúl A. Molina), cuando tuvo edad suficiente, dedicose a los negocios del mar, al trafico negrero, y en uno de esos lances peligrosos resultó robado por los piratas.

Comercio intérlope a la orden del día, con boda, pecunia y cofradía

El arribo de nuestro canario a Buenos Aires data de 1614, en circunstancias en que el navío que lo trajo desembarcó clandestinamente en la costa 30 esclavos africanos. Y en la ciudad porteña, vinculado a la camarilla contrabandista que dirigía el poderoso vecino Juan de Vergara, el aventurero recién llegado vislumbró la alternativa de enriquecerse con rapidez, sin riesgos excesivos. Abandonó entonces las azarosas correrías marítimas, y en el embrionario poblacho rioplatense se instaló definitivamente. Ello quiere decir que aquí contrajo nupcias el 13 de enero de 1622 con Francisca de Trigueros Enciso — viuda, a la sazón, de Tomás Rosende —, la cual pertenecía a una familia solvente y de arraigo en el país. El Licenciado en cánones Francisco Trejo bendijo esa boda, en la que actuaron como padrinos Juan de Vergara — que fuera marido de una difunta hermana de la desposada — y la tercera mujer de éste, María de Freire.

Era Francisca de Trigueros hija legítima del antiguo poblador Diego de Trigueros y de su consorte Felipa Hernández Enciso; hija ésta del fundador de la ciudad con Garay, en 1580, Capitán Juan Fernández Enciso, y nieta del Gobernador del Paraguay Domingo Martínez de Irala. Para sus esponsales con el tenerifeño, la contrayente resultó dotada con 9.159 pesos de a 8 reales. A raíz de éste, o del primer casamiento de doña Francisca con Rosende, en 1617, el cuñado de ella Juan de Vergara declaró en su testamento; “Gasté y consumí mucha cantidad de acienda, que a sus padres presté, en joyas, preseas y esclavos y otras cosas”. Cuando murió Francisca Trigueros, sepultaron el cadáver en la iglesia de San Francisco, en el enterratorio de su familia, excavado al pié del altar de la Virgen de la Limpia Concepción.

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Juan Francisco de Aguirre y Uztáriz

Ratio:  / 2

por Carlos F. Ibarguren Aguirre
Extraído de Los Antepasados, Buenos Aires, 1983
Tomo II, Los Aguirre

 

Juan Francisco de Aguirre y Uztáriz vió la luz primera en Donamaría (derecha) el 18-VIII-1758. No había cumplido aún 14 años, cuando ingresó en la Real Compañía de Nobles Guardias Marinas como “caballero aspirante”, el 3-IV-1772, figurando en el catálogo respectivo (nº 1673) con los nombres de “Juan Ignacio Francisco”. Hizo su estreno como Oficial de la armada, en un viaje a Filipinas a bordo de la fragata “Rosalía”, que mandaba el célebre Juan de Lángara y Huarte, entonces Capitán de Fragata. Al año siguiente realizó cruceros científicos y de observación por el Mediterráneo y las costas africanas en la fragata “Cármen”, siendo ascendido a Alférez de Fragata. Tomó parte más tarde en la malhadada campaña contra Argel, subordinado al Jefe de Escuadra Pedro González Castejón, y bajo el mando militar supremo del Teniente General Alejandro O'Reilly. En 1776 le llegan los despachos de Alférez de navío, e integrando la dotación del “Astuto” zarpa hacia el Perú. De vuelta recibe en Cádiz su ascenso a Teniente de Fragata, y, a mediados de 1779, en la guerra de España aliada de Francia contra Inglaterra, nuestro hombre participa en ella, embarcado en el “San Miguel”; cuyo navío, a órdenes del Brigadier Juan Joaquín Moreno, incursiona por el canal de la Mancha y vigila el estrecho de Gibraltar.

En 1781, al ya Teniente de Navío Aguirre se le confiere el nombramiento de “Comisario”, con encargo de emprender la tarea de marcar la frontera entre España y Portugal en sus posesiones de Sud América, conforme al tratado preliminar de San Ildefonso, que ajustaron, el 1-X-1777, las potencias Católica y Fidelísima, a través del Conde de Floridablanca y de Francisco Inocencio de Souza Coutinho, respectivamente. Dicho tratado, en su artículo 15, establecía la designación, por parte de los altos contratantes, de “Comisarios de conocida providad, inteligencia y conocimiento del País, juntándose en los parages de la Demarcación”, para trazar la línea fronteriza que garantizase “la recíproca seguridad y perpetua paz y tranquilidad de ambas naciones”.

Así — en momentos en que su Rey acababa de concederle la merced de un hábito en la Orden de Alcántara, y estaba el interesado preparando las pruebas correspondientes para su ingreso — tuvo Juan Francisco que partir al lejano virreinato rioplatense. Y como España mantenía su beligerancia frente a Inglaterra, el flamante Comisario debió salir de Cádiz (14-XI-1781) hacia Lisboa. Allá, luego de entrevistarse con el Embajador de su país Conde de Fernán Núñez, Aguirre con algunos compañeros de misión (el Comandante José Varela y Ulloa, los hijos de éste José y Joaquín; el Teniente Coronel, trocado en Teniente de Fragata, Félix de Azara; el camarada de igual rango Rosendo Rico y Negrón; un “oficial de relojería llamado José Santaella”; además de los pasajeros Luis de Urriola, nombrado Oidor para Chile, y el Canónigo Gabino de Echeverría que iba al Paraguay) se hizo a la mar rumbo a Rio de Janeiro, bajo bandera neutral, a bordo de la fragata “Santísimo Sacramento” del Capitán mercante lusitano Torcuato de Silva, el 23-I-1782.

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